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Reborn: Evolucionando de la nada - Capítulo 103

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103: Capítulo 103: Contraatacando 103: Capítulo 103: Contraatacando Editor: Adrastea Works —Superior.

Perdone mi ruda aparición.

Yukeli bajó la vista hacia el demonio de clase Rex.

Podía ver el orgullo en sus ojos, un orgullo que se inclinaba al pedir perdón.

Parecía pensar que él era su superior.

«Ah, emito reverberaciones débiles de la ley de la Ira por causa del dragón de furia», afirmó desde sus pensamientos.

Sus ojos se entrecerraron mientras miraba al demonio.

BUM Sus brazos se volvieron borrosos, demasiado rápidos para seguirlos mientas golpeaba al demonio hacia un lado, arrojándolo a varios cientos de metros de distancia.

Se estrelló a lo largo de la granja, arrojando astillas de madera y roca al aire.

—Disculparte no me hará perdonarte.

Sus ojos eran fríos.

Un demonio menos en el mundo era algo bueno.

—¡Ahhh!

Sin embargo, sus ojos se crisparon, cuando un agudo chillido llegó a sus oídos.

Se volteó, mirando fijamente a la figura de una temblorosa lechera.

Era una chica rubia de alrededor de un metro y medio que vestía un par de sábanas gastadas.

Tenía un montón de pecas que le cubrían la cara, haciéndola ver extrañamente tierna a pesar de la suciedad que la cubría.

Le recordó a una vieja amiga.

Era una desgracia que tuviera que matarla.

—No puedo permitir que nada cercano a un testigo sobreviva después de verme, lo siento.

Culpa a las cadenas del Destino.

Sus ojos eran despiadados cuando se agachó y la levantó por la garganta.

La chica granjera sujetó su mano, su voz era débil.

Su cuerpo se estremeció ante sus movimientos en pánico, la desesperación llenaba sus ojos mientras lo miraba con horror.

Yukeli no dudó.

Sin pensarlo dos veces, le apretó y estrujó la garganta.

O más bien, lo intentó.

—Otra vida perdida en el viaje a la perfección, tu sacrificio no se…— Yukeli se congeló, deteniendo su monólogo mientras bajaba la mirada hacia su brazo derecho.

La lechera aún estaba colgando de él, rasguñando inútilmente su mano.

Su garganta definitivamente no fue aplastada.

—¿Qué?

—Muere —sus ojos destellaron cuando puso toda su fuerza en el golpe, apretando el puño con el poder suficiente como para aplastar un escudo de metal.

Sintió surgir la energía de su mano, temblando.

Una vez más, ella permaneció ilesa.

Yukeli arrojó a la niña, asumiendo una postura marcial mientras la miraba, en plena guardia.

Sus ojos estudiaron cada uno de sus movimientos, ni una sola cosa que ella hiciera escapaba de su visión.

Sin embargo, después de un momento, hizo una pausa, la confusión lo llenaba.

—Eres solo un mortal normal.

¡¿Cómo puedes resistirte a mí?!

— Yukeli no comprendía la situación.

Saltó hacia adelante para pararse junto a ella, moviéndose tan rápidamente como para ser distinguido visiblemente.

—Tierra retumbante: borde de la montaña.

Su mano hizo un corte en forma de arco, el costado de este adquirió una concentración de energía increíblemente cortante.

Su postura entera parecía anormalmente sólida, como si nada en el mundo pudiera detenerlo.

ZUMBIDO En mitad del aire, antes de que su mano pudiera aterrizar en la lechera, al cernirse justo sobre su cuello, su brazo se congeló.

Un brillo de comprensión apareció en los ojos de Yukeli.

Sonrió.

Con una fría y cruel sonrisa.

—Estás despierto, ¿eh?

¿Y desapruebas que la mate?

—dijo en voz alta, hablándole a nadie aparentemente.

De manera abrupta, el cuerpo de Dorian explotó con energía, el aire a su alrededor se agitaba de un lado a otro mientras que un aura increíblemente antigua y poderosa emergió.

