Puño del renacer - Capítulo 32
- Inicio
- Todas las novelas
- Puño del renacer
- Capítulo 32 - 32 El Grito de un Hermano
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
32: El Grito de un Hermano 32: El Grito de un Hermano El coliseo ardía.El fuego de Roniel se alzaba como una tormenta viva, iluminando la arena con un resplandor infernal.
El calor era tan intenso que las piedras mismas parecían gritar.
Desde las sombras más altas, Selene observaba la escena, el rostro cubierto por la penumbra.Su mirada estaba perdida, pero no por sorpresa… sino por culpa.
Las llamas de Roniel le recordaban el pasado que había intentado enterrar:la noche en que su familia fue consumida por el caos, mientras los Caballeros luchaban contra aquel ser oscuro…y no llegaron a tiempo.
El fuego, el llanto, los gritos… todo volvió a ella como un eco maldito.Desde entonces, juró que los Caballeros pagarían.Y sin embargo, allí estaba… traicionando su propio juramento, al sentir algo que no debía: afecto por Roniel.
Lo había manipulado, mentido, usado para los planes de Black.Pero verlo perderse en el fuego… la quebraba.
—Lo siento, Roniel… —susurró, su voz temblando como un suspiro atrapado en el viento.
Una sombra se acercó.
Fang, con los ojos fríos como acero, apareció a su lado.
—Tenemos que irnos, Selene.
Black nos espera.
Ella lo miró una última vez.El fuego del coliseo se reflejaba en sus ojos como un último adiós, como si parte de su alma se quedara ardiendo junto a él.
—Sí… —dijo con voz apagada—.
Vámonos.
Y ambos desaparecieron entre las sombras.
En la arena, Roniel rugía.Su fuego ya no era solo elemento: era rabia, era llanto, era el peso de todos los años que había callado.Su cuerpo ardía, su alma gritaba.
—¡Roniel, detente!
—gritó Ronald, formando un torbellino de agua a su alrededor, la técnica Marina, un escudo giratorio que intentaba contener las llamas desbordadas.
Pero el fuego era incontrolable.No obedecía leyes, ni razón, ni sangre.
Roniel gritó, con voz quebrada:—¡Nunca estuviste para mí, Ronald!
¡Nunca!
¡Siempre estuviste adelante, mientras yo me quedaba atrás!
¡Me dejaste solo… como padre… como todos!
Las palabras dolieron más que cualquier golpe.Ronald sintió cómo su pecho se comprimía.Recordó aquellos días: dos niños bajo el sol, entrenando juntos, riendo… hasta que su deber como Caballero lo alejó.Y Roniel se quedó esperando, cada día más solo, más roto.
Un destello en la mirada de Roniel fue todo lo que necesitó para atacar otra vez.
Ronald apenas alcanzó a decir:—Hermano… yo… lo lamento… El fuego lo empujó varios metros atrás.Las paredes temblaron.El público, aterrorizado, huía de las gradas.
Entre el humo, una cadena luminosa emergió envolviendo a Roniel.—¡No puedo sostenerlo mucho tiempo!
—gritó Caleb, sudando, sus brazos temblando por el calor.
Ronald avanzó, desesperado.—¡Roniel!
¡Mírame!
¡Lo siento!
¡Por todo lo que te hice pasar!
¡Por no estar cuando más me necesitabas!
¡Pero basta!
Roniel forcejeaba entre las cadenas, su fuego crepitando.Las lágrimas, invisibles entre el humo, caían sobre su rostro.Su alma libraba una batalla que el cuerpo ya no podía sostener.
En los túneles del coliseo, James, Max y Sylas corrían entre las sombras.Encontraron a Boulder derribando a uno de los encapuchados.El hombre, moribundo, escupió sangre y sonrió.
—Je… las chicas… están perdidas… —susurró, antes de desplomarse.
James lo miró, con el ceño fruncido.—¿Qué… quiso decir?
