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Pureza - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 Capítulo 17 La Política del Patio
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17: Capítulo 17: La Política del Patio 17: Capítulo 17: La Política del Patio En un rincón del patio, lejos de la banca de Kael y Leila, un grupo de chicos—Luis, Diego y Mateo—disfrutaban del descanso.

La conversación, como a menudo ocurría entre adolescentes, derivó hacia el eterno tema del estatus.

—¿Quién creen que manda realmente en el salón?

—preguntó Luis, partiendo una galleta en dos.

— O sea, quien, si se lo propusiera, podría unir a casi todos para algo.

—Antes era fácil —contestó Diego, encogiéndose de hombros—.

Era Basil.

El tipo tenía el carisma.

Si Basil organizaba una salida, la mitad del salón iba.

Si decía que un profesor era injusto, todos asentían.

—¿Y ahora?

—insistió Luis.

El silencio fue breve pero elocuente.

—Ahora…

es raro —admitió Mateo, frunciendo el ceño—.

Basil sigue ahí, pero es como si…

¿vieran a un general sin ejército?

Sus amigos ya no le siguen la corriente con la misma fuerza.

Alex piensa por sí mismo a veces, y Steven…

bueno, Steven ahora parece más interesado en levantar pesas que en adorar a Basil.

—Es cierto —asintió Luis—.

Pero no hay otro que haya tomado su lugar.

O al menos no abiertamente.

Fue entonces cuando un grupo de chicas cercano, encabezado por Valeria, una chica con fama de ser directa y observadora, decidió inmiscuirse.

Habían estado escuchando, y les pareció interesante el tema que estaban tocando.

—¿Hablan de quién manda?

—preguntó Valeria, cruzando los brazos.

Sus amigas, Carla y Sonia, se acercaron con curiosidad—.

Es un tema interesante.

Pero se están olvidando de la otra mitad del salón.

Si hay un rey, tiene que haber una reina.

La pregunta flotó en el aire.

La “reina” indiscutida del 9B en la era de Basil había sido Isabella, una chica de sonrisa deslumbrante y popularidad que rivalizaba con la de él.

Pero su reinado, como el de Basil, había sido de influencia separada.

Ella mandaba en su esfera de chicas populares y chicos interesados en ella, mientras que Basil con su carisma enérgica conformaba su esfera con quienes buscaran la diversión.

Y en medio del salón, ambos eran como reinos aliados, pero nunca llegaron a ser nada parecido a un imperio.

—La “reina” es Isabella, ¿No?

—dijo Diego, pero sin mucha convicción.

—¿En serio?

—Carla, una de las amigas de Valeria, alzó una ceja—.

Isabella es linda, sí.

Incluso sería capaz de cambiar la moda del salón si es ella quien lo recomienda.

Pero su “reino” está conformado por sus tres amigas.

No mueve al salón completo como tal.

No como…

No terminó la frase, pero todos supieron en quién pensaba.

Aun así, Valeria lo dijo por ella.

—Como Leila.

—Varios asintieron, casi de forma involuntaria.

— Isabella puede que sea la actual reina de la moda y los chismes.

Pero Leila…

Leila es diferente.

Tiene la confianza del “fantasma”.

El término “fantasma” ya no se usaba con miedo, sino con un respeto casi mítico.

—Exacto —continuó Sonia, calentándose con el tema—.

En la época de Basil e Isabella, eran dos monarcas en tronos separados.

Pero piensen en Leila y Kael.

—Hizo una pausa dramática—.

Ella es la única que puede descifrarlo.

Él es la única razón por la que Javier y sus amigotes no se meten con nadie.

¿Se han fijado que, desde el puñetazo, ni siquiera se acercan a esa parte del patio?

Es como una zona de exclusión voluntaria.

—Es verdad —murmuró Luis, impresionado—.

Y si Kael dice algo en clase, los profesores lo escuchan.

Y si Leila repite lo que Kael dice, con su forma de hablar, la gente también la escucha.

—No son rey y reina por separado —concluyó Valeria, señalando con la cabeza hacia la lejana banca donde ambos seguían conversando—.

Son…

el Rey y la Reina consorte.

— Dijo sonriendo con un toque de burla ante su ocurrencia — O bien la Reina y su Paladín.

No sé.

Pero el punto es que son un paquete.

Y si ellos dos se lo propusieran…

—Dejó la idea flotando.

La imagen era poderosa y, para algunos, aterradora.

La influencia carismática pero dividida de Basil e Isabella palidecía ante la potencial fuerza unificada de la dupla Kael-Leila.

Él poseía el poder crudo, el respeto forzado y la inteligencia incuestionable.

Ella poseía la inteligencia social, la capacidad de comunicar sus ideas y la llave para desbloquear su voluntad.

No era una tiranía activa, sino una latente.

Una donde el “rey” no quería el trono, pero la “reina” tenía la capacidad de, si alguna vez lo necesitaba, movilizar un poder que nadie más en el salón podía igualar.

—Carajo —susurró Diego, mirando hacia la banca con nuevos ojos—.

Tienes razón.

Ellos…

sin siquiera intentarlo, son los más poderosos del salón.

El consenso fue silencioso, pero absoluto.

El viejo orden había caído.

Y un nuevo poder, extraño, silencioso e inseparable, había tomado su lugar sin que nadie hubiera tenido que dar un golpe de estado.

Simplemente…

había sucedido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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