Reborn: Evolucionando de la nada - Capítulo 120
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120: Capítulo 120: Familia 120: Capítulo 120: Familia Editor: Adrastea Works Trajan se sentó en uno de los techos de tipo tradicionales de una de las casas de madera, sus ojos vacíos brillaban ligeramente de rojo.
El techo tenia cuatro arcos largos que bajaban hacia cada una de las cuatro esquinas y estaba cubierto de tejas manchadas de gris.
Él estaba sentado en el medio del techo con sus manos juntas.
Inhalo profundamente y después dejo salir el aire.
Una sola lagrima cayo por su rostro, cayendo sobre el techo en silencio, así como la última luz del atardecer desvaneciéndose en la oscuridad.
Probus había muerto.
—Mi amigo… mi hermano… Las manos de Trajan temblaban mientras las miraba con su visión de energía.
Después sujeto sus manos alrededor de su propio cuerpo, abrazándose a sí mismo.
—¿Qué es lo que soy sin ti?
—suspiro mientras el enojo crecía en su voz—.
Tú eras todo lo que me quedaba.
Hace unos minutos, Trajan caminaba de un lado para otro dentro de la pequeña casa.
Todos los otros magos que estaban con ellos eran practicantes de la magia de sangre.
Mientras que la mayoría de ellos estaban especializados en el rastreo practico, algunos de ellos habían estudiado algunas formas de hechizos de sanación a un nivel mayor que el único hechizo que el sabía utilizar.
Sus esfuerzos, en especial para ayudar a un compañero vampiro, sobrepasarían por mucho la ayuda que pudieran lograr conseguir en la ciudad con tanta urgencia.
Varios minutos habían pasado desde que comenzaron a tratarlo.
Durante ese tiempo, los magos habían limpiado la habitación para realizar varios rituales y hechizos de emergencia, intentando cualquier cosa que pudieran para intentar salvar a Probus.
Las heridas que Probus había sufrido eran horribles, pero si se hubiera tratado de un simple golpe, aunque le hubiera destrozado la garganta, él hubiera sido capaz de regenerarse.
Tal vez pudiera haber necesitado una píldora de luz o alguna otra forma de sanación mágica o luz regenerativa para ayudarle a recuperase, pero la habilidad de regeneración natural de un verdadero vampiro estaba lejos de ser débil.
En cambio, el mago de diamante había imbuido el poder de una ley en su golpe.
Trajan se frotó las manos mientras miraba la habitación en la que se encontraba siendo capaz de levantar los objetos de la habitación a pesar de estar ciego.
La habitación tenía una escasa decoración; una pequeña alfombra sobre el suelo con una mesa larga de madera con algunas sillas a su alrededor en el centro de la habitación.
Algunas pinturas desconocidas colgaban de las paredes.
Una puerta siendo abierta llamó su atención.
Helena entró en la habitación, su cara estaba pálida.
El vestido que llevaba puesto estaba manchado de café y gris, además de polvo y piedras.
Las orillas del vestido estaban un poco desgarradas por la salvaje pelea.
Trajan asintió ligeramente cuando la vio y continúo caminando por la habitación.
Helena observó lo que pasaba mientras apretujaba sus manos con preocupación.
—Estoy segura de que lograra salir de esta, Trajan —le dijo Helena intentando que su voz sonara con confianza.
Trajan no hizo mas que encogerse de hombros mientras la miraba con ojos vacíos.
Helena caminó al medio de la habitación para sentarse para esperar con un semblante pensativo.
Sin embargo, el dúo no tuvo que esperar por mucho tiempo.
Tan solo unos minutos después, uno de los magos Magnus Magister salió de otra habitación.
El mago, quien era un viejo vampiro conocido como Panon, alguien quien comúnmente estudiaba el rastreo del Destino, hablo en voz alta y solemne.
—Las heridas que Lord Probus eran extremadamente graves.
Los remanentes de la energía de la Ley se las arreglaron para esparcirse por todo su sistema, destruyendo sus órganos internos, músculos y nervios —comenzó Panon a detallar la situación de Probus con su solemne voz.
Trajan lo interrumpió, cerrando y abriendo lentamente sus ojos.
—Ve directo al grano.
¿Cómo se encuentra?
—disminuyó el ritmo que llevaba y se quedó parado, manteniendo sus ojos mirando directamente a Panon.
Helena se sorprendió al verlo, su mano izquierda apretaba firmemente su brazo derecho.
Panon volteo a ver a Trajan para después romper contacto visual y entonces voltear a ver al suelo.
