¿Qué Quieres Decir Con Que Hay Otros Transmigrantes En Mi Fantasía de Harén? - Capítulo 388
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Capítulo 388: El corte de las cabezas
Esperaba que se me agotaran todas las pociones, pero parece que hay Iatromantes entre las doncellas, así que, una vez que se recuperaron, ayudaron a curar a las demás usando su magia.
Miré al grupo de doncellas reunidas frente a mí. —¿Y bien…? ¿Vamos a continuar con el exterminio de esta secta? Me da la sensación de que nos hemos metido en algo que nos viene grande.
Katsuki negó con la cabeza. —No pasa nada, Señora. No necesita preocuparse por nosotras, estamos todas listas para continuar.
Enarqué una ceja. —¿Está segura de eso? Un encuentro con un demonio casi acaba con todas nosotras…
—No creo que haya más demonios, Señora. Si los hubiera, a estas alturas ya habrían intentado apoderarse de la capital.
—¿Eh? ¿En serio? ¿Quiere decir que con el demonio de antes no bastaba? Ahora que lo pienso… ¿Por qué no usaron a ese demonio para secuestrar a la princesa? ¿En lugar de eso, contaban con que la princesa viniera aquí por su cuenta?
Katsuki vaciló un instante. —Me temo que soy incapaz de responder a la última pregunta de la Señora, pero puedo especular que esta secta no tiene realmente el control sobre el demonio que la Señora derrotó. Lo más probable es que lo invocaran y lo mantuvieran aquí, donde permaneció dócil hasta que llegamos. El demonio en sí no obedece sus órdenes.
Hmm… Supongo que eso tendría sentido… Pero, hablando en serio… ¿Qué les hizo pensar que la princesa vendría hasta aquí después de ese intento de secuestrarla?
Claro, al principio ella quería hacerlo, pero nadie en su sano juicio estaría de acuerdo con la princesa y le permitiría hacer algo así… Todo el mundo la habría detenido.
Así que, o bien esta gente sabe algo que nosotros no y por eso estaban tan seguros de que la princesa vendría, o simplemente son unos completos idiotas.
Y viendo que a todos les parece que usar a la princesa para invocar nada menos que a un demonio era una buena idea… me voy a decantar por la segunda posibilidad.
En fin, como me aseguraron que todas estaban bien y que no había ningún problema en seguir adelante, acepté su plan de avanzar.
Lo que nos llevaba a la siguiente pregunta… ¿Adónde?
—Señora, ahí arriba —señaló una de las doncellas.
Miré hacia donde señalaba y me di cuenta de que había una especie de agujero en la pared con barrotes metálicos a modo de ventana en lo más alto de la caverna, casi a ras del techo.
Supongo que desde ahí oímos la voz por primera vez y así fue como esa persona se dio cuenta de que la princesa no estaba aquí. Pero ahora mismo no había nadie, así que esa persona debió de marcharse antes de ver el final del combate.
—Vale… Supongo que es ahí a donde tenemos que ir ahora, ¿no? —supuse.
Katsuki asintió. —Ese lugar debería llevarnos a la verdadera guarida de la secta. La anterior debió de ser un señuelo, hecho para que sus perseguidores lo encontraran y fueran conducidos a este lugar para que el demonio se encargara de ellos.
¡De acuerdo, entonces todo lo que tenemos que hacer es subir ahí! Menos mal que tengo línea de visión con ese lugar y puedo lanzar [Portal de Enlace].
Dos portales se materializaron al instante: uno detrás de los barrotes y el otro, frente a mí.
A continuación, avancé con cuidado y mantuve el portal abierto, permitiendo que las demás doncellas cruzaran después de mí.
El lugar al que nos teletransportamos parecía ser una especie de sala de observación, en la que había incluso un sofá y un armario lleno de botellas de licor.
Estoy dispuesta a apostar que quien estuviera al mando aquí quería sentarse a ver cómo el demonio despedazaba a la princesa o algo por el estilo.
Hmm… Eso tampoco tiene sentido… Necesitan a la princesa para llevar a cabo un ritual e invocar a más demonios, ¿no? Entonces, ¿no sería malo para ellos si el demonio… Oh…
Nunca dijeron que necesitaran a la princesa viva…
Maldita sea, esto solo empeora las cosas… Será mejor que acabemos con todos los de esta secta, entonces… Ya han conseguido invocar a un demonio; la cosa se pondría mucho peor si consiguen invocar a más.
Incluso el demonio de antes sería capaz de destruir una parte considerable de la ciudad si fuera liberado sin previo aviso.
Sin duda acabarían matándolo y no lograría el objetivo de la secta de derrocar a la Familia Real, pero es una amenaza que definitivamente podrían haber utilizado.
—Señora —me llamó Katsuki. Su voz me sacó de mis cavilaciones y la vi de pie junto a la única puerta que salía de la habitación.
Todas las doncellas, incluida Katsuki, tenían las armas desenvainadas, anticipando ya el combate que se avecinaba.
