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Puño del renacer - Capítulo 47

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  4. Capítulo 47 - 47 Entre la luz y la esperanza
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47: Entre la luz y la esperanza 47: Entre la luz y la esperanza En las montañas Del Valle.

Black, con su siniestra sonrisa, se acercó lentamente a Tharion mientras el viento en el valle cortaba como cuchillas.

—Vaya, vaya… —dijo Black, con voz burlona—.

El gran Tharion… ¿A qué has venido?

¿A jugar al héroe?

¿O a redimir tus fracasos?

Tharion apretó los dientes, pero no dijo nada.

—¿Te acuerdas de esa aldea?

—continuó Black, con una sonrisa escalofriante mientras su voz se hacía cada vez más fría—.

Esa aldea donde… tu hija… gritaba por tu ayuda… mientras tú no estabas.

—¡Cállate!

—gritó Tharion, dando un paso adelante, con sus espadas temblando en sus manos.

—Nunca llegaste a tiempo… —dijo Black con tono cruel—.

Y ahora… vienes aquí creyendo que puedes salvar a alguien más… cuando no pudiste salvar a tu propia hija.

El rostro de Tharion se contrajo de dolor.

Sus propios recuerdos lo aplastaron: su hija, con su pequeño vestido azul, corriendo mientras el fuego consumía la aldea, su voz temblorosa llamándolo: “¡Papá!

¡Papá, ayúdame!” Tharion cayó de rodillas, sus espadas clavadas en la tierra, temblando.

En ese instante, Ronald puso su mano en su hombro.

—Tharion… —dijo con voz firme—, el pasado no te define… lo que haces ahora, sí.

Tharion alzó la vista, con lágrimas en los ojos.

—Ronald… ¿y si fallo otra vez?

—Entonces te levantarás de nuevo —respondió Ronald, con fuego en la mirada—.

Porque no somos héroes por no caer… sino porque nos levantamos una y otra vez, incluso cuando creemos que no podemos.

Tharion respiró profundamente, y se puso de pie, levantando sus espadas.

—Tienes razón… Esta vez, lucharé con todo lo que soy.

Black sonrió con desdén.

—Patético… veremos cuánto duran… Tras derrotar a la bestia, James, Roniel y Marina contemplaban el campo calcinado.

Un guerrero llegó jadeando: —¡Las sombras… están apareciendo… en el norte y en el sur!

Marina apretó su lanza.

—Roniel, debemos ir a ayudar a los demás.

Roniel asintió, con sus ojos ardiendo en llamas.

—Sí, es nuestra responsabilidad.

James miró hacia el horizonte, hacia la colina donde estaba Black.

—Yo… tengo que solucionar esto de raíz.

Marina lo miró con preocupación.

—James… James sonrió levemente.

—Gracias por todo… Cuida de ellos, Marina… Roniel.

Roniel chocó su puño con el de James.

—Ve y acaba con esto.

James asintió, y con determinación en sus ojos, corrió hacia el lugar donde estaba Black, mientras Marina y Roniel se dirigían a proteger al norte y al sur.

Por otro lado, Sylas y Boulder estaban cubiertos de polvo y sangre, enfrentando una horda de sombras, sus cuerpos temblando, pero sus ojos firmes.

Detrás de ellos, los aldeanos se armaban con palos y piedras, decididos a defender su hogar.

Max observó, hasta que vio a una anciana caer al suelo, mientras una sombra alzaba su garra para matarla.

Por un segundo, el tiempo se detuvo.

Max recordó a su abuela en su tienda de flores, con aquella sonrisa cálida.

—“Max, el mundo necesita más personas que hagan lo correcto… aunque sea difícil, aunque tengas miedo, nunca dejes de hacer lo correcto, mi niño.” Las palabras atravesaron su corazón como un relámpago.

—¡NO!

—gritó Max.

Usó su poder de tierra, cubriendo sus puños con rocas que formaron guantes de piedra.

—¡NO TE LA LLEVARÁS!

Max se lanzó, golpeando a la sombra con toda su fuerza, cada golpe como un trueno, hasta que la sombra se desvaneció.

Se giró, ayudó a la anciana a levantarse y miró al cielo.

—Gracias, abuela… por enseñarme a nunca dejar de luchar.

Aria y Aurelius (en forma de lobo imponente) luchaban ferozmente contra las sombras, congelando y destrozándolas con sus colmillos.

