Puño del renacer - Capítulo 51
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- Capítulo 51 - 51 El Misterio de una Desaparición
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51: El Misterio de una Desaparición 51: El Misterio de una Desaparición El aire aún olía a cenizas y a hierro, el campo de batalla parecía en calma… pero en realidad esa calma era inquietante, como si escondiera un secreto demasiado grande para ser revelado todavía.
Los guerreros estaban agotados, pero al menos sonreían.
El caos y la oscuridad parecían haber desaparecido.
Al menos, eso era lo que todos querían creer.
—¡Oye, James!
¡Oye, reacciona!
—la voz de Caleb lo sacó de golpe de un sueño profundo.
James abrió lentamente los ojos, confundido.—¿Eh…?
¿Qué pasó?
Caleb lo observó con una mezcla de alivio y preocupación.—Te quedaste dormido después de ese gran ataque.
James parpadeó varias veces, aún sintiendo el ardor en sus músculos.—Dios mío… no me di cuenta en qué momento me quedé dormido —murmuró para sí mismo.
Miró alrededor, buscando a sus compañeros.—¿Y dónde están Ronald y Tharion?
—Fueron al lugar donde cayó Black cuando lo golpeaste —respondió Caleb.
James apretó los labios.—Entiendo… aunque ahora mismo no sería capaz de repetir ese ataque.
Caleb lo miró con seriedad.—Ese ataque consume casi toda tu energía.
Y lo más curioso es que creo que no lo usaste al cien por ciento.
—¿Estás seguro?
—James arqueó una ceja, incrédulo.
—Sí.
He visto de lo que es capaz esa técnica.
La tuya fue devastadora, pero… aún no era la forma final.
James quedó en silencio, perdido en pensamientos.
¿Hasta dónde podría llegar ese poder?
¿Y a qué precio?
En el bosque, Ronald y Tharion avanzaban lentamente.
El suelo crujía bajo sus pasos, húmedo por la sangre y la ceniza de la batalla.
Ronald caminaba con su porte habitual, pero su respiración era pesada y el sudor empapaba su frente.
Tharion, que lo observaba de reojo, lo notó enseguida.
—Estás demasiado agotado, Ronald.
Espero que el ataque del chico haya acabado con ese sujeto.
Ronald esbozó una sonrisa cansada, pero su mirada seguía fría.—No te confíes.
Si Black sigue con vida, no se detendrá.
Aunque… parece que la oscuridad ha empezado a desvanecerse.
—Eso… tal vez sea una buena señal —respondió Tharion, aunque su tono sonaba más como una esperanza que como una certeza.
De repente, un ruido entre los árboles los puso en alerta.
Eran pasos… apresurados, entrecortados.
Tharion llevó la mano a su arma.—¿Acaso es Black…?
—No lo sé.
Prepárate —respondió Ronald, alzando la guardia.
De entre los árboles, emergió Selene, jadeando, con el rostro manchado de sudor y preocupación.
—¡Selene!
—exclamó Ronald, sorprendido—.
¿Qué haces aquí?
—¿Acaso viste a Black?
—preguntó Tharion con urgencia.
Ella asintió, sus ojos reflejaban un brillo inquieto.—Así es… pero no estaba solo.
Tharion frunció el ceño.—¿Qué quieres decir con que no estaba solo?
Él había recibido un gran ataque hace un rato.
Ronald se adelantó, clavando su mirada en ella.—¿Con quién estaba?
—No lo sé… —respondió Selene, bajando la voz—.
Cuando estaba a punto de acabar con él, un sujeto apareció de la nada y me dejó inconsciente.
Para cuando desperté, ya no estaban.
Tharion apretó el puño con frustración.—¡Carajo!
¿Ahora hay otro sujeto?
Podría ser un secuaz más de Black… Selene dudó un segundo.—La verdad es que… —¿Segura que es todo lo que pasó?
—la interrumpió Ronald con desconfianza.
Selene tragó saliva y negó con la cabeza.—No… no es todo.
Cuando desperté, usé mi magia para retroceder los acontecimientos, para ver lo ocurrido.
Y lo que vi… me dejó impactada.
Ronald la miró fijamente, con el ceño fruncido.—¿Qué viste?
Ella respiró hondo.—El sujeto cargó a Black en su hombro.
Luego… sacó algo de su mano, un artefacto extraño.
Lo activó y abrió un portal.
No era magia común, era algo que ni yo podría replicar.
Y en un instante, ambos entraron y desaparecieron.
Tharion se quedó helado.—Eso significa que… pudieron ir a cualquier parte.
Ronald bajó la mirada, sus pensamientos se arremolinaban.
Pero de pronto, sus ojos se abrieron con un destello de terror.—Oh, no… James.
Mientras tanto, James y Caleb descansaban cerca de unos troncos, todavía recuperándose.
Caleb seguía explicándole lo que sabía de las técnicas de luz.
—Aurelius usaba estas habilidades con maestría.
La diferencia entre tú y él es que sabía cómo administrar su energía vital.
Por eso tú te agotas tan rápido.
Tus técnicas consumen demasiado, James.
Si no aprendes a dominarlas, cada pelea será como jugarte la vida.
James lo escuchaba con seriedad.
Sus ojos se clavaron en sus propios guantes brillantes, preguntándose si algún día lograría ese dominio.
En ese momento, Ronald, Tharion y Selene regresaron.
La tensión en sus rostros decía más que cualquier palabra.
—¿Chicos?
—preguntó James, incorporándose con dificultad—.
¿Qué pasó con Black?
Caleb también se levantó.—¿Lo vieron?
¿Qué ocurrió?
Pero James se sorprendió al ver a Selene con ellos.—¿Selene?
¿Qué haces aquí?
Fue Ronald quien respondió, con un tono grave.—James… Selene nos contó lo que pasó.
Ella estaba ahí para acabar con Black.
Pero apareció un sujeto… y se lo llevó a través de un portal.
—¿Un portal?
—James abrió los ojos, incrédulo.
Ronald asintió.—Y lo peor… es que ese portal es del mismo mundo de donde tú vienes.
El corazón de James se detuvo un instante.
Su rostro palideció mientras las palabras de Ronald se clavaban como cuchillas.
Eso significaba solo una cosa: Black ahora podría estar en su mundo.
Un mundo indefenso, lleno de inocentes que no conocían la oscuridad que él había enfrentado.
Miles de vidas podían estar en peligro.
James apretó los puños, temblando.
Una duda quemaba en su mente, una pregunta que aún no tenía respuesta: —¿Cómo diablos… voy a regresar?
Y en ese silencio cargado de temor, el misterio de la desaparición de Black comenzaba a abrir una herida aún más grande que la batalla que acababan de librar.
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