Pureza - Capítulo 20
- Inicio
- Todas las novelas
- Pureza
- Capítulo 20 - 20 Capítulo 19 Parte 2 La Pregunta sin Respuesta
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
20: Capítulo 19 (Parte 2): La Pregunta sin Respuesta 20: Capítulo 19 (Parte 2): La Pregunta sin Respuesta El silencio de Leila se extendió, tan pesado como la losa de su pesadilla olvidada.
Valeria, Carla y Sonia la miraban, esperando.
No con malicia, sino con la implacable curiosidad de quien quiere descifrar el misterio social más intrigante del salón.
—Bueno… —Carraspeó Leila, sintiendo que el calor le subía por el cuello—.
Es… complicado.
—«Complicado» es lo que dice todo el mundo cuando no quieren decir que son novios —señaló Sonia con una sonrisa pícara.
—¡No es eso!
—protestó Leila, un poco demasiado rápido.
Se obligó a bajar la voz—.
Es que… con Kael las cosas no son como con los demás.
No sigue las mismas… reglas.
Valeria asintió, como si esa fuera la respuesta más lógica del mundo.
—Lo sabemos.
Por eso preguntamos.
Porque lo vemos mirarte, y no te mira como mira a los demás.
Y tú no actúas con él como actúas con nadie más.
Esa verdad, dicha en voz alta, le dio un vuelco al corazón a Leila.
¿Era tan obvio?
¿La manera en que él a veces posaba su mirada en ella un segundo más de lo necesario?
¿La forma en que ella anticipaba sus paseos a casa, incluso sin lluvia?
—Él me entiende —logró decir Leila, buscando palabras que no traicionaran la confianza de Kael—.
Y yo… intento entenderlo a él.
Es como si hubiéramos acordado construir un puente desde dos orillas diferentes, sin un plano, viendo cómo avanza día a día.
Ponerle un nombre ahora… —hizo un gesto de frustración— sería como forzar una pieza donde no encaja.
Podría romperlo todo.
Carla la miró con una mezcla de fascinación y escepticismo.
—O sea, ¿estás diciendo que son «algo» pero no quieren llamarlo «algo»?
Suena a… mucho drama.
—No es drama —replicó Leila, encontrando un hilo de firmeza—.
Es respeto.
Respeto a su espacio, a su silencio, a su manera de ser.
Lo que tenemos… es valioso.
Y es frágil.
No voy a arriesgarlo por satisfacer la curiosidad de nadie.
Sus palabras surtieron efecto.
Las tres chicas se miraron entre sí.
La respuesta no era un «sí» o un «no», pero era más honesta de lo que esperaban.
Hablaba de una conexión tan singular que ni siquiera cabía en las categorías usuales.
—Está bien —concedió Valeria, alzando las manos en un gesto de paz—.
No somos el tribunal del amor.
Solo… ten cuidado, Leila.
Ese puente del que hablas… está suspendido sobre un vacío muy grande.
Y Kael no es exactamente la persona más estable del mundo.
—Lo sé —susurró Leila, y de pronto, el recuerdo de la pesadilla de Kael, de la angustia con la que a veces lo veía mirar al vacío, le golpeó con fuerza—.
Pero yo tampoco lo soy.
En ese momento, la puerta del aula se abrió y Kael regresó.
Su mirada, todavía nublada por los restos de su propia pesadilla, barrió el salón y se posó instantáneamente en el grupo de chicas alrededor de Leila.
No hubo un ceño fruncido, ni un gesto de enojo.
Solo una ligera tensión en su mandíbula, y sus ojos se volvieron un poco más fríos, un poco más alerta, como un animal percibiendo una posible amenaza cerca de lo que empezaba a considerar suyo.
Las chicas, sintiendo el peligro y la incomodidad en la atmósfera, se dispersaron rápidamente con murmullos de «luego hablamos».
Leila se quedó sola en su pupitre, el corazón aún acelerado.
Kael se acercó y se sentó a su lado en silencio.
No preguntó nada.
Solo estuvo allí como diciéndole que le daría su espacio.
Y para Leila, en medio del caos de las preguntas sin respuesta y los sueños aterradores, su silencio fue la respuesta más reconfortante que podría haber recibido.
No necesitaban una etiqueta.
Solo necesitaban ese espacio compartido, ese puente que, pieza por pieza, seguían construyendo juntos.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com