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Puño del renacer - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 La llamada del abismo
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36: La llamada del abismo 36: La llamada del abismo El viento soplaba con un gemido largo, como si la tierra misma presintiera lo que estaba por venir.

Las antorchas del campamento parpadeaban, lanzando sombras temblorosas sobre las armaduras desgastadas de los caballeros.

El silencio era tan denso que se podía oír el crepitar del fuego y el rumor lejano de los truenos, presagio de una tormenta.

Robin, antes de caer nuevamente en las garras de Black, había dejado un único mensaje grabado en su voz entrecortada:“La oscuridad está por atacar.”No era una advertencia… era una sentencia.

Ronald se alzó sobre una roca, su capa azotada por el viento, sus ojos cargados de un brillo eléctrico que parecía surgir de su alma misma.

Miró a los rostros cansados, heridos, pero aún firmes de sus aliados.

Con voz grave, vibrante y poderosa, gritó: —¡Caballeros!

¡Guerreros!

¡Aliados!El caos nos ha envuelto, y el enemigo se cierne sobre nuestras tierras.

Black no solo busca poder… busca extinguir la esperanza.

¡Pero no lo lograremos permitir!

Las palabras resonaron como truenos entre las montañas.

Nadie se movió, nadie respiró.

El peso de su voz atravesó corazones y encendió voluntades.

—Nos ha arrebatado a Robin y a Aurelius, ha quebrantado los pactos, ha manchado la paz.

Pero también nos ha unido —continuó Ronald—.

Nos ha recordado por qué empuñamos nuestras armas.

¡Por la vida, por la justicia, por nuestros hermanos caídos!Y elevando su espada, exclamó:—¡Y sobre todo… por el valor!

—¡VALOR!

—repitieron todos, el grito elevándose como un rugido colectivo que estremeció el suelo.

Ronald miró hacia un costado.

James estaba allí, con el rostro sombrío y los guantes resplandeciendo con una leve aura.

Su mirada era la de un hombre que cargaba el peso del mundo.

—Y tenemos a James… —dijo Ronald, bajando la voz con solemnidad—.

El único que puede liberar la luz.

El único capaz de destruir la oscuridad desde adentro.

James levantó la vista.

Su voz tembló.

—No sé si puedo hacerlo… No sé si estoy listo.

Ronald descendió de la roca, caminó hacia él y apoyó su mano en su hombro.

El relámpago que cruzó el cielo en ese instante iluminó sus rostros.

—Nadie está listo para cambiar el destino —dijo con firmeza—.

El valor no nace en los guerreros, sino en los corazones dispuestos a enfrentar el miedo.

Y tú no pelearás solo, James.

Todos nosotros… seremos tu fuerza.

Los caballeros se acercaron.

Boulder con el ceño endurecido, Aria con la mirada firme, Lina con la determinación de una llama viva, y Max con los puños cerrados, conteniendo la emoción.

De pronto, el suelo comenzó a vibrar.

Desde el horizonte, se alzó una nube de polvo.

Decenas de estandartes aparecieron, ondeando bajo el sol poniente.

Guerreros desconocidos, cubiertos de cicatrices y acero, se acercaban con paso resonante.

Al frente, un hombre alto, de mirada feroz y cicatriz cruzándole el rostro, se detuvo.

Su voz era ronca, curtida por mil batallas.

—Soy Tharion, maestro de la doble espada.

Seguimos las huellas del mal que ustedes enfrentan.

Si la oscuridad busca consumir el mundo… entonces pelearemos a su lado.

Tras él, una mujer desmontó de su caballo.

Su cabello violeta danzaba con el viento, y sus ojos brillaban con un magnetismo imposible.

—Valeska… —susurró Max, casi sin aire.

Ella lo miró con una media sonrisa.

—Y tú debes ser uno de los chicos de un mundo diferente del que todos hablan… Tienes fuego en la mirada.

El corazón de Max se aceleró sin razón.

Por un instante, el campo de guerra pareció desvanecerse.

Tharion clavó sus espadas en la tierra.

—Si vamos a enfrentarlo, necesitamos un plan.

Rápido.

Todos se reunieron en la tienda de estrategia.

Sobre una mesa, un mapa antiguo mostraba los valles prohibidos donde la luz y la oscuridad se cruzaban desde tiempos inmemoriales.

Aria señaló con su vara un punto marcado con tinta negra.

—Aquí… el Valle del Alba y la Penumbra.

Donde la luz nunca vence y la oscuridad nunca muere.

Boulder golpeó la mesa.

—Perfecto.

Lo atraeremos ahí.

¡Y antes de eso, iremos por Robin y Aurelius!

Un rugido de aprobación llenó la sala.

El espíritu de lucha había vuelto a encenderse.

Mientras tanto, en un lugar donde la tierra estaba muerta y el aire apestaba a ceniza, Black permanecía de pie entre las ruinas de una fortaleza antigua.

La oscuridad se arremolinaba a su alrededor como una tormenta viva.

Aurelius, encadenado, lo observaba con rabia.

Black levantó el anillo, que comenzó a irradiar una luz negra, profunda, antinatural.

—El mundo me arrebató todo —susurró—.

Mi familia, mi alma… mi fe.

Si soy un monstruo… es porque la vida me lo exigió.

El anillo brilló con una intensidad desgarradora.

Aurelius lanzó un aullido, su cuerpo retorciéndose bajo el poder oscuro.

Huesos quebrándose, músculos desgarrándose, su forma cambiando.

Dejó de ser un simple lobo… se convirtió en una bestia híbrida, mitad humano, mitad sombra, con colmillos como cuchillas y ojos llenos de furia.

Black lo contempló con una sonrisa helada.

—Despierta, Aurelius.

Despierta… mi lobo de guerra.

El cielo se rasgó con truenos negros.

En todo el continente, las aldeas comenzaron a caer bajo el ataque de bestias de sombra y soldados oscuros.

Fuego, gritos, destrucción.

El mundo entero comenzó a temblar.

En el campamento, James se llevó una mano al pecho, jadeando.

—Lo siento… —dijo, con la voz quebrada—.

Siento su poder… está cada vez más cerca.

Ronald, a su lado, cerró los ojos.

—Entonces es hora.

Pero recuerda esto, James… no importa cuán oscura sea la noche, la luz siempre encuentra su camino.

Y esta vez… esa luz eres tú.

El cielo se tornó rojo sangre.

Los truenos rugieron con furia.Los caballeros alzaron sus armas.Y así comenzó el último amanecer antes de la guerra.

El destino del mundo estaba a punto de decidirse.

CONTINUARÁ…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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