Puño del renacer - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 La Velocidad de un Relámpago
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9: La Velocidad de un Relámpago 9: La Velocidad de un Relámpago La noche comenzaba a caer mientras el grupo seguía avanzando hacia la Fortaleza Relámpago.
Todo parecía tranquilo, pero Ronald sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Sus instintos de guerrero le gritaban que no estaban solos.
—Alto —ordenó con firmeza, deteniéndose abruptamente.
Aria y Robin también sintieron la presencia.
Algo los acechaba.
—¿Qué pasa?
—preguntó James, mirando a su alrededor.
Antes de que Ronald pudiera responder, una sombra se movió entre los árboles a una velocidad impresionante.
Un rugido ensordecedor retumbó en el aire cuando una figura salió disparada de la oscuridad.
Un lagarto semihumano de piel negra como la noche, con garras afiladas y ojos rojos brillantes, apareció frente a ellos.
Su musculatura era enorme y cada uno de sus movimientos desprendía una ferocidad incontrolable.
—¡Cuidado!
—gritó Robin, desenfundando su espada.
Pero antes de que pudiera reaccionar, la criatura ya estaba sobre ellos.
Ronald apenas tuvo tiempo de bloquear un golpe con su brazo, pero la fuerza de la bestia lo hizo deslizarse varios metros hacia atrás.
—Es rápido…
—murmuró Aria con asombro.
Ronald no perdió el tiempo y se lanzó contra el lagarto, atacando con una ráfaga de movimientos veloces.
Relámpagos dorados rodeaban su cuerpo mientras desataba una serie de golpes que deberían haber sido imposibles de esquivar.
Pero el lagarto lo hacía.
—¡No puede ser!
—exclamó Robin al ver que la criatura no solo esquivaba los ataques de Ronald, sino que también contraatacaba con una ferocidad descomunal.
James observaba con asombro.
Aunque para Lina y Max la batalla era un borrón de movimientos imposibles de seguir, James podía verlos con claridad.
Podía ver cada golpe, cada esquive, cada ráfaga de energía que Ronald lanzaba.
¿Cómo es que puedo verlos?
El pensamiento lo desconcertó, pero no tuvo tiempo de procesarlo.
La bestia rugió y, con un movimiento ágil, evadió a Ronald y se lanzó contra el grupo.
Aria reaccionó de inmediato, invocando una barrera de hielo para detener el avance de la criatura.
Robin intentó atacar con su espada, pero el lagarto la destrozó con un solo golpe y se movió con una rapidez brutal, lanzando a ambos por los aires.
Ronald volvió a atacar, esta vez con más fuerza, pero su expresión se endureció al notar algo preocupante.
—¡No puede ser…!
La criatura se estaba volviendo más fuerte.
Con cada golpe que recibía, su musculatura crecía y su velocidad aumentaba.
—Si esto sigue así, será imposible derrotarlo —dijo Aria, jadeando.
James, Lina y Max miraban la batalla sin saber qué hacer.
No tenían el poder ni la habilidad para enfrentarse a una bestia como esa.
Pero James sintió algo dentro de él.
Una voz en su interior le decía que debía moverse.
Y lo hizo.
Sin pensarlo, James corrió hacia la criatura, ignorando el miedo.
—¡James, detente!
¡No puedes!
—le gritó Ronald, sorprendido.
El lagarto, molesto por su interrupción, giró y lanzó un golpe con el dorso de su garra.
Pero James lo esquivó.
En un movimiento que desafió toda lógica, inclinó su cuerpo justo a tiempo y, con un giro rápido, lanzó un puñetazo directo a la mandíbula de la bestia.
¡BAM!
El impacto resonó en el aire, y por un breve instante, todo quedó en silencio.
Ronald y la criatura lo miraron con incredulidad.
—¿Cómo…?
—murmuró Ronald.
El lagarto, furioso, rugió y, sin darle tiempo a reaccionar, usó su cola como un látigo.
James apenas pudo ver el ataque antes de que la cola impactara contra su cuerpo, lanzándolo al suelo con un golpe brutal.
El dolor lo dejó sin aliento.
Pero la bestia no se detuvo.
Su objetivo ahora era Lina.
Con una velocidad aterradora, el lagarto se abalanzó sobre ella, levantando su garra para despedazarla.
Lina gritó, paralizada por el miedo.
Pero antes de que la criatura pudiera alcanzarla…
desapareció de su vista.
En una fracción de segundo, Lina estaba en otra parte.
En los brazos de James.
Los ojos de todos se abrieron de par en par.
—¡Imposible!
—exclamó Aria.
James respiraba agitadamente, sin entender cómo había reaccionado tan rápido.
El lagarto rugió con furia, pero antes de que pudiera moverse de nuevo, una tormenta de relámpagos iluminó el campo.
Ronald aprovechó la distracción y, con un movimiento veloz, acumuló toda su energía eléctrica en un solo golpe.
—¡Velocidad Divina!
En un destello de luz azul, Ronald atravesó al lagarto con su puño envuelto en rayos, desintegrándolo por completo.
Cuando la energía se disipó, el silencio reinó en el campo.
Ronald bajó el brazo lentamente y miró a James.
—Tú…
—murmuró con asombro—.
Acabas de moverte…
con la misma velocidad que mi técnica.
James, aún sosteniendo a Lina, sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Algo dentro de él estaba despertando.
Y Ronald lo sabía.
—Continuará…
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