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Re-Despertar: Me Convertí en un Monstruo Jefe de Pagar Para Ganar - Capítulo 354

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  4. Capítulo 354 - Capítulo 354: Bolas llameantes
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Capítulo 354: Bolas llameantes

¡AAAAAAAAH!

Rael y Lilith se quedaron mirando al responsable, y la escena era bastante… extraña.

Había un hombre de mediana edad corriendo de un lado a otro, con todo el cuerpo en llamas.

Pero al poco tiempo, corrió hacia la piscina y saltó dentro, extinguiendo el fuego que casi lo había consumido.

—Parece que tenía razón —dijo Lilith con una sonrisa socarrona.

—Mmm… —Rael no respondió, limitándose a mirar fijamente al hombre en la piscina.

Había empezado a tragarse pociones de HP de todo tipo, recuperándose rápidamente de sus quemaduras.

Al final, estaba completamente curado, así que salió de la piscina y se envolvió en una tela antes de echarles un vistazo.

—¿Mmm? ¿Vecinos? —dijo el hombre, hurgándose la oreja—. Estaba jugando un poco con unos hechizos. Disculpen si fui demasiado ruidoso, ya me calmo.

Sin embargo, al hombre solo le bastaron unos instantes para reconocer a Rael, y sus cejas empezaron a crisparse.

Y una vez más, surgieron aquellos mismos pensamientos superficiales que había escuchado cuando estaba junto a Lilith.

«Mierda… ¿cómo me ha encontrado este cabrón? ¿Alguien se ha chivado?».

«No, es imposible. Solo el rey debería saber lo que estoy haciendo…».

—¿Por qué iba a saber el Rey lo que estás haciendo? —preguntó Rael con una leve sonrisa.

—¿Eh? —Los ojos del hombre se abrieron de par en par—. ¿Puedes oír mis pensamientos?

—Puede ser. También sé cuándo alguien me miente —dijo Rael con naturalidad mientras daba unos pasos hacia delante, hasta quedar cara a cara con el hombre—. Dime una cosa, ¿fuiste tú el responsable de intentar jodernos a mi esposa y a mí?

En el instante en que Rael terminó de hablar, el hombre intentó abalanzarse hacia atrás, tratando de escapar.

Pero Rael simplemente dio un paso adelante y le puso la zancadilla, haciendo que cayera a la piscina como un idiota.

—¡Guah! —El hombre salió del agua, tras casi haberse ahogado.

Arrastró su cuerpo hasta el césped y se dio la vuelta, mirando al cielo, que estaba tapado por el rostro de Rael.

—¿Debo tomarme eso como un sí? —preguntó Rael.

El hombre se mofó. —¿Qué? Su Majestad, ¿acaso planea matar a un noble en su propia residencia? ¿Mmm? ¡Ni siquiera usted es inmune! ¡Tengo la bendición del rey, así que él me vengará!

—Me lo estás poniendo muy difícil —dijo Rael con un suspiro—. Solo dime por qué lo hiciste, quién te incitó a ello. Si me lo dices, consideraré perdonarte la vida. ¿Qué te parece?

—¡Jajaja! ¿No has oído lo que he dicho? El Rey Arturo protege a todos sus nobles, así que si me matas, enviará a todos los Caballeros Sagrados a destruir a aquellos que te importan.

—¿Y si le corto la lengua y la reanimo? —sugirió Lilith—. Hablaría por él, y sería un poco menos molesta que este tipo.

—No es necesario, probemos otra cosa… —dijo Rael y le dio un golpecito en la frente al hombre.

Inmediatamente, los ojos del hombre se pusieron en blanco y se desmayó en el acto.

En cuanto a Rael, le dedicó un último asentimiento a Lilith y decidió echar un vistazo a la mente de este noble.

—Vuelvo enseguida.

 

<¡Entrando en el Reino de los Sueños!>

<¡El Emperador Forjado en la Mente tiene toda la autoridad!>

<¡Elige tu tipo de invasión de Sueño!>

<Manifestación del Miedo>

 

<Guía>

<(NUEVO) Voz de la Razón>

 

Rael lo miró durante unos instantes. Luego eligió el tipo de invasión recomendado.

 

 

Su visión se oscureció por unos instantes. Empezó a sentir un ligero dolor en las rodillas que empeoró progresivamente hasta que, finalmente…

<¡Te has convertido en un Guía!>

<Guía: Heraldo Partivan, el ancestro de la familia noble Partivan.>

<Descripción: Cada vez que un miembro del linaje noble Partivan duerme, tiene una pequeña posibilidad de encontrar la iluminación. La iluminación se presenta en la forma del ancestro Partivan, Heraldo Partivan.>

 

<¡Ding!>

 

Rael miró a su alrededor brevemente y se dio cuenta de que estaba sentado en una silla de ruedas, con las piernas completamente inmóviles.

