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Puño del renacer - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - 34 Voz en la oscuridad
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34: Voz en la oscuridad 34: Voz en la oscuridad El viento soplaba con fuerza entre las montañas lejanas.El castillo del Reino del Fuego yacía envuelto en un silencio espeso, apenas recuperándose del caos que Black había sembrado.

Las secuelas aún eran palpables.

Ronald caminaba de un lado a otro en la sala de reuniones, los puños apretados.

Su rostro estaba endurecido por la impotencia.

—¡Maldita sea!

—gritó golpeando la mesa—.

¡Tiene a Robin!

¡Y a Aurelius!—Calma, Ronald —dijo Boulder, apoyando una mano en su hombro—.

Lo encontraremos.—¿¡Dónde, Boulder!?

¡Nadie sabe dónde está su maldita guarida!

—Ronald se giró hacia él, los ojos encendidos por la rabia y el dolor—.

¡Y mientras tanto puede estar torturándolos o peor!

Pero ese no era el único problema.

En otra sala del castillo, los reyes de los elementos estaban reunidos.

La tensión era densa como una niebla venenosa.

El Rey del Agua se levantó con furia.—¡Esto se está saliendo de control!

¡Ese hombre Black nos ridiculizó frente a nuestros propios pueblos!

¡Y lo peor es que los únicos presentes en el coliseo eran los caballeros!—¿Estás insinuando que esto fue culpa de ellos?

—interrumpió el Rey del Rayo.—¡Estoy diciendo que esto se ha salido de nuestras manos!

—gritó el del Agua—.

¡Las palabras de ese criminal se volvieron realidad ante los ojos del mundo!—¡Silencio!

—bramó Boulder, poniéndose de pie—.

Dos de los nuestros están capturados.

¡Dos!

¿Y ustedes discuten por orgullo?

Los reyes guardaron silencio.—¿Acaso creen que esto se trata solo de ustedes?

Esto ya no es una cuestión de reinos…

¡es una amenaza para todos!

Al final, los reyes decidieron intentar calmar a sus pueblos, evitando que estallara una guerra interna.

Pero nada estaba resuelto.

Mientras tanto, cerca de la zona de reunión, James se encontraba solo, de pie frente a un lago cristalino.

Miraba su reflejo con el ceño fruncido.—“¿Qué quiso decir con todo eso…?” —susurró para sí mismo, recordando cada palabra de Black.Su imagen en el agua parecía preguntarle lo mismo.—“¿Y si no podemos volver a casa?” —pensó.

Una figura se acercó lentamente.

Era Lina.Al verla, James esbozó una pequeña sonrisa.—Te encontré —dijo ella suavemente.

Ambos se fundieron en un abrazo cálido.

Permanecieron así unos segundos hasta que ella habló.—¿Estás bien?—No lo sé —respondió él—.

Desde ese enfrentamiento… me siento extraño.

Black… no era como lo imaginaba.

Había dolor en su mirada.—A veces, los villanos más temidos… son quienes más han sufrido.—¿Crees que podamos volver a casa?—…No lo sé —dijo Lina bajando la mirada—.

Pero al menos… nos tenemos el uno al otro.

Ambos sonrieron.James suspiró.—¿Sabes?

Extraño cosas tan simples… como el olor del café por la mañana, los ruidos de la ciudad, mi cama.—Extraño a mi abuela —respondió Lina, con una sonrisa triste—.

Y a mi madre…—¿Sabes?

Nunca me despedí de ellas… o tal vez hubiera hecho las paces con mi madre, pero no pude hacerlo.

James la miró.

Sus ojos brillaban con nostalgia, mientras acariciaba su mejilla con suavidad.—¿Tú crees que todo esto tiene sentido?

—preguntó él.—Tal vez no ahora.

Pero si seguimos luchando, tal vez algún día lo sabremos —respondió Lina.

Mientras el sol comenzaba a esconderse, en un lugar muy distinto, Robin yacía atado con gruesas cadenas en una oscura celda.A su lado, Aurelius, herido, respiraba con dificultad.

Robin intentaba arrastrarse hacia él.—¡Aurelius… aguanta…!

¡No te rindas!

El lobo apenas alzaba la mirada.

En ese momento, la puerta se abrió con un rechinido metálico.

Black entró, su rostro serio, su mirada fría.Robin lo observó con tensión, notando el anillo en su mano izquierda.—¿Vas a matarnos…?

—susurró.

Aurelius se levantó con dificultad, gruñendo, protegiendo a Robin.Black lo observó fijamente… y le lanzó un filete de carne cruda al suelo.

—Tal vez para ustedes yo sea un villano —dijo Black mientras el lobo comía, aún en guardia—, pero no soy un monstruo.

Luego, se acercó a Robin.—Estás herido.

Posó su mano sobre su pecho, y una luz cálida emergió de su palma.

Las heridas comenzaron a cerrarse lentamente.

—¿Por qué haces esto?

—jadeó Robin, confundido—.

¡Has causado caos por todos los reinos!

¡Esto no cambiará nada!

Black guardó silencio.

Bajó la mirada.—Dime algo, niño… ¿crees que alguien que ha cometido atrocidades puede redimirse?

