Puño del renacer - Capítulo 44
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- Capítulo 44 - 44 Luces que no se apagan
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44: Luces que no se apagan 44: Luces que no se apagan El viento del sur soplaba con fuerza, levantando polvo y copos de nieve que cortaban el aire como cuchillas.
Entre ese torbellino helado, James y Aria se alzaban frente a la bestia desatada.
El lobo rugía con furia, sus ojos llameando con el resplandor enfermo de la oscuridad.
—¡James, prepárate!
—gritó Aria, levantando los brazos.
De su magia brotaron pilares de hielo gigantescos, que se elevaron del suelo y atraparon momentáneamente a la criatura.
El hielo crujía, resistiendo apenas los embates del monstruo.
James avanzó entre la ventisca, el corazón golpeando en su pecho como un tambor.
Sus puños se apretaban, pero su mirada temblaba.
¿Y si no soy suficiente?
¿Y si vuelvo a fallar…
como contra Viktor?
Un rugido salvaje destrozó el aire.
El lobo se liberó, arremetiendo con una fuerza brutal.
Un golpe directo al abdomen de James lo dobló de dolor, lanzándolo violentamente contra un árbol.
La madera se partió.
Sangre brotó de su boca mientras el eco de su caída resonaba.
“Siempre igual…
siempre termino igual…
derrotado…” —pensó, con los ojos apagados.
—¡ESCÚCHAME, JAMES!
—gritó Aria, su voz atravesando el estruendo.
Lo apuntaba con el dedo, con los cabellos ondeando por la energía mágica y los ojos llenos de furia y lágrimas.
—¡Quizá no te conozca del todo, pero sé algo de ti!
¡No importa cuántas veces caes, siempre te levantas!
¡Si tienes este poder, es porque estás destinado a algo más grande!
¡Así que levántate…
y demuestra por qué tienes esa luz en tus manos!
El viento congelado chocó contra el calor que comenzaba a emanar del cuerpo de James.
Levantó la mirada, viendo a Aria resistiendo con todas sus fuerzas…
y sonrió débilmente.
—Tienes razón…
he pasado por tanto…
y sigo aquí.
No dejaré que mi luz se apague hoy.
Avanzó paso a paso, su respiración marcando el ritmo del suelo que temblaba bajo él.
Extendió la mano hacia el lobo atrapado entre fragmentos de hielo.
Al principio, nada ocurrió.
Pero James no retrocedió.
Cerró los ojos…
y recordó las voces, las pérdidas, las promesas.
Una chispa de luz se encendió en su palma.
Luego otra.
Hasta que una luminiscencia cálida lo envolvió por completo.
De pronto, el mundo se desvaneció bajo sus pies.
Dentro de la Oscuridad James abrió los ojos.
Flotaba en un mar oscuro, sin suelo ni cielo.
Sombras líquidas lo rodeaban.
Entre ellas, vio destellos de recuerdos: aldeas en llamas, risas de niños, una mano extendida hacia un compañero herido…
Y en medio de ese vacío, un hombre de armadura dorada, encadenado, lloraba lágrimas negras.
Era Aurelius.
—¿Quién eres…?
—preguntó, con voz rota, sin reconocerlo del todo.
—Soy James —respondió él, avanzando con firmeza—.Vine a traerte de vuelta… porque sigues siendo parte de nuestra familia.
Todos te están esperando.
Aurelius alzó la cabeza.
Por un instante, entre la oscuridad, se reflejó esperanza.Las cadenas comenzaron a brillar con luz dorada, y con un estruendo, se rompieron.
Renacer La oscuridad se evaporó del cuerpo del lobo.Sus músculos comenzaron a cambiar, la sombra se deshizo como ceniza arrastrada por el viento, y en su lugar emergió una criatura majestuosa.Un lobo dorado, de melena luminosa como la de un león, ojos sabios y un aura cálida que disipaba la oscuridad.
—¿A-Aurelius…?
—susurró James, con la voz temblorosa.
El lobo lo miró con calma.Y, para sorpresa de todos, habló: —Gracias, James.
Regresé… y esta vez lucharé a su lado, no como una bestia… sino como un caballero.
Aria, exhausta pero sonriendo, suspiró.
—Bueno… ya no vas a caber en la cabaña, Aurelius.
James soltó una risa breve, contagiado.Pero la risa se apagó al oír un grito en la distancia.Una sombra estaba a punto de asesinar a una mujer y a su hija.
—¡Velocidad Divina!
—gritó James.Su cuerpo desapareció en un destello y reapareció frente a ellas.El impacto de su puño de luz pulverizó a la sombra antes de que tocara a las víctimas.
Aria y Aurelius eliminaron a los rezagados: el lobo mordió con furia purificadora mientras Aria congelaba los restos, destruyéndolos.
James se acercó a la madre y a la niña, arrodillándose.—Ya están a salvo… —susurró, sonriendo con gentileza.
—Aria, llévalas a un refugio seguro —ordenó, poniéndose de pie.
