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Puño del renacer - Capítulo 19

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  4. Capítulo 19 - 19 Lazos del pasado
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19: Lazos del pasado 19: Lazos del pasado Después de ver el entrenamiento de Boulder y Max, nos trasladamos a donde se encuentran Marina y Lina.

Tras un arduo entrenamiento, ambas están descansando cerca de un pequeño lago.

Ya han desarrollado confianza entre ellas, por lo que Lina, con curiosidad, le pregunta a Marina sobre su pasado y qué la llevó hasta este punto.

Marina, con confianza, comienza a contar su historia: —Vivía con mis padres, quienes me enseñaron principios que nunca he dejado.

Eran buenos padres.

Mi padre era el anterior Caballero del Agua, y yo era su única hija.

Desde pequeña, vio en mí el potencial para convertirme en su sucesora, por lo que me enseñó todo lo que sabía.

Era muy feliz con ellos.

Mi padre me enseñó muchas cosas importantes, al igual que mi madre, preparándome para la vida y ayudándome a ser una mujer fuerte e independiente.

Una noche especial, estaba cocinando con mi madre, ya que mi padre celebraba su retiro como caballero y dejaba su legado en mis manos.

Afuera, mi padre observaba el cielo junto a una fogata.

Mi madre fue con él mientras yo aún preparaba algo para nuestro encuentro.

Sin embargo, de pronto escuché un grito desgarrador.

Al salir, vi una figura humana sin rostro sujetando a mi padre en el aire, apretando su cuello con fuerza.

Mi madre corrió hacia él, pero la criatura no dudó en clavarle una cuchilla en el pecho.

Sentí miedo, pero aun así me lancé contra el ser, aunque no sirvió de nada.

Tenía la capacidad de controlar la gravedad y me obligó a arrodillarme, incapaz de moverme.

Con lágrimas en los ojos, fui testigo de cómo esa criatura seguía apuñalando a mi madre.

Ella, con su último aliento, me miró y me dijo: “Hija, vuélvete una mujer de carácter, protege a los demás, como lo hizo tu padre.

Te amo, Marina…”.

Y en ese instante, su luz se apagó.

El ser oscuro soltó una carcajada antes de desaparecer.

Cuando al fin pude moverme, me quedé abrazada a los cuerpos de mis padres toda la noche.

Sin embargo, en medio de la madrugada, desperté al escuchar el gruñido de unos lobos que intentaban llevarse sus cuerpos para devorarlos.

No lo iba a permitir.

Peleé con todas mis fuerzas, pero no fue suficiente.

Me atacaron y, cuando pensé que todo había terminado para mí, alguien los ahuyentó.

Esa persona era Aurelius, el Caballero de la Luz.

Me tomó en sus brazos, me llevó de vuelta a mi hogar y me acostó en mi cama.

Al día siguiente, él me ayudó a enterrar a mis padres cerca del río.

Desde ese día, juré cumplir la promesa que le hice a mi madre.

Marina terminó su relato con un suspiro profundo.

Lina la observó con empatía y, después de unos momentos de silencio, Marina le preguntó: —¿Y qué hay de ti?

¿Cómo fue tu vida?

¿Cómo conociste a James?

Lina suspiró y comenzó su historia: —Nací en un hogar complicado.

Mi padre era un hombre recto y trabajador, pero mi madre tenía problemas de vicios.

Marina la interrumpió con curiosidad.

—¿Era adicción al vino?

Lina sonrió levemente.

—Sí, algo así…

—contestó antes de continuar—.

Mi padre era amoroso pero estricto conmigo.

Me educó con disciplina porque quería que me volviera una chica de carácter y que no terminara como mi madre.

Ella, en cambio, nunca me mostró afecto.

En lugar de eso, me insultaba, me castigaba sin razón e incluso llegó a decirme que no debía haber nacido.

Una noche, mis padres tuvieron una fuerte discusión.

Mi padre quería llevarme con él, pero mi madre se negó.

Nunca entendí por qué, si apenas me prestaba atención.

Poco después, recibimos una noticia devastadora: unos policías llegaron a casa para decirnos que mi padre había muerto en un accidente.

Me invadió el dolor.

Salí corriendo de la casa, sin rumbo, llorando desconsoladamente.

No sabía a dónde ir.

Llegué a una casa vacía y me senté en el suelo, cerca de una habitación.

De repente, un niño con los ojos llenos de lágrimas salió y, sin decir nada, me abrazó.

Se acurrucó junto a mí, como si entendiera mi dolor.

Ese niño era James.

Desde ese día, nos volvimos inseparables.

Encontré en él el calor que había perdido.

Marina asintió, emocionada por la historia.

—¿Y qué pasó con tu madre?

—preguntó.

—Cuando crecí, decidí mudarme con mi abuela —respondió Lina—.

Desde entonces, no volví a saber nada de ella.

Ambas se quedaron en silencio por un momento, asimilando sus historias y la conexión que ahora compartían.

Se miraron con una sonrisa comprensiva, sintiendo que, a pesar de todo lo que habían vivido, el destino las había unido para fortalecerse mutuamente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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