Reborn: Evolucionando de la nada - Capítulo 55
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55: Capítulo 55: Éxito 55: Capítulo 55: Éxito Editor: Adrastea Works Cuando las manos de Dorian tocaron la bola de fuego, una capa casi invisible de energía parecía cubrir la parte frontal del enorme meteoro.
La habilidad intangible que los ifrit tenían.
Sentido del fuego, la habilidad para manipular y sentir el fuego.
Era una versión más fuerte del poder de fuego que poseen los Imps y las criaturas orientadas al fuego.
Le permitió a Dorian aferrar el meteoro de llamas como si fuera un objeto sólido.
La energía no era algo que Dorian pudiera absorber, era dirigida y poderosa, a diferencia de la energía restante en el cuerpo de la vampira.
Los brazos de Dorian temblaron mientras se inclinaba hacia adelante, con sus músculos abultados.
Sus piernas se hundieron en el suelo, enterrando un pie entero en la tierra rocosa.
La piedra debajo de él se agrietó y despedazó, y las piedras y escombros volaron en el aire.
ZUMBIDO En un solo segundo, el cuerpo de Dorian fue empujado hacia atrás unos cincuenta metros.
Sus piernas estaban firmemente hundidas en la tierra, y como resultado, dejó dos excavaciones en esta.
Sacó cada pizca de fuerza que tenía mientras empujaba contra el meteoro, con el implacable calor abrasador ardiendo.
«Es pesado».
La mente de Dorian estaba confusa mientras era empujado hacia atrás otros cincuenta metros.
En su forma condensada, su forma era mucho más fuerte y mucho más resistente, lo que le permitía sobrevivir al peso que estaba sosteniendo, al menos por ahora.
Este meteoro gigante tenía una increíble cantidad de fuerza detrás de él, así como el calor ardiente infundido con el poder de la ley.
Una criatura normal sería incinerada simplemente al tocarla.
Incluso en su forma condensada, la única razón por la que Dorian era capaz de sostenerla era debido a su raza única, ifrit.
—¡ARRRGH!
Dorian gritó fuertemente mientras era lanzando hacia atrás otros cientos de metros, las excavaciones en la tierra se estaban expandiendo.
Sus brazos se habían adormecido, así como sus piernas.
Sus huesos estaban empezando a crujir, peligrosamente cerca de romperse.
La sangre comenzó a filtrarse a través de unas pequeñas grietas en su piel, evaporándose de inmediato por el calor.
«Es demasiado» pensó, jadeando.
Sus ojos se estaban comenzando a nublar, su mente estaba cerca de colapsar.
El calor imponente y la presión eran demasiado para él.
«No puedo detener esto» Se percató.
El ataque era simplemente demasiado fuerte.
«Todos en la ciudad van a morir por mi culpa».
Su cuerpo fue empujado hacia atrás otros cientos de metros.
Y luego otros cien metros más.
Estaba a medio camino del muro de la ciudad.
El fuego llameaba en sus brazos y piernas, una señal física de esfuerzo, mientras luchaba y se esforzaba en vano.
«No…» Se rehusó a darse por vencido.
Su mente corría por delante de él, analizándolo todo.
Su estado mental confuso le hacía difícil pensar, nublando su mente.
Mientras luchaba por detener el meteoro, le surgió un pensamiento perdido.
Una visión de una de sus primeras lecciones de física.
El recuerdo era borroso, pero un punto destacó en particular para Dorian.
«Un objeto en movimiento permanecerá en movimiento, a menos que actúe sobre éste una fuerza externa».
La primera ley de movimiento de Newton Este descomunal meteoro estaba dirigiéndose directo hacia la ciudad.
Si Dorian quería detenerlo, tendría que crear una cantidad igual de fuerza.
Una imposibilidad total para él.
Pero ¿y si no tratara de detenerlo en absoluto?
Detenerlo podría ser imposible para él… Pero ¿y si simplemente cambiara la dirección en la que se estaba moviendo, solo un poco?
El movimiento de la bola de fuego era puramente hacia adelante, sin ningún impulso hacia abajo.
Cualquier fuerza hacia abajo que tuviera fue neutralizada cuando chocó con el suelo y comenzó a arder hacia adelante.
Su conciencia se aferró a la idea como un hombre perdido en el mar que se aferra a un bote salvavidas, negándose a dejarlo ir.
Sus piernas todavía se hundían en el suelo, el vapor escapaba de ellas debido al esfuerzo.
No obstante, en lugar de tratar de detener la bola de fuego por la fuerza, comenzó a concentrar su fuerza entera en lanzarla hacia arriba.
El impulso del meteoro estaba enfocado directamente hacia la ciudad.
Dorian se hundió más profundamente en el suelo mientras lo levantaba con todas sus fuerzas, deseando que su cuerpo sacara hasta su última reserva.