—¿Y tú qué harás?
—preguntó Aurelius.
James apretó los puños, mirando al horizonte, donde la oscuridad se alzaba como una tormenta viva.
—Iré a detener a Black.
—Ten cuidado, James… —dijo Aria, su voz teñida de preocupación.
Él asintió con una sonrisa.—Lo mismo para ustedes.
Un último destello de luz envolvió su cuerpo.En un parpadeo, desapareció rumbo al valle, dejando atrás una estela brillante.
El Norte En el norte, el estruendo de otro enfrentamiento sacudía la tierra.Max observaba con asombro cómo Boulder y Titán intercambiaban golpes que hacían vibrar el suelo.
—Guau… esto es como ver a dos gigantes pelear —exclamó Max, casi sin parpadear.
Una niña le tiró de la manga.—¿Boulder ganará?
Max sonrió con confianza.—Claro que sí… confía en él.
Boulder respiró con dificultad, recordando las risas con James, los entrenamientos de boxeo, las palabras de Aurelius:”Ser fuerte no es para aplastar al débil… sino para proteger a los que amas.” Con un rugido, canalizó su poder y conectó un golpe devastador en la mandíbula de Titán, haciéndolo caer de rodillas.
—Tal vez, en otra vida, podríamos pelear sin odio… —dijo Boulder, jadeando—.
Como hombres, dándolo todo.
Titán rió, escupiendo sangre.—Ja… me volveré más fuerte… ¡y te mataré la próxima vez, Boulder!
—Te esperaré —respondió el caballero, encadenándolo con piedras que se cerraron como grilletes.
El Juramento del Viento Más al este, Sylas enfrentaba a Fang, que rugía transformándose en un lagarto radiactivo.Su piel brillaba con tonos verdes venenosos.
—¿Crees que puedes detenerme, caballero?
¡Aún no has visto nada!
—vociferó Fang, lanzando su aliento mortal.
Sylas levantó su lanza, creando un muro de viento que desvió el ataque, devolviéndolo con una fuerza multiplicada.
—Ya vi ese ataque una vez… —dijo con voz serena—.Y esta vez, no dejaré que lastimes a nadie más.
El aliento radiactivo estalló sobre Fang, derribándolo.Sylas lo ató entre remolinos de aire mientras murmuraba:—Prometí protegerlos… por ti, Aurelius.
Refugio y Coraje En el oeste, Robin y Lina guiaban a mujeres, niños y ancianos hacia un refugio, pero una oleada de sombras descendió sobre ellos.—¡Todos adentro!
¡Lina, encárgate de los rezagados!
—gritó Robin, disparando flechas de luz.
Lina vio a dos niños atrapados y corrió hacia ellos.Una sombra gigantesca se lanzó, derribándola.
—¿Crees que puedes salvar a alguien?
—rió la criatura—.
¡Tú, una cobarde!
Temblando, Lina se puso de pie.—Tal vez no sea la más fuerte… ni la más valiente… ¡pero si no lo intento, quién lo hará!
El agua comenzó a fluir de sus manos.
Marina le había enseñado esa técnica.Con un grito, la desató en un torrente que cortó la oscuridad.
—¡Yo pelearé, aunque me muera de miedo!
—¿Tú sola?
—rió la sombra.
—¡NO ESTÁ SOLA!
—gritó una voz.Valeska apareció, lanzando una espada mágica que Lina atrapó al vuelo.Un corte limpio.
La sombra se desintegró.
Lina jadeó, mirando a su salvadora.—Gracias… por la espada.
Valeska sonrió.—De nada… chica extraña.
—Lo dice la que se enamoró de un extraño.
—Ah, ¿y tú con el de la Luz?
—respondió Valeska, burlona.
Ambas se rieron mientras caminaban de regreso con los niños.Robin, al verlas, suspiró y murmuró:—Mujeres… ¿quién las entiende?
El Valle Pero en el valle, el humo seguía cubriendo todo.Marina corría desesperada entre los restos carbonizados.—Roniel… por favor… —susurró, con la voz quebrada.
De entre la bruma emergió una figura tambaleante.Roniel, cubierto de heridas, con llamas aún danzando en sus puños.Detrás de él, la bestia oscura, mutilada, se levantaba con un rugido final.
—¡Roniel, aléjate!
—gritó Marina.
Pero él la detuvo con suavidad, sonriendo débilmente.—Marina… protege a los demás.
Este es mi momento… La bestia rugió y se lanzó hacia él.Pero antes de que el golpe llegara, una flecha de luz atravesó el aire, impactando a la criatura.Un destello cegador descendió del cielo.
James aterrizó entre las sombras, su aura de luz disolviendo el humo, haciendo brillar el valle entero.
Roniel lo miró, con lágrimas de orgullo en los ojos.—Así que… llegaste.
James alzó su puño, su luz resplandeciendo como un sol en la oscuridad.
—Es hora de hacer brillar nuestra luz… juntos.
CONTINUARÁ…
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