Desenvainé mi propia espada y les hice un gesto de asentimiento, avanzando con las doncellas por el pasillo en penumbra que había fuera.
Pronto comprendí por qué estaban preparadas para luchar cuando unas voces resonaron más adelante, aunque sonaban demasiado amortiguadas como para que pudiera distinguir lo que decían.
Tras un corto paseo, nos encontramos ante lo que parecía un callejón sin salida; las voces provenían de detrás de una lisa losa de roca.
—¿Una puerta oculta? —aventuré.
Las demás asintieron y se pusieron a registrar las paredes del pasadizo en busca de un mecanismo oculto que permitiera abrirla desde este lado.
Emm… Algunas incluso se tumbaron en el suelo para buscar, lo que significaba que sus traseros quedaban a mi entera disposición, y tuve que esforzarme por no reaccionar…
En lugar de eso, centré mi atención en Katsuki, observando cómo pasaba la mano por la pared hasta que se detuvo de repente.
Mi doncella Inugami dio unos golpecitos con los nudillos en una parte de la pared antes de presionar con la mano, lo que provocó que un trozo del muro se hundiera y que se oyera el ruido de la losa de piedra al moverse.
Todas volvieron a formar de inmediato y se precipitaron por la abertura, irrumpiendo en el espacio abierto al mismo tiempo.
Poco después se oyeron gritos y lamentos de dolor, lo que me impulsó a salir corriendo también.
Salí a lo que podría describirse como una sala de reuniones bastante espaciosa, donde varias personas con túnicas estaban siendo masacradas por las doncellas una tras otra.
—¡¡Las… Son las Doncellas de Combate de la Familia Nilm!!
—¡¡¿Qué hacen aquí las doncellas de la Familia Nilm?!!
—¡Corred! ¡¡Corred!! ¡¡Rápido, co… aaarrrghhh!!
Algunos intentaron defenderse, pero ninguno fue rival para las doncellas.
Bueno… Como el demonio las dejó fuera de combate antes, no pudieron demostrar sus habilidades, y en el encuentro anterior lucharon contra gente que se concentraba en atrapar a la princesa en vez de en defenderse… Así que creo que este podría ser el primer combate en condiciones que tienen hoy.
Incluso vi a alguien que intentaba dispararle con una ballesta a una doncella y estaba a punto de intervenir para detenerlo, cuando la doncella simplemente metió la mano bajo la falda y le lanzó un cuchillo arrojadizo a su asaltante.
El cuchillo se clavó en la cabeza del ballestero y lo mató al instante, antes de que pudiera siquiera disparar el virote.
Otra doncella luchaba contra tres espadachines a la vez con un estoque en la mano derecha y una daga en la izquierda, parando golpes y danzando con pericia alrededor de los tres hombres a pesar de llevar un voluminoso uniforme de doncella.
Oye, que yo tengo la bendición [A la Moda], así que a mí no me molesta.
Apoyando a las doncellas de la vanguardia había otro grupo que disparaba flechas o lanzaba hechizos a los enemigos, todas ellas coordinándose sin necesidad de hablar, como si lo hubieran hecho infinidad de veces.
Aun así, esta vez parecía haber un número considerable de enemigos, y unos cuantos estaban escapando por la puerta del otro extremo de la sala.
¡Parece que ese es un trabajo para mí!
Usé [Portal de Enlace] para teletransportarme al otro lado de la sala y aparecí delante de los que intentaban huir, con mi Espada de Luz en la mano.
—Hola~ ¿Ibais a alguna parte? —dije con voz cantarina.
—¡¿Y esta quién es?!
—¡No sé, pero no lleva el uniforme de doncella de la Familia Nilm!
—¡Eso significa que es débil! ¡¡Acabad con ella y huid!!
Vaya, eso ha sido de mala educación…
El primer hombre levantó el puño para intentar golpearme, así que me hice a un lado y vertí mi maná en la espada, cortándole el brazo a la altura del codo antes de volver a blandirla para atravesarle las piernas.
El hombre dio un paso más, pasándome de largo, antes de que sus miembros se separaran de su cuerpo y cayera al suelo, gritando de dolor.
El siguiente intentó atacarme con su espada, lo que me llevó a levantar la mía y cortar su hoja. Se quedó mirando su espada rota, atónito, y al instante siguiente mi espada le rebanó el cuello y lo decapitó.
El último gritó al ver a sus camaradas muertos e intentó pasar corriendo por mi lado.
Por supuesto, no iba a dejar que escapara, así que le estrellé el pomo de la espada en la sien, haciendo que se estampara contra la pared.
—Una demostración fantástica, Señora. Usted misma ha acabado con los líderes de la secta —me elogió Katsuki, apareciendo detrás de mí sin hacer ni un ruido.
¿Eh? ¿Estos tres eran los líderes? Supongo que la voz de uno de ellos me sonaba parecida a la que oí antes…
Pero, emm… he matado a uno y le he cortado los miembros a otro… No pasa nada, ¿verdad?
¿Verdad?
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