Puño del renacer - Capítulo 59
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
59: Fracturas entre Mundos 59: Fracturas entre Mundos El amanecer llegó teñido de un color pálido, casi gris.
El sol parecía luchar por abrirse paso entre las nubes pesadas que cubrían el cielo como un velo moribundo.
Desde temprano, los protagonistas y los caballeros sagrados se encontraban ayudando a reconstruir las aldeas dañadas.
Martillos golpeando madera.
Gente moviendo escombros.
Los niños llorando.
Y de fondo… pequeñas grietas luminosas apareciendo y desapareciendo en el aire como si el mundo estuviera colapsando.
Pero antes de que el peso del día cayera sobre ellos, ocurrió algo extraño: Conversación entre mundos Mientras cargaban tablones, Max, James, Robin y Roniel se reunieron a un lado de las ruinas, trabajando y conversando para despejar la mente.
Max suspiraba mirando el horizonte.
—A veces me pregunto… si de verdad podremos volver —dijo—.
Nuestro mundo es muy distinto a este.
Allá hay autos, máquinas, luces por todos lados… —rió suavemente—.
No hay monstruos, por lo menos no como estos.
James se acomodó la camisa y añadió: —Sí, allá todo es más… moderno, caótico también, pero distinto.
Allá te roban el celular, no te aparece un gigante de piedra en la puerta.
Robin río mientras ajustaba sus flechas.
—Suena como un mundo extraño… pero interesante.
¿Y quién ganaría una pelea?
¿Un guerrero de aquí o uno de su mundo?
Max levantó una ceja.
—En una pelea limpia, limpia… yo le gano a James.
—¡Cállate, mentiroso!
—James respondió entre risas—.
¡Si te gané en velocidad tres veces seguidas!
Roniel los observaba, sonriendo con nostalgia.
Era la primera vez en mucho tiempo que escuchaba risas sinceras entre tanta tragedia.
Entonces habló, esta vez con una voz más baja, cargada de memoria.
—Cuando mis hermanos y yo éramos pequeños… —comenzó— siempre subíamos a la cima de una pequeña montaña.
Desde ahí mirábamos el horizonte, el pueblo… las personas como hormiguitas.
Ese lugar era… nuestra paz después de la tormenta.
Los tres chicos lo escucharon sin interrumpir.
Roniel continuó: —Nuestro padre sufrió mucha la muerte de nuestra madre.
Él…
cambió por completo después de eso.
Se decidió a volvernos fuertes a como diera lugar.
Pero un día… simplemente se fue.
Y no volvió jamás.
Robin bajó la mirada.
Max dejó de mover cajas.
James sintió un nudo en el estómago.
—Ronald, como el alcalde, tuvo que cuidarnos —susurró Roniel—.
Pero los tres nos cuidábamos mutuamente.
Sobre todo…
yo.
Nunca supe por qué se fue… hasta ahora.
El eco de la revelación de la caverna todavía lo quemaba por dentro.
—Me quedé vacío —continuó— porque nunca pude mostrarle a mi padre lo fuerte que me había vuelto.
Como él quería que fuera.
Pero… aprende algo: ser fuerte no lo es todo.
Robin, con su franqueza característica, le dio un golpecito en el brazo.
—Lo importante es que estás aquí.
Sigue luchando.
Eso ya dice más que cualquier fuerza.
Roniel ascendió, mirando el cielo quebradizo sobre ellos.
-Si.
Y ahora… tenemos un objetivo: acabar con esta oscuridad de una vez por todas.
No muy lejos, mientras ayudaban a ordenar materiales, Lina conversaba con Valeria y Selene.
—Es tan distinto… —decía Lina mientras acomodaba unas telas—.
En mi mundo usamos ropa hecha a máquina, telas suaves, colores más variados.
También usamos jeans, camisetas, gorras… Valeria reía fascinada.
—Aquí lo hacemos todo a mano.
Cada prenda tiene su historia.
Aunque… lo que dices suena cómodo.
¿De verdad usan pantalones todo el tiempo?
—La mayoría —respondió Lina sonriendo.
Selene añadió con dulzura: —Es curioso… hablamos como si todo ya estuviera en paz, como si después de esto… todo fuera a volver a la normalidad.
Lina bajó la mirada un segundo.
—Tal vez necesitamos sentir eso… aunque sea por un momento.
A unos metros, Marina y Aria estaban juntas doblando unas mantas.
Marina observó a la maga con atención.
—Oye, Aria… ¿cómo va… lo de tú y Ronald?
Aria quedó inmóvil un instante.
Forzó una sonrisa, pero sus ojos la traicionaron.
Marina lo notó de inmediato.
—¿Qué pasa?
La maga respiró hondo antes de hablar, como si llevara mucho tiempo guardando esas palabras.
—La vida… no ha sido fácil.
Desde que conocí a Ronald… mi mundo se volvió increíble… pero también monstruoso.
Lo amo, Marina.
Y agradezco cada día haberlo conocido.
Pero siento… —su voz tembló un poco— …que él se está dejando la vida en este deber de caballero.
Marina escuchó en silencio.
—Yo soy su mujer —continuó Aria—.
Siento que debería hacer más por él.
Pero no sé cómo.
