Re-Despertar: Me Convertí en un Monstruo Jefe de Pagar Para Ganar - Capítulo 355
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Capítulo 355: Manzanas
—Decepcioné al Rey Arturo. Por algo que ni siquiera pude controlar, hice que Temperia fuera completamente inútil para Aztera. Por eso, el trato salió mal… y si no fuera porque Celestara empezó esta estúpida guerra, el Reino Sagrado habría atacado a Aztera.
Ah, ¿así que por eso Arturo montó esa patraña de «voy a morir, así que, ¿puede alguien tomar el relevo?»?, reflexionó Rael.
—Ya veo… te han hecho una injusticia… ¿joven? —casi tartamudeó Rael—. Así que, al final, estás imponiendo tu sentido de la justicia sobre quienes te agraviaron, ¿correcto?
—¡Sí! —Lucaviel pisoteó el suelo con furia—. ¡Si me deshago de Celestara, podré devolverle el trato a Aztera! También recuperaré el favor del Rey Arturo…
Se acercó más y se agachó, con los ojos al nivel de los de Rael.
—Ancestro, ¿qué debo hacer? ¿Cómo me deshago de esa gente? Parecen tan poderosos… No creo que baste solo con fondos para hacer lo que se debe hacer.
Rael carraspeó ruidosamente y se atusó la barba, sorprendentemente larga. Tras unos instantes, habló.
—¿Por qué no cambiar el camino que recorres? Ya has llegado al final de tu senda actual —dijo Rael, inclinándose ligeramente—. Tal y como están las cosas, si decides permanecer en tu camino actual, ese hombre te matará.
Rael contuvo una carcajada mientras ahondaba la voz.
—¿Pero y si le juras lealtad a ese hombre? ¿Y si, en lugar de perseguir oportunidades perdidas, creas otras nuevas?
—Ancestro…
Rael levantó un solo dedo, silenciándolo.
—Vi lo que pasó momentos antes de que perdieras el conocimiento. El hombre dijo que podía ver a través de las mentiras, pero eso es imposible —afirmó Rael—. Si todos los gobernantes pudieran ver a través de las mentiras, no habría traidores por ahí, ¿verdad? Además, si pareció que te leía la mente, es porque llevas tus pensamientos a cuestas.
Los ojos de Lucaviel se abrieron de par en par. —¿Lo que estás diciendo es… que me mintió?
—Precisamente —sonrió Rael—. No es omnisciente, así que, si te ganas su favor, podrías cosechar beneficios inexplorados. Después de todo, ¿por qué conformarse con algo tan insignificante como el perdón cuando puedes tener riquezas aún mayores que las de ahora?
Rael no se creía ni la mitad de la mierda que salía de su boca, pero aun así, sus palabras sonaron como las de un dios para Lucaviel, que lo miraba con expresión desconcertada.
—Ancestro… tus palabras… ¿estás seguro? —dijo Lucaviel antes de levantarse de repente y hacer una reverencia—. ¡Lo siento! ¡No pretendía dudar de tus métodos, Ancestro!
Rael se rio entre dientes. —No pasa nada, joven. Solo cometiendo errores se aprende de verdad.
—Entiendo —respondió Lucaviel, con el espíritu reavivado—. Sé lo que debo hacer, Ancestro… Como ese hombre no es todopoderoso, no será capaz de distinguir mis mentiras. Le echaré la culpa a un noble vecino que me ayudó a contactar con los mercenarios. Si me gano la confianza de Rael Sutekh, entonces…
—Joven, se te escapan tus estúpidos pensamientos —lo interrumpió Rael—. Puede que no sea todopoderoso, pero no es estúpido. Si le das una mula, pensará que no vales más que eso.
Miró hacia arriba, señalando las manzanas que crecían en las ramas.
—¿Qué ves?
Lucaviel siguió el dedo de Rael, y su mirada se posó en las manzanas rojas.
—Eh… ¿manzanas?
—Correcto. ¿Qué tienen de especial esas manzanas? —preguntó Rael.
Se produjo un momento de silencio, que dio a Lucaviel tiempo suficiente para ordenar sus pensamientos. Entonces, habló.
—Algunas… ¿son de un tono de rojo más oscuro?
Rael se dio una palmada mental en la cara y, aunque no era a lo que quería llegar, decidió seguirle la corriente.
—Digamos que esas manzanas son personas. ¿Qué impresión te darían?
—Las manzanas de tono rojo más oscuro representan… ¿a gente mayor y más sabia? —murmuró Lucaviel. Al notar el silencio de Rael, continuó—: El tono más claro representa a la gente joven e ingenua. ¿Es correcto, Ancestro?
Rael no le respondió. En su lugar…
—Dime, joven. ¿Le ofrecerías a un hombre como Rael Sutekh una manzana delicada o una que ha soportado el sol?
—La segunda, por supuesto —respondió Lucaviel con confianza.
—Incorrecto —negó Rael con la cabeza—. Le das el árbol.
—¿Ancestro…?
—Tú eres una manzana, Lucaviel. Eres reemplazable, y en un lote de millones de manzanas, no eres único. Si delatas a tu amigo, lo único que harás será darle a Rael Sutekh otra manzana —continuó Rael, con expresión seria.
—Mientras que, si eres el árbol que produce las manzanas, serías mucho más valioso, ¿verdad? Si te deshaces del árbol, ya no hay más manzanas. ¿Correcto?
La expresión de Lucaviel se tornó reverencial mientras enderezaba la espalda.
—Ahora lo entiendo… Ancestro. Sé lo que debo hacer.
Con esas palabras, empezó a alejarse lentamente, desvaneciéndose en la distancia.
Al mismo tiempo, el entorno cambió, oscureciéndose por momentos hasta que, finalmente…
<¡Ding!>
<¡Has cumplido con éxito tu papel de Guía!>
<¡Tu pericia en Invasión de Sueños ha aumentado drásticamente!>
<¡Saliendo del Reino de los Sueños!>
La visión de Rael regresó lentamente, revelando a Lucaviel de pie frente a él.
—Su Majestad… —murmuró Lucaviel—. Creo que podemos llegar a un acuerdo diferente. Verá… no fui yo quien hizo todas esas cosas horribles.
—Mie…
Rael posó un dedo en los labios de Lilith, silenciándola y enviando un único mensaje.
Al ver eso, los ojos de Lilith se abrieron de par en par en señal de comprensión y guardó silencio.
—Te creo —dijo Rael con una sonrisa—. ¿Cómo podría un estimado noble del Reino Sagrado hacer algo así, verdad?
—¡Jajaja! ¡En efecto! —estalló en carcajadas Lucaviel, con una sonrisa ladina en el rostro—. Su Majestad, aunque no sé quién es el responsable, tengo algo… mucho más valioso que ofrecer.
Había una cosa que Rael quería después del intercambio anterior, aquello de lo que trataba su estúpida metáfora de la manzana…
—Su Majestad, hay… algo más. Yo… yo probablemente no debería decirle esto, pero hay un proyecto en el que el Reino Sagrado ha estado trabajando. Hicieron un trato con Aztera y yo… —Lucaviel se atragantó con sus palabras, y una expresión de vergüenza apareció en su rostro.
Juntó las manos, mientras el sudor le corría por la frente. —¿Podría contarle más si le interesa…?
Rael lo miró fijamente por un momento y luego asintió.
Bingo.
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