Re-Despertar: Me Convertí en un Monstruo Jefe de Pagar Para Ganar - Capítulo 309
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- Capítulo 309 - Capítulo 309: El "héroe" masoquista
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Capítulo 309: El “héroe” masoquista
Rael salió del Reino de las Almas y tosió, llamando la atención de Maria.
—No suelo ser de los que juzgan los fetiches…, pero ¿qué cojones?
Maria se giró hacia él con una ceja arqueada. —Tú eres el hombre que vi antes. Parecías un poco peculiar con esa ropa tan elegante que llevas.
Apartó la mano de la cabeza del hombre y se acercó a Rael, deteniéndose justo delante de él.
Maria se inclinó ligeramente, y sus enormes pechos llenaron su campo de visión.
—Oye…, ¿quieres acostarte conmigo?
Rael ladeó la cabeza, intentando procesar lo que acababa de oír.
—Gracias por la oferta, pero voy a pasar —dijo sin más.
—Una pena… —murmuró Maria, dejando escapar un suspiro mientras enderezaba la postura y caminaba hacia su trono antes de sentarse.
—Hector, lárgate de aquí —dijo en voz baja.
Al instante siguiente, el hombre calvo y musculoso se fue corriendo a cuatro patas, provocando que un escalofrío recorriera la espalda de Rael.
—Eso es espeluznante —comentó Rael—. ¿Qué has hecho exactamente? ¿Magia de encantamiento?
Una leve sonrisa ladina apareció en su rostro. —Mmm… Puede ser. Me sorprende más que no reacciones en lo más mínimo a mis encantos.
En todo caso, Rael sentía como si le pincharan la piel cada vez que sus miradas se cruzaban.
Pero aparte de eso, nada.
Después de todo, la belleza de Zafira superaba con creces la de esta mujer.
Sin embargo, Rael cogió una de las sillas de atrezo y la colocó frente a ella.
La miró de arriba abajo durante unos instantes, casi como si la estuviera evaluando.
Manipulaba a otros e incluso había creado una secta improvisada.
En cierto modo era gracioso, pero aun así…
Rael cruzó una pierna sobre la otra y le sostuvo la mirada. —¿Por qué fuiste elegida?
—¿Elegida? ¿A qué te refieres? —respondió Maria sin titubear.
Pero al igual que con la Visión Primordial, su habilidad Lectura del Alma le permitía distinguir las mentiras.
Y cuando se concentraba más, podía incluso oír sus pensamientos superficiales.
«¿Cómo sabe lo de mi escenario oculto…? ¿Es él también uno de ellos?»
Cerró los ojos con una sonrisa.
«Creía que la arena no se abriría hasta dentro de un mes…»
Rael arqueó una ceja.
—¿Qué es la arena?
En el momento en que pronunció esas palabras, los ojos de ella se abrieron de par en par y su compostura anterior prácticamente se desvaneció.
—¿Puedes leer la mente? —preguntó, sobresaltada—. Sabía que no debería haber salido hoy.
Rael golpeó suavemente la empuñadura de su espada. —Responde a mi pregunta.
Pero en lugar de responderle, de repente entrecerró los ojos, provocando que la sensación de pinchazos de antes se intensificara varias veces.
Y fue entonces cuando sintió que algo le chorreaba por la nariz.
Se llevó la mano a la cara y se lo limpió y, tal como pensaba, era su propia sangre.
Sin embargo, cuando echó un vistazo a sus PV, no parecía haber bajado en lo más mínimo.
—Veo que necesitas una pequeña charla motivacional —dijo Rael mientras se ponía de pie y desenvainaba la espada.
Entonces, sin previo aviso, le clavó la espada directamente en el omóplato.
¡-633!
La atravesó limpiamente, pero en lugar de un grito, lo que oyó superó ligeramente sus expectativas.
—Aahhh~.
A Rael le temblaron las cejas. Una seductora masoquista. Joder…
Era como encontrar todos los extremos del arcoíris a la vez, solo que… en la forma de ella.
—¿Mmm? —Volvió a abrir los ojos, con las mejillas sonrojadas—. ¿No vas a continuar~?
—Mujer…, limítate a responder mi pregunta —intentó razonar Rael con ella.
Pero al darse cuenta de que esto no iba a ninguna parte, tomó el asunto en sus propias manos.
—Si me hablas de la arena, te apuñalaré de nuevo…, donde tú quieras.
Sus ojos se iluminaron de inmediato.
—Recibí un escenario que empieza en exactamente, eh… doce días. Por alguna razón, tendré que enfrentarme a los otros héroes elegidos dentro de una arena —explicó Maria, sonando ella misma medio confundida—. Al principio éramos doce, pero ahora solo quedamos once. Es una lucha en arena por equipos, básicamente…
Dejó escapar un suspiro. —Lucharemos en equipos de tres… y me siento un poco intranquila, ya que los equipos serán aleatorios. Podría tocarme el equipo de solo dos personas, y entonces acabarán matándome.
—Suena duro —dijo Rael secamente—. Así que, en teoría…, ¿qué pasa si solo quedan tres personas de las once que hay ahora?
Maria se quedó pensativa un momento mientras apoyaba un brazo bajo sus pechos, levantándolos como para presumir.
—Yo diría que a esas tres personas las meterían en el mismo equipo.
—Ya veo… —murmuró Rael.
Así que si mi hermana de verdad está entre esta gente… entonces debería optar por esa opción.
Pero tal como estaban las cosas, estaba seguro de que el sistema había cometido una errata al escribir héroes en lugar de villanos.
Ya que tanto el último Elegido que mató como esta mujer que tenía delante parecían estar mal de la cabeza.
Sin embargo, a diferencia del otro idiota, Maria parecía un buen activo si se la usaba correctamente, así que decidió mantenerla cerca por el momento.
Después de todo, sabía lo bien que funcionaban las habilidades de manipulación mental.
Rael sacó con cuidado la espada de su omóplato y la envainó.
—Gracias por la información.
Justo cuando se daba la vuelta, dispuesto a marcharse, ella lo placó de repente, inmovilizándolo en el suelo con una fuerza sorprendente.
Maria se puso encima de él y colocó las manos sobre su pecho, con una expresión que se tornó sádica.
—Vaya, vaya… —murmuró—. No pensarías que podías irte sin cumplir tu palabra, ¿mmm~?
Se inclinó más, y la sangre de ella goteó sobre su túnica blanca, antes inmaculada.
—Así que, ¿qué te parece si noso—
Rael la apartó de un empujón y, sin perder un instante, le dedicó un saludo con la mano.
—Nos vemos.
Dicho esto, entró en el Reino de las Almas, desapareciendo de la vista.
Ella se quedó mirando el lugar donde él acababa de estar, perpleja y también enfadada.
—¡Sé que me estás escuchando! —gritó Maria a pleno pulmón—. ¡Te he visto la cara! ¡No podrás huir de mí por mucho tiempo!
…
Supongo que ahora tengo una acosadora.
Rael bajó de la plataforma y se adentró en las calles vacías.
Y como había pasado un tiempo desde la última vez que lo comprobó, sacó el trozo de pergamino y lo sostuvo frente a él.
Pronto apareció la brújula, pero parecía haberse hecho añicos de algún modo.
Y una vez que se concentró más en ella, un ceño fruncido apareció en su rostro.
<¡La Brújula de Ubicación Base no responde!>
La aguja de la brújula giró sin control antes de detenerse en una única dirección: el este.
Rael refunfuñó con inquietud.
Vaya, mierda.
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