Puño del renacer - Capítulo 33
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- Capítulo 33 - 33 El rugido del lobo y la caída del anillo
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33: El rugido del lobo y la caída del anillo 33: El rugido del lobo y la caída del anillo El ambiente estaba cargado de tensión.
James y Black se miraban fijamente, como si el tiempo se hubiera detenido esperando que uno de los dos hiciera el primer movimiento.
Black rompió el silencio con una voz fría y desafiante: —Por fin nos vemos frente a frente, James…
James, sin apartar su mirada de la de Black, respondió con firmeza: —Tu plan ya está arruinado.
Será mejor que te rindas y aceptes tu castigo.
Black soltó una pequeña risa llena de desprecio.
—¿De verdad crees que todo esto era mi único plan?
—dijo con desdén—.
Hay cosas, niño, que están muy lejos de tu comprensión.
Y será mejor que no te entrometas.
Sin más palabras, Black se lanzó con una ráfaga de puñetazos y patadas rápidas y certeras.
James reaccionó a tiempo, bloqueando y esquivando, pero no pudo evitar que un pensamiento lo distrajera: “¿Qué carajos…?
¡Esto es Kickboxing!
¡Esa técnica es de mi mundo!
¿Cómo demonios Black la aprendió?” Su confusión fue cortada cuando Black conectó un fuerte golpe en su estómago, haciéndolo retroceder unos pasos.
Pero James, resistiendo el dolor, agarró a Black de la nuca y le propinó un brutal rodillazo en el abdomen.
Black soltó una risa ronca mientras escupía algo de sangre: —No peleas nada mal…
Con razón pudiste derrotar a uno de mis hombres.
Tienes una fuerza impresionante.
James, esbozando una sonrisa desafiante, le respondió: —Tú todavía no has visto todo lo que puedo hacer.
Mientras tanto, cerca de allí, Sylas ayudaba a Aria y Marina, quienes aún estaban heridas tras su combate anterior.
Aria se concentraba en curar sus heridas con magia regenerativa, pero Sylas, observando la pelea entre James y Black, no pudo evitar fruncir el ceño: Pero…
no puede ser…
¿Cómo es que ambos pelean tan parecido?
¿Será que Black puede copiar los movimientos de sus oponentes?
No…
no puede ser…
La confusión de Sylas era evidente, y cuando pensaba intervenir, una figura se plantó frente a él: Fang.
—No vas a entrometerte en esa pelea —gruñó Fang—.
Tú peleas conmigo.
Sin más, ambos chocaron puños con fuerza, generando una onda expansiva que sacudió los escombros del castillo ya destruido.
A lo lejos, Boulder, Ronald y Roniel escuchaban los estruendos del combate.
Ronald, sin decir palabra, activó su velocidad divina y se lanzó hacia el castillo como un relámpago.
De nuevo en la pelea, James y Black seguían intercambiando golpes a una velocidad impresionante.
Marina observaba asombrada cómo James lograba mantenerse firme frente a Black.
Pero Black, adaptándose rápidamente al estilo de James, logró derribarlo de un golpe, dejando a James de rodillas.
Cuando Black levantó su puño para asestar el golpe final, un destello cruzó el aire.
Ronald apareció y conectó un brutal golpe en el rostro de Black, enviándolo varios metros hacia atrás.
—¿Estás bien?
—preguntó Ronald a James.
James asintió, recuperando el aliento.
Sin perder el impulso, Ronald se abalanzó sobre Black golpeándolo una y otra vez: —¿No eras tú el que decía ser un héroe?
—gritó furioso—.
¿No eras tú el que nos llamaba mentirosos y sembradores de guerra?
Cada palabra era acompañada de un golpe.
—¡Mírate ahora!
¡Destruyendo todo a tu paso!
—rugió Ronald, apretando los dientes—.
No importa cuántas mentiras digas…
jamás serás un héroe.
¡Jamás!
Black, con sangre en los labios y los ojos llenos de odio, respondió: —¡Cállate!
¡Tú no sabes nada sobre mí!
De un fuerte patada, logró alejar a Ronald unos pasos.
Justo cuando los dos iban a chocar de nuevo, Roniel y Boulder aparecieron, cerrando el cerco.