—Las heridas que sufrió lo enviaron directamente a un estado de shock.
Eran funcionalmente equivalentes a las que provocaría alguien de la clase Rex y se esparcían por todo el cuerpo de Probus —comenzó Panon nuevamente a hablar, pero volvió a ser interrumpido.
—COMO-SE-ENCUENTRA.
—las palabras de Trajan eran frías.
Panon alzo su mirada y después sacudió su cabeza.
—No logró sobrevivir.
—… Panon hizo una reverencia y comenzó a caminar hacia atrás mientras terminaba de hablar dirigiéndose a la otra habitación donde el resto de los magos se encontraban.
Trajan se quedó paralizado ante la respuesta.
Por el otro lado, Helena apretó tan fuerte su brazo derecho que su mano se estaba volviendo blanca de la fuerza evitando que la sangre pudiera fluir.
No mostró un cambio de emociones en su rostro, pero solo bastaba ver brazo y mano.
Un silencio tenso se creó en la habitación y Helena intentó romperlo.
—Lo siento tanto, Tra- —Silencio —murmuró Trajan.
—No fue mi intención que- —comenzó Helena nuevamente a hablar, pero interrumpida de inmediato.
—¡SILENCIO!
—Trajan se giró, sus ojos brillaban de color rojo cuando fijo su mirada en Helena.
El aire a su alrededor explotó con energía mientras daba un paso al frente, energía cruda fluctuaba salvajemente en toda la habitación.
—Esto… Probus no debió haber muerto el día de hoy —Trajan comenzó a decirle mientras movía un dedo enfrente de ella.
La voz de Trajan era fuerte y retorcida, llena de emociones.
—Lo sé.
Lo siento tanto.
Nunca fue mi intención que- —No, por supuesto que esa no fue tu INTENCIÓN —intervino Trajan al instante.
Los ojos de Trajan intentaban perforar la piel de Helena.
—Pero esto… esto es TU culpa, Helena.
Dependíamos de TI para que fueras nuestra líder —le gritó con los ojos brillándole de color rojo—.
Cuando el plan falló, dependíamos de tu para que te hicieras cargo y alteraras el plan, dependíamos en ti para que te adaptaras a la situación —continuó—.
Debimos habernos ido inmediatamente después de que las sombras y los borrelianos se reunieron.
No había forma de que nosotros lográramos nada en contra de ellos.
Esperar en es lugar no era más que una misión suicida —concluyó.
Le temblaba la voz.
—Estas en lo correcto.
Yo me equivoque, fue mi error —Helena no escapo de la culpa, cerró los ojos mientras aceptaba el peso de sus palabras.
—Jajaja… jajaja… Oh, si, claro.
No fue mas que… un pequeño error… —los brazos de Trajan se agitaron mientras se reía—.
Un error que ha tomado la vida de mi hermano.
Helena apretó mas su brazo derecho atrás de su espalda, sus uñas estaban comenzado a enterrarse en su piel.
Una delgada línea de sangre comenzó a correr por su brazo creando gotas que caían en el suelo detrás de ella.
—Lo siento —le murmuro, la voz de Helena se desmoronaba.
Hubo un silencio que duró algunos segundos.
—… —¿Qué lo sientes?
¿QUÉ lo sientes?
—las palabras de Trajan cortaron directamente a través de ella mientras comenzaba a caminar alejándose de ella, la energía alrededor de el fluía de forma poderosa.
Se dirigió hacia la puerta de salida, casi explotándola cuando la abrió.
—Espero que llores por él, Helena —dijo Trajan al girarse para volver a mirarla—.
Porque si tu murieses aquí y ahora, yo no lloraría ni una lagrima por ti —azotó la puerta al cerrarla con tal fuerza que la puerta se desintegro en parte.
Lo único que quedo en la habitación fue la figura de Helena con sus hombros caídos y con sangre corriendo por la piel de su brazo.
De vuelta en el techo, Trajan suspiró mientras frotaba sus ciegos ojos.
Su visión de energía los cansaba al estar bajo tanto estrés.
—Fui demasiado duro, Probus.
Dejé que mis sentimientos me abrumaran —sacudió su cabeza lentamente.
—Mi amigo, como me gustaría que estuvieras aquí conmigo —los hombros de Trajan cayeron al igual que su cabeza, su corazón se retorcía, se sentía vacío.
TAP TAP Trajan volteo a mirar hacia arriba al escuchar el sonido de pies en la azotea, alguien había aterrizado cerca de él.
