Reborn: Evolucionando de la nada - Capítulo 52
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52: Capítulo 52: Socorriendo 52: Capítulo 52: Socorriendo Editor: Adrastea Works La voz del dragón era tremenda y terrible a oídos de Dorian, la que contenía un aire majestuoso que no podía ser imitado.
Lo miró, con sus ojos llenos de expectación.
Dorian mantuvo su fresca y pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Un aura pacífica y blanca comenzó a extenderse desde él mientras se enfocaba en la Energía vital que corría en sus venas, activando su aura falsa.
Necesitaba mantener la calma.
—Pides palabras de sabiduría, y palabras de sabiduría te compartiré—comenzó, imitando la expresión poética que usaba el Undécimo nacido.
—Escucha mientras te hablo, mi compañero miembro del rebaño, con cuidado—.
Su rima era similar a una que había dicho el dragón, captando su atención.
El dragón le dio un silencioso asentimiento, sus piernas se asentaron mientras esperaba.
La situación entera se sentía increíblemente surreal para Dorian, pero no se dejaría meter la pata.
Este dragón sólo hablaba en poemas.
Parecía tener algún tipo de fijación con el ritmo y la rima.
Al instante había tomado la decisión de responder en rima, pensando que eso lo pondría n buenos términos.
Cuando se dio cuenta de esto, y escuchó la pregunta que el Undécimo nacido le había hecho, un antiguo y desgastado poema de la Tierra se le vino a la mente.
Su voz estaba llena de confianza, Dorian comenzó a hablar: —El mundo acabará, dicen, presa del fuego; otros afirman que vencerá el hielo.
Por lo que yo sé acerca del deseo, doy la razón a los que hablan de fuego.
Mas si el mundo tuviera que sucumbir dos veces, pienso que sé bastante sobre el odio para afirmar que la ruina sería quizás tan grande, y bastaría.
Era un poema del gran escritor Robert Frost de la Tierra, uno que se había quedado con Dorian de una clase de literatura en la universidad.
Habló con confianza, dando a las palabras un flujo suave, su único objetivo era hacer que el dragón se calmara y dejara de desatar sus feroces ataques.
El dragón miró fijamente a Dorian, con sus ojos muy abiertos.
Se quedó absolutamente quieto, inmóvil mientras su mente repasaba las palabras que compartió.
El aura palpitante que Dorian había desatado lee dio a sus palabras una sensación casi mística, dándole más impacto que de otra forma.
Pasó un momento tenso mientras el dragón permanecía quieto, sin moverse.
Pocos segundos después, justo cuando el momento se desvanecía, sucedió algo inesperado.
Empezó a llover.
Dorian parpadeó, manteniendo su atención fija en el dragón en frente de él.
El agua escurría por su cara y cuerpo escamosos, empapando sus brazos.
El Undécimo nacido levantó su cabeza hacia el cielo, mirando las vastas nubes que habían aparecido de la nada.
Mientras la lluvia caía, una pequeña y brillante luz azul cubrió la figura temblorosa de la vampira gravemente herida, a la izquierda de Dorian.
El dragón delante de Dorian parecía sonreír mientras giraba su cabeza hacia él.
—Joven hermano, una palabra decir debo.
—Parece que algunas ratas a jugar han salido.
—Las palabras que has compartido han tocado mi corazón.
—Pero por ahora, debemos separarnos sin dilación.
El dragón saltó hacia atrás, desplegando sus alas a medida que su tamaño se extendía, de regreso a su forma enorme de cincuenta metros de longitud.
Unas llamas anaranjadas brotaron de sus alas, formando un pequeño infierno en los alrededores.
Una fracción de segundo después resonó un extraño eco.
Dorian se tapó los oídos, mirando alrededor mientras saltaba hacia atrás, tropezando en el suelo.
Su visión fluctuaba, todo a su alrededor empezó a verse bastante… extraño.
Puso sus manos escamosas en el suelo, forzándose a sacudirse la desorientación.
Levantó la vista para ver una locura.
La lluvia que había empezado a caer ahora parecía estar cayendo en cientos de direcciones diferentes.
El agua se arremolinaba mientras se movía de manera caótica, formando gigantescas corrientes que se movían en patrones extraños y siempre cambiantes.
