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Pureza - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 Capítulo 21 El Precio de la Excepción
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22: Capítulo 21: El Precio de la Excepción 22: Capítulo 21: El Precio de la Excepción El acuerdo de “buenos amigos” resultó ser un colador en un diluvio.

Los rumores en el instituto, alimentados por la misteriosa naturaleza de Kael y la evidente cercanía de Leila, crecieron como maleza.

Ya no eran solo suspiros y miradas furtivas; ahora eran conversaciones en los pasillos, memes en grupos privados y apuestas sobre si el “fantasma” era capaz de sentir algo romántico.

Esto, inevitablemente, llegó a oídos de Isabella.

—Isabella— dijo con voz melosa una de sus amigas— ¿Ya has oído el chisme que anda rondando por ahí, ese que es muy popular en nuestro salón últimamente?

Isabella, quien estaba sentada en su pupitre mientras se arreglaba las uñas, volteo a verla interesada sin interrumpir su tarea.

—¿Hmmm?

¿Cuál chisme?

—El de que Kael y Leila son novios— dijo mientras alargaba las palabras aun conservando esa molesta voz melosa.

Pero aquellas palabras volaron hasta la mente de Isabella para interrumpir su labor y por poco arruinar todo su trabajo hasta ahora.

—Ah, ese chisme— como si no fuera importante siguió lijándose las uñas— sí, lo he escuchado últimamente.

Tal parece ese loco inadaptado fue domesticado por una mujer… ¡Una mujer que no soy yo!

— dijo tensando la mandíbula, y escupiendo con desprecio esas últimas palabras.

—¿Hmm?

¿Y eso tiene algo de malo?

— pregunto la chica con un tono inocente sin importarle mucho el enojo que desprendía ella.

— por lo general, cuando los chicos se dan cuenta de que no pueden conquistarte o que van a ser rechazados buscan a otra, y tu ni te molestas por aquello, ¿Por qué tendría que ser diferente con Kael?

Las palabras de Sofia tenían razón, para Isabella, realmente no importaba mucho que un hombre se rindiera en buscarla a ella, o que dejaran de prestarle atención y buscaran pareja con alguna otra chica del salón o de algún otro.

No, aquellos tipos nunca eran interesantes, eran demasiado fáciles de manipular, pero también, incluso cuando se rendían de seguir intentándolo con ella, venían de vez en cuando a pedirle consejo para satisfacer a sus novias, o incluso todavía mantenían cierto nivel de aprecio como para obedecerla.

Pero con Kael, esto había sido diferente.

Después de que Kael dejara noqueado en el suelo a Javier en su segundo día de clase, demostró una fuerza física lo suficientemente llamativa como para hacer presión a su alrededor con solo una mirada, la cual, pese a intentar ser indiferente, mostraba también los ojos de una bestia.

Y ella, siendo la chica más hermosa, quiso aprovechar aquella fuerza para su utilidad, y pensando que Kael era el típico muchacho afectado por las hormonas, tanto de la adolescencia como por el ejercicio, pensó que con solo su cara bonita y una coquetería sería suficiente para engatusarlo.

Oh, el recuerdo de aquello aún se mantenía vivido en su mente.

La primera vez que se acercó, Kael se detuvo un momento para mirarla de arriba abajo sin mostrar mucha emoción al respecto, y cuando le empezó a hablar al mismo tiempo que sutilmente le mostraba algo de piel para despertar su instinto reproductivo, Kael simplemente tenso la mandíbula y su frente formo una ligera “V”.

Sin duda se le notaba molesto mientras ella le pedía ayuda para que le enseñara a resolver un ejercicio de cálculo, pero Kael no respondió a ninguna de sus preguntas, y llegado cierto punto, cada vez más y más se iba molestando por la compañía de Isabella, mirándola como a un bicho asqueroso que ni siquiera valía la pena tocar.

—…¿Si me vas a ayudar con esto?

— Isabella le preguntó después de un rato sin importarle como él la miraba, según su lógica, después de hacerle esa pregunta con un toque de lastima y una carita de perro regañado, seria suficiente para quitarle el mal humor.

Pero para desgracia de ella, Kael no era mucho de perros a pesar de que no los odiaba.

—…No.

— respondió rotundamente, de tal forma que su respuesta pareció alargada— según veo, puedes pedirla ayuda a Samuel, yo no estoy dispuesto.

