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Puño del renacer - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 UNA AMENAZA INESPERADA Y UN SALVADOR
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5: UNA AMENAZA INESPERADA Y UN SALVADOR 5: UNA AMENAZA INESPERADA Y UN SALVADOR La tensión en el aire aumentaba.

Las figuras oscuras se acercaban rápidamente, sus ojos brillando con una intensidad que no dejaba dudas de que no estaban allí para hacer preguntas amistosas.

El grupo de amigos estaba completamente fuera de lugar y no tenían ni idea de cómo enfrentar lo que se les venía encima.

James se posicionó en el frente, adoptando una postura defensiva.

Su cuerpo, aún agotado de la pelea contra Viktor, se tensaba, pero el entrenamiento en el ring le daba algo de seguridad.

— ¡No tenemos elección!

—gritó James.

— ¡Nos vamos a defender!

Max, con la adrenalina corriendo por sus venas, también se preparó para lo que fuera.

Lina estaba al fondo, pero no se veía tan segura como sus dos amigos.

La incertidumbre se reflejaba en sus ojos.

Las figuras oscuras llegaron a pocos metros de ellos.

James los observó con más detalle: sus armaduras eran oscuras, casi como si fueran sombras en forma humana.

Ellos no eran simples humanos, sino algo mucho más siniestro.

De repente, una de las figuras alzó su espada y comenzó a caminar hacia ellos, dispuesto a atacarlos.

El viento comenzó a soplar con más fuerza, creando un ambiente casi palpable de peligro.

— ¡Maldición!

—murmuró Max, apretando los puños.

En ese preciso instante, un rayo brillante surcó el cielo.

Un destello de luz iluminó todo el paisaje, y un estruendoso trueno retumbó en las montañas cercanas.

Un hombre apareció de la nada.

Vestía una capa con detalles plateados, su rostro cubierto por una máscara que solo dejaba ver unos ojos penetrantes y llenos de determinación.

Era Ronald, el Caballero del Rayo.

— ¡Atrás, muchachos!

—gritó Ronald mientras desenvainaba una espada de luz pura, que brillaba intensamente.

Los guerreros oscuros se detuvieron en su lugar, sorprendidos por la aparición de Ronald.

— ¿Quién se atreve a desafiar a los Caballeros Sagrados?

—dijo Ronald con una voz profunda, resonando en el aire como un trueno.

De inmediato, un segundo hombre apareció a su lado.

Era mucho más joven, pero igual de imponente.

Su rostro estaba cubierto con una capucha, pero sus ojos brillaban con una intensidad feroz.

Era Robin, el hermano menor de Ronald.

— ¡No dejes que se acerquen!

—ordenó Robin mientras sacaba un arco de su espalda.

Sus manos trabajaban con destreza mientras colocaba una flecha en la cuerda y disparaba un proyectil de energía hacia uno de los guerreros oscuros.

La flecha explotó en un resplandor cegador, derribando al primero de los atacantes.

Una mujer apareció de la nada, caminando con gracia y poder.

Su presencia era etérea, como si fuera parte del mismo viento.

Ella se movía con elegancia y su vestimenta estaba adornada con símbolos mágicos.

Aria, la hechicera, alzó sus manos y murmuró algo en un idioma antiguo.

De repente, el suelo bajo los atacantes comenzó a temblar, y raíces y vides mágicas emergieron de la tierra, atrapando a los guerreros oscuros.

— ¡Esto no es todo lo que tenemos!

—gritó Aria, su voz llena de energía mágica.

La batalla había comenzado, pero la aparición de estos tres guerreros cambió por completo el curso de los acontecimientos.

Ronald, Robin y Aria luchaban con una destreza y coordinación impresionantes, derrotando a los enemigos uno tras otro.

James, Max y Lina observaban sorprendidos mientras los tres luchadores avanzaban con facilidad, desmoronando a los guerreros oscuros sin que pareciera un esfuerzo para ellos.

El combate era increíblemente rápido, pero Ronald parecía tener un poder mucho más allá de lo que James había visto en cualquier pelea anterior.

Finalmente, después de unos minutos de acción intensa, el último de los atacantes cayó al suelo.

El aire volvió a calmarse, y las ondas de energía se disiparon lentamente.

Ronald giró hacia el grupo de amigos y les sonrió, aunque su mirada aún mostraba seriedad.

— ¿Están bien?

—preguntó con una voz profunda, pero tranquilizadora.

James, Max y Lina se quedaron sin palabras, mirando a los tres héroes que los habían salvado.

Era obvio que no estaban en su mundo.

No podían haber llegado allí por casualidad.

Lina finalmente rompió el silencio, mirando a Ronald con asombro.

— ¿Quiénes son ustedes?

¿Qué está pasando?

—preguntó, su voz llena de confusión.

Ronald miró a sus compañeros antes de responder, y con una mirada decidida, comenzó a hablar.

— Soy Ronald, Caballero del Rayo.

Estos son mi hermano Robin, el Arquero, y Aria, la Hechicera.

—hizo una pausa, dejando que las palabras calaran.

— Nosotros somos los protectores de este mundo, y parece que vosotros no pertenecéis aquí.

Max dio un paso al frente, aún sin entender, pero con la determinación de descubrir la verdad.

— ¿A qué te refieres?

¿De qué mundo hablas?

Ronald observó a los tres jóvenes por un momento y luego asintió, como si hubiera tomado una decisión.

—Selo explicaremos.

Pero primero, necesitamos salir de este lugar.

No es seguro estar aquí mucho tiempo.

—dijo con firmeza.

— Sígannos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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