Ante los ojos de Dorian incluso el simple color de la lluvia comenzó a cambiar.
Verdes brillantes, azules intensos, rojos oscuros, y amarillos ascendentes, explotó una miríada de colores, cada uno tratando de superar al otro.
Y, todas en una, estas corrientes de agua comenzaron a repartir golpes a diestro y siniestro al Undécimo nacido.
—¿Más personas han venido a defender la ciudad?—observó, con sus ojos inspeccionando el entorno.
Le tomó un breve momento detectar a un dúo de vampiros que habían aparecido cerca de la vampira herida.
– Especie: Vampiro puro Clase – clase Dominus (pseudo-Rex) Nivel máximo de energía: 101.535 – Especie: Vampiro puro Clase – clase Dominus (pseudo-Rex) Nivel máximo de energía: 105.908 – —Dos más fuertes—murmuró suavemente.
Uno de ellos estaba vestido con un conjunto de túnicas delgadas y tenía una pequeña varita en la mano.
Parecía estar dirigiendo las corrientes de agua, la energía mágica fluía de él en ondas.
El otro era un guerrero que llevaba una armadura negra y delgada que se ceñía a él fuertemente, y que llevaba su largo cabello marrón amarrado en un moño.
Levantó la mano por encima de su hombro, sosteniendo la empuñadura de una espada larga y brillante.
Justo ahora, con este nivel de fuerza, no había forma de que pudiera interferir en una batalla.
El nivel máximo de energía de un ser estaba altamente relacionado con el poder global que el ser mantiene.
Era una medida directa del alma y la matriz de hechizos del alma.
Cuanto más fuerte sea el alma, más poderosos serían su físico, percepción del tiempo o habilidades.
Por tal motivo, se encogió de hombros y saltó a unos 100 metros a un lado antes de sentarse en el suelo, y esperar, analizándolo todo.
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—Trajan ¿cuánto tiempo más puede tu lluvia del caos mantenerlo atrapado?—preguntó Probus, con sus ojos estrechándose mientras miraba a su objetivo.
—Aproximada…—comenzó Trajan, con los ojos brillando.
Fue interrumpido inmediatamente.
ROAAAAAR Las corrientes coloridas de lluvia explotaron en nubes de vapor cuando se dispararon hacia el cielo varios chorros de fuego anaranjado.
—De acuerdo, eres patético, no importa—.
Probus se encogió de hombros, dando un paso adelante.
Al hacer esto, se comenzó a formar un aura alrededor de él, apareciendo una tenue luz gris.
Su forma física entera parecía estar volviéndose… más nítida, como si pudiera partir una montaña en dos con un ligero toque.
—Escucha pequeña mie…—comenzó Trajan, con sus ojos brillando.
Antes de que pudiera terminar, Probus saltó en el aire, su cuerpo volaba hacia el enorme dragón volador.
La luz gris que lo rodeaba comenzó a concentrarse más, causando que el aire a su alrededor brillara.
—¡Imbécil!
Magia de lluvia: ¡torrente del tiempo encadenado!—gritó Trajan a Probus mientras lanzaba un hechizo, provocando que toda la lluvia que todavía estaba cayendo, abruptamente comenzara a caer en cámara lenta.
Todo lo que la lluvia tocaba comenzó a ralentizarse, los movimientos físicos se volvieron más lentos visualmente.
Los escombros o rocas que todavía caían de los brazos de agua que Trajan había hecho aparecer flotaron lentamente hacia abajo, casi colgando en el aire.
Los torrentes de fuego se veían increíblemente extraños mientras sus movimientos se volvieron más lentos.
Probus no se vio afectado, el mago tuvo mucho cuidado de excluirlo.
A pesar del espectáculo que mostraron, ambos se movían con confianza y familiaridad, señales de una larga práctica juntos.
El descomunal dragón miró la lluvia con curiosidad, observando mientras caía y lo tocaba.
De inmediato, su cuerpo comenzó a enlentecerse, aunque solo ligeramente, las llamas que lo cubrían se atenuaban sólo un poco.
Aún así, era suficiente para Probus.
—Soy un hombre simple…—.
Sus ojos comenzaron a brillar mientras miraba fijamente a la bestia.
—Veo un lagarto… lo corto.
