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Reborn: Evolucionando de la nada - Capítulo 121

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121: Capítulo 121: Llegada 121: Capítulo 121: Llegada Editor: Adrastea Works Partículas grises de cenizas descendieron del cielo, oscureciendo el aire.

El olor a roca quemada y azufre inundaba el fondo.

Gotas de vapor salían disparadas al cielo, el aire abrasador estaba peligrosamente cerca de hervir.

La primera impresión de Dorian sobre Magmor fue una bastante deprimente.

Crujido crujido Avanzó unos cuantos pasos, sus pies hacían crujir algo de la grava suelta que se encontraba en el suelo de piedra rota.

Miró a su alrededor, examinando el área.

Habían pasado varias horas desde que habían abordado el barco volador para volar a través de Lansc.

Después de la corta competencia con el dragón de llamas doradas Aiden, donde Dorian había logrado blofear o engañar, dependiendo de cómo uno lo viera, su camino a la victoria, el grupo había continuado con su viaje sin incidentes.

Dorian había permanecido en su habitación, centrado en recuperarse.

El gasto de energía que había necesitado para cambiar tanto el Destino había sido enorme.

«Ese fue un enorme cambio en el Destino.

Cambié tanto los resultados, para tantas cosas al mismo tiempo…» pensó, cuando estaba sentado en su habitación, repasando la competición en su mente.

«Bueno… esos cambios pueden parecerme enormes, pero en realidad, todo lo que hice fue alterar la ruta del viento y la caída de cada cuchillo, cuchillos que yo mismo arrojé.

¿Cuánto habría costado alterar todos los cuchillos de Aiden?» Dorian sabía que era imposible cambiar el Destino de alguien más.

Había practicado al combatir con Helena, cuando estuvo en Taprisha, y había sido capaz de redirigir los puñetazos que ella lanzaba, aunque ninguno de esos golpes había contenido el poder de la Ley dentro de ellos, o habían sido completamente en serio.

«Helena, ¿eh?

Espero que lo estés haciendo bien», sonrió mientras pensaba en ella.

De todos los seres que había conocido hasta ahora, Helena había sido la que más le impactó.

Era dulce, amable, divertida y absolutamente tierna.

Una de las personas más genuinas que había conocido.

La manera en la que ella había arriesgado desinteresadamente su propia vida para detener al Undécimo nacido, protegiendo la ciudad de Potor de la devastación… Había ganado su completo respeto.

Una persona tan desinteresada como esa era escasa.

«Aunque Dios sabe dónde estás ahora», suspiró, encogiéndose de hombros.

Apartó el pensamiento de su mente.

Probablemente pasaría un largo tiempo hasta que se vieran de nuevo.

Habían tocado tierra en una de las ciudades de transporte en Lansc, la cual estaba conectada al puente de mundo de Magmor.

Después de aterrizar, habían viajado rápidamente a través del Puente de mudo.

El puente de mundo de Magmor a Lansc era uno de los puentes de mundo más cortos en los 30.000 mundos.

En sus formas voladoras, sólo les tomó alrededor de una hora cruzarlo completamente, sin que nada notable ocurriera.

—Gran señor, se puede llegar la ciudad Tomo si seguimos el camino aquí —la voz de Líder interrumpió los pensamientos de Dorian mientras miraba a su alrededor.

Habían llegado desde un puente de mundo que llevaba hasta cerca del nivel del mar de Magmor.

El gran mar de magma que cubría el calor que emergía de Magmor hacía que volar fuera imposible para la mayoría de las criaturas.

Un río sinuoso de tierra rocosa se extendía cerca de ellos, inundado a medias con lava.

Dorian podía ver varias docenas de senderos de piedra gris que llevaban a diversas direcciones, algunas se extendían por cientos de metros de ancho, otros eran solo de unas frágiles docenas de metros más o menos.

En un sendero, en la distancia, Dorian apenas pudo distinguir una hierba mágica brillante y gris.

«Oh guau, esto es un mundo exótico, ¿eh?», pensó al notar que había encontrado una hierba mágica literalmente en los primeros minutos al llegar.