Siempre lo apoyaré… pero a veces… siento que él y yo no podemos vivir la vida que desearíamos.
Marina tragó saliva, también con tristeza.
—Lo entiendo… Ronald siempre carga más de lo que debería.
Se exige demasiado.
Y sé que tú también quieres protegerlo.
Pero Aria… —colocó una mano sobre la de ella— estoy segura de que cuando todo esto termine… ustedes podrán volver a estar como antes.
Porque él quiere lo mismo.
Solo… no sabes cómo hacerlo.
Ninguno de nosotros sabe.
Aria excitante con lágrimas contenidas.
—Gracias… Marina.
A unos metros, Ronald trabajaba junto a Boulder y Sylas cargando maderas y herramientas.
Pero su mirada estaba perdida.
No escuchaba del todo a las personas.
No veía realmente el paisaje.
Su mente seguía atrapada en la revelación de la taberna.
La mirada dolida de Roniel.
La verdad sobre su padre.
El sacrificio del Caballero de la Luz.
La destrucción que Black había causado.
La guerra que desangró a todo un continente.
Y la vida que jamás pudo tener con la persona que amaba.
Todo se repetía en su cabeza.
“Todo esto fue culpa mía.” Eso era lo único que escuchaba en su interior.
Fue entonces cuando Boulder, que ya lo había observado varios minutos, dejó lo que hacía y se acercó.
—Ronald… no sé qué estás pensando —dijo con su voz gruesa pero amable—, pero quiero que escuches algo.
No eres tú.
En la vida siempre nos pasarán cosas que no podemos controlar.
No sé exactamente qué te atormenta… pero quiero recordarte algo que tú siempre nos dijiste: somos un equipo.
Y no estás solo.
Sylas, que venía detrás cargando un barril, agregó bromeando: —Sí, amigo.
No te guardes todo para ti solito o te vas a oxidar por dentro.
Ronald dejó escapar una risa suave, casi rota, bajando la mirada.
—Gracias… de verdad.
Pero… no sé si puedo ser un buen guía como lo fue Aurelius.
Él era más fuerte que yo en todo sentido.
Y… todas las cosas que han tenido que vivir fueron por mi culpa.
Incluso que James y sus amigos estén aquí… fue por no ser lo suficientemente fuerte para detener a mi padre.
Un silencio incómodo cayó, hasta que Boulder puso firmemente su mano en su hombro.
—Ronald, escucha.
No es tu culpa.
Esto pasó porque tenía que pasar.
Porque era el camino que nos haría más fuertes.
Sylas afirma: —Exacto.
A veces todo parece perdido, pero no lo está.
Siempre hay un poco de luz en la oscuridad más oscura.
Aunque sea pequeña, sigue ahí.
De pronto, alguien más se acercó.
Caleb.
Su rostro sereno, esa calma que lo caracterizaba, y una pequeña sonrisa.
—¿Desde cuándo te volviste filósofo, Sylas?
—dijo con humor.
Los cuatro rieron.
Una risa cálida.
Una risa que hacía mucho tiempo no compartían juntos.
Entonces Caleb habló más serio.
—Ronald… todos libramos nuestras batallas internas.
Incluyéndome, aunque a veces parezca frío o reservado.
Yo tampoco puedo cargar siempre con mis emociones.
Pero estos últimos días… he aprendido que está bien dejar que otros te sostengan.
Como Aurelius nos dijo una vez… —dijo con un tono irónico y nostálgico—.
No puedo creer que ahora sí entienda mejores sus palabras.
Ronald respiró hondo.
Por primera vez desde anoche, sentí que podía levantar la cabeza sin que el mundo pesara tanto.
Boulder tocando suavemente su pecho con el puño cerrado.
—Vamos, hermano.
Tenemos una guerra que terminar.
Ronald irritante, esta vez con sinceridad.
—Sí… terminemos esto.
Hacia el portal Ya con las aldeas más estables, los protagonistas se reunieron en un apartado claro, lejos del ruido, de la gente y de los portales inestables.
James, Ronald, Aria, Caleb, Robin, Lina, Max y todos los caballeros restantes estaban presentes.
El aire se volvía extraño.
Como si la realidad vibrara alrededor.
Un lugar perfecto para intentar lo imposible.
Ronald dio un paso al frente.
—James… ¿estás listo?
James levantó la vista, su mirada firme.
—Más que nunca.
Ambos se colocaron uno frente al otro, extendiendo las manos hacia el espacio vacío entre ellos.
Aria comenzó a canalizar magia de apoyo.
Caleb y Boulder se prepararon para estabilizar el terreno.
Robin vigilaba los portales que aparecían como chispazos.
El viento empezó a girar.
El suelo vibró.
El cielo se oscureció ligeramente.
La energía del rayo de Ronald y el poder luminoso heredado de James comenzaron a mezclarse.
Un destello.
Un choque de fuerzas.
Un ruido como si la misma dimensión crujiera.
Un círculo brillante se forma lentamente.
Giraba.
Se expandía.
Intentaba abrirse camino entre los mundos.
Una luz blanca iluminó todo el claro.
Un sonido profundo retumbó: —PTUM— El portal… estaba naciendo.
CONTINUARÁ
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com