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RE: Sistema de Sugar Daddy Pervertido - Capítulo 410

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Capítulo 410: Pecados Extendidos

—Estas son fotos de las pocas cámaras que hay por la ciudad. Se sacaron de vídeos, así que no son las mejores.

Échales un vistazo y dime si puedes sonsacar alguna información extra.

Tomé las fotos que Chiara sacó de una carpeta y empecé a pasarlas, estudiando cada una con atención.

—Esta debe de ser del aeropuerto —dije, dando un golpecito en la segunda imagen.

—Sí, vino aquí desde Suiza con una identidad falsa, Gia Mondreas.

Intentamos rastrear sus movimientos en Suiza, pero aparte de entrar en el aeropuerto de allí, no hay nada.

Pasé en silencio unas cuantas imágenes más, deteniéndome en una bastante familiar.

—¿No es este el Bella Italia?

—Sí, al parecer era una clienta.

—La gente normal no va a tu cafetería.

—Sí, lo sé —Chiara se frotó la frente—. Pero no puedes esperar que me ponga a rastrear cada cara nueva que entra y se pide una comida copiosa.

—Cierto —tuve que admitir.

—Sin embargo, a partir de su aparición en mi cafetería, pude rastrear en qué hotel se alojó, pero su habitación es un callejón sin salida, no hay señales de que llegara a entrar en ella.

Seguí revisando las imágenes hasta que llegué a una que mostraba a la ritualista caminando, con una multitud a su alrededor.

—¿Esto es en el hotel?

—Sí.

—¿En qué hotel se alojó?

—En el Fabrizo Le Man. ¿Por qué?

—Esta gente me resulta familiar. Vi a la mayoría aquí, en el Vaticano.

—Sí, el Fabrizo Le Man fue un lugar popular para muchos de los invitados a la Cumbre Papal. Es el que mejor atiende a los no italianos que pisan la capital.

El mejor lugar para que alguien como ella se escondiera.

Mi dedo índice recorrió la foto, pasando por las imágenes, y se detuvo en una que tenía el perfil de una mujer.

—Kitty —dije, tocando su imagen.

—¿Algo sospechoso sobre ella?

—Lázaro. Es parte de su grupo. Yo, junto con Kitty, lo espié mientras se follaba a una de tus monjas en el Vaticano.

—¿Mis monjas?

—Sí, la rellenita que enviaste a recogerme a la cafetería esa noche.

—Ah.

—¿Por qué no me informaste de eso?

—Cuando descubrí que más del setenta por ciento del Vaticano no cumple los votos de castidad que hicieron, no le vi mucho problema a lo que ella hizo.

Aunque debo informarte de que su sexo implica la creación y el intercambio de energía.

La mente de Chiara había empezado a trabajar a toda máquina tras mi revelación, pero al oír la última parte de mis palabras, sus hombros se hundieron.

—¿Qué ocurre?

—Lo que acabas de mencionar es un tipo único de cultivación.

El Papa actual y los anteriores lo han prohibido, han intentado erradicarlo por completo, pero es más resistente que una cucaracha.

En los últimos tiempos, ha ganado un fuerte apoyo en el papado y, gradualmente, dentro de las organizaciones oscuras de todo el mundo.

Es una de las principales razones de la decadencia moral dentro del Vaticano.

Y pensar que también está ganando terreno dentro de la propia facción del Papa.

—Bueno, si es tan difícil de erradicar, los beneficios deben de ser una locura.

La curiosidad que sentía por dentro se escapó de mis labios y los ojos de Chiara se clavaron en mí.

—Es algo que empieza con una sonrisa, pero acaba en una agonía indescriptible, una víbora silenciosa.

—Mmm.

Murmuré en señal de entendimiento, asintiendo, pero Chiara vio con precisión la curiosidad que ardía en mi interior y chasqueó los dedos.

—Pasa a la siguiente imagen.

—¿Y qué hay de Lázaro?

—No es el único invitado de la cumbre al que han pillado con una monja durante la semana y, lo que es peor, haciendo lo que hacían —dijo Chiara con cierta vergüenza.

—Además, ya ha regresado a Londres, así que investigarlo será difícil.

—Ya veo.

Revisé el resto de las fotos, sin poder sacar nada sustancial. Vaya equipazo te has buscado.

A la primera señal de problemas, todos huyeron y te abandonaron.

—¿Todavía intentas que me quede en Italia?

—No, solo te advierto que tengas cuidado.

—Claro, gracias.

—¿Cómo está tu brazo?

Había pasado un día desde mi visita al subterráneo de la Católica del Sagrado Corazón.

Ni de coña iba a ver el edificio del hospital y no ser capaz de averiguar dónde había estado.

Con máquinas que recordaban a las que había visto en casa de los padres de Sade, metí el muñón en una especie de incubadora y, en el transcurso de tres días, observé cómo volvía a crecer lentamente.

El brazo nuevo, suave y como el de un bebé, conectado al muñón mucho más viejo y maduro, era una imagen muy preocupante durante las primeras horas.

Alimentado con nutrientes mientras mi ADN en su interior era codificado y descodificado continuamente, maduró hasta igualar el tamaño y el aspecto de mi brazo original, aunque la durabilidad era otra cosa.

En ese momento, llevaba un cabestrillo, con el brazo derecho enyesado y colgando de una cinta colocada alrededor del cuello.

Antes de dejar las instalaciones subterráneas, me habían advertido varias veces que no me quitara la escayola y que dejara que los huesos y la carne se endurecieran; el plazo requerido era de nueve meses.

—Siento pinchazos y dolores esporádicos, pero todo va bien. Puedo sentir el brazo y mover los dedos.

—Eso es bueno.

Sé que eres un cabezota, pero al menos haz caso a las órdenes del médico. No te quites la escayola.

—Haré lo que pueda.

Al ver a Chiara soltar un suspiro de impotencia, me levanté del sofá azul en el que estaba sentado y me acerqué a la ventana que había detrás.

—Es hora de que me vaya —dije, con un tono del que se escapaba el orgullo.

—¿Admirando tu nuevo jet? —Chiara se puso a mi lado, mirando la estructura negra en la pista, a cierta distancia debajo de nosotros.

—Este no es nuevo, lo saqué del mercado.

Aunque tengo un pedido en camino para uno personalizado.

—No creo que necesitara oír esa última parte.

—Sí que lo necesitas.

Quiero que reconsideres tu decisión de encargarte de mí desde Italia. Hay mucha diversión en los Estados Unidos.

—Mi respuesta sigue siendo la misma.

Pero, para que no se me olvide, Niamh me dice que Prisca ha estado preguntando por ti. Parece que le causaste una gran impresión.

Se desanimará al saber que te fuiste sin despedirte de ella.

—No tienes que preocuparte, no soy tan villano.

Chiara no estaba segura de lo que quería decir con mis palabras, pero al segundo siguiente, vio conmigo cómo una limusina se detenía al lado del humeante jet y una diseñadora conocida bajaba del vehículo con la cabeza bien alta.

—Cada mañana rezo para que seas una bendición para el papado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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