Ignoró la hierba, enfocándose en la misión en cuestión.

—Ya veo —Dorian le dio a Líder un pequeño asentimiento de cabeza en respuesta.

Líder era un rastreador y cazador natural.

Los mapas que Dorian había memorizado eran probablemente los mismos que Líder había memorizado en sus preparativos para Magmor.

No obstante, para Dorian, la mayoría de los caminos de piedra más grandes se veían todos iguales.

Las habilidades de Líder relucieron ante él.

—Espera un momento, heredero, si deseas —otra voz irrumpió, una amable y femenina, una que tenía un ligero toque de respeto y un aire majestuoso.

«Vaya, realmente creen que soy súper fuerte, ¿eh?», pensó Dorian, sintiéndose un poco nervioso.

Una simple metedura de pata podía dejarlo en un punto peligroso.

—¿Sí, Mira?

—se volteó para mirar a quien hablaba, asintiendo de nuevo.

La forma humanoide de la dragona sabia de jade asintió, señalando a su alrededor.

Detrás de ella, el dragón de llamas doradas, Aiden, simplemente estuvo observando de pie con firmeza.

Sus finas túnicas doradas de alguna manera ignoraban mágicamente los pequeños fragmentos de cenizas que estaban lloviendo alrededor de ellos.

—Permíteme conjurar una adivinación antes de que viajemos más lejos.

Debería poder localizar más fácilmente la fuente del alma de mi abuela ahora que llegué al planeta.

Mira esperó a que Dorian le diera un leve asentimiento antes de que ella se sentara en el suelo cubierto de ceniza.

Aiden frunció el ceño ligeramente cuando la vio esperar, pero después de un momento, parecía asentir y aceptarlo en su lugar.

—Inex Sulso Tanuo…— Mira comenzó a entonar un largo torrente de palabras, algunas desconocidas para Dorian.

Ella cerró sus ojos mientras hablaba, completamente concentrada.

Las palabras que pronunció llevaban consigo un poder misterioso y místico, el que era ligeramente inquietante para Dorian.

Resonaron en el fondo de su mente, reapareciendo una y otra vez.

Débilmente, una fría luz azul comenzó a extenderse alrededor de Mira.

Empezó poco a poco al principio, pero rápidamente comenzó a ganar velocidad.

Cuanto más se alejaba de Mira, más fuerte parecía.

Dorian observó todo esto en silencio.

Después de unos momentos de tensión, una luz azul oscuro revoloteó bajo los párpados de la dragona sabia de jade.

Abrió sus ojos, con su voz llena de emoción, el aire rico y majestuoso que tenía estaba por desaparecer.

—¡La encontré!

—Mira se puso de pie de un salto, con una sonrisa en su rostro.

—¡Puedo sentir a mi abuela!

¡O al menos, los remanentes de su alma!

—¿Dónde?

—Interrumpió Dorian, su propia voz estaba llena de curiosidad.

Mira se volteó, mirando en la dirección del sendero hacia la ciudad Tomo.

—Ese camino…—dijo Mira y señaló, pero luego frunció el ceño—.

No, no del todo.

—afirmó, y luego señaló hacia abajo, hacia el mar de magma.

—La ubicación exacta proviene de las profundidades dentro del mar de magma.

Pero la señal no está quieta allí abajo… —negó con la cabeza.

—Se está moviendo hacia la superficie.

—¿Qué tan rápido está moviéndose?

—esta vez, fue Aiden quien intervino, su voz era áspera y llena de un toque de emoción también.

La dama sabia era una figura extremadamente importante en la historia de las Tribus Dracónicas.

—No puedo dar una velocidad exacta, pero…—Mira se encogió de hombros—.

Emergerá en cuestión de horas.

Justo cuando terminó de hablar, Dorian levantó la vista, entrecerrando los ojos.

En la distancia, hacia la dirección de la ciudad Tomo, apenas pudo distinguir lo que parecía ser un poco de lava y roca, saliendo disparadas en lo alto del aire.

..

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..

..

El príncipe sagrado Isaac de la Iglesia Sombra de la Luz maldijo por lo bajo mientras esquivaba otro corte que dividía en dos de la feroz anomalía lobo.

