Reborn: Evolucionando de la nada - Capítulo 59
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59: Capítulo 59: Una pregunta 59: Capítulo 59: Una pregunta Editor: Adrastea Works —…y ese es nuestro informe completo Trajan asintió con brusquedad al terminar de hablar, con sus ojos pegados a la figura del bien vestido Gran señor.
No dio ningún indicio del nerviosismo que sentía.
El Gran Señor era un vampiro increíblemente poderoso e intimidante.
Trajan mantenía cada célula enfocada en el poderoso hombre mientras hablaba, sin atreverse a despegar sus ojos ni por un segundo.
—Ya veo.
El Gran Señor Marcus estaba en ese momento de pie cerca del enorme mapa de los 30.000 mundos, el que estaba dispuesto sobre una mesa de tamaño considerable.
Una pequeña copa de vino reposaba en su mano, la cual giraba ligeramente.
El aire alrededor de él parecía solidificarse cuando continuó, —Entonces ¿me estás diciendo que ustedes rastrearon su Anomalía, encontraron a Helena que se encargaba de ella y perdió, y luego ustedes se hicieron cargo de ella y también perdieron, pero al final fueron salvados por un demonio misterioso, una especie que se pensaba previamente que estaba extinta, quien de alguna manera convenció a la Anomalía de retirarse, al hablar en Dracónico o un idioma similar que ustedes no podía entender?—dijo, con voz fría y tranquila, encarnando la imagen de un poderoso líder.
—¡Sí señor!—respondió Probus, con su voz llena de completa confianza.
Trajan le lanzó una mirada de soslayo.
El propia Trajan había sido quien tomaba todas las decisiones, así que si alguien tenía la culpa, no sería Probus.
—¿Y ustedes dejaron a Helena, que estaba herida pero también curada por ese demonio misterioso, sola con este demonio misterioso, a quien ustedes, de nuevo, nunca habían visto antes?
—¡Sí señor!—respondió Probus al instante, mostrando una alegre sonrisa.
Trajan le envió una segunda mirada.
El oscuro gobernante vampiro permaneció en silencio por un momento.
Bebió a tragos el vino en su copa de cristal, contemplándolo.
Trajan sintió que su corazón se estremecía.
—Bueno, eso me parece bastante razonable.
Ella es una vampira fuerte e independiente, y si optó por quedarse atrás, tiene sus propios motivos, Es un miembro de los Reavers, al igual que ustedes—.
El Gran Señor Marcus asintió con su cabeza, dándose la vuelta para mirarlos.
—Creo q… —EJEM Antes de que el Gran señor pudiera continuar, una fuerte tos interrumpió su conversación.
La pelirroja maestra de espías del Gran Señor estaba en ese momento mirándolo con furia, dándole una mirada asesina.
Marcus puso los ojos en blanco, pero al instante volvió a su aspecto señorial, mirando a sus confundidos subordinados.
—La próxima vez, no obstante, asegúrense de revisar la magnitud de sus heridas, como deberían hacer con cualquier camarada y de investigar mejor al humanoide desconocido.
Trajan inclinó su cabeza ligeramente, asintiendo.
Probus hizo lo mismo, con una pequeña sonrisa burlona en su rostro.
Trajan hizo una nota mental sobre mencionar el deterioro del ecosistema del mundo del valle O’val.
Probus odiaba que le dieran conferencias sobre la prevención medioambiental.
—Ahora, con eso fuera del camino, tengo una nueva misión para ustedes.
Olvídense de las Anomalías por ahora.
Ya no estamos apuntando a ellas— prosiguió Marcus, con una mirada negra apareciendo en sus ojos.
Su comportamiento parecía volverse más estricto, bordeado por la oscuridad.
—El rey sombra ha lanzado una ofensiva contra los territorios controlados por nosotros y la Familia Augustus.
Ustedes se unirán al líder de los Reavers, el general Carus, en el mundo Petir, y se prepararán.
Carus, el líder de los Reavers, técnicamente no era uno de los tres generales de la familia.
No obstante, era tan fuerte como uno de ellos, una fuerza mortífera por propio derecho.
Un experto extremadamente poderoso de clase Rex.
Las tres poderosas Familias vampiro.
La Familia Augustus, la Familia Caesar, y la propia Familia Aurelius.
Su relación con la Familia Caesar era tensa, debido a conflictos personales, pero tenían una alianza en ocasiones amistosa con la Familia Augustus.
Sin embargo, ante cualquier conflicto con forasteros, los nobles vampiros podían olvidar sus rencores y volverse un grupo muy unido, negándose a ceder ni una pulgada.
Marcus cerró sus ojos por un largo momento antes de abrirlos, viéndose cansado.
—La guerra está sobre nosotros, una vez más.
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—Es genial ver que finalmente te despertaste.
Gracias por salvarme la semana pasada.
Mi nombre es Helena.
