Puño del renacer - Capítulo 60
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Capítulo 60: Una promesa
La noche había caído sobre el reino como un manto profundo de incertidumbre.
El cielo estaba oscuro, pesado… como si incluso las estrellas observaran en silencio lo que estaba por suceder.
Frente a todos ellos, el portal finalmente se abrió.
Una grieta luminosa suspendida en el aire, vibrando como si conectara dos realidades distintas.
Max, Lina y James lo miraban con el corazón latiendo con fuerza.
El mismo pensamiento cruzaba sus mentes al mismo tiempo.
“Volveremos a casa.”
No era una certeza…
pero era una esperanza.
Una promesa silenciosa que cada uno se había hecho a sí mismo.
Pero mientras observaban el portal… todos recordaron la noche anterior.
La noche antes de la partida
Después de compartir en la taberna con los demás —risas, historias y un último momento de tranquilidad— cada uno fue retirándose a descansar.
El ambiente era extraño.
Como la calma antes de una tormenta.
Max no podía dormir.
Así que salió.
A unos metros del campamento, Boulder había encendido una pequeña fogata junto a un gran árbol.
Las brasas brillaban suavemente mientras el viento movía las hojas sobre sus cabezas.
Max estaba de pie, mirando el cielo.
Las estrellas parecían más lejanas esa noche.
Boulder estaba sentado, acomodando un tronco en la fogata.
—No puedes dormir tampoco, ¿eh? —dijo Boulder con una leve sonrisa.
Max se encogió de hombros.
—Supongo que mañana es… un día importante.
Ambos quedaron observando el fuego unos segundos.
Entonces Max habló.
—Entonces… ¿no te quedarás, Boulder?
El caballero levantó la mirada.
—No. Tenemos que ir todos los caballeros. Esto empezó aquí… y debe terminar con nosotros.
Max bajó la mirada.
Luego preguntó algo que llevaba rato pensando.
—Pero… ¿y si por alguna razón no pudieran volver?
Boulder frunció ligeramente el ceño.
Max continuó:
—¿Estarían dispuestos a dejar todo lo que han construido aquí… para hacer un viaje que tal vez no tenga regreso?
El viento sopló entre las ramas.
Las palabras pesaban.
Max lo miró con seriedad.
—Sobre todo tú, Boulder… aquí hay alguien que te estará esperando.
El caballero de tierra se quedó en silencio.
Sus ojos reflejaban el fuego.
Pensando en estás palabras hasta que finalmente suspiró profundamente.
—Sí…
Levantó la mirada con determinación.
—Si es necesario… lo haremos. Ese es nuestro deber como caballeros. Acabar con lo que empezó aquí… sin importar lo que implique.
El ambiente quedó en silencio.
Solo se escuchaban las brasas crepitando y el viento de la noche.
Entonces unos pasos se acercaron.
Era Valeska.
—Así que aquí están.
Max sonrió un poco.
—Solo… pensando.
Valeska los observó.
—Vine a ver cómo estaban… y hablar de lo que pasará mañana.
Pero después de unos segundos miró a Max.
—También quería hablar contigo… a solas.
Max asintió.
Ambos caminaron hacia un lugar más apartado.
Boulder se quedó en la fogata.
Mirando el fuego.
Pensando en lo que Max había dicho.
“Aquí hay alguien que te estará esperando.”
Apretó ligeramente los puños.
Sabía que Max tenía razón.
Pero también sabía algo más.
No podían quedarse sin hacer nada… mientras la oscuridad seguía avanzando.
Entonces alguien más llegó.
Sylas.
Caminó despacio hasta sentarse frente a Boulder.
—¿Por qué tan pensativo, grandulón?
Boulder suspiró.
—¿No has pensado qué pasaría si nos quedamos en el otro mundo… o peor… si morimos en el intento?
Sylas lo miró con seriedad.
—Sí… también lo he pensado.
El viento movió la fogata.
—La verdad es que… dos aquí sabemos el costo de esto.
Hizo una pausa.
—Quién sabe qué estará haciendo Black ahora mismo en el mundo de los chicos.
Boulder apretó la mandíbula.
Sylas continuó:
—Pero tenemos que acabar con esto.
Ambos quedaron en silencio.
Solo el fuego.
Solo el viento.
Solo el peso de lo que vendría.
Una conversación bajo la luna
No muy lejos de allí…
Valeska y Max caminaban entre los árboles.
La luz de la luna iluminaba el lugar.
Valeska habló primero.
—Esto es muy triste…
Max la miró.
—¿A qué te refieres?
Ella suspiró.
—Tú eres de un lugar muy lejano… y mañana te irás para siempre.
Sus ojos bajaron.
—No sé si podría ir contigo. Siento que no encajaría allá.
Luego lo miró.
—Y lo único que quiero… es seguir compartiendo contigo.
Hizo una pausa.
—Si te quedaras… yo…
No terminó la frase.
Max respiró hondo.
—Lo sé…
Su voz era suave.
—Pero tengo que volver.
Sus ojos reflejaban cariño.