Sus pulmones se agitaban y su visión se fue completamente, cegado por el esfuerzo cuando levantó la enorme y descomunal bola de fuego por encima de él, y la lanzó físicamente hacia arriba.
La tierra debajo de él se había transformado en un gigantesco cráter de veinte metros de ancho, el peso entero del meteoro descansaba en los hombros de Dorian por un brevísimo momento.
ZUMBIDO Colapsó, cayendo al suelo.
Su visión permanecía en negro, su cuerpo temblaba por el esfuerzo.
Un sonido de campanilleo hizo eco en sus oídos mientras su visión volvía gradualmente.
Tosió sangre cuando se forzó a ponerse de pie, manteniendo su estado condensado.
Cuando su visión regresó, se volteó con el corazón en la garganta mientras miraba la ciudad detrás de él.
El meteoro colosal de llamas que había amenazado la ciudad, y a todos en ella, estaba ardiendo apenas a unos cien metros sobre la ciudad.
La distancia estaba expandiéndose a medida que avanzaba más y más alto, redirigida debido a los esfuerzos de Dorian.
El calor poderoso recibido hirió a algunos, pero debido a la distancia, y porque el ataque estaba debilitado, el número de víctimas era drásticamente bajo.
Explotaron algunas torres de palacio, destruidas en el incendio, pero la mayoría de la ciudad quedó ilesa.
«¡Já!» Dorian vitoreó mentalmente, una avalancha de felicidad zumbó en su mente.
No obstante, puso una cara seria, mientras se daba la vuelta, mirando en la dirección de donde venía la bola de fuego.
Había un gran dragón cubierto de llamas anaranjadas brillantes.
—Hermano, ¿qué es esto?
¿Detuviste mi ataque?
Mi perfección para ellos, ¿la devolviste?
La voz del Undécimo estaba extrañamente tranquila mientras volaba y aterrizaba, ignorando a los vampiros.
Todavía emitía una poderosa y arrogante aura, la que estaba completamente imperturbable.
Las heridas que había recibido ya estaban completamente sanadas, sin un rastro de sangre.
Dorian dio un paso adelante hacia el gran y flameante dragón, con su voz tranquila y serena.
La condición de su cuerpo no era nada buena, con varios huesos agrietados y sus músculos desgarrados.
No obstante, ignoró todo eso, poniendo una fachada de confianza.
Las palabras parecían fluir de su lengua cuando le respondió al dragón, respondiendo con amabilidad, usando el mismo lenguaje Dracónico áspero que el Undécimo nacido usaba cuando se dirigía a él.
—Mi hermano, viajamos por la perfección, si, es cierto.
Pero ¿qué es la perfección si se comparte con unos pocos?
Difundiendo el dolor y la muerte, acumulamos pecados.
Desvaloriza la perfección, para los dos.
Podrías quemar tus llamas, y expandirlas otra vez.
O parar y considerar las cosas que podríamos hacer.
Quizás la perfección pueda encontrarse en el fuego, una llama torcida.
Pero ¿qué hay del hielo?
¿Tierra?
¿Luz?
Otros elementos en su lugar.
Considera esto, entonces, antes de que en tu debut brilles.
Busca la perfección sin matar, un progreso simple.
Cuando las últimas palabras dejaron su boca, Dorian sintió una sensación retorcida extendiéndose sobre él.
La realidad comenzó a distorsionarse, solo por un breve momento ante sus ojos.
Dorian sintió que su alma parecía sacudirse, una sensación que había sentido una vez antes.
La sensación se desvaneció tan rápidamente como llegó, casi completamente indetectable.
El dragón gigante estaba frente a Dorian.
Estaba en silencio por unos momentos, su miraba perforaba a Dorian como si pudiera ver su propia alma.
Las crepitaciones de los distintos fuegos se extendieron, haciendo eco en el aire calmo.
En el fondo, Dorian podía distinguir los gritos y chillidos dentro de la ciudad mientras las personas se encogían de terror, ante la enorme bola de fuego que acababa de pasar, causando impacto a muchos.
La poderosa aura que rodeaba al Undécimo nacido abruptamente comenzó a desvanecerse.
—Tus palabras… Debo considerar.
Me has dado que pensar.
Una batalla ha habido, una que duramente fue peleada Para buscar la perfección, un viaje he de tomar.
Otros elementos buscaré, la cumbre que amenazaré.
El enorme dragón batió sus alas mientras su voz retumbaba, agitando el aire mismo.
Corrientes de fuego anaranjado despegaron de sus alas detrás de él en un pilar de cien metros de ancho.
—Joven hermano, mantente fuerte, y que tu viaje sea válido.
Te diré adiós, viajaré hacia un mundo gélido.
El Undécimo nacido saltó en el aire, con sus alas ardiendo detrás de él.
Un pequeño tornado de fuego se dispersó en el aire debajo de él, sacudiendo ligeramente a Dorian.