BUM El camino de piedra en el que estaba de pie se dividió, una enorme porción de energía de doscientos metros de largo cortó a través de éste, dejando un largo boquete en el magma no muy lejos.

Fragmentos de piedra, polvo y cúmulos de roca fundida fueron arrojados al aire, un laberinto infernal de escombros en caos.

Descansando sobre su espalda estaba la otra Anomalía que había capturado.

—¡LIBEÉRAAALOOOO!

—El rugido furioso de la anomalía Aron hizo eco en el aire, su forma langshen emitía oleadas de poder ondulantes.

Los langhshen eran bestias legendarias por propio derecho, y si bien la matriz de hechizos del alma de Aron estaba solo en el máximo de la clase Dominus, en el nivel pseudo-Rex, aún era más que suficiente para combatir contra expertos de clase Rex.

El príncipe Isaac tomó un breve segundo para mirar a un costado, a varios miles de metros de distancia, donde sus compañeros habían estado luchando.

Sólo dos figuras permanecían de pie allí.

El mago de diamante Taemin estaba de pie imperiosamente, mientras que su camarada estaba descansando en un puesto meditativo, recuperando su energía.

Los vampiros no se veían por ningún lado.

«Se retiraron.

Bien», pensó Isaac en una fracción de segundo, asintiendo mentalmente.

El mago de diamante, Taemin, era un enemigo extremadamente resistente.

Muy pocos hombres o mujeres podían derrotarlo en cualquier tipo de batalla de larga duración, sobre todo, no los de clase Dominus.

Sus sombras debían haberse retirado cuando se dieron cuenta del aprieto en el que se encontraban, siguiendo las órdenes al pie de la letra.

«Veritas tampoco se dignó a ayudar, ¿eh?

Ella podría haber sido capaz de eliminarlo».

Mentalmente se encogió de hombros.

No había esperado que “su” anomalía ayudara.

Confiar en un ser tan poco confiable sería estúpido.

ZUMBIDO Los ojos de Isaac parecieron congelarse al mirar al gran lobo que acababa de aparecer en frente de él.

La espada que perforaba su hocico no parecía afectarlo negativamente.

Aún así… Si solo fuera a este nivel, podría manejar esto.

Sin embargo, sus ojos se endurecieron un momento después, mientras miraba más allá del lobo que atacaba.

—Maldición… ¿Compañía ya?

Parece como si el rey ígneo no pudiera tolerarnos más.

—Isaac podía ver a un trío de magos arremetiendo por un camino de piedra, volando sobre el camino, pero cerca del suelo, de manera de no caer debido a los sofocantes canales de calor de la lava.

—Magia de luz: alas imperiales Dos pares de alas inmaculadas y brillantes aparecieron en su espalda.

Le dio una fría mirada al lobo rugiente en frente de él.

—Tienes suerte de que no quiera entrar en conflicto con el rey ígneo en este momento, anomalía.

—¡RUUUGIIIDOOO!

Aron no respondió de otra forma mientras arremetía, cortando con otra rabiosa espada de energía.

Esta enorme capa de fuerza dividió el aire, arrasando hacia adelante con una enorme cantidad de impulso.

No obstante, antes de que el ataque pudiera tocar tierra, la forma de Isaac pareció explotar en partículas de luz mientras se retiraba, alejándose del campo de batalla a una velocidad increíble.

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—¿Dónde está él, Panon?

—la voz de Helena era fría y controlada, la imagen de una reaver de élite mientras ordenaba a su subordinado que le respondiera.

El anciano mago de sangre se paró en frente de ella, en el interior del patio que habían alquilado, con una mirada pensativa en su rostro.

Tenía un aire tranquilo a su alrededor, teñido ligeramente de rojo por la Magia de sangre que practicaba.

—Señorita Helena, tan pronto usted se fue a dar un paseo afuera, él nos hizo preservar el cuerpo de Probus y luego se fue con él de inmediato, después de recopilar información sobre las Ruinas de la Ascensión y la tortuga de la llama empírea que está a punto de aparecer —la voz del mago estaba teñida con un toque de confusión mientras respondía, encogiéndose de hombros.