—Mi querida abuela me necesita. No puedo dejarla sola. Ha sido mi madre desde que tengo memoria.
Valeska asintió.
Aunque dolía.
—Está bien… lo entiendo.
Miró al suelo un segundo.
—Aun así… te voy a extrañar.
Luego sonrió levemente.
—Sabes… esto es raro. Nunca me había sentido así.
Sus ojos brillaban.
—Siento una calidez… una calma cuando hablo contigo.
Hizo una pequeña risa.
—Por lo general no soy muy abierta con los chicos… ni con casi nadie.
Cruzó los brazos.
—Muchos no se acercan a mí por mi carácter fuerte.
Luego rodó los ojos.
—Muchos hombres detestan a una mujer guerrera. Creo que… tienen miedo.
Max sonrió.
Valeska continuó.
—Nunca te toman en serio hasta que les demuestras tu fuerza. Y luego te miran diferente… no como a las demás chicas.
Pero lo miró directamente.
—Contigo es distinto.
Su voz se volvió más suave.
—Por eso voy a extrañarte.
Max se acercó lentamente.
Y la abrazó.
Un abrazo sincero.
—No importa qué tan lejos esté…
Su voz era tranquila.
—Incluso si estamos separados por dos mundos… mi alma siempre vendrá a darte un abrazo de amor y consuelo.
Valeska sintió un golpe en el pecho.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Pero sonrió.
—Apuesto a que les dices eso a todas las chicas de tu mundo para conquistarlas…
Max se rió suavemente.
Pero antes de responder…
Valeska se acercó.
Y lo besó.
Un beso breve.
Pero lleno de algo que ninguno de los dos olvidaría.
En el presente
Ahora…
El portal estaba abierto frente a todos.
La luz azul iluminaba el campo.
Todos estaban listos para partir.
Había miedo.
Pero también determinación.
Ronald dio un paso adelante.
—Es hora.
Max, Lina y James intercambiaron miradas.
“Volveremos a casa.”
Pero entonces…
El portal se cerró.
De golpe.
—¿¡Qué rayos pasó!? —exclamó Ronald.
Todos se quedaron paralizados.
Entonces…
El mundo comenzó a temblar.
La tierra vibraba violentamente.
Grietas de energía aparecieron en el aire.
Portales comenzaron a abrirse por todas partes.
Pequeños.
Inestables.
Descontrolados.
Y entonces…
Uno gigantesco apareció frente a ellos.
Un portal oscuro que giraba como un remolino.
Y comenzó a absorber todo.
—¡Sujétense! —gritó Boulder.
Todos buscaron algo para sostenerse.
Boulder levantó un enorme muro de roca para resistir la fuerza.
Pero no era suficiente.
La fuerza del portal era brutal.
El viento arrastraba todo.
Entonces ocurrió.
Max perdió el equilibrio.
—¡MAX! —gritó Lina.
Él salió volando hacia el portal.
Pero Lina logró agarrar su mano.
—¡No te sueltes!
El viento era demasiado fuerte.
Lina comenzaba a perder fuerza.
Entonces James corrió.
Se lanzó hacia ellos.
Y logró agarrar a Lina.
—¡Los tengo!
Pero él también fue levantado por la fuerza del portal.
Estaban suspendidos en el aire.
Entonces Ronald corrió.
Tomó la mano de James.
Y se aferró al muro de roca de Boulder.
—¡No los soltaré!
Entonces Caleb lanzó una cadena.
—¡RONALD, ATRÁPALA!
Ronald la agarró con esfuerzo.
Pero la fuerza del portal era monstruosa.
Caleb era arrastrado también.
Pero Boulder logró sujetarlo.
—¡No los pierdan!
Sylas levantó sus manos.
El viento cambió de dirección.
Intentó contrarrestar la succión.
—¡RESISTAN!
Pero no funcionaba.
Era demasiado fuerte.
Ronald sentía sus brazos desgarrarse.
La cadena resbalaba.
—¡AGUANTEN!
Pero entonces…
Su mano se deslizó.
La cadena cayó.
Ronald intentó agarrarla.
La sostuvo apenas un segundo.
Aria gritó.
—¡RONALD!
Quiso lanzarse hacia él.
Pero Marina la sostuvo con fuerza.
—¡ARIA NO!
Entonces ocurrió.
James.
Lina.
Max.
Ronald.
Fueron absorbidos.
El portal los tragó.
Y desaparecieron.
Un segundo después…
El portal se cerró.
Silencio.
El mundo dejó de temblar.
Caleb cayó de rodillas.
Boulder miraba el vacío con furia.
Sylas respiraba con dificultad.
Aria tenía lágrimas en los ojos.
Marina la sostenía.
Y Valeska…
Solo miraba el suelo.
Desolada.
Sin decir nada.
Mientras tanto…
En algún lugar entre dimensiones…
Ronald, James, Max y Lina estaban siendo arrastrados por el portal.
Directo hacia otro mundo.
El mundo de los chicos.
Pero no sabían…
Que lo que encontrarían allí…
Sería mucho peor de lo que imaginaban.
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