«Así que soy un tullido… genial».

Aparte de eso, estaba bajo un manzano en lo que parecía una pequeña colina.

A lo lejos, vio al conocido noble correr hacia Rael, con pasos apresurados y llenos de pánico.

—¡A-Ancestro!

<¡El Emperador Forjado en la Mente descubre un recuerdo!>

<Descripción: Lucaviel Partivan, el actual cabeza de la familia Partivan, siempre ha venido a pedirte consejo. Es viejo pero ingenuo. Muy fácil de manipular.>

«Estas descripciones son los pensamientos de este tipo, Heraldo Partivan, ¿eh? Interesante…».

—Lucaviel —saludó Rael con una leve sonrisa—. Me alegra verte de nuevo. ¿A qué se debe la ocasión?

—Ancestro, ¿recuerdas al cabrón que mencioné la última vez? Pues está aquí. ¿Cómo se supone que voy a detenerlo, Ancestro? —dijo Lucaviel, con expresión sombría.

—Para detenerlo, primero debes examinar la causa raíz, ¿no? —Rael empezó a soltarle un rollo—. Piensa en qué te hizo empezar a meterte con él en primer lugar.

Lucaviel refunfuñó. —Ya te lo dije la última vez, Ancestro. Ese cabrón arruinó el trato que había pasado años intentando cerrar…

Respiró hondo y comenzó a relatar los detalles del trato.

—Fue el mayor trato de la historia. Actué como el tercero que supervisó el intercambio entre Aztera, el Reino Sagrado e incluso Yrgon.

—El Reino Sagrado quería la fuente de electricidad infinita para un proyecto secreto subterráneo y, a cambio, Aztera se apoderó de Temperia. Pero eso no es todo… Temperia se usó como base de operaciones para los espías de Aztera y, por casualidad, Yrgon contactó con uno de los espías para comprar una cantidad fija de árboles cada invierno.

«¿Proyecto subterráneo…?».

Lucaviel se rio entre dientes. —Como Aztera me conocía del último trato, pude participar en este. Medié los términos, obtuve una gran bonificación y, al final, conseguí una comisión masiva cada año… era el paraíso.

—Pero… después de que ese cabrón negociara un trato mejor, mi bonificación desapareció y Aztera me excluyó del negocio —dijo Lucaviel, con las manos temblorosas.

Tras una breve pausa, continuó.

—Decepcioné al Rey Arturo. Por algo que ni siquiera pude controlar, hice que Temperia fuera completamente inútil para Aztera. Por eso, el trato salió mal… y si no fuera porque Celestara empezó esta estúpida guerra, el Reino Sagrado habría atacado a Aztera.

Ah, ¿así que por eso Arturo montó esa patraña de «voy a morir, así que, ¿puede alguien tomar el relevo?»?, reflexionó Rael.

—Ya veo… te han hecho una injusticia… ¿joven? —casi tartamudeó Rael—. Así que, al final, estás imponiendo tu sentido de la justicia sobre quienes te agraviaron, ¿correcto?

—¡Sí! —Lucaviel pisoteó el suelo con furia—. ¡Si me deshago de Celestara, podré devolverle el trato a Aztera! También recuperaré el favor del Rey Arturo…

Se acercó más y se agachó, con los ojos al nivel de los de Rael.

—Ancestro, ¿qué debo hacer? ¿Cómo me deshago de esa gente? Parecen tan poderosos… No creo que baste solo con fondos para hacer lo que se debe hacer.

Rael carraspeó ruidosamente y se atusó la barba, sorprendentemente larga. Tras unos instantes, habló.

—¿Por qué no cambiar el camino que recorres? Ya has llegado al final de tu senda actual —dijo Rael, inclinándose ligeramente—. Tal y como están las cosas, si decides permanecer en tu camino actual, ese hombre te matará.

Rael contuvo una carcajada mientras ahondaba la voz.

—¿Pero y si le juras lealtad a ese hombre? ¿Y si, en lugar de perseguir oportunidades perdidas, creas otras nuevas?

—Ancestro…

Rael levantó un solo dedo, silenciándolo.

—Vi lo que pasó momentos antes de que perdieras el conocimiento. El hombre dijo que podía ver a través de las mentiras, pero eso es imposible —afirmó Rael—. Si todos los gobernantes pudieran ver a través de las mentiras, no habría traidores por ahí, ¿verdad? Además, si pareció que te leía la mente, es porque llevas tus pensamientos a cuestas.

Los ojos de Lucaviel se abrieron de par en par. —¿Lo que estás diciendo es… que me mintió?

—Precisamente —sonrió Rael—. No es omnisciente, así que, si te ganas su favor, podrías cosechar beneficios inexplorados. Después de todo, ¿por qué conformarse con algo tan insignificante como el perdón cuando puedes tener riquezas aún mayores que las de ahora?

