Reborn: Evolucionando de la nada - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - 45 Capítulo 45 El aperitivo
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45: Capítulo 45: El aperitivo 45: Capítulo 45: El aperitivo Editor: Adrastea Works —Escaneando… Estas parecen ser dos manzanas doradas, frutas mágicas muy raras que se forman mediante una condensación densa de las leyes del universo—respondió Ausra, con su voz fría.
—De acuerdo, bueno, ¿Qué hacen?
¿Qué tienen de especial?—preguntó, mirando a las dos pequeñas delicias.
Tomó el par con cuidado, con sus largas garras moviéndose lentamente para evitar pincharlas.
Un débil rastro de luz emergía de los frutos mientras los movía, dejando un rastro intangible.
—Las manzanas doradas pueden usarse en una variedad de artefactos o medicamentos, mejorando en gran medida su eficiencia.
La condensación de las leyes del universo en estas frutas es ampliamente mayor que en objetos normales.
El comer una de estas frutas causaría el bautismo de las leyes del universo en tu alma, orientado al elemento que contenga el fruto—respondió Ausra.
—Oooh—.
Los ojos de Dorian brillaron.
¡Un bautismo de las leyes del universo!
¡Eso era lo que les sucedía a los magos cuando estudiaban un elemento u otro por un largo periodo de tiempo, aumentando la fuerza de su matriz de hechizos del alma y permitiéndoles usar hechizos más poderosos!—.
¿Existe alguna restricción en su uso?—preguntó.
—Sería imprudente experimentar múltiples bautismos de las leyes del universo al mismo tiempo, y por lo tanto, no debería consumirse una fruta antes de veinticuatro horas de la otra, para permitir una conciliación completa del alma.
Dorian asintió.
Tenía sentido.
Luego miro una y otra fruta, con brillo en sus ojos.
—Ausra, ¿qué elementos contienen estas frutas?
—La roja contiene trazas del elemento de fuego, mientras que la verde pálido contiene trazas del elemento vida.
—Fuego—comprendió Dorian, pero hizo una pausa al oír lo del elemento ‘vida’—.
¿Qué es el elemento vida?.
—El elemento que se centra en torno a la energía vital.
Los campos comunes de estudio que derivan del elemento vida incluyen magia blanca, algunas partes de magia de luz y magia nigromántica.
—¡Oooh!—exclamó mentalmente.
Le gustaba cómo sonaba eso.
Sin un segundo más de duda, Dorian dio un toque al anillo de almacenamiento que había colocado cerca de una de sus garras, asegurándolo antes, y guardó la manzana dorada de elemento fuego.
Luego arrojó la manzana dorada de elemento vida en su boca, devorándola al instante.
Inmediatamente una oleada de energía cálida llenó el cuerpo de Dorian.
Una luz verde inundó sus escamas, enriqueciéndolas e impregnándolas con poder.
Sintió los órganos en su cuerpo, los tendones en sus brazos, los músculos en sus alas, cada parte de él se hizo más rica y más llena de energía y vida.
Era una sensación cercana a la euforia, la energía pura fluía a través de él.
Mientras absorbía la fruta, sintiendo refrescantes ondas de luz inundándolo, hizo aparecer una imagen mental de su estatus de crecimiento.
-Dragón myyr gigante – Etapa de crecimiento: (4/4) dragón myyr gigante mayor.
Progreso de crecimiento – 72.193/0 —¡¿72.000 unidades más de energía?!—balbuceó en voz alta con asombro, con sus ojos abriéndose aun más.
¡Este era un descubrimiento fantástico!
Y, aún mejor, ¡todavía tenía otra manzana dorada!
—¡Mmm!
¡Qué gran aperitivo!—.
Lamió sus labios, sintiendo todavía en su lengua el delicioso sabor.
No solo los tesoros naturales eran únicos y poderosos hallazgos, sino que también contenían una descomunal cantidad de energía.
Para la mayoría de las personas, casi toda esta energía era desperdiciada y se disiparía de la fruta al usarla, dejando sólo las leyes naturales impregnadas en su interior.
El cuerpo de Dorian era único porque le permitía atrapar la energía, aprovechándola al máximo La fresca y cómoda energía permanecía en su interior, seguía refrescando su cuerpo una y otra vez.
Estiró sus escamas, con sus brazos y piernas temblando.
Era una experiencia increíblemente agradable.
Justo cuando estaba en medio de su deleite, se percató de que un grupo de figuras variopintas se acercaba en la distancia… ..
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—Debería estar a la vuelta de…¡¿Eso es un dragón?!—.
La voz de Aina resonó, llena de una mezcla de impacto y sorpresa.
También tenía un matiz impaciente de anticipación.
La guerrera vampiro mantuvo su voz relativamente baja mientras hablaba, sin querer alertar a la bestia delante de ellos.