Veo un bastardo limoso… lo corto—.
El aire que rodeaba la mano que apretaba la empuñadura de su espada en su espalda comenzó a temblar.
—Veo un dragón…—.
Sus palabras cargaban una sensación de firmeza.
—Lo corto.
ZUMBIDO Sin pronunciar un hechizo de ningún tipo, el brazo de Probus se movió hacia adelante, moviéndose tan rápido que el aire que desplazó con el movimiento de su brazo creó un pequeño estallido sónico.
Puso toda su fuerza en este ataque.
Este, justo aquí, era el objetivo que iban a cazar.
Un poderoso e irracional dragón de clase Rex que había matado o mutilado a varios miembros de la Familia Aurelius, y extendido una enorme cantidad de destrucción.
No se guardó nada.
Después de todo, ¿qué clase de idiota esperaría hasta el último segundo para ir con todo?
Tal mentalidad llevaría a una muerte temprana.
Una hoja de luz casi invisible salió disparada, cortando el aire.
Esta hoja se movió sin hacer ruido, cortando a través de las gotas de lluvia ralentizadas de una forma casi mística.
Parecía moverse lento… pero al mismo tiempo, increíblemente rápido.
La hoja de luz casi invisible dio contra el descomunal dragón antes de que tuviera tiempo de reaccionar.
BUM KSSHHHH Probus aterrizó en el suelo con fuerza, con sus ojos estrechándose mientras miraba el resultado, disgustado.
El Dragón de llamas trascendente gigante había sido lanzado hacia atrás cerca de seiscientos metros.
Se podía ver una enorme herida abierta, de la que brotaba sangre roja desde su hombro derecho a su pierna izquierda.
Se podía ver un largo cráter que se extendía en el suelo, el poder del corte de Probus estaba cortando e incinerando cualquier roca o piedra que entrara en contacto con él.
Podía verse el polvo y las rocas, saliendo disparadas al aire en cámara lenta, bajo el efecto del hechizo de Trajan.
—Recibió el corte con todas tus fuerzas—.
Trajan apareció cerca de Probus, con varios escudos azules que brillaban en el aire enfrente de él.
—Recibió el corte con todas mis fuerzas—.
Probus asintió en acuerdo, su voz tenía un matiz de decepción.
Había impregnado su ataque con todo lo que había adquirido en sus estudios de la Ley del corte, una de las leyes más abstrusas y complejas.
Había muy pocas cosas que no podía cortar a la mitad.
La resistencia física pura de ese dragón estaba en otro nivel.
—BUEN CORTE, JOVEN GUERRERO, TE FELICITO POR TU CORAJE.
¡PERO AHORA, CONOCE LA PERFECCIÓN, ¡DEJA QUE MIS FLAMAS PROSPEREN!
La voz de la Anomalía resonó, perforando sus oídos mientras se sacudía los restos del corte de Probus, las llamas lo rodeaban una vez más.
Gradualmente, por encima de su cabeza, estaba empezando a formarse un masivo orbe de fuego, que crecía y se expandía.
Las llamas oscuras, anaranjadas y rojas se difuminaban en una mezcla enorme, emitiendo una cantidad de calor infame.
—Esto se va a poner feo—.
La voz de Probus era completamente seria mientras volvía a colocar la espada en su espalda, parpadeando lentamente.
—Oh Dios mío—.
Trajan miró atentamente el ataque, palideciendo al darse cuenta de algo horrible—¡Piensa en lo que le hará a los alrededores!
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Dorian mentalmente maldijo su buena naturaleza mientras corría hacia la vampira guerrera derribada.
¿Por qué no pudo haber nacido como un villano malvado y descarado?
Ayudarla sería peligroso y podría matarlo.
Pero aun así… no podía solamente dejarla morir.
No cuando el motivo de todo esto que estaba sucediendo era en parte por su causa.
A un lado, los vampiros se habían precipitado para atacar al dragón mientras estaba en medio de la creación de otra bola de fuego enorme.
No perdieron tiempo con distracciones, concentrándose por completo en el dragón al que enfrentaban.
Ya había presenciado su increíble fuerza.
Ese solo corte de la espada que el vampiro empuñaba había hecho una enorme grieta en la tierra misma, y se había movido más rápido de lo que Dorian era físicamente capaz de ver en su nivel actual.
