Puño del renacer - Capítulo 56
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- Capítulo 56 - 56 Las grietas entre dos mundos
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56: Las grietas entre dos mundos 56: Las grietas entre dos mundos El atardecer teñía el cielo de un tono rojizo, mientras el aire comenzaba a enfriarse.
James se mantenía firme, con los guantes brillando como antorchas divinas.
Las chispas que emanaban de ellos crepitaban en el aire, haciendo vibrar el suelo con cada pulso de energía.
—Vamos, James… —susurró Ronald con los ojos fijos en él—.
No pierdas el control… James juntó lentamente los dedos de sus manos.
A medida que lo hacía, la energía se concentraba hasta formar un pequeño vórtice dorado.
El aire temblaba, las piedras se deslizaban en el suelo, y una luz comenzó a tomar forma frente a él, como si el mismo cielo se abriera.
Todos observaron en silencio.
Roniel, Marina, Boulder, Sylas y Caleb no podían evitar recordar aquella vez… el día en que Aurelius sacrificó su vida para sellar la oscuridad.
El brillo, el rugido del poder… era idéntico.
Solo que ahora, el que lo hacía era James.
El destello creció… y luego explotó en una onda expansiva que sacudió todo el lugar.
—¡James!
—gritó Lina corriendo hacia él.
El resplandor desapareció.
James estaba arrodillado, respirando con dificultad, una mano en la cabeza y los guantes humeando.
—Estoy… bien, Lina —dijo con una sonrisa débil—.
Solo… me duele un poco la cabeza.
—¿Seguro?
—preguntó ella, preocupada—.
No te ves bien… Max se acercó y cruzó los brazos.
—Bro… eso fue una locura.
¿Qué demonios pasó?
James bajó la mirada.
—No lo sé.
Por un instante… sentí que estaba sosteniendo algo muy pesado, como si el mundo entero me cayera encima.
No pude mantenerlo… Ronald frunció el ceño.
—Entonces significa que el portal sí intentó abrirse, pero tu cuerpo no soportó la carga.
—Eso explica por qué desapareció tan rápido —añadió Caleb—.
Pero… ¿cómo demonios ese tipo pudo hacerlo?
¿Cómo logró llevarse a Black?
Boulder asintió con el ceño fruncido.
—Tal vez… él tenga la habilidad de crear portales.
James y Max hablaron casi al unísono: —No lo creo.
Marina se giró intrigada.
—¿Qué quieren decir?
James miró el suelo mientras hablaba: —Si ese sujeto llevó a Black a mi mundo, entonces no fue con poder… —…sino con tecnología —terminó Max la oración.
Sylas arqueó una ceja.
—¿Tecno… qué?
Lina explicó con calma: —En nuestro mundo existe algo llamado “tecnología”.
Son máquinas, aparatos que pueden hacer cosas increíbles… incluso hay personas que han intentado cosas inimaginables.
—Entonces —dijo Max— ese sujeto debió construir algo capaz de conectar ambos mundos.
Ronald cruzó los brazos, mirando a James con seriedad.
—Eso significa que tú, James, eres nuestra única brecha natural entre los dos mundos.
Si aprendemos a canalizar tu energía de forma estable… podríamos abrir el portal de manera controlada.
James apretó los puños.
—No quiero que nadie más cargue con esto.
Si hay que hacerlo, lo haré yo.
Ronald le puso una mano en el hombro.
—No, chico.
No vas a cargar solo con ese peso.
Sus ojos se suavizaron.
—No mientras sigamos aquí contigo.
El silencio se apoderó del lugar, roto solo por el crepitar del viento.
De repente, se escucharon pasos apresurados.
—¡Chicos!
¡Chicos!
—gritó una voz a lo lejos.
Era Robin, que corría con el rostro empapado en sudor.
—¿Qué sucede?
—preguntó Roniel, acercándose.
—Algo extraño… —jadeó Robin—.
En los pueblos cercanos… están apareciendo agujeros de energía.
Gente dice que parecen portales.
Y se están expandiendo sin control.
Todos se miraron con preocupación.
Caleb fue el primero en hablar.
—Entonces… Black ya empezó.
Ronald apretó los dientes.
—Debemos mantenernos alerta.