—dijo con un tono lleno de molestia a pesar de que su respuesta fue más bien una cortesía obligada.

Recordar aquello le provocaba un mal sabor de boca, y haciendo un gesto extraño, dejo de lado su lima y dirigió su atención a su amiga, la cual se mantuvo curiosa ante su silencio.

—Por que ese es un perro al cual no le he podido poner su correa— respondió mientras hacía presión con la mirada y su postura, la cual delataba una frustración y ansias de control nunca antes vistas en ella.

Esto le causo un sudor frio a la chica que antes se mantenía casi despreocupada frente a la “Reina”.

—A-ah, ya, ya veo.

— la voz le temblaba por el miedo que ella le provocaba— glup, ¿Y qué piensas hacer al respecto?

— preguntó esta vez con una sonrisa forzada.

Isabella se inclinó hacia adelante, sus ojos brillando con una luz fría y calculadora.

—¿Qué pienso hacer?

Ese perro salvaje le ha mostrado los dientes a la persona equivocada.

Y ahora, no solo se niega a ser domesticado, sino que ha encontrado una dueña.

Eso no puede quedar así.

—Una sonrisa cruel se dibujó en sus labios—.

Si no puedo tenerlo bajo mi control, aseguraré que esa…

amistad…

le resulte tan incómoda que prefiera volver a su madriguera.

Solo.

La amenaza flotó en el aire, y su amiga solo pudo asentir con nerviosismo, deseando no haberse metido en el tema.

— Mientras tanto, Leila sentía el peso de los rumores como una capa de plomo.

Los susurros la seguían por los pasillos, y las miradas curiosas se clavaban en su nuca.

No era la atención desagradable lo que la molestaba, sino la sensación de que algo que era precioso y frágil entre ella y Kael estaba siendo manoseado y distorsionado por todos.

En el recreo, se reunió con el grupo de Basil, buscando un poco de normalidad.

Pero incluso allí, el tema era inevitable.

—Así que…

¿solo ‘buenos amigos’, ¿eh?

—preguntó Basil con una sonrisa burlona, aunque sin malicia real.

Era más una curiosidad resignada.

—Sí, Basil.

Es lo que acordamos —respondió Leila, con un suspiro—.

Es lo que funciona para nosotros.

—La gente no va a parar, sabes —intervino Steven, quien, aunque más seguro de sí mismo, aún era consciente de las dinámicas sociales—.

Es demasiado jugoso.

“El misterioso Kael y la chica que logró descifrarlo.” — dijo haciendo comillas en el aire.

—Lo sé —admitió Leila, jugueteando con su tiara—.

Pero no podemos controlar lo que los demás digan.

—dijo con un toque de frustración en su voz, para luego intentar cambiar de tema.

Bueno, a pesar de no lograr apartar su mente sobre el tema estando con sus amigos, continuaron la charla preguntando como les había ido en la semana a cada uno de ellos, y sintiendo que ya no le quedaba más de que hablar dio por terminada su charla.

Fue entonces, cuando Alex, quien había estado en silencio, al ver como Leila desaparecía del patio, dio como excusa que necesitaba ir al baño para luego alcanzar a Leila a mitad del pasillo, cosa por lo que Leila lo vio extraño.

—¿Alex?

¿Necesitas algo?

—Emm, no, bueno, si, vengo a advertirte sobre algo —murmuró, bajando la voz—.

Ten cuidado con Isabella.

Leila lo miró, sorprendida.

—¿Isabella?

¿Por qué?

—He escuchado cosas —dijo Alex, su mirada seria—.

Bueno, también he visto cosas.

Ella, tal parece intento coquetear con Kael en el pasado y este la rechazó, y bueno…

tal parece no toma bien el rechazo.

Y Kael la rechazó de la forma más brutal posible: ignorándola por completo y viéndola como un bicho asqueroso.

O al menos eso es lo que recuerdo haber visto.

Para alguien como ella, eso es una humillación.

Y ahora que ve que contigo sí abre una rendija…

—No terminó la frase, pero el significado era claro.

—Bueno, gracias, pero ¿Cómo sabes que Kael rechazo a Isabella?

Yo me siento al lado de él, pero no recuerdo haber visto tal cosa.

