Puño del renacer - Capítulo 54
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54: Reencuentro 54: Reencuentro El sol iluminaba suavemente los caminos del reino mientras James, Ronald, Caleb y Selene avanzaban hacia el castillo.A su paso, podían ver cómo la gente reconstruía sus hogares y aldeas, sonriendo entre lágrimas, llenos de esperanza.Los gritos de alegría, los martillazos y las risas infantiles se mezclaban en una sinfonía que devolvía vida a un mundo que había estado al borde de la ruina.
Tharion, observando aquella escena, se detuvo de repente.Su mirada se posó sobre un pequeño pueblo que reconoció al instante.
Era su hogar.
—Me quedaré aquí —dijo con voz serena, mirando hacia el horizonte—.
Este fue el lugar donde crecí… donde mi hija solía jugar.
Si algo le gustaba ver, era cuando ayudaba a la gente.
Ronald le puso una mano en el hombro.—Entonces hazlo, viejo amigo.
Este mundo necesita más corazones como el tuyo.
Tharion sonrió, algo melancólico.—Gracias, Ronald.
Cuida de ellos, ¿sí?
—Eso está hecho —respondió el caballero con una sonrisa.
Se despidieron con un abrazo fuerte, y el grupo siguió su camino.Mientras avanzaban entre otros pueblos, James recordaba las palabras de Tharion.Decidió detenerse un momento al ver a un anciano cargando dos pesadas cubetas de agua.
—Déjeme ayudarle, señor —dijo James, tomando las cubetas con facilidad.El anciano lo miró sorprendido y sonrió.—Gracias, joven.
No sabes cuánto significa eso para mí.
A medida que ayudaban en los pueblos, James comenzó a notar algo curioso:cada pequeño gesto, cada acto de bondad, fortalecía su energía interior.Era como si su poder reaccionara al bien que hacía.
—Quizás este sea el verdadero propósito de mi poder —pensó mientras observaba sus manos—.
No solo luchar… sino proteger.
Pasó el día y, cuando la noche cayó, decidieron descansar en un pequeño pueblo a unos trece kilómetros del castillo.Los aldeanos, agradecidos por su ayuda, les ofrecieron una habitación para pasar la noche.
Dentro del cuarto, el silencio reinaba.
Todos dormían… excepto James.
Él miraba el techo, incapaz de borrar de su mente el sueño con Lina.Aquel grito suyo aún resonaba en su cabeza.Se levantó lentamente y salió a tomar aire.
El pueblo no dormía.
Había una fogata encendida en el centro, donde la gente cantaba, reía y compartía comida.James los observó desde la distancia, con una pequeña sonrisa.
—Por fin… una pelea que no terminó con pérdidas —susurró.
Por un instante, sintió que su corazón encontraba paz.Volvió a la habitación y se acostó de nuevo.Ronald, quien no estaba dormido, lo miró de reojo.
—¿No puedes dormir?
—preguntó con voz tranquila.—No… —respondió James—.
Solo estaba pensando.Ronald sonrió.
—Tienes esa mirada de alguien que ha visto demasiado, pero aún sigue adelante.James soltó una pequeña risa.
—Supongo que sí.
Ronald giró para mirarlo directamente.—Si que te pareces mucho a él.
—¿A Aurelius?
—preguntó James.Ronald asintió.
—Sí.
Él también cargaba con un peso enorme, pero nunca perdió la esperanza.
Siempre decía: “Mientras quede una chispa de luz, vale la pena luchar”.—Suena como alguien que jamás se rendía.—Exacto.
Y tú, James… también eres así.
James bajó la mirada, pensativo.—A veces siento que mi fuerza no es suficiente, Ronald.—Nadie siente que lo sea, hasta que no tiene otra opción —contestó el caballero con una sonrisa triste—.
Pero créeme, el hecho de que sigas luchando ya te hace más fuerte que muchos.
Al amanecer, partieron nuevamente.
El aire fresco les devolvía energías.El paisaje se extendía verde y brillante… hasta que el ambiente cambió.
Un silencio extraño envolvió el lugar.El cielo se oscureció repentinamente y una ráfaga de viento gélido los golpeó.De pronto, se abrió un portal frente a ellos, emanando una energía distorsionada.De él cayó un cuerpo al suelo: un hombre con la piel pálida, desgarrada, y partes metálicas incrustadas en su cuerpo.
—¿Qué demonios…?
—dijo Caleb, retrocediendo.
El sujeto levantó la cabeza.