—¡SOY UN DIOS!

¡No puedes oponerme resistencia!

¡No eres nada más que un mortal, un débil humano agraciado por mi presencia!

¡HE DESTRUIDO MUNDOS ENTEROS!

¡Una simple vida no es NADA para mí!

—sus palabras agitaron el aire mismo.

La lechera tembló en el suelo, llorando de temor.

El brazo de Yukeli se acercó, amenazando con terminar su vida en la pausa.

Su brazo derecho tembló, y después de un momento, poco a poco retrocedió, alejándose del cuello de la lechera.

Yukeli sacudió su cabeza, la insatisfacción estaba presente en sus ojos, —No deberías ser capaz de obstruirme en absoluto.

Más desviaciones para mis planes futuros… —¿Por qué motivo?

¿Por qué pelearías conmigo?

Tú y yo, somos uno y el mismo.

Tu destino está atado al mío.

Aun si te resistes ahora, en el futuro, voluntariamente te unirás a mí —su cuerpo entero se estremeció—.

Dejar a un testigo con vida es como pedir ser rastreado a través del Destino.

No hay motivo para perdonarla.

La misión que te di era buscar la perfección en la destrucción.

No perdonar a granjeros cualquiera.

Al perdonarla, te pones a ti y a mí en grave peligro.

El cuerpo de Dorian se sacudió.

De forma abrupta, palabras salieron de su boca de nuevo.

Palabras que tenían un tono distinto, que carecían del antiguo dolor e insatisfacción de Yukeli.

Palabras del propio Dorian.

—Hago… lo… que… me… d-da… la… gana.

Jódete, fantasma.

Es…este es mi cuerpo.

— Las palabras de Dorian fueron sofocadas mientras expresaba, tartamudeando, su respuesta.

Yukeli frunció el ceño.

sus ojos estaban llenos incluso con más disgusto cuando sintió que Dorian poco a poco empezaba a tomar el control de nuevo, volviéndose plenamente consciente.

—Tú no entiendes nada.

¿Qué harías si ese demonio regresara aquí?

Sin mí, estarías muerto.

—Yo…yo…yo… invoco la quinta —farfulló Dorian, tratando en vano de mirar a Yukeli mientras hacía referencia a una ley de la Tierra, sobre rehusarse a responder preguntas.

Su mente estaba desordenada, y los recuerdos de su vida en la tierra seguían disparándose hacia el frente por alguna extraña razón.

Yukeli reconoció el término vagamente pero no lo entendía por completo.

Podía decir que se estaban burlando de él.

Sus ojos destellaron una última vez al sentir que su conciencia se desvanecía.

Sólo podía emerger temporalmente, como una parte remanente de la obscuridad que fluía en el alma de Dorian.

—Bien, “Dorian”, hazlo a tu manera —espetó Yukeli.

Cuando dijo el nombre de Dorian lo hizo de forma despectiva, como si se quejara—.

Si deseas librarte de mí, continúa a las Ruinas de la Ascensión en Magmor.

Busca la Cámara de la Vida al centro de las ruinas.

Allí obtendrás lo que necesitas para traer a tu amigo de regreso, William.

Su voz estaba llena de antigua sabiduría mientras hablaba, misteriosa y autoritaria.

Dorian sabía, instintivamente, que él no estaba mintiendo.

—Allí verás las respuestas a todas tus preguntas.

Allí veras la verdad.

—Pero te advierto… —su voz tomó un tono cruel, un tono completamente despreocupado como si supiera que todo iba a caer en su favor—.

Puede que no te guste lo que encuentres.

ZUMBIDO La oscuridad en el alma de Dorian fluctuó.

Debajo de toda esa oscuridad, una pequeña luz brillaba contra ella, evitando que se tragara el alma de Dorian por completo.

Un destello de luz que se originó en el alma dormida de William, hace mucho tiempo.

