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Pureza - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 Capítulo 5 El Cuarto Elemento
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5: Capítulo 5: El Cuarto Elemento 5: Capítulo 5: El Cuarto Elemento El profesor de Biología anunció un proyecto grupal sobre ecosistemas.

Cuatro personas.

La clase inmediatamente entró en el caos controlado de las alianzas instantáneas.

Basil, Leila y Alex se unieron por inercia, como siempre.

Pero faltaba un cuarto.

Steven, que normalmente completaba el grupo, estaba ausente ese día por culpa de una gripe.

—Necesitamos a uno más —dijo Alex, mirando alrededor con desesperación.

Todos los grupos estaban formados.

La mirada de Basil, cargada de una curiosidad pragmática, se posó en la figura solitaria que recogía sus cosas al fondo del aula.

Kael.

—Es él o nos emparejan con alguien de teatro, y eso es una pesadilla —murmuró Basil.

Leila sintió un inexplicable pinchazo de ansiedad.

—¿Estás seguro?

Después de…

ya sabes.

—Precisamente por eso —replicó Basil con una sonrisa tensa—.

Es inteligente, no miente en su trabajo y, si lo hacemos bien, no tendrá motivos para…

enfadarse.

Es el cuarto perfecto, en teoría.

—¿Quién ira para invitarlo?

Yo no —dijo rápidamente antes de que la mandaran.

—Yo tampoco —respondió rápido Basil, por lo que ambos voltearon a ver al único que quedaba.

—¿Yo?

Pero…

¿y si me da un puñetazo?

¡Tú eres el líder!

—Hay, por favor, no seas gallina y ve.

Alex, quien, ante la orden de Basil, se acercó a regañadientes a Kael.

—Oye, Kael.

¿Quieres ser el cuarto en nuestro proyecto de Biología?

Kael alzó la vista.

Sus ojos oscuros pasaron de Alex a Basil y a Leila, que lo observaban desde la distancia.

Así que evaluó su situación.

Un trabajo en grupo era una molestia.

Pero lastimosamente era obligatorio, y viendo a su alrededor que la mayoría de los grupos ya estaban formados, y además que no quería esforzarse en buscar uno para encajar.

Aceptar unírseles no era una mala idea.

—De acuerdo —asintió, sin entusiasmo—.

¿Cuál es el ecosistema?

El Trabajo en Grupo La primera reunión fue en la biblioteca.

Kael llegó unos diez minutos antes a la hora acordada, y espero en silencio mientras daba la hora.

Tranquilamente dejo que Basil exponiera sus ideas grandilocuentes, mientras que Alex asentía con nerviosismo.

—Podríamos hacer una maqueta del Amazonas, con animales de plastilina y todo —proponía Basil.

—¿Para qué?

—cortó Kael, su voz plana cortando el entusiasmo de Basil—.

No tenemos tiempo ni recursos.

Además, la investigación es escrita y por mucho tendríamos que hacer una diapositiva para exponer en clase.

Basil frunció el ceño, pero no pudo refutar la lógica.

—¿Qué sugieres entonces para explicarnos claramente?

¿No crees que una maqueta serviría mejor para señalar cosas que podrían ser importantes?

—No necesariamente, un análisis comparativo de dos ecosistemas locales puede ser mejor, por ejemplo: el parque de la ciudad y la zona industrial abandonada.

Son accesibles, podemos tomar fotos reales y los datos están disponibles.

Es simple y cumple con todos los puntos.

Era, como siempre, el camino más directo.

Leila lo observaba mientras hablaba.

No gesticulaba.

Su rostro era una máscara de neutralidad, pero sus palabras eran claras y seguras.

No era la voz de un mecha corta a punto de explotar, sino la de alguien que había procesado el problema y ofrecía la solución óptima sin dejarse llevar por las emociones.

La etiqueta de “peligroso” en su mente comenzó a agrietarse, dejando al descubierto una etiqueta nueva: “eficiente”.

Kael se asignó a sí mismo la parte de recopilación de datos y el análisis de suelo y agua.

“Son tareas que puedo hacer solo y bien”, dijo.

No era un desaire, era otra vez, puro pragmatismo.

Permitió que Basil y Alex se encargaran de la presentación y los gráficos, la parte más “social y creativa” del proyecto, y que Leila hiciera la introducción y conclusión.

Durante las siguientes sesiones, Leila empezó a notar patrones.

Kael siempre llevaba sus dos botellas de agua.

Su bolso seguía pareciendo pesado.

Cuando creía que nadie lo miraba, su mirada se perdía por la ventana, y en sus ojos había un destello de algo que Leila no podía identificar, una lejanía que no era simple aburrimiento.

Era un vacío profundo, como un pozo sin fondo.

Unos días después, por la tarde, Leila se atrevió a acercarse mientras Kael consultaba un libro en una mesa apartada.

—Oye, Kael, ¿podrías revisar mi parte de la conclusión?

No estoy segura de que los datos concuerden con los que me diste.

Kael tomó la hoja sin decir nada.

La leyó con una concentración absoluta.

—Tu redacción es buena, pero usar demasiados decorativos a la hora de escribir —dijo por fin, sin levantar la vista—.

Usas “es hermoso” y “trágico” con demasiada frecuencia.

Reduce eso y trata solo decir los hechos, por ejemplo: “La comparación evidencia una reducción del 60% en la biodiversidad”.

Es más fuerte.

Era una crítica directa, pero no era malintencionada.

Era…

útil.

Leila, en lugar de ofenderse, sintió un extraño alivio.

—Tienes razón.

Gracias.

Kael solo asintió y volvió a su libro.

Esa noche, Leila no podía dejar de pensar en ello.

No era la amenaza que habían imaginado.

Era una herramienta de precisión.

Y empezó a sentir la necesidad de “usarlo” más, de acudir a él para que revisara sus trabajos, para que diera esa extraña y valiosa opinión que pulía todo hasta la perfección.

Su interés era, por ahora, puramente utilitario.

Una alianza estratégica con el arma más afilada de la clase.

Pero sin que ella lo supiera, en la soledad de su habitación, Kael cerró los ojos y, por un instante fugaz, soñó.

Soñó con una voz suave que le agradecía por su ayuda, no con la frialdad y la sensación despectiva a la que estaba acostumbrado, sino con un calor genuino.

Soñó con una mano en la suya.

Y al despertar, con el corazón palpitándole con fuerza en el pecho, el vacío que siempre lo acompañaba pareció haberse profundizado, haciéndose más doloroso, más real.

Había perdido algo en ese sueño, algo que nunca había tenido, y la sensación de ausencia era tan aguda como un cuchillo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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