¿Puede empezar de nuevo?

Robin abrió los ojos sorprendido.

No tuvo respuesta.

Black se dio media vuelta y salió, cerrando la puerta tras de sí.

Afuera, en el bosque, cayó de rodillas.Por primera vez en años… sintió lágrimas en sus ojos.

El anillo brilló débilmente.Y entonces… una voz conocida habló dentro de su mente.

—¿Qué rayos haces llorando?

Los fuertes no tienen sentimientos.

Black respiró hondo.—Así que… tú eres esa voz en mi cabeza desde aquel día…—Sí… desde el día que todo se rompió.

Su cuerpo tembló.Y, sin poder evitarlo, los recuerdos volvieron.Como una herida que nunca sanó… su pasado regresó con toda su crueldad.

FLASHBACK (Narrado en primera persona por Erik / Black) Cuando era niño… admiraba a los Caballeros Sagrados.En especial al Caballero de la Luz, Darius.

Recuerdo el día que lo conocí.

Me miró con esa sonrisa cálida que jamás olvidaré y me dijo:”Si crees que puedes ser un héroe… lo serás.

Solo confía en ti.” Aquel día juré convertirme en alguien como él.

Pero cuando volví a casa… todo cambió.Mi madre estaba llorando, destrozada.

Mi padre había muerto… sin razón aparente.

Aun con lágrimas en los ojos, le dije:—Mamá, no te preocupes.

Me convertiré en un caballero.

Encontraré a los culpables.

Seré tan fuerte como Darius, el Caballero de la Luz.

Pasaron los años.

Trabajé en una herrería, necesitaba dinero.Mi madre estaba enferma, apenas podía moverse.

No teníamos mucho, pero sobrevivíamos.Y yo… seguía practicando en secreto, con la espada de hierro que yo mismo forjé.

Un día, mientras entrenaba detrás de la herrería, escuché una voz.—Oye, eres bueno con la espada —dijo alguien.

Era él… Darius.Mi héroe estaba frente a mí.No podía ni hablar.

Hasta que pronunció las palabras que cambiaron mi destino:—Erik, ¿quieres ser mi escudero?

Respondí sin pensar:—¡Sí!

Ese mismo día me llevó al Castillo de Piedra.

Firmé mi nombre como escudero y aventurero.Nunca había sido tan feliz.

Corrí a casa para contárselo a mi madre.

—¡Madre!

¡Madre!

—gritaba emocionado.Ella me miró con una sonrisa débil.—Estoy orgullosa de ti, hijo —me dijo—.

Poco a poco cumplirás tu sueño.

—Te juro que te sacaré de este lugar, mamá.

Viviremos mejor.

Le pediré a Darius que te cure.

Pero nuestra felicidad… duró poco.

Esa noche, unos hombres golpearon la puerta con furia.

Decían que teníamos deudas.Antes de que pudiera responder, tiraron la puerta abajo.

Intenté detenerlos, pero me golpearon sin piedad.

Mi madre se levantó para ayudarme.—¡No, mamá, no!

—grité.Pero ella no me escuchó.

Golpeó a uno, y los otros dos la tiraron al suelo, pateándola sin compasión.

Me llené de rabia, me levanté… pero uno de ellos me rompió el brazo izquierdo.

Me arrastraron fuera, mientras yo apenas podía moverme.La vi allí, dentro de la casa, intentando ponerse de pie… Y entonces… uno de ellos encendió el fuego.

Yo gritaba:—¡Ayuden!

¡Alguien, por favor!

¡Darius!

¡Alguien!

¡Mi madre!

Pero nadie vino.Nadie.

La casa ardió, y con ella… todo lo que amaba.

Recuerdo el olor a humo, la lluvia cayendo sobre mí… y mi corazón roto.

Ahí fue cuando lo vi…Un ser hecho de sombras, observándome entre la tormenta.

—Te daré el poder para hacer justicia con tus propias manos —susurró.

Y yo… acepté.Porque ya no me quedaba nada.

De regreso en el presente, Black —o Erik— abrió los ojos, jadeando.Sus lágrimas caían sobre la tierra.

—Maldito seas, Darius… —murmuró con voz rota—.

Tú dijiste que podía ser un héroe… pero me convertí en un monstruo.

El viento sopló fuerte.

La figura oscura volvió a hablar.—No, Erik… no eres un monstruo.

Solo estás cumpliendo el destino que ellos te negaron.

Black apretó los puños, mirando el cielo.—Entonces que el mundo… vea al héroe que ellos mismos destruyeron.

Mientras tanto, de vuelta en la celda, Robin estaba cabizbajo.—¿Qué se supone que haga…?

—susurró.

Aurelius gruñó y se acercó a él.—¿Qué haces, chico?

El lobo mordió las cadenas, liberando una chispa de energía elemental.El metal cedió.

—¡Lo lograste!

¡Buen chico!

—sonrió Robin—.

Vámonos de aquí.

Ambos se escabulleron entre las sombras… sin saber que, en ese mismo instante, el verdadero corazón de Black había comenzado a resquebrajarse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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