Puño del renacer - Capítulo 58
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- Capítulo 58 - 58 Sombras que susurran en la noche
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58: Sombras que susurran en la noche 58: Sombras que susurran en la noche La noche había caído sobre el reino como un manto pesado.
El aire estaba frío, pero no incómodo; más bien, tenía esa calma engañosa que anuncia que algo está por romperse.
Los protagonistas, junto con los caballeros y aliados restantes, se habían reunido en una pequeña taberna antigua, de madera oscura y lámparas de aceite: “El Refugio del Halcón”, así la llamaban aquella taberna.
El olor a pan tostado, carne y cerveza tibia llenaba el ambiente.
Era un lugar humilde, pero esa noche se sentía como el único rincón seguro en un mundo que se estaba fracturando.
Aun así, nadie estaba realmente en paz.
Todos hablaban, compartían información, tratando de planear lo imposible: cómo viajar al otro mundo para detener lo que se avecinaba.
Lina hablaba con Aria; Robin revisaba mapas; Sylas guardaba un extraño silencio; Ronald observaba la mesa sin tocar su bebida.
Y James… sintió un peso en el pecho que no sabía explicar.
James sale a tomar aire El murmullo cálido del bar lo abrumaba.
James se levantó y salió afuera.
El aire nocturno lo toca suavemente, como si quisiera despertarlo.
Cerró los ojos, inspirado profundamente.
—Necesitaba esto… —murmuró.
Pero al abrirlos, vio a alguien apoyado en una de las paredes laterales de la taberna.
Caleb.
Respiraba de forma pesada, como si luchara contra algo dentro de él.
Sus manos temblaban.
Estaba murmurando algo, casi como un rezo desesperado.
James frunció el ceño y se acercó.
—Caleb… ¿estás bien?
El caballero del metal levantó la mirada.
Sus ojos brillaban con un tono apagado, distinto al habitual.
—No, James… —respondió con voz tensa—.
No lo estoy.
Y creo que ya no puedo esconderlo.
James sintió un leve escalofrío.
—¿Qué te pasa?
Caleb se pasó la mano por el rostro, temblando.
—Mi poder… mi don… no es una bendición.
Es una maldición.
Cuando uso demasiado el metal…
cuando llevo mi poder al límite…
siento que me voy vaciando por dentro.
Como si algo… como si él tomara control.
Como si el metal quisiera devorarme desde adentro.
James abrió los ojos con sorpresa, pero no lo interrumpió.
—J-James… yo sé lo que no es poder controlar algo.
Por eso… tenía que contártelo.
Porque tú también luchas con tus propias sombras.
James tragó saliva.
—Caleb… ¿qué es exactamente lo que te ocurre?
El guerrero miró al cielo oscuro, respirando profundo.
—Mi padre era un guerrero legendario… quizás el más grande metalista de todos los tiempos.
Pero su poder tenía un precio.
Mientras más usaba el máximo estado del metal, más… se convertía en él.
Literalmente.
Su cuerpo empezó a transformarse.
Su corazón… se aguantó tanto que ya no podía sentir nada.
James sintió un nudo en el pecho.
—¿Qué pasó con él?
Caleb bajó la mirada.
—Tuve que matarlo.
Era eso… o dejar que destruya todo.
No quedó nada de mi padre en su interior.
Era solo…
hierro vacío.
El silencio entre ambos fue pesado, casi sagrado.
James quedó sin palabras.
Ese dolor… esa carga… lo entendía demasiado bien.
Caleb respiró hondo.
—Por eso lucho, James.
Por eso todos luchamos.
Queremos ponerle fin a esto.
Descansar… aunque sea una vez en la vida.
James apretó los puños, conmovido.
—No estás solo, Caleb.
Ninguno lo está.
Caleb esbozó una sonrisa triste, pero sincera.
Dentro de la taberna: un secreto venta a la luz Mientras James y Caleb hablaban afuera, dentro del Refugio del Halcón se gestaba otra tormenta.
Ronald, con expresión tensa, se levantó y llamó a su hermano.
—Roniel…ven.
Hay algo que debo decirte.
Roniel lo siguió hasta una esquina aislada de la taberna.
Allí, Ronald lo miró con una mezcla de culpa y miedo.
—Hermano… hay algo que Aurelius y yo hemos callado durante años.
Roniel lo observó con extrañeza.
—¿Qué cosa?
Ronald respiró profundamente.
Luego dejó caer la bomba.
—Nuestro padre… El poder oscuro que poseía a Black… Él lo conocía tan bien porque… era él.
Padre…
fue el primer portador del oscuro.
El original.
Roniel se quedó paralizado.
Su expresión pasó por sorpresa… incredulidad… dolor… y finalmente enojo.
—¡Y POR QUÉ NO ME LO DIJISTE!?
—su voz retumbó con fuerza.
Algunos en la taberna voltearon, pero nadie intervino.
Ronald bajó la cabeza.
—Porque quería protegerte.
Creí que si lo sabías… esa sombra te perseguiría.
Como me persiguió a mí.
Roniel apretó los dientes.
La respiración le temblaba.
—Así que… todo este tiempo… El enemigo que destruyó tanto… el ser que usa a Black como marioneta… Tenía nuestro mismo origen… Roniel cerró los ojos.
Y cuando volvió a abrirlos, no había odio.
Solo aceptación… y una determinación feroz.
—Está bien.
Ya no importa.
Ahora todo tiene sentido.
Por fin sabemos por qué nos conoce tan bien… por qué sabe cada movimiento.
Pero si nuestro padre cayó ante esa oscuridad… Sus ojos brillaron.
—Nosotros no lo haremos.
Ronald se sintió débilmente.
Por primera vez en mucho tiempo, ambos hermanos estaban realmente unidos por la verdad.
James y Caleb volvieron a entrar justo cuando la tensión entre los hermanos se disipaba.
El grupo entero se reúne alrededor de la mesa central.
No hubo heridas.
Secretos.
Sombras.
Dolor.
Pero también… determinación.
Lina golpea suavemente la mesa.
—Muy bien.
Si vamos a viajar al otro mundo… será imposible.
Pero somos nosotros.
Y siempre hacemos posible lo imposible.
Aria esbozó una sonrisa.
— Entonces… empezemos.
Todos asintieron.
Y en la oscuridad de aquella noche, mientras las velas iluminaban sus rostros cansados, un pensamiento quedó suspendido en el ambiente: Esta guerra ya no era solo contra Black.
Era contra todas las sombras del pasado.
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