Abruptamente, Dorian se sintió completamente en control, la presencia de Yukeli se desvanecía.

—Uff-uff.

Dorian cerró los ojos y se estremeció por un momento, antes de respirar hondo, apretando los puños.

Su corazón palpitaba y lentamente comenzó a calmarse, la sangre bombeaba en sus venas.

—¡P-por favor no m-m-me mate!

La voz de una niña aterrorizada, tan silenciosa que era casi un susurro, captó la atención de Dorian.

La lechera que Yukeli había tratado de matar.

Sus ojos destellaron oscuramente, «Bastardo.

Ahora veo por qué tomaste mi alma e hiciste un cuerpo.

Solo querías apoderarte de él.

Es probable que sea lo mismo para las otras anomalías, ¿eh?

Bueno, no pienses que será tan fácil».

Dorian se agachó, extendiendo sus manos.

—No voy a lastimar- —¡¡Por favor!!

El cuerpo de la lechera se sacudió de terror mientras retrocedía arrastrándose, temblando mientras Dorian se arrodillaba y acercaba.

Miró fijamente a Dorian.

Una mezcla de temor puro y un toque de odio hacia el ser que estaba tratando de asesinarla.

Dorian se congeló y luego lentamente retrocedió.

Su corazón se rompió al ver a la niña, sintiendo su estado de horror.

—Lo siento tanto.

Se inclinó profundamente y luego retrocedió.

no había nada que pudiera hacer aquí.

Caminó a una docena de metros de distancia, con sus ojos pensativos.

Se volteó para mirar en la distancia.

Podía verse una enorme columna de humo elevándose en el aire.

Los restos del ataque que el demonio había lanzado.

Yukeli había logrado controlar su cuerpo cuando quedó inconsciente.

Dorian podía recordar vagamente sus acciones.

También podía sentir algo ahora.

Una presencia oscura, apoyada en su mente y alma.

Miró sus manos, observándolas fijamente.

La luz tenue del atardecer proyectó una sombra en sus manos, manchándolas con oscuridad.

Se veía como si la oscuridad fuera realmente una parte de él ahora, la última luz vacilante del sol luchaba desesperadamente por mantenerse con vida.

—Soy Dorian…—murmuró, cerrando sus ojos con fuerza.

Estuvo de pie allí por un momento.

Los gimoteos de la lechera se desvanecieron cuando escapó, huyendo.

Una suave brisa se levantó, agitando el aire alrededor.

El aroma de la tierra rica, el trigo fresco, y varios animales navegaba con el viento.

Después de unos momentos, abrió sus ojos y bajó la vista.

«…» «Todavía desnudo…» Suspiró y extrajo un cambio de ropa de su Anillo espacial, arrojándolas.

—Señor de la Ira.

Mis más humildes disculpas —una voz llamó la atención de Dorian.

Se volteó.

Era el demonio con el que Yukeli había peleado, quien llevaba un arco.

Su atuendo estaba desgarrado, y el humano escamoso estaba cubierto de heridas, con sangre escurriendo por sus labios.

A pesar de eso, sus ojos estaban llenos de genuino respeto y humildad, incluso con la orgullosa aura que lo rodeaba.

Internamente, Dorian no sintió temor.

Todo lo que sentía era cansancio.

Tirándolo en un millón de direcciones.

«…» Sus ojos destellaron, no obstante, la determinación los llenaba.

Tenía una misión que cumplir, y un amigo que salvar.

Eso era todo lo que importaba.

Y nada lo detendría.

Estaba tan cerca.

Se volteó para mirar directamente al demonio.

Era hora de hacer lo que mejor hacía.

—Di tu nombre —su voz adquirió un tono grandioso y antiguo mientras hablaba, imitando como sonaba Yukeli.

Los ojos del demoio parecían brillar mientras miraba a Dorian, sus hombros temblaron de alivio un poco.

—Mi nombre es Líder, señor.

Un heredero del Orgullo.

Inclinó su cabeza, solo ligeramente.

