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Puño del renacer - Capítulo 38

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  4. Capítulo 38 - 38 El Peso del Legado
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38: El Peso del Legado 38: El Peso del Legado La luna bañaba el campamento aliado con un resplandor plateado.

El aire olía a hierro, madera y ansiedad contenida.En una colina apartada, Max observaba el firmamento, buscando respuestas entre las estrellas.

Desde hacía días, su mente no encontraba reposo… y su corazón tampoco.No podía dejar de pensar en ella: Valeska, la guerrera de mirada fiera y cabello morado que había llegado con el escuadrón de Alvarion.

Cada vez que la veía, algo dentro de él temblaba… una mezcla de reconocimiento y pérdida.

—Sabes que estás fuera del perímetro seguro, ¿verdad?

—dijo una voz firme a su espalda.

Max no necesitó girarse para saber quién era.Valeska se mantenía erguida, con los brazos cruzados, su silueta recortada por la luna.

Hermosa.

Letal.Un fantasma que el destino había traído de vuelta.

—¿Siempre fuiste tan mandona?

—bromeó él sin apartar la vista del cielo.—¿Y tú siempre fuiste tan nostálgico?

Sus miradas se encontraron.

El silencio entre ellos fue más elocuente que cualquier palabra.Max tragó saliva.

—Cuando te vi por primera vez… sentí que ya te había perdido una vez, pero no se porque.

Yo no soy de este mundo.

Entonces porque me siento así?—Tal vez lo hiciste —respondió ella suavemente—.

Tal vez fuimos algo, antes de nuestras almas estuvieran en aquí.

El viento sopló entre ellos.Él dio un paso.

Luego otro.Sus dedos se rozaron, temblorosos.Y en ese instante, ambos comprendieron que el destino podía separar cuerpos… pero no almas.

⚡ Entrenamiento en la tormenta Mientras tanto, en el centro del campamento, James golpeaba sin descanso las dianas mágicas.Cada impacto de sus guantes elementales hacía vibrar el suelo; los símbolos del rayo y la luz se entrelazaban como si el mismísimo espíritu de los Caballeros antiguos despertara con él.Ronald, Boulder y Tharion lo observaban en silencio.

El sudor, el cansancio, la furia… todo se mezclaba en cada golpe.

De pronto, Tharion avanzó con una vara de acero.

—¡Golpéame!

—ordenó con voz grave.James dudó.—¿Qué?—Hazlo.

O la guerra lo hará por ti.

Sin esperar respuesta, Tharion lo empujó con brutalidad.

James cayó, rodó por el suelo y se levantó con una mirada de fuego.Ambos chocaron con violencia.

El sonido del metal llenó el aire.Cada golpe era un grito reprimido.

Cada defensa, una lección.

—¡Más fuerte!

—rugió Tharion.

Ronald dio un paso al frente.—¡Oye, basta!Pero Tharion no se detuvo.

Siguió atacando hasta que finalmente desarmó a James y lo sujetó por el cuello de la camisa.

Su voz se volvió un susurro áspero.—¿Quieres salvar este mundo?

Entonces grábate esto: los poderosos que no protegen cuando deben… se convierten en estatuas rotas.

Recuerdos de fracasos.

Lo soltó.

Dio unos pasos atrás.Sus ojos reflejaban dolor, no ira.

—Yo también fui fuerte —continuó—.

Portaba dos espadas elementales.

Fui llamado en cada frontera, en cada guerra.

Y una vez… decidí no acudir.

Creí que era una trampa.

Me protegí.

Cuando llegué… ya no quedaba nadie.

Ni una voz.

Ni una vida.

El silencio pesó como una losa.Boulder bajó la cabeza.

Ronald apretó los puños.Tharion miró a James con firmeza.

—El poder no es un don.

Es una deuda.

Pero tú aún puedes pagarlo con esperanza.

No seas un guerrero más… sé el salvador que yo no pude ser.

James respiró hondo.

Sus guantes destellaron con un brillo dorado que parecía responder a su corazón.Por primera vez… no sintió miedo del poder.

Sintió propósito.

🌅 Camino hacia la memoria Horas más tarde, lejos del bullicio, tres siluetas cruzaban el sendero angosto de las montañas.Robin, aún con los vendajes en el torso, montaba con decisión.

A su lado, Lina y Marina cabalgaban en silencio.El cielo ardía con tonos carmesí, como si el mismo ocaso sangrara por el mundo.

—¿Ese pueblo…?

—preguntó Robin.—Mi hogar —respondió Marina con voz apagada—.

O lo que queda de él.—¿Por qué volver ahora?

—susurró Lina.—Porque necesito recordarme por qué lucho.

Si olvido de dónde vengo… perderé lo que me sostiene.

Robin bajó la mirada, pensativo.—Entiendo eso.

Yo pasé media vida sin saber quién era.

Pero ahora lo sé: no soy solo un combatiente.

Soy alguien que protege… aunque duela.

Lina lo miró, seria.—¿Y qué es lo que proteges tú, Robin?Él sonrió, cansado pero firme.—A ustedes.

A lo que aún queda de nosotros.

Ella lo observó unos segundos.

Luego asintió con una sonrisa apenas visible.—Entonces no mueras todavía.

Los tres continuaron su marcha, guiados por el eco de lo perdido.Cada uno cargaba su propio fantasma.Cada uno sabía que el amanecer podría ser su último.

☠️ Las ruinas del abismo Muy lejos, entre las sombras húmedas y los restos de una aldea devorada por el fuego, Black contemplaba el anillo maldito.El artefacto palpitaba como un corazón corrupto, latiendo con una frecuencia que parecía devorar el aire mismo.A su lado, Aurelius, su lobo mutado, lo miraba con tristeza contenida.

—¿Aún crees que esto tiene sentido?

—preguntó el lobo con voz humana, áspera y quebrada.Black no respondió enseguida.

Solo observaba cómo la oscuridad bailaba dentro del anillo.

—El sentido… nunca existió —susurró al fin—.

El mundo nos enseñó a sobrevivir sin justicia.

Yo solo le devolví la lección… con venganza.

Aurelius gruñó, apretando los puños.—Entonces no estás salvando nada… solo enterrando lo poco que queda.Black alzó la mirada.Sus ojos, antes llenos de furia, ahora estaban vacíos.—No busco salvar, Aurelius.

Busco recordar al mundo quién lo condenó.

Y cuando lo haga… ni los dioses podrán esconderse.

El anillo vibró con violencia.

Una onda oscura recorrió las ruinas.Las piedras se agrietaron.

Los cielos temblaron.

Y mientras el eco de ese poder se extendía, en el campamento aliado, una llama se encendía en el corazón de cada guerrero.

La oscuridad se movía.La luz… también.

La guerra estaba a punto de comenzar.

Continuará…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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