Puño del renacer - Capítulo 29
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29: Sombras en el Coliseo 29: Sombras en el Coliseo El eco de la batalla aún resonaba en los pasillos subterráneos del coliseo.
Boulder, Caleb y Ronald caminaban lentamente, reflexionando sobre lo sucedido.
Caleb, con una mezcla de admiración e incredulidad, rompió el silencio: —Eso fue impresionante.
Ronald asintió, compartiendo el mismo sentimiento.
Sin embargo, su expresión se tornó seria cuando cambiaron de tema.
—Ese poder que tiene ese sujeto…
a la larga podría ser un problema.
—Sí —respondió Boulder—.
A pesar de no ser Black, posee un poder oscuro inimaginable.
Pero tal vez esta derrota lo haga reflexionar.
Mientras tanto, en otro pasillo oscuro y húmedo, Fang estaba sumido en sus pensamientos.
Pegado a la pared, con la cabeza baja, las palabras de Boulder resonaban en su mente.
Por primera vez en mucho tiempo, comenzaba a dudar.
«¿Acaso tenía razón?
¿Era mi camino el equivocado?».
Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la misma voz que lo había guiado antes del combate.
—Recuerda cuál es tu lugar y no te dejes llevar por emociones innecesarias.
Recuerda por qué lo haces.
Fang apretó los puños, cerrando los ojos con frustración.
—Sí, señor.
Las palabras salieron de su boca casi por instinto.
La figura en las sombras asintió y caminó hacia la arena.
El murmullo en el coliseo se extendió como una ola cuando un hombre de presencia imponente emergió en el centro del escenario.
Los caballeros se quedaron serios al verlo, mientras la multitud se preguntaba quién era.
Entonces, uno de ellos susurró, con un tono sombrío: —Ese…
ese es Black.
En las gradas, Sylas, James y Max observaron la escena con sorpresa.
James frunció el ceño.
—¿Ese es Black?
—Sí —afirmó Sylas—.
Prepárense para lo que sea.
El rey de fuego, con un gesto solemne, levantó su mano, pidiendo silencio.
Black se adelantó y, con voz firme, comenzó a hablar.
—Todos ustedes se preguntan por qué hacemos este torneo.
La multitud murmuraba en silencio, expectante.
—La razón es simple.
Quiero que vean que sus queridos héroes no son más que un engaño.
Todo lo que han creído sobre ellos…
es una mentira.
Las palabras de Black eran frías, calculadas.
Su tono persuasivo comenzaba a sembrar la duda en la multitud.
Muchos se miraban entre sí, preguntándose si era verdad lo que decía.
Black continuó: —Ellos les hacen creer que hay una guerra contra mí.
Pero no es así.
Yo solo busco la paz, mientras ellos quieren la guerra.
Ronald sintió su sangre hervir.
Sus puños se apretaron hasta que sus nudillos se volvieron blancos.
Lentamente, caminó hacia Black, su voz llena de furia contenida: —¿Pero qué demonios estás diciendo?
¿Acaso crees que seríamos capaces de matar a gente inocente?
¿De verdad piensas que somos nosotros los responsables de tus crímenes?
¡Vienes aquí a culparnos de tus atrocidades!
Black, con una expresión burlona, pero manteniendo su tono serio, replicó: —Dime, Ronald, ¿realmente crees que siempre podrás mantener tu fachada de héroe?
Muy pronto todos verán que incluso los tipos como tú caen fácilmente.
Cada palabra era una provocación calculada.
Black quería que Ronald perdiera el control, que mostrara una imagen violenta ante la multitud para que todos creyeran en sus palabras.
Ronald no pudo contenerse.
Dio un paso adelante, dispuesto a atacar, cuando una mano firme sujetó su brazo.
Era Roniel, su hermano.
—Tranquilo, hermano.
Déjamelo a mí.
Roniel se adelantó y se enfrentó a Black.
—Si realmente dices que nosotros somos los responsables, entonces dime ¿por qué estamos aquí, peleando contra tus hombres?
Protegemos a los que no pueden hacerlo por sí mismos.
Vienes aquí a fingir ser algo que no eres.
No eres un salvador.
No lo has sido ni lo serás nunca.
Las palabras de Roniel tocaron un nervio en Black.
Aunque se controló, su mirada reflejó un destello de ira.
—Entonces, que continúe el torneo.
Ya veremos quién ganará al final.
Dicho esto, Black se dio la vuelta y se retiró de la arena.
Pero del mismo túnel por el que había desaparecido, emergió otra figura.
Roniel sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
—Hola, Roniel.
Cuánto tiempo ha pasado.
Ronald también lo miró, incrédulo.
—No puede ser…
Caleb frunció el ceño, confundido.
—¿Quién es ese?
Ronald tragó saliva antes de responder: —Es un viejo amigo de nuestro padre.
Caleb abrió los ojos con sorpresa.
—¡Pero si se supone que murió hace mucho tiempo!
El hombre sonrió, con una mirada enigmática.
—¿Te da gusto verme, muchacho?
Roniel, con la voz llena de sospecha, preguntó: —¿Cómo es que sigues con vida?
El hombre rió entre dientes.
—Bueno…
Digamos que el cielo me dio otra oportunidad.
La pelea entre Roniel y el misterioso hombre comenzó.
Cada golpe resonaba en la arena, mostrando una intensidad que mantenía a todos al borde de sus asientos.
Pero entre los intercambios de golpes, el hombre se acercó al oído de Roniel y susurró: —Aquí están pasando cosas que están fuera de nuestras posibilidades.
Ten cuidado con quién hablas.
Las palabras hicieron que un escalofrío recorriera el cuerpo de Roniel.
Había demasiadas incógnitas, demasiadas sombras moviéndose en el trasfondo.
Mientras tanto, Lina, Aria y Marina avanzaban hacia el reino en busca del anillo.
Sin embargo, alguien las seguía, oculto entre las sombras.
El misterio se intensificaba, y la tensión crecía.
Algo mucho más grande se estaba gestando, y nadie parecía comprender aún el alcance de lo que estaba por venir.
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