—Hay, por favor, Leila, en esos momentos tu estabas más concentrada en nuestro grupo y estabas aterrada de Kael, por lo que siempre trataste de mantenerte lo más lejos de él los primeros días.

Leila asintió viendo que tenían sentido sus palabras, y recordando que realmente en esos momentos ella no se había interesado por Kael, ahora, hasta se daba cuenta que posiblemente estaba descuidando un poco su amistad con sus antiguos amigos, así que agradeció el aviso.

Sabía que, pese a no conocer a Alex hace mucho comparado con los demás, su habilidad para pasar desapercibido y mirar el entorno constantemente, a menudo captaba información que a otros se les escapaba.

— La confrontación llegó unos días después, en el patio.

Isabella, rodeada de su corte habitual, “casualmente” interceptó a Leila en medio del pasillo cuando esta se dirigía a la biblioteca para encontrarse con Kael.

—Leila, qué casualidad —dijo Isabella con una dulzura empalagosa—.

Justo quería felicitarte.

Leila se detuvo, sintiendo cómo todas las miradas se posaban sobre ellas.

—¿Felicitar-me?

¿Por qué?

—Por tu…

logro —Isabella hizo una pausa dramática—.

Domesticar al animal salvaje del salón.

Debe ser agotador, ¿no?

Tener que andar traduciendo el mundo para él, soportando sus rarezas, su posible agresión y el miedo que este provoca…

Pero bueno, supongo que alguien tenía que hacer el trabajo sucio.

El aire se enrareció.

Los que estaban alrededor contuvieron la respiración.

Leila sintió una oleada de calor subirle por el cuello.

No era ira por ella, sino una indignación protectora que le ardía en el pecho.

La forma en que Isabella hablaba de Kael, como si fuera una mascota o un proyecto de caridad, era repugnante.

—No sé de qué hablas, Isabella —respondió Leila, manteniendo la calma, pero con un filo en la voz—.

Kael no es un animal que necesite domesticación.

Es la persona más lúcida, calmada e inteligente que conozco, pese a su mirada de pocos amigos.

Isabella soltó una risita falsa.

—¡Vaya!

Defiendes a tu buen amigo con mucho fervor.

Es casi…

patético.

¿Tan desesperada estás por atención que te conformas con las sobras de alguien que ni siquiera puede entender una conversación normal?

Esa fue la gota que colmó el vaso.

Leila dio un paso al frente, su mirada, usualmente gentil, ahora se sentía afilada como un vidrio roto.

—Tú eres la patética, Isabella —declaró, su voz clara y firme, cortando el murmullo del patio—.

Patética por creer que tu valor depende de que todos los chicos te deseen.

Patética por pensar que el cariño es un juego de poder y control.

Kael no me da “sobras”.

Me da honestidad, me da respeto, y me trata como a una igual.

Algo que un narcisista superficial como tú nunca podría entender.

—Hizo una pausa, clavándole la mirada—.

Él te rechazó no porque estuviera confundido o fuera un “animal”.

Te rechazó porque vio exactamente lo que eres: vacía.

Y para él, a diferencia de los demás, tu fachada no le impresiona en lo más mínimo.

El silencio fue absoluto.

Isabella estaba lívida, su máscara de seguridad hecha añicos.

Nadie le había hablado así nunca.

Antes de que Isabella pudiera articular una respuesta, Leila dio media vuelta.

—No pierdas más tu tiempo con nosotros, Isabella.

Ni Kael ni yo estamos interesados en tus juegos infantiles.

Y se marchó, con el corazón latiendo con fuerza, pero la cabeza en alto, dejando a una Isabella humillada y a un patio entero que acababa de presenciar cómo la “reina” había sido destronada no por otra reina, sino por la simple y pura verdad.

Leila no había defendido solo su relación; había defendido la integridad de Kael, y en el proceso, había redefinido completamente su propio lugar en el ecosistema del salón.

Ya no era solo la chica al lado del fantasma.

Era la chica con la fuerza para enfrentarse a la tiranía y ganar.

Y esto solo hizo que Isabella volteara a ver a su sequito con odio.

Y ellos, con el miedo de enfrentar su mirada, solo fueron capaces de ver con asombro el lugar por donde había desaparecido Leila, dejándolos con una pregunta en su mente: ¡¿Dónde carajos había aprendido eso?!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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