Esos portales pueden traer cualquier cosa rara..
otra vez.
Boulder suspiró.
—¿Cosas raras?
¿De qué hablas?
—Larga historia… —respondió Ronald—.
Pero te prometo contártela cuando esto acabe.
Su tono cambió.
—Por ahora, hay que proteger a la gente.
Esos portales podrían aparecer en cualquier lugar.
Sylas sonrió, levantando su lanza.
—Entonces… será mejor que nos preparemos.
En ese momento, una figura sobre un lobo gigante se acercó con velocidad.
Era Aria, el cabello al viento y una sonrisa confiada.
—¡Hola a todos!
—gritó al llegar—.
¿De qué me perdí?
Lina sonrió.
—De unas cuantas cositas… nada grave, jaja.
Aria desmontó con elegancia y abrazó a Ronald.
—El sur está bien.
Ayudamos a reconstruir un par de pueblos.
Aurelius y yo nos divertimos ayudando… se siente bien ver paz otra vez.
—¿Y ese “pero” que viene después?
—dijo Ronald con una media sonrisa.
Aria bajó la mirada.
—Porque… también vi cosas raras.
Portales.
No digan que… es él.
El silencio lo dijo todo.
Aria soltó el abrazo lentamente.
Ronald dio un paso al frente.
—No hay tiempo que perder.
Debemos dividirnos y cubrir todo el reino.
Si estos portales siguen apareciendo, ambos mundos podrían colapsar.
Boulder asintió.
—Estoy de acuerdo.
Formaremos equipos.
Uno al norte, otro al sur, y otro aquí en el centro.
Roniel levantó la voz: —¡Punto de encuentro en el reino de fuego!
¡Nadie se mueva solo!
Todos asintieron.
Los Caballeros Sagrados y los héroes del otro mundo se separaron, sus pasos resonando entre los muros del castillo reconstruido.
El viento soplaba con fuerza.
Y mientras en el reino sagrado se preparaban para lo inevitable, en el otro mundo… la oscuridad volvía a despertar.
Un eco metálico resonó en una habitación iluminada por luces rojas.
—¿Dónde… estoy?
—una voz ronca murmuró—.
No… siento mi cuerpo… Un burbujeo viscoso sonó dentro de una cápsula de cristal, bañada en un líquido morado.
Un cuerpo mutilado, apenas humano, respiraba con dificultad.
Una figura apareció frente al tanque, con una sonrisa torcida.
Cabello azul oscuro, ojos plateados, y un aire de inteligencia perturbadora.
—Al fin despiertas, Black… —dijo con tono burlón—.
O debería decir Erik.
Black apenas podía hablar, su voz ahogada entre tubos.
—Tú… Kazuma… Kazuma sonrió más.
—No te esfuerces.
Tu cuerpo estaba colapsando, así que te hice un favor.
Técnicamente… eres un milagro viviente.
Mitad hombre, mitad máquina.
—No seré… usado otra vez… —gruñó Black con furia—.
Ni por ti… ni por esa maldita oscuridad.
Kazuma soltó una risa suave, girándose hacia una consola llena de monitores.
—Oh, Erik… no entiendes.
No eres un recipiente.
Eres la llave.
A su alrededor, decenas de frascos contenían órganos y piezas metálicas suspendidas en líquido.
El laboratorio era un infierno mecánico.
Kazuma caminó hacia una compuerta secreta.
Descendió por unas escaleras ocultas, hasta llegar a una sala aún más oscura.
Allí, una segunda cápsula flotaba, con un cuerpo sin rostro dentro.
Y justo al lado, descansaba un anillo oscuro, vibrando con energía viva.
Una alarma comenzó a sonar.
Kazuma miró una pantalla y frunció el ceño.
—Tssk… otra vez.
La conexión entre los mundos está colapsando.
Alguien intentó abrir un portal… —sus ojos se endurecieron—.
Fueron ellos.
Apretó los puños con rabia contenida.
—Maldita sea… fue el error más grande que cometí.
Pero al final… —sus labios formaron una sonrisa fría— todo sigue el plan.
Las luces rojas del laboratorio parpadearon… y en ese instante, un eco resonó en ambos mundos al mismo tiempo.
El comienzo del nuevo colapso había iniciado.
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