Puño del renacer - Capítulo 57
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
57: Ecos del Pasado 57: Ecos del Pasado El cielo del reino se tornaba gris, desgarrado por fracturas luminosas que atravesaban el firmamento como heridas abiertas.
La energía inestable de los portales hacía que la tierra vibrara con un zumbido persistente, y los vientos se alzaban trayendo consigo ecos de temor y desesperación.
El mundo de los Caballeros volvía a sufrir… una vez más.
En medio de ese paisaje caótico, Ronald y su hermano Robin cruzaban unas colinas cercanas a los pueblos del Reino del Fuego.
El aire olía a tierra mojada ya ceniza; el cielo ardía con tonos naranjas y morados, como si el día estuviera a punto de rendirse ante la noche.
Ronald caminaba en silencio, con la mirada fija al horizonte.
Robin lo observaba desde atrás; conocía a su mejor hermano que nadie, y esa expresión solo podía significar una cosa: preocupación.
Robin: —Oye, hermano… ¿te encuentras bien?
Ronald (forzando una sonrisa): —Claro que sí.
No te preocupes, solo estoy… pensando Robin lo miró de reojo, sabiendo que era mentira.
Robin: —No te quedes conmigo, Ronald.
Siempre haces eso… te cargas con el peso de todo, como si el mundo dependiera solo de ti.
Ronald se detuvo.
Su respiración era pesada, y en sus ojos se reflejaban el cansancio y la culpa.
Ronald: —Robin… otra vez están ocurriendo cosas fuera de lo ordinario.
Y no pienso quedarme con los brazos cruzados.
No esta vez.
Robin: —Pero ya acabamos con lo peor.
Esto que está pasando seguro es solo una distracción… algo pasajero.
Ronald (mirando al suelo): —No subestimes a Black.
Tú sabes de lo que es capaz… nadie debería hacerlo.
El silencio se apoderó del ambiente.
Solo el viento movía el cabello de ambos mientras el sol se ocultaba.
Robin: —Lo sé, Ronald.
Pero… siento que te estás sobreesforzando.
No puedes proteger a todos tú solo.
Ronald cerró los ojos y su voz se volvió más profunda Ronald: —Las personas parecen ser fuertes, incluso cuando por dentro se están destrozando.
Cada uno es un mundo, Robin.
Pero no me importa.
No importa cuán difícil sea… salvaré a todos, aunque me cueste la vida.
Robin (sorprendido): —¿Por qué hablas así?
Ronald (con la mirada perdida): —Porque se lo prometí… a un amigo muy querido.
Y no pienso romper esa promesa.
Robin entendió de inmediato.
Robin: —Hablas de Aurelio… Ronald: —Sí.
Él dio su vida por todos nosotros, sin dudarlo.
Y si él pudo hacerlo… entonces yo también puedo.
Robin lo observó con tristeza Robin: —Y entonces… ¿qué hay de ti?
¿De tu vida, tus sueños?
¿No pensabas formar una familia con Aria?
Hermano… tú también eres un mundo.
¿De verdad vale la pena darlo todo por personas que, algún día, olvidarán lo que hiciste por ellas?
Ronald suavemente, sin apartar la mirada del horizonte.
Ronald: —Eso a Aurelius no lo detuvo.
Él sabía que el sacrificio no necesita reconocimiento… solo propósito.
Robin: —Hermano… Ronald: —además, tú también has pasado por mucho, y aún así sigues aquí, apoyándome.
Sin quejarte.
Eso me da fuerzas.
El silencio volvió a reinar.
Las hojas se mecían, arrastradas por la brisa nocturna Robin: —Tienes razón… después de todo, sobrevivimos a pesar de que padre y madre ya no están con nosotros.
Ronald (poniendo una mano sobre su hombro): —Sí… pero hay algo que nunca te conté, y creo que ya es momento de hacerlo.
Robin frunció el ceño.
Robin: —¿De qué hablas?
Ronald (mirándolo con tristeza): —Nuestro padre… nunca murió, Robin.
El corazón de Robin se detuvo por un segundo.
Robin: ¿Qué… qué estás diciendo?
Ronald (bajando la mirada): —Lo que escuchaste.
Mientras tanto, en un pequeño pueblo al norte del reino, James, Max y Lina caminaban entre los aldeanos que reconstruían sus hogares.
