¿Qué Quieres Decir Con Que Hay Otros Transmigrantes En Mi Fantasía de Harén? - Capítulo 341
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Capítulo 341: Qué sucede con el equipo que usted vendió
¡El taller era una maravilla! ¡Se estaban forjando muchísimas cosas allí dentro!
Vi a algunos de los aprendices forjando las hojas para espadas que luego ensamblarían, a juzgar por las empuñaduras que tenían apartadas cerca de sus yunques.
Había otros que forjaban puntas de flecha y las iban dejando en una bandeja grande, seguramente para llevárselas más tarde a un flechero y fabricar flechas.
Había incluso un aprendiz que parecía estar haciendo herramientas sencillas como clavos, tenazas e incluso lo que parecían pomos de puerta.
Desde luego, fue muy interesante para mí ver todo eso en acción. Aunque todavía no puedo fabricar ninguna de estas cosas por mí misma, me dio algunas ideas para nuevas armas que podría crear con mi [Forja de Sombra].
Incluso me tomé el tiempo de observar a uno de los aprendices forjar una espada larga a partir de una barra de hierro, aunque no llegué a ver el proceso completo, ya que Gunther regresó mientras el aprendiz todavía estaba martillando el metal para darle forma.
—Joven Señorita, será mejor que venga p’acá.
Katsuki y yo lo seguimos de vuelta a la tienda y allí había otro Rejmar esperándonos frente a todo el equipo que pretendía vender.
—Hola, me llamo Emery, el tasador de este taller —me saludó con un asentimiento—. ¿Es usted la que quería vender tó esto, no?
—¡Sí! ¿Así que usted es el encargado de tasar el equipo?
—Así es. Ya he terminado y debo decir que son todas piezas de primera calidad y bien conservadas. La Joven Señorita debe de tener mucha suerte pa’ haber conseguido estas cosas.
Tuve que contenerme para no decirle que se las había quitado a los cadáveres de unos Mercenarios que intentaron matarme.
En lugar de eso, me limité a asentir. —¡Ajajá~! ¡Supongo que sí que tengo bastante suerte! Entonces, ¿cuánto puedo sacar por esto?
—Sobre eso… Estaríamos dispuestos a comprarlo todo por cuatro mil Creas.
¿Qué?
Me giré para mirar a Gunther. —¿No dijo que solo valían unas cuarenta o cincuenta Creas? ¿Por qué la cantidad ha aumentado ochenta veces?
Gunther se rascó la barba. —Bueno… Eso es antes de saber que algunos estaban encantados, Joven Señorita.
Ah, es verdad. Olvidé que el equipo encantado como este vale bastante por sí solo… Aunque a mí me pareciera que los encantamientos no eran tan útiles para empezar…
Me he acostumbrado tanto a usarlos que pensé que no valían tanto…
—Ah… Lo siento, debería haberlo mencionado antes. Culpa mía.
Gunther hizo un gesto con la mano. —Ah, eso es un detalle sin importancia, pero trae otro problema. Ahora mismo no tengo las Creas encima y dudo que la Joven Señorita agradezca tener que esperar aquí unas cuantas horas más.
Tiene razón en eso, sobre todo porque pronto será la hora de cenar y ¡no querría perdérmela por nada del mundo!
—En ese caso, ¿debería volver mañana?
—Si a la Joven Señorita no le importa, puedo entregarle personalmente el dinero en su residencia mañana. Eso si a la Joven Señorita le parece bien la idea, claro.
Mmm… No creo que pueda hacer eso, ya que implicaría decirles que estaba emparentada con la Familia Nilm…
Negué con la cabeza. —No pasa nada, puedo dejarlo aquí con ustedes y volver mañana a recoger el dinero.
—Señora, por favor, déjeme a mí esas tareas tan triviales —intervino Katsuki desde atrás.
Me giré hacia ella. —¿Oh, no te supondría un problema? No quiero molestarte demasiado.
—Algo así se espera de mí, Señora. No tiene por qué preocuparse.
Ya que ha dicho eso, supongo que solo hay una respuesta adecuada.
—Entonces lo dejo en tus manos, Katsuki.
—Por supuesto, Señora.
Gunther nos sonrió. —Mientras tanto, ¿les gustaría echar un vistazo a la tienda? Quizá vean algo que les guste.
¿Y por qué no?
Asentí y empecé a pasear por la tienda, acompañada por Gunther y Katsuki. Mientras tanto, Emery se puso a organizar y limpiar el equipo que había accedido a dejarles.
Sin embargo, algo me llamó la atención…
—El equipo de aquí parece muy diferente del que fabrican los aprendices… —señalé.
Las armas expuestas aquí parecían todas muy ostentosas, con grabados y adornos de oro; sin embargo, ninguna de las armas que fabricaban los aprendices tenía nada de eso.
Gunther se rio entre dientes. —Eso es porque ninguna de estas las hacen los aprendices, Joven Señorita. Las forjamos Emery o yo mismo.
—¿Eh? ¿Entonces para qué forjan? No puede ser solo por practicar, ¿verdad?