—¿Las Ruinas de la Ascensión?

—respondió Helena con confusión propia, rascándose la cabeza.

En la parte inferior de sus brazos, se podían ver varias marcas rojas y largas, como las de la piel recientemente curada.

Para quienes parecen ser un vampiro puro de clase pseudo-Rex, un ser conocido por su rápida regeneración y una salud natural, significaba que o la herida había sido infligida con el poder de la ley involucrado, o que llevaba suficiente fuerza o repetición para dejar una marca que perdurara en el tiempo.

—Sí, señorita Helena.

Nosotros tampoco pudimos entender eso —Panon se encogió de hombros de nuevo.

Helena se despidió a la distancia mientras caminaba hacia la parte trasera del patio, donde estaban ubicadas diversas casas privadas.

Entró en una de las más pequeñas de madera, donde ella y otras mujeres del grupo se alojaban.

—¿Por qué las Ruinas de la Ascensión?

¿Por qué llevó consigo el cuerpo de Probus, y lo conservó?

¿Trajan… qué estás haciendo?

—la voz de Helena estaba desconcertada mientras hablaba, negando con la cabeza.

Apretó sus puños con determinación mientras susurraba en voz alta, —No te perderé a ti también, Trajan.

NO lo haré.

De su anillo espacial, extrajo el brazalete de la loba capitolina.

El brazalete entero había adquirido un brillo rojo, con algunas grietas pálidas que aparecían en los bordes externos.

Vibró casi de manera imperceptible, emitiendo un débil brillo de luz.

Si bien este era un tesoro heredado raro, un poderoso artefacto que tenía encantamientos enormes, no podía ser usado infinitamente.

Muy pocos artefactos eran reutilizables, y aquellos que lo eran, eran prohibitivamente costosos e igualmente difíciles de crear.

—Puedo usarte dos veces más antes de que te rompas… Pero ¿qué hago ahora?

—murmuró, temporalmente perdida en sus pensamientos mientras miraba el artefacto, tratando de averiguar qué hacer.

Helena estaba de pie en el pasillo de entrada de la casa, girándose y enfrentando la puerta que acababa de cerrar.

El pasillo llevaba a varias habitaciones tradicionales pequeñas pero lindas, con largas alfombras y camas bajas hasta el suelo.

Las paredes estaban decoradas con delicadeza, con retratos de paisajes de flores y sol, un cambio drástico del paisaje infernal de Magmor.

Una figura pequeña y menuda estaba mirando por una de estas puertas, con un par de orejas peludas de zorro asomándose.

Aferrada en la mano de esta chica zorro, se podía ver una pequeña y delgada daga de luz, casi sin emitir energía o aura.

—He tenido suficiente de ser usada por ti como carnada.

Todos siempre me usan.

Cada vez.

Siempre —la voz de Arial era un susurro débil y roto, tan silencioso que nadie, sin importar cuán agudos fueran sus sentidos, sería capaz de escuchar.

Cuando terminó de hablar, salió de la puerta de manera casual, cada uno de sus pasos era silencioso y cuidadoso.

Comenzó a caminar por el pasillo, dirigiéndose directamente a Helena, la daga de luz pura y cálida estaba aferrada detrás de su espalda.

—Me temo que es hora de que me marche.

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—¿Y ahora qué?

—la voz de Trajan era áspera mientras miraba el anillo espacial en su mano, sosteniéndolo con cuidado.

En su interior estaba el cadáver inmóvil de Probus.

Había hecho que uno de los magos de sangre bajo el cargo de Helena, lanzara un hechizo de sellado de paz, un tipo de hechizo de conservación destinado a mantener un cadáver en perfecto estado.

Muchos hechizos de magia de sangre giraban en torno a cadáveres y sangre.

Según Mello, si quería salvar a Probus, esto era necesario.

Mello sonrió mientras miraba a Trajan, su apariencia estaba cubierta de nuevo por su capucha y tiras de tela.

En ese momento se encontraban en el muro de la ciudad de Tomo, con vista a la meseta que albergaba la enorme ciudad.