Aria, jadeando, gritó: —¡Aurelius, a la izquierda!

El lobo giró, mordiéndola y lanzándola al aire mientras Aria la congelaba.

Ambos se miraron, sonriendo entre la sangre y el sudor.

—No importa cuántas sean… ¡seguiremos luchando!

En el otro lado Del Valle El cielo estaba gris y las sombras se arremolinaban como un enjambre.

Robin jadeaba, con su arco temblando en sus manos mientras disparaba flechas una tras otra, cubriendo la retirada de los civiles hacia el refugio.

—¡Rápido, entren, no se detengan!

—gritó, mientras su brazo sangraba por un corte reciente.

De pronto, su carcaj quedó vacío.

Una sombra saltó sobre él, sus garras listas para desgarrarlo.

—¡Tch… no tan fácil…!

—Robin intentó esquivarla, pero su cuerpo ya no respondía con la misma velocidad.

La sombra lanzó su garra.

Robin levantó su brazo para protegerse, pero un chorro de agua cortó el aire, desviando el ataque.

—¡¿Qué sería de ti sin nosotras, ah?!

—gritó Lina, apareciendo a su lado con un golpe de agua que derribó a otra sombra.

—¡Concéntrate, Robin!

—dijo Valeska, mientras con un giro ágil atravesaba a una sombra con su espada.

Robin, con respiración agitada, esbozó una sonrisa.

—Pensé que sería más dramático si me salvaban en el último segundo… —bromeó mientras retomaba su arco.

—¡Cállate y dispara, galán!

—rió Valeska mientras giraba su espada, lanzando destellos azules al cortar otra sombra.

Lina creó una ola de agua que empujó a tres sombras hacia una esquina.

—¡Valeska, ahora!

—gritó.

—¡Con gusto!

—respondió, saltando con su espada envuelta en luz para rematarlas.

Robin, recuperado, disparó flechas cargadas de energía, perforando las sombras que intentaban levantarse.

Por un momento, el campo de batalla quedó en silencio, con los tres respirando agitados, hombro con hombro.

—Uff… —dijo Robin, limpiándose el sudor—.

Les debo otra.

—Sí, unas flores y varias monedas de oro no estarían mal.

—bromeó Valeska, guiñándole un ojo.

Lina, con una sonrisa cansada, agregó: —Lo importante es que estamos juntos en esto.

Mientras sigamos de pie, protegeremos a todos… sin importar cuántas sombras vengan.

Robin miró a ambas, con una sonrisa que ocultaba la fatiga en sus ojos.

—Gracias… de verdad.

Las sombras rugieron a lo lejos, acercándose nuevamente.

Valeska alzó su espada.

—¡Entonces a trabajar, equipo!

Que no crean que nos vamos a rendir tan fácil.

Con un grito de guerra compartido, los tres se lanzaron de nuevo al combate, decididos a proteger a cada persona detrás de esas puertas.

Por otro lado, James corría, pero sus piernas temblaban.

—“Si uso la velocidad divina otra vez… mi cuerpo podría colapsar…” Miró al frente, viendo a Black de pie, enfrentando a Ronald, Caleb y Tharion.

Black rió.

—“¿Esto es todo lo que tienen?” Tharion, con lágrimas en los ojos, alzó sus espadas.

—¡NO!

¡NO ES TODO!

Se lanzó con un grito, atacando con furia a Black.

Black lo detuvo con facilidad, levantándolo por el cuello.

—Fracasaste antes… fracasarás ahora.

De pronto, una patada de Ronald impactó a Black, apartándolo, mientras Tharion caía al suelo.

Black se reincorporó, sonriendo.

—Interesante… Pero no vio lo que venía.

James, usando la velocidad divina, apareció en un destello de luz, golpeando a Black con toda su fuerza en el rostro.

Black se tambaleó, mientras decía: – al fin llegó el hijo pródigo.

James aterrizó, mirándolo con ojos encendidos.

Ronald se paró junto a él, con el trueno chisporroteando en sus guantes.

Tharion se levantó, con sus espadas brillando.

—Black… —dijo James, con su puño envuelto en luz—, he venido a terminar esto.

Y así, en el campo ennegrecido por las sombras, la luz y la esperanza de aquellos que se negaban a rendirse comenzaba a arder más fuerte que nunca.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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