Boulder levantó la vista, pálido.—¡Al castillo!
¡Black está allí!
¡Ellas están en peligro!
Sylas asintió.—Vamos.
James se detuvo un instante.—¿Y tú, Boulder?
El gigante lo miró con determinación.—Alguien tiene que detener a Roniel… aunque me cueste la vida.
Ambos se miraron una última vez… y cada uno corrió hacia su destino.
El castillo de fuego se alzaba sobre las colinas, envuelto en una luz rojiza.Aria, Marina y Lina avanzaban por los pasillos antiguos, guiadas por el lobo Aurelius.El aire allí era denso, pesado.
El anillo brillaba al final del altar, rodeado por un círculo de energía oscura.
De pronto, Aurelius gruñó.
De las sombras, una voz grave resonó como un trueno contenido:—Vaya, vaya… qué reunión tan interesante.
De entre las columnas emergió Black, con su capa negra ondeando, su sonrisa helada y los ojos encendidos como carbones.
—Marina, Aria… y la niñita del otro mundo.
Qué sorpresa.
—¿Cómo… cómo supiste?
—preguntó Aria, retrocediendo un paso.
Black soltó una risa corta.—¿Saber?
Las he estado observando desde el principio.
Cada movimiento.
Cada error.
Aria, furiosa, alzó su báculo.—¡No dejaré que pongas tus manos sobre el anillo!
¡Lina, toma el anillo y corre!
Lina dudó, pero corrió.Aria lanzó una ráfaga helada, Marina desató una ola de energía, pero Black apenas levantó una mano.
—Insectos… —murmuró.
El suelo tembló.Una fuerza invisible las levantó en el aire y las aplastó contra el suelo.Gravedad pura.El poder de Black era abrumador.
—¿De verdad creyeron que podían engañarme?
—rió con frialdad.
Lina, jadeante, alcanzó el anillo y huyó por un corredor lateral.Aurelius corrió junto a ella.Pero la voz de Black retumbó en los muros.
—Lina… sé que estás ahí.
Entrégamelo, y te prometo que no sufrirás.
Lina temblaba, escondida detrás de una columna.Su respiración era agitada, su corazón, un tambor.
—No… —susurró—.
No se lo daré.
Pero Black la encontró.—Tonta.
Lina se levantó, temblando, y en un arrebato de valentía le lanzó una patada.El golpe no hizo nada, pero su gesto fue puro fuego.
Black la golpeó en el estómago con brutalidad.—¡Maldita mocosa!
Cayó de rodillas, tosiendo.—No… lo tengo… —mintió, sosteniendo con fuerza el anillo bajo su ropa.
Black alzó la mano, su energía oscura acumulándose… —Entonces muere.
Pero una voz lo interrumpió: —¡HEY!
El suelo tembló.
Una figura apareció entre el humo, portando una armadura dorada que brillaba con luz divina.
James.
—Llegué a tiempo… otra vez.
Lina lo miró, entre lágrimas y alivio.—Sí… otra vez… James la sostuvo y la colocó a salvo.Su voz fue firme, protectora.—Ya estoy aquí.
Nada te va a pasar.
Por un instante, Lina recordó aquel día en el mundo normal, cuando James la salvó de unos delincuentes y le dijo las mismas palabras.El eco de esa promesa seguía vivo.
Black avanzó, la oscuridad vibrando a su alrededor.—Al fin, cara a cara, James.
—Tu plan termina hoy, Black.
El aire se partió entre ambos, como si el destino los hubiera estado esperando desde el principio.
Black sonrió, con una furia contenida.—Entonces, terminemos esto.
Ambos adoptaron posición de combate.El suelo crujió.La luz y la oscuridad chocaron en el aire antes de que sus cuerpos siquiera se movieran.
A lo lejos, las llamas del coliseo seguían ardiendo, y el rugido de Roniel se mezclaba con el sonido del trueno.
El destino… estaba a punto de decidirse.
CONTINUARÁ…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com