El corazón de Dorian se tranquilizó al ver a la noble vampiro, con sus ojos estrechándose.
La recordaba.
Era a quien había salvado, la guerrera que de manera desinteresada defendió a los inocentes en la ciudad.
Se veía delgada y enjuta, pero también bastante bonita.
Vestía un delgado vestido azul esta noche, uno que finamente acentuaba su figura menuda.
Solo al estar de pie desprendía una sensación de fuerza, su presencia era increíblemente fuerte.
Por ella, el sentía un gran respeto.
—¿Cómo debería responder, William?—murmuró por costumbre, pensando en una respuesta.
Helena lo miró fijamente confundido.
—¿Cómo debería…?
¿William?
¿Qué?
Dorian parpadeó.
Correcto.
Ella podía oírlo si hablaba en voz alta.
Mentalmente se encogió de hombros, aceptándolo por lo que era.
—Soy Dorian—dijo mientras daba algunos pasos adelante, extendiendo su mano en un gesto amistoso.
Helena caminó directamente hacia él, tomando su mano sin rastro de nerviosismo o precaución.
Ella sonrió con calidez mientras se daban la mano.
—¡Encantado de conocerte!
Hablar con alguien más se sentía extraño después de pasar tanto tiempo solo.
A pesar de eso, apreció el momento.
Al no tener que dar respuestas para la otra persona hacía la conversación extremadamente agradable.
Helena asintió—.
¿Se han sanado tus heridas?
Cuando llegamos a ti, estabas muy mal herido, y antes de que pudiésemos hacer algo, caíste inconsciente.
Algunos de mis magos trabajaron para tratar de recuperarte, pero las heridas en tu cuerpo parecían ser de las que necesitan tiempo.
Ella comenzó, haciendo un gesto hacia debajo de ellos, donde sus subordinados estaban durmiendo.
Había escogido una posada modesta pero agradable, cerca del centro de la ciudad para hospedarse.
Dorian asintió, mirando sus manos.
Todavía se sentía cansado, pero la mayoría de sus heridas ya no estaban.
—Estoy bien.
Le tomará a mi cuerpo cerca de una semana recuperarse completamente de su estado debilitado, pero debería estar bien—afirmó Dorian mientras pensaba algo más que decir.
Hablar con personas reales era más difícil de lo que recordaba.
Helena lo miró.
Dorian la miró.
El silencio se apoderó del momento.
Al sentir que debía decir algo, hizo un gesto hacia arriba.
—Hay bonitas estrellas esta noche, ¿eh?—.
Fue con una línea que vagamente recordaba usar en la Tierra que antes nunca lo había defraudado.
—¿Estrellas?— dijo Helena, que levantó la vista hacia el cielo nocturno casi vacío por completo.
Los 30.000 mundos no tenían estrellas, salvo por un sol y una luna místicos que orbitaban en el caótico espacio cerca de cada mundo.
Dorian parpadeó y luego se dio una bofetada mentalmente.
Se sentía como un adolescente.
—Tu esfuerzo en proteger a los inocentes de esta ciudad de ese temible dragón en verdad me impresionó—comenzó Dorian, mirando a un lado hacia la ciudad que dormía—.
Se necesitan muchas agallas para hacer algo así.
Helena se giró hacia él, con la mirada distante.
Suspiró.
—Era mi responsabilidad.
Proteger los territorios de la Familia Aurelius es parte de mi trabajo.
—Aún así—respondió Dorian, encogiéndose de hombros—.
Aún lo hiciste.
Eso es más de lo que la mayoría podría decir.
— Helena sonrió mientras lo miraba y respondió, —Bueno, ¿qué hay de ti?
No solo lograste curarme y salvar mi vida, sino que también bloqueaste esa enorme bola de fuego, y salvaste la ciudad—dijo Helena moviendo su mano al oeste, donde la batalla había tenido lugar—.
¿Qué te hizo actuar?—.
Su voz estaba llena de una capa de intensa de curiosidad.
Dorian tuvo la sensación de que aquí su respuesta significaría mucho para ella.
—¿Por qué actué?
—dijo Dorian, frotándose el mentón.
Se encogió de hombros—.
Sentí que era lo correcto que había que hacer—.
El Undécimo nacido estaba aquí por causa de él, después de todo.
Además, no sería justo dejar que miles de personas inocentes murieran sin ninguna razón si él podía detenerlo.
Helena parpadeó, mirándolo fijamente.
—¿Eso es?
¿No luchaste buscando conseguir una recompensa?
¿No fuiste enviado por el Gran Señor?
Unirse a la Familia Aurelius como un miembro interno era muy difícil, pero tenía muchos beneficios.
Usualmente los miembros nuevos tenían que ser vampiros poderosos, o seres que llevaran a cabo grandes hazañas en servicio de la Familia.