El Rejmar me sonrió con suficiencia. —Je, sus habilidades todavía no son lo bastante buenas como pa’ que sus creaciones se vendan aquí. No, sus creaciones se venden en otro sitio.
—¿Como dónde?
Para mi sorpresa, fue Katsuki quien respondió a mi pregunta. —Señora, el equipo que se exhibe aquí es más para el uso de los propios nobles. Pero como la mayoría de los nobles también emplean guardaespaldas, necesitan equiparlos a ellos también. Los aprendices son quienes fabrican ese tipo de equipo.
Ah… ya veo. Me preguntaba si Katsuki de verdad había conseguido sus cuchillos arrojadizos aquí, ya que recordaba que sus cuchillos parecían relativamente sencillos en comparación con todos los cuchillos ostentosos que se exhibían.
También voy a suponer que los nobles necesitan que las armas que llevan tengan más forma que función para presumir en las fiestas. Por lo tanto, Gunther dedicaría más tiempo a refinar las decoraciones, algo para lo que los aprendices no tenían suficiente experiencia.
Justo cuando iba a preguntar por el precio de una espada con empuñadura de oro, la campanilla de la puerta volvió a sonar, señalando la entrada de alguien en la tienda.
Nos giramos para ver entrar a una joven que supuse que tendría unos dieciocho años. La acompañaban otras tres mujeres de aspecto mayor que llevaban armadura y espadas ceñidas a la cintura.
Emery se dirigió inmediatamente hacia ella después de guardar el resto del equipo. —¿Hola, joven señorita, busca algo en particular?
En lugar de que la chica respondiera por sí misma, fue una de sus guardias la que contestó a su pregunta.
—Buscamos equipo para nuestra Joven Señorita, que pronto se dirigirá a una Mazmorra. ¿Tienen alguna armadura adecuada para ella?
El Rejmar inclinó ligeramente la cabeza. —Sí, tenemos. ¿Práctica o de exhibición?
La guardia respondió de inmediato: —Práctica.
—¿Material?
—Cuero o tela acolchada.
—¿Quieren equipo normal o encantado?
—Encantado.
—¿Buscan algún tipo de encantamiento en particular?
—Con defensa contra efectos físicos y quizá mágicos será suficiente. No hace falta nada demasiado ostentoso.
Emery juntó las manos. —En ese caso, puede que tenga justo lo que buscan.
Luego se volvió hacia el mostrador del que acababa de venir y supuse que tenía la intención de mostrarles el equipo que yo pretendía vender para que lo consideraran.
El Rejmar sacó entonces una de las armaduras de cuero que pertenecía a un explorador que yo había decapitado en la Mazmorra.
—Esta tiene encantamientos menores de defensa mágica y física, así que es una gran elección pa’ ustedes, sobre todo si van a una Mazmorra por primera vez.
La guardia pinchó el cuero con un dedo. —¿Es nueva?
—No, de segunda mano. El dueño nos la vendió.
Bueno… No es exactamente una mentira, ya que técnicamente soy la dueña anterior después de saquear los cadáveres…
Nunca lo había pensado antes, pero… realmente le quité esas armaduras a un cadáver y las vendí a una tienda… Normalmente, en las historias, simplemente coges el dinero y no vuelves a ver ese equipo…
Pero ahora me daba cuenta de que, por supuesto, la tienda le vendería lo que tú les vendiste a otra persona, así que alguien más podría estar llevando el equipo de un muerto que otra persona saqueó y vendió.
No estoy segura de cómo debería sentirme al respecto…
La guardia se volvió para mirar a su señora, pero ella estaba ocupada mirando la tienda y maravillándose con la exhibición de armas y armaduras ostentosas.
—Joven Señorita —la llamó para captar su atención—. ¿Qué le parece esta?
La joven se giró para mirar la armadura de cuero e hizo una mueca. —¿Por qué no es bonita?
—Las bonitas no la protegerán dentro de la Mazmorra, Joven Señorita. Debería priorizar lo práctico en este caso.
—Uf, ¿de verdad tengo que hacerlo? Los demás de mi grupo me protegerán de todos modos, así que, ¿por qué no puedo llevar mi ropa normal?
—Es por su seguridad, Joven Señorita. Por favor, compréndalo.
—Vale, vale, como sea. De todos modos, no sé ni por qué tengo que ir a esta estúpida Mazmorra…
La guardia se giró de nuevo hacia el Rejmar. —Nos la llevamos.
—Gracias, serán doce pequeñas monedas de plata, por favor.
Mil doscientas Creas, ya veo… No estoy segura de si eso se considera barato aquí o no…
En fin… Que te diviertas llevando la armadura de un muerto, supongo…
A decir verdad, esto hace que esté aún más decidida a forjar mi propio equipo ahora… Y estoy infinitamente agradecida de que Madre me comprara ropa nueva en lugar de ropa de segunda mano… Definitivamente no me sentiría cómoda llevando ropa que le han quitado a un muerto…
Parece que uno no conoce realmente su privilegio hasta que se lo señalan…
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