Las grietas en el cielo ya habían desaparecido, pero el miedo aún se respiraba en el aire.
Los tres ayudaban sin quejarse; levantaban piedras, reparaban muros, repartían comida.
Lina (mirando a James): —Nunca imaginé que terminaría ayudando a reconstruir pueblos en otro mundo… James (riendo): —Ni yo.
Pero… supongo que todo pasa por algo.
Max: —Parece un videojuego… cada vez que hacemos algo bueno, siento como si subiera de nivel.
James: —Jajaja, lo mismo digo.
Quizás ayudar a los demás sea la verdadera forma de volvernos más fuertes.
Los tres rieron suavemente, disfrutando de un momento de calma que hacía mucho que no tenían.
De pronto, Max bajó la mirada, su voz se volvió más suave.
Max: —A veces me pregunto cómo estará mi abuela… Seguro que está muy preocupada, y sin ayuda con su floristería.
James (con voz serena): —Tranquilo, Max.
Si ella pudo cuidarte y atender su floristería al mismo tiempo, seguro que está bien.
Es fuerte, igual que tú.
Max (con un suspiro): —Ojalá tengas razón… James (poniéndole una mano en el hombro): —La tengo.
Y además… encontraremos la forma de volver.
Te lo prometo.
Las palabras de James resonaron con una calma profunda, como si fueran más que simples promesas Lina (mirando al cielo): —A veces… pienso en mi abuela y mi madre.
Desearía tener una oportunidad más para decirles cuánto las amo.
James (con voz suave): —Ellas lo saben, Lina.
Créame.
Max: —Sí, ellas también te aman.
Estoy seguro.
Por un instante, el silencio se llenó de nostalgia.
Los tres miraban al horizonte con una leve sonrisa.
Lina: —Gracias, chicos.
James: —De nada… aunque todavía debemos regresar.
Ellas nos están esperando.
Max: —Entonces sigamos ayudando hasta que ese día llegue El grupo continuó caminando rumbo al punto de encuentro con los demás, mientras el sol comenzaba a desaparecer.
La luz del crepúsculo bañaba el pueblo con un brillo cálido y melancólico.
De regreso con Ronald y Robin, el ambiente se había vuelto más denso.
Robin (con voz temblorosa): —¿Cómo es eso posible, Ronald?
¿Por qué nunca me dijiste nada?
Ronald: —Porque no tuve el valor, Robin.
Porque sabía que si lo hacía… todo cambiaría.
Robin: —¡Hermano!
No puedes cargar con eso tú solo.
Ronald: —Debí contártelo hace mucho.
A ti, a todos… pero no pude.
La voz de Ronald se quebró.
Ronald: —Todo esto que está pasando… es mi culpa.
No lo detuve cuando debí hacerlo.
Robin (desesperado): —¿A qué te refieres?
Ronald (con lágrimas contenidas): —Nuestro padre… se convirtió en ese ser oscuro.
Robin (retrocediendo): —N-no… eso no puede ser.
Ronald: —Sí.
Y yo fui testigo.
No pude detenerlo.
Aurelius fue el único que lo supo, y juró guardar el secreto hasta el final.
El viento sopló fuerte, agitando las capas de ambos caballeros.
Robin cayó de rodillas, atónito.
Robin: —Padre… entonces… él… Ronald: —Sí.
Todo lo que ha hecho ese ser, todo el caos, toda la oscuridad… comenzó con él.
Robin: —No… no puede ser… Ronald bajó la mirada, su voz apenas un susurro.
Ronald: —Por eso lucho, Robin.
No solo por el mundo… sino por redimir el error de no haberlo detenido.
El cielo rugió con un trueno lejano, y una ráfaga de viento levantó polvo y hojas alrededor de los hermanos Robin (levantándose lentamente): —Entonces no lo cargarás solo, hermano.
Si ese es nuestro destino… lo enfrentaremos juntos.
Ronald entusiasmado por primera vez con sinceridad en mucho tiempo.
Ronald: —Gracias, Robin.
Ambos siguieron caminando, sin saber que en el horizonte, una grieta dimensional se abría silenciosamente entre las nubes, como una mirada oscura que los observaba desde la distancia.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com