Reborn: Evolucionando de la nada - Capítulo 58
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58: Capítulo 58: Despertar 58: Capítulo 58: Despertar Editor: Adrastea Works Una brisa suave sacudía un par de contraventanas de madera bien hechas que, aunque fuese tan ligera, despertó a Dorian.
Al instante se despertó, tropezando con sus pies mientras miraba alrededor con pánico.
Su mente estaba increíblemente al límite, cada músculo de su cuerpo se estaba tensando.
¡Colores!
¡Estaba rodeado de colores!
Su pecho se agitó mientras miraba alrededor de la habitación amueblada, sumergiéndose en la visión de todo.
Un sonido de traqueteo muy débil resonó de nuevo, llamando su atención hacia la ventana cerrada tras de él.
Se podían ver pálidos destellos de la luz de la luna, emitidas de una de las débiles lunas que orbitaban Taprisha, en el caótico espacio de arriba.
—¿Esto es un sueño?
Levantó sus manos en el aire, agitándolas hacia adelante y atrás.
Comenzaron a sacudirse mientras las movía, su nerviosa emoción lo estaba abrumando.
Dorian miró hacia sus manos.
Eran de un tono negro, con pequeñas garras al extremo de cada una de ellas.
Las manos de un ifrit.
Se arrodilló, poniendo sus manos temblorosas en el suelo, sintiendo la textura de la alfombra que cubría el suelo de madera.
La habitación en la que estaba tenía una linda cama acolchada, en la que acaba de estar acostado.
Una alfombra pequeña y de color naranjo oscuro adornaba el piso.
Un par de mesitas de noche de madera estaba a cada lado de la cama, con un par de tapices simples que decoraban las paredes.
Una habitación pintoresca, linda pero sencilla.
«Es suave» pensó, mientras poco a poco aparecía una sonrisa en su cara.
La hurgó unas cuantas veces antes de correr hacia la ventana, abriendo las persianas.
La luz de la luna fría y pálida entraba en la habitación, revelando la concurrida ciudad de Potor.
Dorian miró todo con detenimiento, medio temeroso de que todo se desvaneciera mientras veía todos los colores y vistas.
Una brisa fría rozó su piel, haciéndolo temblar.
El éxtasis, el éxtasis puro y desenfrenado corría por sus venas.
Cerró sus ojos por un momento e inhaló hondo, apenas capaz de controlarse.
—Volví, Will.
—Tu alma ha sido reparada completamente—afirmó Ausra en su cabeza.
—Ausra.
Dorian no pudo mantener a raya la sonrisa de su cara cuando escuchó la voz, la primera voz que había oído en tanto tiempo.
—¡Jajajaja!
¡Gamberra!
¡Es bueno oirte de nuevo!
Ausra no respondió.
De repente, una oleada de recuerdos inundó la mente de Dorian.
Un diluvio que sucedió en un instante.
Desde su llegada a este mundo, a adquirir su primera forma, a William muriendo para protegerlo, a conocer a Mello, a detener el temible ataque del Undécimo nacido, todos esos recuerdos pululaban en su cabeza.
Los experimentó casi como si los estuviera volviendo a vivir, todo en una fracción de segundo.
—Arrgh—.
Cayó de espaldas en la suave alfombra, agarrándose la cabeza.
Accidentalmente se pinchó su frente un poco, al olvidar que tenía garras en su forma de ifrit.
Débiles chispas de fuego brotaron de sus brazos y piernas.
Las llamas en la cabeza de su forma ifrit ardían de forma silenciosa y misteriosa.
No parecían quemar algo realmente, sino que estaban más presentes en una forma espiritual.
—Tu cuerpo ahora está siendo sometido a un proceso de reparación genética.
Debido al tratamiento constante durante la semana pasada en el tiempo real, el proceso se ha acelerado en gran medida.
Terminará dentro de seis días.
El cambiar de forma reiniciará el proceso de reparación, y te obligará a empezar de nuevo—aclaró Ausra en su mente una vez más.
—Ahh.
De acuerdo, está bien, espera.
¿Sólo ha pasado una semana?
Dorian se tropezó hacia atrás, parpadeando somnoliento.
Su cabeza se sentía abarrotada.
Hizo una mueca de dolor.
Paulatinamente el dolor comenzó a desvanecerse, los poderes regenerativos de su forma ifrit, y la energía de vida en sus venas, acudieron en su auxilio.
Inhaló profundamente, y luego exhaló poco a poco.
Estaba de regreso.
Sintió ganas de romper en llanto de repente.
El temor constante que había atormentado su corazón durante los últimos y varios años, fue reemplazado por tal alivio que ni siquiera podía comenzar a describirlo.