Su mente hizo que comenzase a correr antes que comenzara a pensar en su plan.
Dorian había notado por el rabillo del ojo cuando las dos partes se estaban enfrentando, que la vampira se había caído y botaba sangre por la boca, y ésta era la razón por la que Dorian estaba apresurándose.
Su figura desplomada había pasado desapercibida para sus camaradas mientras enfrentaban al Undécimo nacido, con la intención de detenerlo.
«Si solo lograra convencerlo de que parara de luchar entonces…» murmuró, maldiciendo mentalmente.
Al menos, había logrado hablar con él.
Su ataque contra el dragón había ocurrido en un mal momento.
Aunque, quizás desde la perspectiva del dragón, había ocurrido en un momento oportuno.
Parecía estar en una especie de cruzada loca para mostrar su ideal de perfección, o para adquirir sabiduría de otros de lo que era la perfección.
Su cuerpo jadeaba por el cansancio de la carrera instantánea cuando se estrelló, aterrizando cerca del cuerpo de la guerrera vampira.
Ahora que estaba cerca, Dorian vio sus heridas en persona.
Tenía que obligarse a no sentir náuseas.
Su cuerpo entero estaba completamente chamuscado, salvo por algunos lugares en su cara y ojos.
Su delgado vestido negro se había derretido en su mayoría, desintegrándose, y largas y horribles quemaduras cubrían cada pulgada de ella.
Un aura de color azul claro se cernía sobre ella, emitiendo una sensación de frescura.
—¡Ausra!
¿Qué es lo que exactamente está mal con ella?— Una vez había ayudado a William a curarse de una herida fatal al darle algo de sangre de una de sus formas dracónicas.
Podría haber alguna forma en que pudiera ayudar a curar a esta vampira herida, si supiera más sobre sus lesiones.
Los vampiros tenían una poderosa capacidad para regenerarse.
Incluso si ella estaba tan gravemente quemada como estaba, aun debería ser capaz de poder curarse.
Sus heridas debían ser mucho peores de lo que se veía.
El único motivo por el que resultó tan gravemente herida era por causa de él, y por el valiente sacrificio de ella al proteger la ciudad.
Si no se hubiera quedado aquí en una ciudad poblada, esto nunca habría sucedido.
Esto era su culpa.
Apretó sus puños al darse cuenta, apartando el pensamiento a un lado por ahora.
Ausra prosiguió—.
Se le ha aplicado algún tipo de hechizo restaurador basado en agua.
No obstante, las quemaduras que sufrió parecen llevar el poder de una ley en su interior, y no son unas que puedan ser fácilmente sanadas.
—¿Hay algo que pueda hacer?—preguntó Dorian, mirando fijamente al cuerpo tembloroso de la vampira agonizante.
Ausra se quedó en silencio por un momento.
—Existe una posibilidad…—comenzó Ausra, tomándose otro momento como si estuviera calculando.
—¿Si?—apremió Dorian.
—La manzana dorada del elemento de fuego que conseguiste, tiene la energía condensada de la ley universal del fuego en su interior.
Si la comes ahora, absorbiendo su energía, también podrías ser capaz de retirar los remanentes de la energía de la ley en las heridas del cuerpo de la vampira.
Con la energía vital en tu forma de demonio menor del trono como contrapoder, es posible que puedas sacarle la energía de fuego y permitirle que pueda sobrevivir—continuó Ausra—.
La energía elemental de la vida de la manzana dorada del elemento vida ya ha sido absorbida y transformada en tu propia energía.
Deberías estar a salvo para absorber el tesoro natural restante.
Dorian parpadeó, con su mente acelerada.
Este era un momento absolutamente espantoso para sentarse y absorber un raro y poderoso tesoro natural.
No tenía idea de cómo reaccionaría el Undécimo nacido, o los vampiros que se estaban enfrentando a él.
Bajó la vista hacia la figura temblorosa de la vampira, observándola resoplar y toser, su menudo cuerpo se estaba sacudiendo.
Suspiró, sintiéndose cansado.
Sin vacilación, extrajo la manzana dorada del elemento de fuego de su anillo espacial, y se la tragó entera.
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