Rathven y el resto de sus cazadores se pusieron en marcha de inmediato siguiendo el rastro de la resonancia de energía después de romper el cristal.
Habían corrido a través del cañón Overbal, sin encontrarse con otras bestias o criaturas afortunadamente.
La manzana dorada se había fijado a unos pocos miles de metros de distancia, más cerca de lo esperado.
Sin embargo, cuando el grupo llegó, vieron a una monstruosidad de escamas verdes de casi siete metros de altura, de pie en ese momento exactamente donde surgía la sensación de resonancia.
Se detuvieron de manera abrupta a unos cientos de metros de distancia, sin atreverse a avanzar.
—Oh por los cielos destrozados.
¿Eso es un miembro de la tribu dracónica?—.
La cara de Rathven se puso pálida antes de que sacudiera su cabeza y maldijera, arrojando ese pensamiento.
Las tribus dracónicas eran muy reservadas dentro de su propio territorio.
Además, el territorio de la Familia Aurelius estaba ubicado casi en el lado opuesto del universo cuando se comparaba con los muchos mundos controlados por las tribus dracónicas.
—Harmen…—.
Sus ojos escupían dagas mientras se volteaba a mirar fijamente al mago de destino entre la tropa.
El cuerpo de Harmen se estremeció mientras levantaba sus manos, retrocediendo.
—Yo no- Yo no sé qué es esto, Señor Rathven.
Revisé el destino, decía que no había bestias salvajes o humanoides de clase Magister o más fuertes—.
El sudor se deslizaba por la cara del hombre mientras hablaba, con un rastro de temor en su voz.
Rathven respiró hondo y se armó de valor, apretando sus puños.
—Necesitamos matarlo si queremos conseguir el tesoro natural.
Está justo arriba de él—le susurró Aina a Rathven, con su voz agitada por la emoción.
Él la miró con recelo.
Aina siempre había querido luchar con un dragón, después de haber crecido escuchando cuentos de poderosas reinas vampiro que mataban dragones con un movimiento de sus manos.
—Es un dragón, Aina.
UN DRAGÓN—.
Él frunció el ceño, al sentir que un dolor de cabeza en camino.
Aina solía ser la cuidadosa de los dos.
Aina lo ignoró, volteándose hacia el tembloroso mago del destino, —Harmen, tu eres bueno calculando, ¿verdad?
Si vamos ahora, ¿cuáles son nuestras posibilidades contra él?
Claramente no es de clase Dominus—.
Su voz tenía un ribete casi obsesivo.
Los dragones eran una vista poco común en Taprisha, o en alguno de los planetas cercanos, aparte de algunos tipos de dragones terrestres.
Harmen juntó sus manos, luz blanca brillaba desde sus ojos.
No obstante, antes de que pudiera responder, Rathven intervino—.
Si vamos, iré primero y atraeré su atención con mi lanza del infierno.
Luego, los magos de sangre enviarán fuego de revisión para mantenerlo distraído, mientras que Aina irá para golpearle en la mandíbula para matarlo.
Todos los demás se dispersarán y se acercarán a la bestia, sin acercarse demasiado—.
Se le ocurrió un plan en un instante, sus largos años de experiencia como un cazador demostraban su utilidad.
Los diversos cazadores en el grupo asintieron, varios de ellos sacaron sus espadas o varias armas mientras miraban hacia la bestia.
Necesitaban conseguir el tesoro natural, y parecía que la única manera era a través de este dragón.
—Harmen, ¿Qué tienes?—.
Rathven cambió su atención hacia el mago del destino.
—…El destino arroja una historia interesante.
Se me presentan solo un poco más de 30% de posibilidades de éxito con este plan.
Rathven frunció el ceño y luego se volteó para mirar al gigante tremendo e imponente.
—Es mucho mejor de lo que esperaba.
Aina ¿qué pi…?
—¡DE ACUERDO!
¡HAGAMOS ESTO!
ROCCCCAAAAA DE PLAAATTAAAA DE AIIIINNNNAAAAAAA!—.
El grito de Aina resonó en el aire cuando arremetió contra el dragón, sus martillos de piedra brillaban mientras se lanzaba rápidamente hacia adelante.
Un aura valiente y heroica la rodeaba, haciendo que pareciera una guerrera de leyenda.
La atracción de Rathven se derrumbó, —Oh dios mío.
Acaba de irse corriendo—.
Sus ojos se abrieron como platos, y se lanzó hacia adelante, gritando órdenes, —¡Ciñanse al plan!
¡Ciñanse al plan!
—¡Magos de sangre, lancen sus hechizos!
¡Guerreros dispérsense!
¡Muévanse!
¡Muévanse!
..
Dorian observó a la pequeña vampira arremeter contra él, su cuerpo se desdibujaba con cada paso.
Pequeñas grietas aparecieron en el suelo mientras ella atacaba hacia él, recordándole ese titán que había absorbido.