—Déjame decirte algo, Trajan —comenzó Mello, apoyando su mano en el hombro del vampiro.

—Fui abierto y honesto contigo sobre quién soy.

Como te dije después de que te unieras a mí, soy lo que tu gente llama una “anomalía” —prosiguió Mello, asintiendo con la cabeza.

Trajan asintió con la cabeza en respuesta.

—Y nosotros, las anomalías somos una raza extraña.

Mello sonrió y apartó la mano mientras miraba a lo lejos.

La visión de Mello en esta forma era única, una que le permitía elegir rastros de energía, similar a la propia visión de Trajan.

Fue lo que le permitió identificar a Helena y a su equipo que huían con el brazalete de la loba capitolina.

—Verás, nuestras almas son las que tienen una conexión especial con el Destino.

Estoy seguro de que han escuchado alguna versión de esto de los líderes de su Familia Aurelius.

Sucederán eventos extraños, ocurrirán eventos afortunados.

Cosas normalmente no sucederían…

sucederán —Mello se volteó y miró a Trajan brevemente.

Trajan asintió una segunda vez, su naturaleza usualmente habladora no se veía por ningún lado.

—Esta conexión es extraña.

El tejido de la realidad normalmente se basa en el Destino.

Describamos la realidad como, digamos, una alfombra gigante y voladora.

—Mello comenzó a describir una imagen a su nuevo aliado.

—Las personas con almas regulares dejan una pequeña impresión en esa alfombra.

Algunos de los verdaderamente poderosos o afortunados dejan una impresión un poco más grande, tirando de aquellos que los rodean.

Extendió las manos frente a él, imitando la imagen de una alfombra y tirándola hacia abajo en algunos puntos.

—Sin embargo, con nosotros las anomalías…

el efecto es mucho más grande.

Imagina una roca grande del tamaño de un puño golpeando nuestra alfombra de Destino.

Una roca que algunas anomalías pueden incluso guiar y dar forma, quizás no a la perfección, pero con cierto grado de control.

Mello estrelló el puño, hundiéndose en la alfombra invisible.

Hizo la mímica como si la alfombra se ondulara, agitándose.

—Ya veo —murmuró Trajan una respuesta, frotando ligeramente sus ojos cegados.

—Ahora…

imagina lo que sucede si reúnes no uno, ni dos, ni siquiera tres, sino a cuatro Anomalías en el mismo lugar.

El mismo mundo.

La misma ubicación general.

Todo al mismo tiempo.

Bueno, solo yo cuento ahora porque mi “concentración” está en esta versión de mí, pero aun así —la sonrisa en el rostro de Mello se ensanchó, un indicio de emoción apareció en sus ojos—.

Todo como un tesoro legendario está a punto de aparecer.

Un tesoro dejado por un hombre que una vez tuvo el poder de gobernar el mundo si así lo deseaba.

Un hombre que desapareció, desvaneciéndose del mundo.

—Los ojos de Mello brillaron.

Luego susurró otra línea tan silenciosamente que Trajano casi no podía oírla.

—Un hombre que me hizo lo que hoy soy.

Mello sacudió la cabeza, recuperando la compostura y la sonrisa fácil.

—¡Piensa en ello, mi querido Trajan!

¡Ocurrirá una gran colisión en el Destino, algo como lo que este mundo nunca ha visto!

Humanos, vampiros, sombras, anomalías.

¡La mezcla de personajes es salvaje, y los resultados lo demostrarán!

—los ojos de Mello se iluminaron con un fervor ansioso mientras hablaba.

Cuando terminó, giró su cabeza a un lado, mirando directamente a Trajan.

—Y en todo eso…

surgirá una oportunidad perfecta para ti, mi querido amigo, de revivir a tu querido amigo.

Simplemente debes aprovechar el momento.

Es como dije antes.

Será tan fácil como…

—Mello levantó dos dedos de nuevo.

CHASQUIDO —Esto —él sonrió—.

A las Ruinas de la Ascensión, debemos irnos.

Prepárense —asintió, mirando hacia la distancia, hacia el siempre presente mar de magma.

—Aparecerán esta noche.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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