ZUMBIDO Se obligó a sí mismo a mantenerse en pie mientras observaba al dragón despegar, con su rostro confiado sin agrietarse.
Internamente, tampoco estaba en pánico.
Simplemente estaba demasiado cansado para preocuparse más.
El dragón descomunal voló hacia lo alto del cielo y comenzó a girar, con su cuerpo brillando mientras abandonaba el área, dirigiéndose hacia otra Ciudad estado, hacia un distante Puente de mundo.
Dorian observó al dragón salir volando, convirtiéndose poco a poco en un punto en la distancia.
Sonrió, mirando hacia abajo a sus puños.
Había ganado.
La fatiga y el agotamiento comenzaron a caer sobre él.
Unas pocas alertas mentales aparecieron en su cabeza mientras Ausra le informaba que estaba a punto de caer inconsciente, en parte debido a la respuesta negativa de su crecimiento forzado de evolución.
No había riesgo de muerte por esto, pero quedar inconsciente en esta forma fuera de la ciudad no era exactamente una situación ideal.
Su cuerpo se retorció de nuevo hacia la ciudad cuando comenzó a desplomarse, la inconsciencia se apoderaba de él.
La última cosa que vio antes de que la oscuridad se apoderara fue la imagen de la vampira que había salvado antes corriendo hacia él, la sangre brotaba de su boca mientras ella ignoraba sus heridas para sujetarlo antes de que cayera al suelo.
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En un mundo lejos de Taprisha… Decenas de miles de torres de piedra se elevaban hacia el cielo, de varias docenas de metros de grosor y cientos de metros de alto.
Cada torre estaba construida de una roca pura y negra, desgastada por el paso del tiempo y el viento siempre presente que soplaba en este mundo.
La niebla cubría los cimientos de estas torres de piedra, envolviéndolas en el misterio.
Muchas de las torres estaban huecas por dentro, talladas y usadas, en el pasado, como lugares de residencia.
Símbolos misteriosos cubrían las torres huecas, de una lengua perdida hace mucho tiempo en los 30.000 mundos.
Las ruinas de una civilización de hace mucho.
Arriba de la cima de una de estas torres de piedra, se podía ver una pequeña y diminuta figura.
Un humanoide de piel negra, con orejas largas y puntiagudas, y un brillante cabello azul.
Un aire tranquilo y pacífico surgía alrededor de esta criatura mientras miraba hacia una de las torres que se extendían hasta el horizonte.
—Ahh, Veo que finalmente encontraste tu camino hacia mí—.
El humanoide de piel negra suspiró y se puso de pie, estirando su cuerpo mientras giraba.
En otra torre de piedra, a solo pocas docenas de metros de distancia, apareció una segunda figura.
Un vampiro que usaba unos pantalones lisos de cuero, y un chaleco gris relajado con una camiseta blanca.
Una mandíbula suave y penetrantes ojos verdes complementaban su rostro atractivo, uno que actualmente era frío y despiadado.
Su largo cabello blanco estaba atado, arriba de su cabeza con un moño y una aguja ornamental que lo mantenía en su lugar.
—Gran Señor Marcus, supongo.
El líder de la Familia de vampiros Aurelius—dijo el humanoide de piel negra, asintiendo con su cabeza.
La cara del vampiro se torció, con un indicio de furia incontrolada enterrada al instante.
El Gran Señor Marcus habló en voz alta: —Dame un solo motivo por el que no debería enterrar tu alma aquí y ahora, cretino.
El caos y la muerte que has extendido en mi reino son inaceptables—.
Su voz resonaba mientras hablaba, brillando hacia adelante con tal fuerza que el aire que lo rodeaba se distorsionaba de manera visible.
Mientras hablaba, un halo rojo brillante y puro apareció arriba de su cabeza.
Este halo no emitía ningún aura o aire por sí mismo, pero su simple apariencia contenía una sensación de solidez y poder que no se podía ignorar.
El humanoide de piel negra sonrió, impávido ante el poder bruto y la furia que el vampiro estaba desatando.
—Porque, estimado Gran señor, no puedes—continuó la criatura—.
Tengo miles de clones.
Mi forma verdadera podría ser cualquiera, rastrearlos a todos sería una imposibilidad absoluta—.
El humanoide de piel negra sacudió su cabeza—.
El caos y la muerte que tu reino ha experimentado ciertamente han sido horribles—.
Le dio al vampiro una mirada compasiva—.
Ninguno de nosotros queremos que eso continué.
Por lo tanto, estimado Gran señor, esperaba que usted y yo pudiéramos llegar a un acuerdo.
El humanoide de piel negra estaba en silencio mientras miraba al Gran Señor con paciencia.
Sus ojos brillaron con una luz desconocida.
El puño del Gran Señor Marcus se sacudió con furia por un instante antes de que recuperara el control de sus emociones.
Su voz se enfureció al exigir—¿Quién eres?
El humanoide de piel negra sonrió una vez más —Mi nombre es Mello.
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