«Nunca más» murmuró, negando con su cabeza con vehemencia.
»Nunca voy a volver a hacer eso de nuevo.
—Ausra, muéstrame mi estatus.
– Dorian – Estado del alma Etapa del alma: clase Dominus.
Salud: Buena (Experimentando reparación genética) Energía: 880/10.565 – Mentalmente echó un vistazo a su estatus.
Era lo que esperaba, de sus recuerdos anteriores.
La única cosa extraña era la parte de la energía de su estatus.
Era anormalmente baja.
Mientras lo miraba, hizo una pausa.
Miró su cuerpo, y luego se sentó, cruzando sus piernas.
—Todavía tengo recuerdos del área interna de mi matriz de hechizos del alma—murmuró, apoyando su codo en la rodilla mientras se sumergía en sus pensamientos.
—Viví en ese lugar por varios años.
Solo.
Bueno, Will estaba allí, o algo por el estilo—.
Se encogió de hombros—.
Pero logré volver—prosiguió—.
Fue espeluznante y horrible al mismo tiempo.
Cualquier persona común se habría vuelto loca—asintió—.
Pero no me siento loco.
—miró alrededor de la habitación, con sus ojos llenos de un profundo fuego interior—.
Me siento confiado y fuerte.
Como si me hubiese vuelto más seguro.
Dorian no podía explicar la sensación.
Los últimos ocho años en esa prisión mental habían sido infernales para él, pero parecían volar como un sueño.
En lugar de traumatizarlo de manera horrible como esperaría, sintió como si su alma se hubiera hecho más fuerte, permitiéndole lidiar con el terror y crecer a partir de este.
Los recuerdos pesaban sobre él, pero no lo paralizaron.
—Ausra, ¿hay algo inusual en mi alma?—preguntó, bruscamente.
Había adquirido la costumbre de hablar consigo mismo durante los últimos años en su mente, casi había olvidado que Ausra estaba de regreso con él.
—El destino se tuerce en torno a tu alma.
El reparar o reconectar partes lesionadas de tu alma es el límite de mis capacidades.
No poseo el poder de escanearla en profundidad—.
La respuesta que recibió fue mediocre.
—De acuerdo, como sea Ella era exactamente como la recordaba.
Útil la mayor parte del tiempo, pero en otras ocasiones insuficiente.
—¿Por qué mi energía está tan baja?—dijo a la vez que inspeccionaba su cuerpo, cerrando los ojos.
En su interior, todavía se sentía cansado, como si necesitara más descanso.
—El daño genético que tu cuerpo sufrió aun está siendo rectificado.
Hasta que esté terminado, eres incapaz de recuperarte por completo—respondió Ausra, de manera concisa.
Mentalmente solicitó su estado de crecimiento, los pensamientos que alguna vez fueron familiares volvían de manera natural a él de nuevo.
– Ifrit – Etapa de crecimiento: (4/4) Ifrit mayor- Progreso de crecimiento -0/0- – — Cero aún eh?—notó, a la vez que suspiraba.
No era inesperado.
Comenzó a repasar qué hacer, tratando de regresar al ritmo de estar en el mundo exterior de nuevo.
—Mientras estuviste inconsciente, tu cuerpo fue sometido a un tratamiento constante.
Gracias a esto, la cantidad de tiempo y energía necesitados para rectificar el daño genético se ha reducido enormemente, pero todos los puntos de energía que habías conseguido con esto se agotaron—prosiguió Ausra—.
Puedes absorber energía y almacenarla como lo harías con normalidad, a partir de ahora.
No es necesaria más energía para el proceso de reparación.
Parecía que todo lo que necesitaba ahora era tiempo para recuperarse totalmente.
Dorian echó un vistazo a la habitación.
Sus pensamientos se desviaron mientras examinaba la textura del edredón de la cama, mirando la miríada de colores.
Lo examinó, siguiendo los senderos ondulantes del lino.
Era hermoso, en su propia y sencilla manera.
Incluso con sus recuerdos revividos a la fuerza, y el fortalecimiento de su alma, aun no podía deshacerse de los efectos que le había dejado su encierro mental, no totalmente.
No obstante, suspiró, enfocándose de vuelta en el presente.
—Parece que esos vampiros me salvaron Recordaba claramente a la vampira que había salvado corriendo rápidamente para atraparlo mientras caía.
No habían sido mal agradecidos después de todo, y parecía que habían ayudado a rescatarlo.
El tratamiento constante para curar su cuerpo herido muy probablemente fue su responsabilidad.
Miró hacia afuera a la ciudad durmiente una vez más, y luego regresó a su cama.
Su cuerpo estaba cansado, pero no podía dormir justo en ese momento.
