Puño del renacer - Capítulo 28
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28: Cadenas de Dolor 28: Cadenas de Dolor El coliseo estaba en completo silencio.El aire pesaba, como si el mismo tiempo se hubiese detenido.Boulder y Fang se observaban mutuamente, fijos, inmóviles, midiendo al otro con la mirada.
Cada respiración, cada movimiento del polvo en la arena, resonaba entre las murallas de piedra del lugar.
El público contenía la respiración, expectante.La luz del mediodía caía sobre los dos guerreros, resaltando el contraste entre la serenidad inquebrantable de Boulder y la furia desbordante en los ojos de Fang.
El guerrero oscuro alzó lentamente la cabeza, sus colmillos apretados, su cuerpo tenso.Su voz, quebrada por años de resentimiento, cortó el silencio como un cuchillo: —Dime algo…
—gruñó con rabia contenida—.
¿Tú sabes lo que se siente ser el hazmerreír de todos?
¿Sabes lo que se siente ser rechazado por el mundo entero?
¿Acaso sabes lo que se siente cuando la persona que más amas…
te traiciona?
Su voz temblaba de odio, pero también de dolor.Cada palabra era un eco de su pasado, un fragmento de un corazón roto.
Boulder lo miró sin pestañear.
No había burla en sus ojos, ni compasión vacía, solo respeto.Su voz fue profunda y calmada, como una montaña que no cede ante el viento: —A veces la vida nos pone de rodillas…
—dijo con serenidad—.
Nos quita todo lo que amamos, y solo nos deja el dolor.
Pero ahí está la diferencia, Fang.
Algunos elegimos levantarnos y avanzar…
otros, se hunden más en la oscuridad, dejándose consumir por ella.
Fang apretó los puños, y un aura oscura comenzó a emanar de su cuerpo.—¡Cállate!
—rugió, lanzándose hacia él con una velocidad brutal.
Sus ataques eran como una tormenta salvaje: golpes furiosos, patadas veloces, rugidos que resonaban como truenos.Boulder, pese a su tamaño, se movía con una calma inquebrantable.
Cada vez que esquivaba, el suelo temblaba.
Cada defensa era precisa, casi premonitoria.
Pero Fang no se detenía.Su rabia lo hacía más rápido, más salvaje.Los espectadores observaban boquiabiertos cómo la arena se alzaba en espirales por el choque de sus fuerzas.
Finalmente, ambos guerreros retrocedieron, jadeantes.Fang cubrió sus manos con energía oscura, una negrura densa que parecía absorber la luz misma.
Boulder, en respuesta, hizo que la roca del suelo subiera por sus brazos, formándole guantes de piedra que resplandecían con un leve brillo marrón.Era como si la tierra misma lo protegiera.
Los dos se lanzaron nuevamente, y justo cuando sus puños estaban a punto de chocar… Recuerdo: El Niño que se Alimentaba de Sombras El tiempo se disolvió, y la escena cambió.Ahora, en un callejón húmedo y oscuro, un niño descalzo y famélico temblaba bajo la lluvia.
Era Fang.
Sus pequeñas manos sostenían un trozo de pan mohoso que había encontrado entre la basura.Los transeúntes lo ignoraban; algunos incluso lo empujaban con desprecio.
—Aléjate, mocoso —gruñó un hombre—.
No ensucies mi camino.
Fang bajó la mirada, tragándose las lágrimas.Desde que tenía memoria, el mundo le había dado la espalda.
Su madre lo había dejado siendo un bebé, incapaz de soportar la pobreza.
Nadie le enseñó lo que era el amor…
solo el rechazo.
Con los años, su cuerpo creció, pero su corazón seguía lleno de hambre.Hambre de afecto.
Hambre de justicia.
Entonces la conoció: una joven de sonrisa cálida que lo trató como a un igual.Por primera vez en su vida, Fang creyó que la oscuridad se desvanecía.
Ella le hablaba de sueños, de esperanza…
de amor.
Hasta aquella noche.
