Puño del renacer - Capítulo 46
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- Capítulo 46 - 46 La Luz en medio de la oscuridad
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46: La Luz en medio de la oscuridad 46: La Luz en medio de la oscuridad Las espadas de Tharion estaban a un suspiro de atravesar el cráneo de Black.
El filo temblaba, no por miedo, sino por la cantidad de poder acumulado en el aire.
El mundo entero parecía haberse inclinado hacia ese instante.
La tierra bajo sus pies estaba resquebrajada, los árboles carbonizados se mecían sin viento, y el cielo, cubierto de nubes negras, parecía observar con expectativa.
El aire se congeló.
No metafóricamente.El frío mordió la piel, deteniendo incluso el sudor que corría por la frente de los guerreros.
El tiempo parecía haberse detenido.
El latido del corazón de Tharion resonaba como un tambor de guerra en sus oídos.
Y entonces… Black sonrió.
No fue una sonrisa amplia ni exagerada.Fue pequeña.
Controlada.Una sonrisa de alguien que sabía algo que los demás no.
Y desapareció.
—¡¿Q-qué?!
—exclamó Tharion, con sus espadas aún en el aire, cortando solo vacío.
—¡No puede ser!
—gritó Caleb, retrocediendo un paso mientras su brazo de metal vibraba, como si reaccionara al peligro.
Ronald giró al instante.
Los rayos chisporrotearon alrededor de su cuerpo, iluminando el bosque en destellos intermitentes.
—¡Estén alerta!
—rugió—.
¡No bajen la guardia ni un segundo!
Un susurro se deslizó entre los árboles.
No venía de un punto fijo.Parecía arrastrarse por el aire, rozando oídos, colándose en la mente.
—Ya les dije… esto solo es el comienzo.Esto no ha terminado.
La oscuridad se retorció.
La sombra de un árbol se alargó de forma antinatural, como si cobrara vida, y de ella Black emergió, como si la noche misma lo estuviera expulsando al mundo físico.
El suelo bajo sus pies se agrietó, ennegrecido por su presencia.
—¿Nos extrañaron?
—dijo con una sonrisa torcida, alzando su guadaña oscura.
Un humo negruzco goteaba de la hoja, y donde tocaba el suelo, la vida se marchitaba.
—¡Caleb, Tharion, AHORA!
—ordenó Ronald.
Tharion reaccionó primero.
Giró sobre su eje, descargando una tormenta de cortes precisos, cada uno destinado a matar.
CLANG—CLANG—CLANG Black desvió todos con movimientos mínimos, casi perezosos.
—¡Eres rápido!
—gruñó Tharion, apretando los dientes mientras el sudor le corría por el rostro.
—Y tú eres ruidoso —respondió Black con frialdad.
En un parpadeo, la guadaña impactó el abdomen de Tharion.
El golpe fue brutal.
Su cuerpo salió disparado, rompiendo rocas y árboles hasta caer varios metros más allá.
—¡THARION!
—gritó Caleb.
La rabia lo impulsó.
Las placas de metal de su brazo se reorganizaron, formando cadenas que giraban como serpientes.
—¡Ronald, cúbreme!
—¡Con gusto!
Ronald levantó el brazo al cielo.
Un relámpago descendió con un estruendo ensordecedor, seguido de otros más, como si el propio cielo hubiera declarado la guerra.
Pero Black hundió su guadaña en el suelo.
La oscuridad se elevó como un muro, absorbiendo los rayos mientras su risa resonaba.
—¿Vas a terminar como tu padre, Caleb?
—susurró—.¿Perderás el control… y destruirás todo como él?
Las palabras fueron un golpe directo al alma.
—C-cállate… —murmuró Caleb, pero su mano temblaba.
El recuerdo lo aplastó.
Su aldea.Las llamas.Los gritos.
Su padre, envuelto en metal retorcido, fuera de control, golpeando sin distinguir enemigo de inocente.
—¡Papá, DETENTE!
—gritaba el niño que fue.
—¡NO PUEDO… DETENERME!
—respondía su padre, llorando.
El cuchillo.La sangre.El silencio eterno.
—Soy… igual que él… —susurró Caleb, cayendo de rodillas.
Black avanzó, cada paso cargado de desprecio.
—Vamos.
Usa tu verdadero poder.O muere igual de patético que tu padre.
Un trueno estalló.
Ronald se plantó frente a Caleb, cubierto de electricidad viva.
—¡Caleb, mírame!
—R-Ronald… —Un caballero no se rinde ante la adversidad —dijo con voz firme—.¡Demuestra que puedes controlar tu poder incluso cuando tú mismo dudas de ti!
—¿Y si pierdo el control…?
Ronald gritó, la luz envolviéndolo.
—¡NO ERES TU PADRE!¡ERES CALEB, CABALLERO DE METAL!¡Y ERES NUESTRO COMPAÑERO!
Otra voz emergió en su mente.
Aurelius, sonriendo con calma.
“No importa cuánta dificultad haya…si confías en ti, tu luz siempre puede vencer a la oscuridad.” Caleb alzó la vista.
Las lágrimas seguían cayendo.Pero ahora… ardían.
—Tienes razón… Su brazo cambió.Metal puro.
Pulido.
Brillante.
—¡NO VOY A SER COMO ÉL!¡YO PROTEGERÉ, NO DESTRUIRÉ!
Saltó.
El puñetazo impactó la guadaña de Black con un estruendo que hizo vibrar el valle.
Black retrocedió un paso.
—Tch… molestos… —¡TERMINÓ, BLACK!
—gritó Tharion, apareciendo detrás con ambas espadas cruzadas.
Por un instante… Black dudó.
En el centro del valle La bestia oscura rugía, alimentada por sombras que surgían del suelo.
Roniel jadeaba, cubierto de sangre.
James apretó el puño, sintiendo la luz vibrar en su interior.
—Roniel… confía en mí.
Colocó su mano sobre su hombro.La luz fluyó.
—Mi luz devuelve fuerzas a quienes protegen a otros.
Roniel sonrió débilmente.
—Entonces… vamos a acabar con esto.
Marina atacó, inmovilizando a la bestia.
—¡¡AHORA!!
James creó una flecha de luz.Roniel la envolvió en fuego.
—¡Por aquellos que amamos!
—¡Por este mundo!
—¡FLECHA LUZ ARDIENTE!
El impacto iluminó el continente.
La bestia desapareció.
Silencio.
—Lo logramos… —susurró James.
Pero la oscuridad volvió a moverse.
En el norte.En el sur.
James apretó el puño.
—No… no ha terminado.
El mundo estaba al borde del colapso.
Pero en los ojos de cada guerrero… La determinación ardía más fuerte que nunca.
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