La alegría pura de estar de vuelta en su cuerpo, en un mundo de sonido y color, era demasiado para resistirse.
—Voy a salir—asintió con su cabeza mientras abría las persianas por completo.
Las levantó con sus manos y tiró de él hacia un lado de la posada.
Su cuerpo se movía con agilidad y rapidez.
Estaba en el último piso de un establecimiento de tres pisos.
Saltó hacia el techo en un movimiento suave, teniendo cuidado de no agarrarse a los muros laterales de la posada.
El aire frío de la noche sopló contra su piel.
Como un ifrit, era muy sensible a los cambios de temperatura a su alrededor.
Se veían llamas muy pequeñas y débiles en sus codos, rodillas, y cabeza, la mayoría inactivas a menos que estuviera en combate.
—Ahh—respiró hondo, contemplando la escena a su alrededor.
Parecía estar en el medio de la ciudad, en una de las posadas más bonitas pero no lujosas.
Miró hacia las otras casas, tiendas y edificios cerrados por la noche, sumergiéndose en la vista.
Se llenó un poco de lágrimas ante la vista, las formas maravillosas y los colores de una miríada de cosas que no había visto en mucho tiempo.
Sin embargo, arrugó la nariz ante el olor.
Incluso aquí en una de las partes más bonitas de la ciudad, había un olor levemente desagradable.
Cerca de lo que había esperado en una ciudad.
—Hola.
Una voz rompió su concentración, causando que se girara con pánico.
No había detectado o sentido a nadie en el techo.
Era una gran plataforma, de treinta metros de ancho, mayormente plana.
Una pequeña figura estaba acurrucada en un costado del techo, una figura que ahora estaba de pie, dándole un pequeño asentimiento.
—Es genial ver que finalmente te despertaste—.
Una voz femenina resonó cuando la vampira a la que Dorian había salvado caminó hacia él, saludándolo con la mano de forma cautelosa.
—Gracias por salvarme la semana pasada.
Mi nombre es Helena.
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—No te preocupes Probus.
Improvisaremos, confía en mí.
¿Cuándo te he defraudado?
La voz de Trajan proyectaba una confianza suprema mientras jugueteaba con un anillo en su mano, mirando alrededor con nerviosismo.
El mago vampiro parpadeó mientras se enfocaba, concentrándose.
Actualmente se encontraba en una de las salas de espera en el misterioso Castillo de la oscuridad, el cuartel general de la Familia Aurelius.
La habitación estaba decorada, adornada con tapetes negros y grises y retratos de vampiros anteriores en la historia.
Había pasado una semana desde su enfrentamiento con la Anomalía que estaban persiguiendo.
Su expedición había sido preliminar, y la posibilidad de fracaso había sido algo que aceptaron.
No obstante, la magnitud de su fracaso no tenía precedentes.
Al menos, eso era para Trajan.
Un vampiro guerrero vestido con una armadura negra ajustada a la medida estaba sentado en un sofá cerca del mago.
El poderoso maestro de la espada, Probus.
—Creo recordar a alguien a cargo de detener cierta bola de fuego gigante y fallar, ¿no?—replicó Probus, sin dignarse en echar un vistazo al mago.
—Eso apenas fue mi culpa.
Las Anomalías tuercen el destino a su alrededor, y en todo caso, deberías haber esperado eso.
Así que en realidad es tu culpa—respondió Trajan, descaradamente—.
Afortunadamente yo estaba preparado, con mis contraataques de emergencia.
Probus miró a Trajan con recelo.
—Ni siquiera sabías que la raza demoniaca tenía miembros supervivientes.
¿Cómo puede contar esa eventualidad del demonio como un contraataque?
Trajan sonrió y sostuvo sus manos delante de él, chasqueando los dedos un par de veces y luego poco a poco dejándolas caer.
—Magia.
Probus puso los ojos en blanco y resopló, —Confío en ti hasta donde pueda derribarte.
Trajan sonrió ampliamente, respondiendo.
—Eso implicaría una cantidad considerable de confianza.
Después de todo, soy ligero.
¿Ves este físico?
Eso es lo que consigues si comes de forma responsable con el medio ambiente—señaló su magra figura, girando de un lado hacia otro para modelar.
Probus puso los ojos en blanco otra vez.
—No vamos a tener esta conversación de nue…—Una voz intervino, interrumpiendo la conversación.
Probus y Trajan dejaron de hablar, girándose para mirar hacia una de las puertas que llevaban a la sala de espera.
La hermosa y pelirroja asistente y maestra de espías del Gran Señor estaba de pie en la entrada, dándoles una sonrisa fresca, y luego haciéndoles señas para que la siguieran.
Trajan tragó saliva y camino junto con Probus hacia la habitación, listo para informar al Gran señor.
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