Él la siguió por un callejón, con el corazón latiendo de emoción.Pero lo que lo esperaba no era amor, sino traición.Un grupo de hombres emergió de las sombras.
Lo golpearon una y otra vez.
Fang no entendía por qué.
Hasta que la vio…La chica estaba besando a uno de ellos.
—¿Por qué…?
—susurró con la voz rota.
Ella sonrió cruelmente.—Fue demasiado fácil, Fang.
Eres un estúpido.
Las risas resonaron mientras lo dejaban tirado en el suelo, cubierto de sangre.Esa noche, algo dentro de Fang murió.El niño que soñaba con amor desapareció, y en su lugar quedó un vacío devorador.
Cuando la lluvia comenzó a caer otra vez, una figura envuelta en sombras se acercó.Una voz profunda habló con un tono casi hipnótico.
—Puedo darte lo que buscas…
—susurró Black, extendiendo su mano—.
Fuerza.
Poder.
Venganza.
Fang, temblando, levantó la vista.
Sus ojos llorosos se llenaron de oscuridad.—…Sí.
Lo aceptaré.
Y así, el niño abandonó su humanidad para abrazar el poder del odio.
Presente: El Peso del Dolor El rugido de Fang devolvió a todos a la realidad.Su cuerpo estaba envuelto en un aura negra y espesa, su energía se desbordaba, haciendo vibrar la arena.
—¡Respóndeme!
—gritó entre lágrimas y furia—.
¡¿Tú entiendes lo que pasé?!
¡Todo me fue arrebatado!
¡Y ahora todos pagarán por ello!
Su poder se concentró en una esfera oscura.El aire se distorsionó, y una onda expansiva surgió cuando lanzó el ataque directo a Boulder.La explosión cubrió todo el coliseo en una nube densa de polvo y humo.El público gritó, los muros temblaron.
James y Max observaron con incredulidad.—¡No puede ser!
—exclamó Max—.
Ese ataque…
fue monstruoso.
Pero Sylas, de brazos cruzados, sonrió con confianza.—Tranquilos…
Boulder no cae tan fácil.
Del humo emergió una figura colosal.Boulder caminaba lentamente, su cuerpo cubierto por una capa de roca endurecida, sin un solo rasguño.Sus pasos hacían retumbar el suelo.
Su mirada, ahora más profunda que nunca, se clavó en Fang.
—Perdí a mis hijos…
—dijo con voz grave—.
Perdí a la mujer que amaba.Mi hogar fue reducido a cenizas.
Y por un tiempo…
creí que ya no valía la pena seguir viviendo.
El público guardó silencio.
Incluso Fang pareció dudar por un instante.
Boulder continuó, con una calma que imponía respeto: —Pero aprendí que el dolor no se vence destruyendo.
Se vence aceptándolo.Lo convertí en mi fuerza, y juré usarla para proteger…
no para destruir.
Su cuerpo comenzó a resplandecer con un brillo terroso.
La roca que lo cubría se volvió casi dorada.Con un rugido, corrió hacia Fang.El golpe que lanzó fue devastador, tan poderoso que el aire se partió con el impacto.
Fang apenas alcanzó a ver el puño antes de recibirlo.
Su cuerpo voló varios metros, cayendo inconsciente en la arena.
El coliseo entero quedó mudo.Solo se escuchaba el viento moviendo el polvo.
Boulder permaneció de pie, erguido como una montaña.El segundo combate había terminado.
En las gradas, Ronald y Caleb intercambiaron una mirada preocupada.El ambiente, aunque celebratorio, tenía un matiz extraño…
como si una sombra invisible observara desde las alturas.
—¿Lo sientes también, verdad?
—murmuró Caleb, con el ceño fruncido.
Ronald asintió lentamente.—Sí…
hay algo en este torneo que no encaja.Como si alguien estuviera manipulando cada movimiento…
esperando el momento justo para atacar.
La cámara se elevó, mostrando el coliseo en su totalidad.Entre las sombras de las gradas superiores, una silueta observaba todo con una sonrisa apenas perceptible.
—Todo va según lo planeado —susurró una voz familiar.
Continuará…
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