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Puño del renacer - Capítulo 35

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  4. Capítulo 35 - 35 Las sombra de la guerra
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35: Las sombra de la guerra 35: Las sombra de la guerra El aire estaba denso y húmedo dentro del túnel.

Cada respiración dolía, cada paso resonaba como un eco de desesperación.Robin corría a toda velocidad junto a Aurelius, el lobo jadeaba con el pelaje cubierto de polvo y sangre seca.

El sonido de las rocas sueltas se deshacía bajo sus pies, mezclándose con sus jadeos frenéticos.

—¡Vamos, Aurelius!

—gritó Robin entre respiraciones entrecortadas—.

¡Solo un poco más…!

Frente a ellos, una delgada franja de luz se abría paso entre la oscuridad.

La salida.

La salvación.

Pero justo cuando creyeron alcanzarla, un estruendo estremeció el túnel.

La tierra tembló, el aire se enfrió de golpe… y la luz parpadeó, agonizante.

Entonces, una voz resonó, fría y afilada como una cuchilla: —¿De verdad pensaban… que podrían escapar tan fácilmente?

El alma de Robin se congeló.

Aurelius se giró de inmediato, gruñendo con furia, el lomo erizado.Desde las sombras, emergió Black.

Su figura parecía fundirse con la oscuridad misma; su mirada era un abismo de fuego y vacío.

Robin dio un paso adelante, los puños temblorosos.

—¡Déjanos en paz!

¡Esto no tiene sentido, Black!

Black avanzó lentamente, sus pasos pesaban como martillazos en el suelo.

Su voz, calmada pero venenosa, retumbó en los muros del túnel.

—Oh… tiene más sentido del que imaginas.

—Su mirada se tornó gélida—.

Y hoy, no vine a matarlos.

Robin y Aurelius intercambiaron una mirada rápida.

Pero antes de que pudieran reaccionar, Black extendió su mano y tomó a Robin del cuello, alzándolo como si no pesara nada.El chico forcejeó, sus pies pataleando en el aire, mientras el rostro imperturbable del enemigo se acercaba.

—Tú… —susurró Black, con un tono tan bajo que heló el aire— vas a llevar un mensaje.Diles a esos “caballeros sagrados” que tanto confían en la luz… que la oscuridad ya se está moviendo.

Robin apenas logró asentir, ahogándose.

Black lo soltó de golpe, haciéndolo caer de rodillas, tosiendo.Aurelius rugió y se lanzó con furia, pero Black giró apenas la muñeca.

Su mano atrapó al lobo con una fuerza imposible y, con un gesto sutil, abrió un portal negro y palpitante.

—Este cachorro vendrá conmigo.

—Su voz fue un susurro de sentencia.

Y antes de que Robin pudiera moverse, arrojó a Aurelius al abismo oscuro y desapareció con él.El túnel quedó en silencio.Solo los sollozos y los gritos desgarrados de Robin quedaron flotando en el aire.

—¡Aurelius!

¡No!

—gritó, hasta que su voz se quebró por completo.

El eco fue su única respuesta.

Robin cayó de rodillas, los puños sobre el suelo húmedo, la desesperación marcando su rostro.

Por un largo instante, todo se detuvo.

Pero al final… se levantó.Tembloroso.

Roto.

Pero decidido.Sabía lo que debía hacer.

Horas después, en el campamento de los caballeros, la tensión era insoportable.

Ronald caminaba de un lado a otro, la mandíbula apretada, los ojos encendidos por la ira.

—¡Maldita sea!

—rugió, golpeando una mesa—.

¡No puedo quedarme aquí esperando!

Cuando se giró para montar su caballo, una silueta tambaleante apareció en el horizonte.Su corazón se detuvo un instante.

—¡Robin!

—gritó, corriendo hacia él.

El joven apenas podía sostenerse en pie.

Sus ropas estaban rasgadas, su rostro cubierto de polvo y heridas.

Ronald lo sostuvo por los hombros.

—¿Dónde está Aurelius?

—preguntó, con voz quebrada.

Los demás caballeros se acercaron en silencio, expectantes.Robin respiró hondo, tragando el dolor.

—Black… tiene a Aurelius —dijo con la voz temblorosa, pero firme—.

Me dejó vivir para darles un mensaje.

Un silencio helado cayó sobre el campamento.Ronald lo miró fijamente.

—¿Qué mensaje?

—preguntó, con los puños apretados.

Robin levantó la cabeza, sus ojos aún cargados de miedo y tristeza.

—La oscuridad… está por atacar.

Las palabras retumbaron como un trueno.Ronald bajó la mirada, su cuerpo temblando de rabia contenida.

Luego, cerró los puños tan fuerte que sus nudillos se tornaron blancos.

—Entonces… —dijo con voz grave y determinada— no tenemos tiempo que perder.

A kilómetros de distancia, bajo un cielo cargado de relámpagos y humo, se extendía un paisaje devastado.Sobre una colina, se erguía Black, rodeado de un ejército que parecía salido del infierno: bestias con armaduras negras, criaturas deformes cubiertas de llamas oscuras, y guerreros sin rostro que exhalaban muerte.

El aire vibraba con un poder antiguo y maligno.El anillo en la mano izquierda de Black resplandecía con una energía maldita.

Él levantó la mano, y su voz tronó como una sentencia divina: —¡Escuchen todos!

¡Este es el inicio de un nuevo mundo!¡Destruiremos sus esperanzas, quebrantaremos su voluntad… y reclamaremos lo que nos pertenece!

El ejército rugió, una ola ensordecedora de odio y poder.

La tierra tembló bajo sus gritos.Una oscuridad espesa comenzó a expandirse como una marea viviente, devorando todo a su paso.

Mientras tanto, en el campamento, los caballeros estaban reunidos frente a una mesa cubierta de mapas.James, con el ceño fruncido, analizó cada punto con mirada de acero.

—Si la oscuridad se mueve, lo hará rápido —dijo—.

Si esperamos… estaremos perdidos antes de empezar.

Boulder golpeó la mesa.

—¡Entonces no esperaremos!

¡Iremos directo a su corazón!

Esta vez… la luz atacará primero.

Lina se acercó a James y tomó su mano con suavidad.Sus ojos, aunque temblorosos, irradiaban una valentía silenciosa.

—Pase lo que pase… —susurró— lucharemos juntos.

James le devolvió la mirada y asintió.

Sabían que no habría retorno.La guerra… había comenzado.

Los caballeros, afilando sus armas bajo el fuego del atardecer, con los ojos encendidos por la determinación.Y al otro lado, el ejército oscuro marchando bajo un cielo sangriento, con Black al frente, imponente, su capa ondeando entre la negrura.

La paz ha terminado…La tormenta de la oscuridad se aproxima.Y solo los más fuertes… sobrevivirán.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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