«Parece que tomé el tesoro que estaban buscando» pensó, encogiéndose de hombros de manera culpable.
«Bueno, el que llega primero, se lo come primero, ¿verdad?».
No dejó que el pensamiento lo molestara.
Ningún tesoro le pertenecía a nadie a menos que ya estuviera en sus manos.
—Se trata de una vampira de clase Magnus Magister, experta en algún tipo de arte marcial mística.
No es una maga—.
Ausra identificó a la vampira mientras ella acometía contra él.
Un leve resplandor comenzó a aparecer rodeando los pequeños martillos de piedra que empuñaba la vampira marcada por cicatrices, viéndose vagamente amenazante.
Dorian parpadeó.
Sus ojos seguían fácilmente a la vampira a pesar de sus movimientos.
Cuando ella arremetió, Dorian vio varios grupos penetrantes de luz roja ser disparados hacia él por varias figuras en la distancia, apuntando a su pecho y alas.
Al ver esto resopló ferozmente, agachando su cuerpo enorme en una veloz evasión.
Sintió más que vio, que la energía concentrada abrasaba el aire arriba de él, los ataques fallaron en darle por un metro o dos cuando mucho.
Justo cuando la vampira guerrera llegó a diez metros de él, Dorian hizo su movimiento.
En su forma de dragón myyr gigante, la cola de Dorian había crecido, extendiéndose hasta unos diez metros de largo, terminando en un pincho bulboso que debería pesar al menos un centenar de libras.
La totalidad de su cola estaba cubierta de escamas y diminutas púas, dándole una apariencia dura y afilada.
Tan pronto como la atacante llegó a su alcance, Dorian azotó con su cola hacia adelante.
Debido a su pequeño tamaño, se movió a una velocidad extremadamente rápida, golpeando contra la vampira guerrera en una fracción de segundo.
A pesar de la naturaleza sorpresiva de su ataque, la mujer logró levantar sus martillos de piedra y evitar que la cola golpeara directamente en su cuerpo.
Desafortunadamente para ella, eso hizo poca diferencia.
CRUJIDO BUM Los sonidos de un poderoso choque resonaron cuando la vampira fue levantada del suelo y enviada a volar por el aire, con su cuerpo golpeando hacia atrás a una velocidad en extremo rápida.
Dorian observó a la mujer volar por el cielo, aterrizando a casi cuarenta metros de distancia de donde él se encontraba.
Una red de grietas se extendió por el suelo cuando las rocas sobre las que aterrizó se rompieron, incapaces de resistir el impacto.
Dorian le dio un gesto de admiración mientras ella luchaba por ponerse de pie, cubierta con docenas de pequeñas heridas.
La guerrera se puso de pie tambaleante, como si estuviera a punto de caer.
Debería haberse roto docenas de huesos en ese solo impacto, pensó, echándole un vistazo.
Los vampiros tenían propiedades regenerativas muy poderosas, pero para que ella estuviera viva después de eso… Esas artes marciales místicas parecían ser bastante útiles.
Decidió que las vería más tarde.
Desde la dirección en la que la vampira había arremetido contra él, vio varias otras personas corriendo hacia él vacilando en detenerse.
Algunos de ellos se detuvieron, corriendo para revisar a la vampira que había derribado.
El resto simplemente lo miró fijamente, sin atreverse a avanzar.
Los magos que le habían lanzado esas ráfagas abrasadoras se detuvieron, con sus manos temblando mientras comenzaban a retroceder.
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—¡Maldición!
¡Aina!—maldijo Rathven mientras corría hacia ella, haciendo gestos para que los cazadores se retiraran.
—¡Escuadrón, debe ser de clase pseudo-Dominus!
¡RETÍRENSE AHORA!—.
Recogió a la tambaleante Aina con sus manos, regañándose a sí mismo mentalmente.
Entre la clase Magnus Magister y la pseudo-Dominus había un muro muy significante de pura fuerza física y energía.
Este fue un cálculo erróneo de su parte.
Incluso si hubieran seguido su plan, habrían fracasado.
Había pensado que la única bestia de clase pseudo-Dominus en el área local era ese lagarto de roca solar.
Para que otra apareciera al azar… maldijo su suerte.
Mientras este pensamiento pasaba por su mente, un fuerte y resonante rugido sacudió el centro del cañón, cargando un matiz intenso y mortal.
*ROOOOOOAAAAAAR* Reconoció el sonido de ese rugido.
Parecía que el mundo realmente quería que muriera hoy.
—¡Que todos se retiren tan rápido como sea posible!
¡Nosotros atraeremos la atención del lagarto de roca solar!
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Dorian apartó su cabeza del grupo de humanoides, sus ojos se posaron en un enorme lagarto escamoso que estaba en la cima de uno de los grandes pilares de piedra, a unos mil metros de distancia.
Sonrío.
El plato principal había llegado.
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