Black, sabiendo que no podría contra todos sin el anillo, buscó una vía de escape.
Miró alrededor frenéticamente…
su mirada se detuvo en Lina.
Pero notó algo que lo hizo enfurecer aún más: ¡Ella no tenía el anillo!
Apretó los dientes, controlando su rabia apenas.
Con voz grave, gritó: —¡Escuchen, caballeros!
Puede que ahora no sea una amenaza…
pero les advierto que se están metiendo en un problema que destruirá ambos mundos.
¡No se entrometan o serán exterminados!
—¿¡Qué estás diciendo!?
—gritó Ronald furioso.
Black solo los miró fríamente, y en un destello oscuro, junto a Fang, se teletransportó fuera del lugar.
Todos quedaron en silencio, helados por aquellas palabras.
James, sudoroso y con el corazón acelerado, murmuró: —¿Acaso dijo…
“ambos mundos”…?
Ronald frunció el ceño.
—Eso parece…
Sylas, aún incrédulo, soltó: —Seguro era solo para asustarnos…
Pero Caleb, siempre más intuitivo, negó con la cabeza.
—No lo creo…
Lo dijo de una forma muy convincente.
Algo mucho más grande está ocurriendo y aún no lo hemos visto.
Boulder, en silencio, miraba hacia el cielo oscuro.
Mientras tanto, Aria se acercaba a Lina, preocupada: —¿Qué pasó con el anillo?
Lina, algo temblorosa, respondió: —Cuando Black me buscaba entre los escombros…
logré darle el anillo a Aurelius…
pero no lo he visto desde entonces.
Aria silbó, llamando al lobo, pero no obtuvo respuesta.
Lejos de allí, en el bosque cercano, Aurelius trotaba herido pero decidido, el anillo colgando de su boca.
Al llegar a un claro, allí lo esperaba Robin.
—Buen chico, Aurelius —sonrió Robin aliviado.
El lobo le entregó el anillo.
Robin, al tocarlo, sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero lo guardó en su bolsillo.
De repente, Aurelius gruñó ferozmente.
Robin, alerta, se giró…
y vio una figura enorme acercándose entre las sombras.
Era Titan, uno de los secuaces más temibles de Black.
—Entrégame el anillo, muchacho —dijo con una voz grave que resonó como un trueno.
Robin, sin dudar, desenvainó dos cuchillas.
Titan cargó contra él con fuerza brutal.
En segundos, Robin fue derribado con un solo golpe.
Aurelius, valiente, mordió el brazo de Titan, pero este, gritando de furia, golpeó brutalmente al lobo, rompiéndole una de sus patas.
—¡Aurelius!
—gritó Robin, furioso, lanzando una flecha paralizadora que alcanzó la mano de Titan.
Aunque logró inmovilizarle un brazo, Titan seguía teniendo ventaja.
Robin iba a atacar de nuevo, cuando Fang apareció detrás de él y lo arrojó al suelo de un solo golpe.
—Aquí tienes el anillo, Black —dijo Fang, burlón, entregándoselo.
Black, con una sonrisa oscura, se colocó el anillo.
Una onda de energía maligna se desató alrededor.
Su poder aumentó exponencialmente.
En la lejanía, los caballeros sintieron el escalofrío recorrer sus cuerpos al escuchar el aullido de dolor de Aurelius.
—¡Rápido!
—ordenó Ronald, activando su velocidad divina.
Sylas lo siguió, casi igual de rápido.
Cuando llegaron, vieron a Robin y Aurelius en el suelo, malheridos…
y a Black, Fang y Titan escapando con ellos.
—¡NOOOO!
—rugió Ronald, furioso, corriendo hacia ellos.
Pero en un destello oscuro, Black y los suyos desaparecieron.
Ronald cayó de rodillas, golpeando el suelo.
Sylas, frustrado, preguntó: —¿Ahora qué hacemos?
Ronald, apretando los puños, se puso de pie: —Volvamos…
Tenemos que encontrarlos.
No dejaré que acaben con mi hermano…
ni con Aurelius.
Ambos corrieron de regreso hacia los demás caballeros, sabiendo que la batalla…
apenas comenzaba.
Continuará…
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