Sus ojos rojos brillaban con un tono mecánico, inhumano.Antes de que alguien hablara, se lanzó directamente hacia James.
—¡Cuidado!
—gritó Ronald.
James esquivó el golpe con una facilidad sorprendente.El impacto del brazo mecánico destruyó una roca cercana.El ser volvió a atacar, pero esta vez James bloqueó su puño con una sola mano.
—Ya basta —dijo James, con voz firme y el aura dorada rodeándolo.
Una explosión de luz purificadora emanó de su cuerpo, atravesando al enemigo.Las partes robóticas comenzaron a chispear y explotaron por sí solas, hasta que todo quedó en silencio.
James respiró con fuerza.
Ronald lo observó con orgullo.—Te has vuelto más fuerte… mucho más.James se acercó al cuerpo sin vida.—No quería destruirte… solo liberarte.
Intentó usar su poder para devolverle la vida, pero nada ocurrió.El silencio se tornó pesado.
Ronald puso una mano en su hombro.—No funciona, James.
Ese hombre… ya estaba muerto.
James apretó los puños.—Entonces… el otro mundo también está siendo corrompido.
Caleb frunció el ceño.—Si esto cruzó entre dimensiones, significa que la oscuridad no ha muerto.
Ronald asintió.
—Tenemos que avisar al rey.
Esto no ha terminado.
Enterraron al cuerpo con respeto.James miró la tumba improvisada y susurró:—Descansa en paz.
Prometo que acabaré con esto.
El grupo siguió caminando hasta llegar a las puertas del castillo.El ambiente era completamente distinto: soldados, magos y aldeanos trabajaban juntos reconstruyendo las murallas.Al verlos llegar, todos los presentes se detuvieron y comenzaron a aplaudir.
—¡Los héroes del rayo y la luz han vuelto!
—gritó alguien.
James sonrió tímidamente.De entre la multitud, aparecieron Boulder, Max y Sylas corriendo hacia ellos.
—¡Ey, chicos!
¡Por fin llegaron!
—exclamó Sylas con entusiasmo.—Vaya, se nota que están felices por aquí —dijo James riendo.—¡Claro, bro!
¡Todo terminó!
—respondió Max, dándole un abrazo fuerte—.
Sobreviviste, hermano.—Y tú también —dijo James con una sonrisa, chocando sus puños.
Boulder se acercó a Ronald y Caleb.—¿Qué sucedió allá?—Ese bastardo escapó —respondió Ronald con seriedad—.
Encontró una forma de huir al otro mundo.—¿Qué?
—Boulder apretó los dientes—.
Entonces no podemos bajar la guardia.
Antes de que continuaran, una voz familiar interrumpió.—¡James!
¡Max!
Lina corrió hacia ellos con lágrimas en los ojos y se lanzó sobre ambos, abrazándolos con fuerza.James y Max soltaron una carcajada al verla.—Lina… —susurró James, sorprendido y feliz.—Me alegra tanto verlos vivos… —dijo ella, sollozando entre risas.
Valeszka apareció detrás, riendo mientras abrazaba a Max y lo molestaba.—Vaya, héroe… parece que te hice falta, ¿eh?
—dijo con una sonrisa juguetona.Max se sonrojó.
—Si..
talvez un poco.
Todos rieron, y por un momento el ambiente se llenó de calidez.
James, sin decir nada, abrazó a Lina con fuerza.Ella sonrió y le susurró:—Yo también te extrañé, James.Él la miró serio.
—No dejaré que nada te pase.
Lo juro.Ella le dio un beso en la frente.—Siempre has cumplido tus promesas, James.
Además… ya todo acabó.
No hay por qué preocuparse.
Pero él sabía que no era así.
Guardó silencio, sonriendo levemente, ocultando la verdad.
Más tarde, Marina y Robin llegaron y saludaron a todos, riendo como si una gran familia se hubiera reunido tras años de separación.Selene preguntó por Roniel, y justo en ese momento él apareció, sonriendo antes de ser recibido con un cálido abrazo.
—El rey los espera —dijo Roniel—.
Tiene algo importante que anunciar.
Mientras caminaban hacia el salón real, Roniel les explicó que el rey planeaba unir a todos los reinos y construir una gran fortaleza, para proteger al mundo de cualquier futura amenaza.Pero ninguno de ellos imaginaba que, en las sombras del otro mundo, la oscuridad seguía moviendo sus hilos, esperando su momento para regresar.
Y el verdadero destino de James apenas comenzaba a revelarse…
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