Dorian asintió, con sus ojos fríos.

—Excelente.

Líder, has superado mi prueba.

Tu fuerza es suficiente —su voz resonó fuertemente—.

Vas a acompañar a este demonio divino.

¡Aguarda una prueba del gran destino, la que cambiará el destino de los 30.000 mundos!

Trazó su plan sobre la marcha, formando una idea.

—¡Dondequiera que Su Señoría quiera, lo acompañaré!

La voz de Líder estaba llena de fervor.

A pesar de su naturaleza orgullosa, Líder respetaba la fuerza, ante todo.

Encontrar un heredero de los Siete Grandes que era más fuerte que él era lo primero para Líder.

—Entonces vamos —dijo Dorian, girándose para mirar en la dirección de Ciudad Oceapal.

Echó un vistazo al área donde había estado el señor de la noche antes de alejarse.

Vagamente podía recordar una imagen borrosa del dueño del casino escapando aterrorizado cuando Yukeli inspeccionó el entorno.

—Magmor espera.

..

..

..

..

..

..

..

..

..

—¡Nos estamos acercando!

—gritó uno de los rastreadores de Helena, mirando hacia la distancia.

El vapor del constante y alborotado mar de magma nublaba su visión.

Magmor era un mundo que consistía principalmente de lava.

Dicho esto, había otras propiedades únicas en el mundo exótico.

Una de estas propiedades eran los miles de únicos “senderos de piedra” que entrecruzaban el mundo.

Las islas flotantes y los caminos de piedra que se alzaban por encima del nivel del magma, los “senderos de piedra” eran generalmente un tanto estrechos, solo de una docena de metros de ancho, pero a menudo decenas de miles de metros de largo.

Estos caminos conectaban varias islas más grandes unas con otras y eran usados para atravesar el océano de lava mayormente estéril.

Volar era casi imposible debido a las mortíferas corrientes de aire que generaba el mar de magma.

Helena se frotó la cara, secándose una capa de sudor.

Sus ojos eran fríos mientras inspeccionaba sus alrededores.

Detrás de ella, podía escuchar a Trajan y Xaphan discutiendo, como de costumbre.

Probus y Aron se mantenían atrás en la retaguardia.

Estaban viajando en uno de aquellos míticos senderos de piedra.

Era uno que estaba hecho de piedra negra, cubierto de grietas y rocas que sobresalían.

De vez en cuando, pasaban cerca de hierbas mágicas que eran resistentes al calor, brotando de grietas y hendiduras.

Lo que Magmor no tenía en vegetación normal, se compensaba con hierbas mágicas.

—¡Espera!

¡Allí, justo allí!

¡Encontramos nuestra conexión!

¡La que tiene fuertes lazos con las sombras!

—El rastreador de sangre indicó hacia adelante, apuntando más abajo del Sendero de piedra donde estaban trotando.

En la distancia, podían ver una figura humanoide combatiendo contra lo que parecían ser varios gigantes de magma.

Una de las otras propiedades únicas del mundo exótico de Magmor eran las criaturas únicas que vivían en ella.

Algunos presuntos que la mayoría de las bestias que vivían aquí no eran bestias reales en absoluto, sino que creaciones de magia que evolucionaron y proliferaron.

Una de aquellas criaturas era un gigante de magma.

Un ser vagamente humanoide hecho de magma fundido y roca, por lo general tenían una altura de diez a veinte metros y poseían una gran fuerza.

Eran resistentes a muchos tipos de ataques y podían nadar o deslizarse sobre el Mar de Magma a una gran velocidad.

Eran cazadores con artimañas que no detendrían una persecución hasta que los mataran o perdiera de vista a su objetivo.

ZUMBIDO ZUMBIDO Helena observó como el humanoide a lo lejos arrojaba lo que parecían ser varias espadas hechas de pura luz hacia las criaturas gigantes de magma.

Las cuchillas se hundieron n el exterior de los gigantes de magma antes de detenerse, teniendo poco impacto.

