Puño del renacer - Capítulo 42
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42: El Grito del Valor 42: El Grito del Valor El cielo seguía manchado de rojo y oscuridad.
Truenos retumbaban a lo lejos, y las nubes parecían desgarrarse bajo el peso del caos.
En el corazón del gran valle, Black se alzaba como un espectro imponente, su capa ondeando bajo la tormenta.
Frente a él, Ronald, Caleb y Tharion lo observaban en silencio, con rostros firmes, sin miedo… aunque el aire mismo temblaba ante la presencia del enemigo.
Black sonrió con arrogancia, el reflejo carmesí de su anillo brillando en sus ojos.
—Oh… ¿y dónde está el chico de la Luz?
—preguntó con burla melódica—.
¿Acaso tuvo miedo de enfrentarme con este nuevo poder que poseo?
Ronald apretó los dientes, sus guantes liberando chispas eléctricas.
—No seas tan engreído, maldito —escupió—.
No lo necesitamos para acabar contigo.
Los ojos de Black se encendieron con una mezcla de ira y placer.
—Entonces… —elevó su anillo al cielo—.
¡¿QUÉ ESTAMOS ESPERANDO?!
El aire se desgarró.
Una guadaña oscura emergió del anillo, vibrando con energía corrupta.
El suelo se partió.
La luz del día fue devorada por sombras vivientes.
Los relámpagos iluminaron los rostros de los Caballeros.
El choque era inevitable.
Al Sur – El Grito de la Bestia James apenas podía creer lo que veía.
El lobo frente a ellos… Ese ser cubierto de cicatrices, furia y dolor… Era Aurelius, el lobo de Aria y Ronald, black lo había transformado en una abominación.
—¡CUIDADO, JAMES!
—gritó Aria.
Un muro de hielo brotó frente a él, deteniendo por un instante el zarpazo de la bestia.
Las garras resquebrajaron el hielo como si fuera vidrio.
El impacto levantó una nube de polvo y escarcha.
James retrocedió, jadeando.
—Tenemos que mantener la distancia —dijo Aria con voz temblorosa pero firme—.
Si nos atrapa, estamos acabados.
—Entonces pensemos rápido —respondió James, analizando cada respiración del monstruo—.
Aria, crearás un círculo de hielo para encerrarlo.
Yo lo atraeré al centro.
Cuando te dé la señal… ciérranos.
Intentaré purificarlo con la Luz.
Aria asintió.
Sus ojos brillaban con determinación.
—Confío en ti.
James activó su velocidad divina.
El mundo se volvió un torbellino azul.
La bestia lo persiguió destruyendo árboles, rocas y tierra.
Cada rugido hacía vibrar el bosque.
A lo lejos, Aria movía sus manos, congelando el suelo mientras el círculo tomaba forma.
—Vamos, James… —susurró—.
Solo un poco más… El rugido de la bestia fue como un trueno.
James esquivó un zarpazo, giró en el aire y gritó: —¡AHORA, ARIA!
El círculo se cerró de golpe.
James y la bestia quedaron encerrados.
James levantó su guante.
La Luz brilló… Pero algo andaba mal.
El brillo se apagó.
Su cuerpo tembló.
—¿Qué…?
—susurró.
La bestia se abalanzó.
Lo golpeó con brutalidad contra la pared de hielo.
James cayó, sangrando del labio.
Aurelius rugió.
Un rugido lleno de dolor, casi humano.
—No… —dijo Aria, con lágrimas cayendo—.
Tú no puedes ser él… El círculo comenzó a resquebrajarse.
La bestia se preparó para matar.
Al Norte – Orgullo y Dolor En los páramos del norte, el cielo rugía con los impactos de otra guerra.
Sylas y Boulder combatían a Fang y Titán, y la tierra temblaba con cada choque.
Roca contra garra.
Rayo contra fuego.
—¡Vaya!
—rió Fang, limpiándose la sangre—.
¿Por qué no peleaste así la última vez, idiota?
—No valía la pena gastar energía contigo —respondió Sylas detrás de él, con una sonrisa burlona—.
Pero ahora sí tengo motivos.
Una patada eléctrica lo lanzó por los aires, destruyendo árboles.
A pocos metros, Boulder y Titán intercambiaban golpes tan fuertes que formaban cráteres en el suelo.
—¿Por qué haces esto?
—gruñó Titán—.
¿Por qué arriesgas tu vida por los demás?
Boulder apretó los puños.
—Los fuertes se protegen a sí mismos… —dijo—.
Pero los más fuertes… protegen a los demás.
Titán se detuvo.
Su mirada cambió por un instante.
—Tú también… perdiste a quienes amabas, ¿verdad?
El silencio cayó.
El viento trajo el peso de un recuerdo.
Escena Retrospectiva Boulder de rodillas ante dos tumbas bajo un árbol marchito.
Su cuerpo temblaba.
Su alma se rompía.
—¿Por qué ustedes…?
—susurró con voz quebrada.
Una luz suave lo envolvió.
—Hola… ¿Eres Boulder, el guerrero de Tierra?
Aurelius estaba a su lado, sonriendo con paz.
—¿Quién eres…?
—preguntó Boulder.
—Aurelio.
Caballero de la Luz.
Se sentó a su lado.
—Sé lo que es perderlo todo —dijo Aurelio—.
Pero la fuerza verdadera no nace de la ira… sino de lo que decides proteger después de ella.
Boulder lo miró confundido.
—¿Qué quieres de mí?
—Que seas el Caballero de Tierra —respondió con calma—.
Y que ayudes a otros a no sufrir lo que tú viviste.
Presente Boulder desactivó su armadura.
—Muy bien, Titán.
Peleemos como hombres.
Sin poderes.
Solo fuerza.
Titán mostró los colmillos con una sonrisa salvaje.
—¡Eso quería oír!
¡Te demostraré que mi fuerza es superior!
Ambos se lanzaron al combate.
Puños contra puños.
Tierra levantándose.
Impactos que partían el aire.
A la distancia, Max observaba con el corazón acelerado.
—Increíble… Esto… esto es de otro nivel.
En el Valle – Fuego y Oscuridad El ejército de sombras avanzaba sin fin.
Roniel y Marina estaban exhaustos.
Por cada sombra destruida, dos más surgían del suelo.
—¡Marina, haz que todos se retiren!
—gruñó Roniel.
—¡ENTENDIDO!
¡TODOS, RETRÁIGANSE AHORA!
—gritó ella.
Roniel cerró los ojos.
Las llamas comenzaron a girar a su alrededor.
—No volveré… a quedarme quieto —susurró—.
No otra vez.
El fuego creció, envolviéndolo en un torbellino abrasador.
Las sombras lo rodearon.
Entonces, con un rugido que estremeció el cielo, gritó: —¡¡DEEEESTELLO INFERNAAAAAL!!
Una explosión de fuego devoró el valle.
Las montañas temblaron.
El aire se volvió rojo.
El mundo ardió.
Cuando el polvo finalmente se disipó, Roniel seguía en pie.
Jadeando.
Su cuerpo convertido en una antorcha viviente.
Miró al frente… Y su rostro se congeló.
CONTINUARÁ…
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