—Bueno, no rechazaré ninguna recompensa si me las ofrecen—dijo, sonriendo con descaro.
—Ah, acerca de ese Gran Señor—Un pensamiento perdido apareció en su mente—.
Su nombre es Marcus Aurelius, ¿verdad?—.
Miró a Helena, con sus ojos brillando.
Helena asintió, todavía desorientada por su respuesta.
—Y las otras Familias vampiro, son la Familia Caesar y la Familia Augustus, ¿cierto?
Ella asintió de nuevo.
Dorian frunció el ceño.
—¿Qué?
¿Hay algo malo?—dijo al ver que ella se percataba de su expresión.
—No, son solo los nombres…—Se encogió de hombros.
—¿Qué sucede con ellos?
—Se sienten… flojos.
Helena lo miró fijamente de manera extraña.
—Bueno, supongo que solo hay unos cuantos nombres en el mundo.
Dorian se encogió de hombros por segunda vez.
Hubo un silencio nuevamente por un breve momento mientras las dos almas contemplaban la ciudad iluminada por la luna, en silencio.
Dorian analizó las luces brillantes, la brisa que se movía suavemente, tomándolo todo.
Todos los colores y ruidos eran alegres para él, prueba de que ya no estaba en esa prisión mental.
Apenas pudo distinguir unas pocas áreas quemadas, partes de la ciudad dañadas por la batalla.
—Yo…—comenzó Helena, antes de hacer una pausa, mordiéndose el labio.
Su voz sonaba aproblemada.
—¿Tu…?—dijo Dorian sonriendo.
Estaba bastante contento con solo estar en presencia de otro ser.
Se sentía sumamente despreocupado.
Si los vampiros hubieran querido matarlo o capturarlo, ya lo habrían hecho.
En su actual estado debilitado, no había nada que pudiera hacer para detenerlos en este momento, así que decidió que también podría disfrutar de estar vivo.
Ella se volteó a mirar directamente a Dorian, con una pequeña sonrisa en su cara.
—Mi madre me dijo, cuando yo era muy pequeña, que a veces la mejor manera de aclarar tu mente es hablar con un extraño—le hizo un gesto con la mano—.
¿Te importa si comparto mis problemas contigo, Dorian?
Salvaste mi vida, así que no nos considero extraños exactamente, pero el punto aun cuenta.
—Claro, adelante—dijo Dorian sonriendo con aprobación.
Cuanto más hablaba con la vampira guerrera que salvó, más joven sentía que ella parecía.
Un momento ella era una guerrera orgullosa, y al siguiente resultó ser una joven nerviosa.
También era bastante atrevida y directa, no era que él se estuviera quejando.
—Fui enviada en una misión para cazar una criatura, una Anomalía, una entre muchas que han causado un enorme revuelo en los 30.000 mundos.
Mi misión era encontrar a esa criatura, hacer contacto con ella, y de ser posible, hacerla regresar conmigo para reunirnos con el Gran Señor.
—dijo seriamente—.
Si me llevo a esa Anomalía de regreso conmigo, me temo… no, sé que no podrá moverse libremente por un largo tiempo.
El Gran Señor es amable y sabio, pero extremadamente protector.
Ya hemos perdido una gran cantidad de nuestros hombres y mujeres por las otras Anomalías, y si bien la Anomalía que estoy cazando es una inusual, eso no hará cambiar su opinión.
Helena se sentó en el borde del techo, juntó sus manos y apoyó su mentón en ellas mientras contemplaba la ciudad.
La sangre comenzó a bombear con fuerza a través de las venas de Dorian cuando escuchó las palabras que dijo, con su cuerpo tensándose.
No obstante, se mantuvo tranquilo, dándole un pequeño asentimiento.
Ella suspiró, —Pero, ¿y si esa Anomalía fuera muy diferente de las otras?
Era amable y fuerte, incluso para ir tan lejos como para proteger a los inocentes, sin desear ser recompensado.
Incluso para ir tan lejos como para salvar mi vida.
—Su cara se frunció cuando sus ojos y los de Dorian se encontraron, un estremecimiento de electricidad parecía brillar entre ellos—.
¿Qué crees que debería hacer?
Dorian se encogió de hombros, al liberar la tensión que lo cubría mientras respondía.
—No es una pregunta tan difícil si lo piensas realmente.
—Se sentó cerca de ella, contemplando la ciudad como lo había hecho ella—.
Solo haz lo correcto, sea lo que sea.
El silencio llegó una vez más.
—Solo haz lo correcto, ¿eh?—susurró Helena después de unos minutos, con una mirada indescifrable pareciendo en su rostro mientras luchaba con sus pensamientos.
Dorian simplemente asintió, disfrutando de la belleza del mundo que lo rodeaba.
La noche pasó, así como así.
Dos siluetas solitarias sentadas sobre un techo vacío, contemplando una ciudad marcada por cicatrices llena de almas dormidas.
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