Rael no se creía ni la mitad de la mierda que salía de su boca, pero aun así, sus palabras sonaron como las de un dios para Lucaviel, que lo miraba con expresión desconcertada.

—Ancestro… tus palabras… ¿estás seguro? —dijo Lucaviel antes de levantarse de repente y hacer una reverencia—. ¡Lo siento! ¡No pretendía dudar de tus métodos, Ancestro!

Rael se rio entre dientes. —No pasa nada, joven. Solo cometiendo errores se aprende de verdad.

—Entiendo —respondió Lucaviel, con el espíritu reavivado—. Sé lo que debo hacer, Ancestro… Como ese hombre no es todopoderoso, no será capaz de distinguir mis mentiras. Le echaré la culpa a un noble vecino que me ayudó a contactar con los mercenarios. Si me gano la confianza de Rael Sutekh, entonces…

—Joven, se te escapan tus estúpidos pensamientos —lo interrumpió Rael—. Puede que no sea todopoderoso, pero no es estúpido. Si le das una mula, pensará que no vales más que eso.

Miró hacia arriba, señalando las manzanas que crecían en las ramas.

—¿Qué ves?

Lucaviel siguió el dedo de Rael, y su mirada se posó en las manzanas rojas.

—Eh… ¿manzanas?

—Correcto. ¿Qué tienen de especial esas manzanas? —preguntó Rael.

Se produjo un momento de silencio, que dio a Lucaviel tiempo suficiente para ordenar sus pensamientos. Entonces, habló.

—Algunas… ¿son de un tono de rojo más oscuro?

Rael se dio una palmada mental en la cara y, aunque no era a lo que quería llegar, decidió seguirle la corriente.

—Digamos que esas manzanas son personas. ¿Qué impresión te darían?

—Las manzanas de tono rojo más oscuro representan… ¿a gente mayor y más sabia? —murmuró Lucaviel. Al notar el silencio de Rael, continuó—: El tono más claro representa a la gente joven e ingenua. ¿Es correcto, Ancestro?

Rael no le respondió. En su lugar…

—Dime, joven. ¿Le ofrecerías a un hombre como Rael Sutekh una manzana delicada o una que ha soportado el sol?

—La segunda, por supuesto —respondió Lucaviel con confianza.

—Incorrecto —negó Rael con la cabeza—. Le das el árbol.

—¿Ancestro…?

—Tú eres una manzana, Lucaviel. Eres reemplazable, y en un lote de millones de manzanas, no eres único. Si delatas a tu amigo, lo único que harás será darle a Rael Sutekh otra manzana —continuó Rael, con expresión seria.

—Mientras que, si eres el árbol que produce las manzanas, serías mucho más valioso, ¿verdad? Si te deshaces del árbol, ya no hay más manzanas. ¿Correcto?

La expresión de Lucaviel se tornó reverencial mientras enderezaba la espalda.

—Ahora lo entiendo… Ancestro. Sé lo que debo hacer.

Con esas palabras, empezó a alejarse lentamente, desvaneciéndose en la distancia.

Al mismo tiempo, el entorno cambió, oscureciéndose por momentos hasta que, finalmente…

<¡Ding!>

<¡Has cumplido con éxito tu papel de Guía!>

<¡Tu pericia en Invasión de Sueños ha aumentado drásticamente!>

<¡Saliendo del Reino de los Sueños!>

La visión de Rael regresó lentamente, revelando a Lucaviel de pie frente a él.

—Su Majestad… —murmuró Lucaviel—. Creo que podemos llegar a un acuerdo diferente. Verá… no fui yo quien hizo todas esas cosas horribles.

—Mie…

Rael posó un dedo en los labios de Lilith, silenciándola y enviando un único mensaje.

 

Al ver eso, los ojos de Lilith se abrieron de par en par en señal de comprensión y guardó silencio.

—Te creo —dijo Rael con una sonrisa—. ¿Cómo podría un estimado noble del Reino Sagrado hacer algo así, verdad?

—¡Jajaja! ¡En efecto! —estalló en carcajadas Lucaviel, con una sonrisa ladina en el rostro—. Su Majestad, aunque no sé quién es el responsable, tengo algo… mucho más valioso que ofrecer.

Había una cosa que Rael quería después del intercambio anterior, aquello de lo que trataba su estúpida metáfora de la manzana…

—Su Majestad, hay… algo más. Yo… yo probablemente no debería decirle esto, pero hay un proyecto en el que el Reino Sagrado ha estado trabajando. Hicieron un trato con Aztera y yo… —Lucaviel se atragantó con sus palabras, y una expresión de vergüenza apareció en su rostro.

Juntó las manos, mientras el sudor le corría por la frente. —¿Podría contarle más si le interesa…?

Rael lo miró fijamente por un momento y luego asintió.

Bingo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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