Miró con un rostro cansado e inexpresivo a una figura en manto que estaba parada a unos metros de él, estaba demasiado cansado para mostrarse sorprendido.
En su visión de energía, el ser lucia normal, nada en especial.
—Trajan de la casa de Aurelius, ¿verdad?
—la voz de la figura sonaba melódica al hablar, llena de carisma.
Su tono era neutral, no parecía ser de un hombre o de una mujer.
Trajan se quedó mirando a la figura.
—¿Quién eres?
Deja este lugar.
Estamos de luto —volvió a mirar al techo mientras ponía una mano sobre la otra.
La figura se encogió de hombros mientras daba un paso hacia atrás.
—Podría irme, si eso es lo que en verdad quieres, Trajan —la figura habló mientras asentía debajo su capucha—.
Pero no creo que eso sea lo que quieres.
Después de todo, ¿no quieres salvar a tu amigo?
Trajan volteó a verlo, por primera vez desde que Probus había muerto, un fuego apareció en sus ojos.
—¿Qué si quiero salvar a mi amigo?
Por supuesto… pero mi amigo… él ya ha muerto —dijo en voz alta.
Sus palabras se sentían extremadamente surreales.
Su cabeza y su corazón estaban en completa confusión.
Pensar era una actividad demasiado difícil.
La figura con el manto se detuvo y después comenzó a remover su capucha lentamente y el manto que lo cubrían.
Las tiras de ropa que estaban atadas debajo del manto, ayudando a complementar el disfraz, cayeron lentamente.
Una figura humanoide de piel dorada fue revelada, tenia orejas ligeramente puntiagudas y largas, y un hermoso cabello dorado.
El rostro del ser era ligeramente masculino con una total y completa belleza.
El hombre le sonrió, revelando un set de dientes filosos.
Mientras Trajan lo miraba, sintió un movimiento en su sangre, uno que era capaz de ignorar, pero solo después de hacer un pequeño esfuerzo.
Era un débil deseo por mirar a dicho ser… Y de obedecerlo.
Parpadeo lentamente mientras reconocía que era lo que estaba observando.
Los originarios.
Los primeros en llegar.
Los ancestros.
La realeza.
Lo que estaba observando era un vampiro ancestral.
El vampiro ancestral le sonrió a Trajan, su era calmada y amable.
—Tu amigo esta muerto, pero aun no es demasiado tarde para salvarlo, para hacerlo volver de la muerte.
Justo a como era antes, exactamente el mismo.
Trajan lo miró a los ojos.
Sus manos temblaban, en parte por emoción, en parte por preocupación.
Y en parte por esperanza.
—¿Cómo?
— Su voz estaba rota, instintivamente sabiendo que al estar frente a su ser como el, un ser que era mas un mito o leyenda, estaría hablando solo con la verdad.
El hombre continuó sonriendo mientras escuchaba la respuesta de Trajan.
—Simplemente tienes que tomar mi mano y unirte a mí.
Tu amigo merece algo mejor, al igual que tú —estiró una mano hacia Trajan.
—Revivir a tu amigo será tan fácil como… El vampiro ancestral estiro su otra mano y puso dos dedos juntos.
SNAP —Tan fácil como hacer eso.
Trajan miro al extraño y entonces a su mano, sus ojos destellaron una vez más.
Memorias corrían por su mente, memorias de las aventuras que había tenido con su mejor amigo, de los años que había compartido con él, de la amistad que habían construido.
La hermandad que se había formado entre los dos.
Una sensación de familia, algo que no sentía con nadie más.
De nuevo, instintivamente Trajan supo que todo lo que le decía el ser era verdad.
Trajan miró a la mano del extraño… y estiro la suya para tomar la mano del ser.
Inmediatamente, una luz color rojo sangre comenzó a fluir entre los dos, una que estaba cargada con una sensación de realeza y poder.
Esta luz ensangrentada giro alrededor de los brazos de ambos, girando y envolviéndose.
Símbolos místicos aparecieron dentro la luz, brillando con una promesa oscura.
La habilidad mágica que solo los vampiros ancestrales tenían.
Una habilidad conocida como “Contrato de sangre”.
—¿Quién… eres?
—la voz de Trajan sonaba extraña en sus propios oídos, su cabeza se sentía pesada.
El vampiro ancestral hizo una sonrisa mas amplia, ayudando a Trajan para que se levantara.
—Mi nombre es Mello —le dio a Trajan un cálido abrazo—.
Bienvenido a mi familia.
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