BUM Estalló una explosión de fuego, levantando una enorme nube de vapor y humo que llovió al azar sobre el crepitante mar de magma.

«No puedo dejar que nuestra conexión muera justo cuando la encontramos».

Sus ojos brillaron.

Un momento después, una fuerte aura de poder rodeó su cuerpo, mejorando enormemente su fuerza y poder.

Un aura que estaba casi perfeccionada, a punto de entrar a la clase Rex.

Después de que ella había hablado con Dorian, acerca de la vida y el futuro, había tenido algún tipo de epifanía.

Su comprensión de la ley de poder había aumentado, y todo parecía aclarársele.

Estaba ahora a solo un paso de distancia de la clase Rex.

ZUMBIDO Helena voló a través del aire, su cuerpo se desdibujaba mientras se desplazaba hacia adelante a una velocidad extrema.

En solo un ar de segundos, logró cruzar la distancia entre ella y su conexión.

Los gigantes de magma eran enormes y emitían una pesada sensación de calor.

El fuego recorría su piel al ras, envolviéndolos como un cómodo vestido.

Cada uno de ellos poseía su propia y única Aura de fuego, que complementaba sus poderes.

«¿Oh?

¿Es una mujer también?» Captó la imagen borrosa del luchador en combate mientras el humanoide esquivaba los golpes de los gigantes de magma.

—Magia de impacto: duodécima serie de impactos reales.

Juntó sus manos y corrió hacia uno de los gigantes.

—Impacto de la cascada mundial.

BUM La fuerza de una enorme cascada de millas de ancho golpeó contra el gigante, lanzándolo en el aire.

Una explosión de fuego salió disparada de la colisión, la cual esquivó suavemente al dar un paso a la derecha.

Su ataque abrió un espacio para que la humanoide escapara, que utilizó con prontitud.

—¡Gracias!

Un grito apresurado sonó cuando la chica saltó a través de la brecha, escapando de los gigantes de magma que estaban alrededor.

La chica tropezó mientras corría, su cuerpo temblaba por el cansancio.

—Magia de lluvia: ¡puño de gigante!

—la voz de Trajan retumbó en el fondo.

Un momento después, un colosal puño hecho de agua golpeó sobre la cabeza de Helena, derribando hacia la lava a los gigantes restantes.

—¡Prueba mi espada, criatura!

—la voz áspera de la anomalía Aron cortó el aire mientras el resto de su grupo los alcanzó y se enfrentó a los gigantes, haciéndoselo más fácil.

Su equipo consistía en la élite de las élites, incluso si alguno de ellos resultara herido.

Eran una fuerza para tomar en cuenta y no serían fácilmente derrotados por nada.

Helena ayudó a la chica a ponerse de pie, tratando de darle una sonrisa de triunfo.

—¿Estás bien?

La chica era pequeña, con un par de orejas de zorro y una apariencia bonita.

Estaba cubierta de sudor, sus ropas estaban rasgadas y rotas.

Levantó la vista hacia Helena, con gratitud en su rostro.

—¡Gracias!

Estaba viajando por mi cuenta cuando terminé en problemas y no podía deshacerme de ellos.

Mis planificaciones no fueron suficientes.

¡¡Gracias por salvarme!!—dijo la chica con voz de desaprobación mientras sacudía la cabeza.

—No te preocupes por eso—Helena sonrió, al recordar un momento.

—Era lo que había que hacer.

Las dos se miraron la una a la otra.

—Mi nombre es Helena, Helena Aurelius.

Extendió su mano, la pequeña chica la tomó, y respondió con una sonrisa.

—Arial.

Arial V’ich.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES K1tZu N.

del Autor (en lo referente a los gigantes de lava): Imagen: https://i.imgur.com/HK9EBQc.jpg (no abre en la App)
N.

de la T: cuando Dorian habla de la quinta, se refiere a la Quinta Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, que hace que cualquier persona no tenga la obligación de contestar sin la presencia de un Gran Jurado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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