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Reborn: Evolucionando de la nada - Capítulo 60

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60: Capítulo 60: Fuerza de voluntad 60: Capítulo 60: Fuerza de voluntad Editor: Adrastea Works —¡Ah!

Dorian torció su cuerpo hacia el lado, evitando estrechamente un fuerte golpe.

Trató de inclinarse hacia atrás para evitar el segundo golpe, pero tropezó ligeramente, al resbalarse su pie por el suelo rocoso.

ZAS —Au.—murmuró Dorian al ser golpeado hacia atrás, volteando y aterrizando suavemente.

Sin embargo, sonrió, disfrutando del dolor.

Cada experiencia era una alegría para él en este momento.

—Necesitas mantener tu concentración en tus alrededores así como en el enemigo.

También necesitas mantener la guardia alta—dijo una voz estricta pero cálida, sermoneando a Dorian.

La delgada figura de Helena lo miraba con una pequeña sonrisa, haciéndole un gesto para que fuera hacia ella de nuevo.

Habían pasado dos días desde que él se había despertado.

Dorian estuvo atrapado en su forma de ifrit por varios días más, esperando que el daño genético que su cuerpo había sufrido se curara por completo.

Ya lo había acelerado lo más que podía, y no podía hacerlo ir más rápido.

El primer día, Dorian simplemente había caminado alrededor de la ciudad.

Había explorado varios rincones y recovecos, observando a las personas moviéndose alrededor de su día.

Todos aquí se movían apresuradamente, corriendo de un lugar a otro sin detenerse.

El trepidante estilo de vida en la ciudad era increíblemente refrescante y entretenido de observar.

También había visitado un par de restaurantes, probando deliciosos manjares que le hacían agua la boca.

Fue un día suntuoso y relajante.

Mientras que Helena… Le había seguido la pista, pero aparte de eso, no había actuado.

Le había dejado claro que sabía que él era una “Anomalía”, que se había reunido con personas llamadas miembros del Rebaño, pero no había hecho nada más.

Estaba inseguro de haberla convencido, pero sabía que no había nada que pudiera hacer en el intertanto.

Hasta que fuera capaz de cambiar de forma, sería demasiado fácil rastrearlo.

Al segundo día, Dorian lo había pasado como el primero.

También fue a algunas tiendas de magia de sangre, y a una tienda de preservación, buscando nuevos linajes.

No encontró ninguna que llamara su atención, no después de haberla recorrido una vez más, paseando por la tienda.

También adquirió algunos manuales de instrucción básica en el estudio de la magia.

Los ifrits tenían un sentido natural para los campos relacionados con la magia de vida e incluso un sentido más fuerte para los campos relacionados con la magia de fuego.

Ya que no podía cambiar de forma justo en este momento, Dorian decidió que también podría empezar a estudiar magia.

La oportunidad de lanzar hechizos era demasiado para dejarla pasar, especialmente después de ver lo poderosos que eran los magos.

Como la magia de fuego era su campo más fuerte, decidió por empezar con esa primero.

El estudio de la magia en los 30.000 mundos era un campo complejo pero popular.

El concepto era bastante simple.

Cuantos más hechizos se lanzaran, más energía fluiría a través de tu alma.

Con el tiempo, fluiría suficiente energía a través de éste para experimentar un “bautismo de las leyes de la magia”, permitiendo que la matriz de hechizos del alma creciera en tamaño y energía, a la clase siguiente.

El estudio de la magia no podía ser acelerado.

Era un proceso paso a paso que requería un crecimiento gradual.

Dorian había descubierto que el lanzar hechizos era algo similar a usar habilidades.

La diferencia yacía en el hecho de que de manera de lanzar un hechizo, Dorian tenía que imaginar de manera consciente y formar los símbolos mágicos, deseando que se combinaran en ciertos patrones.

Cuando usaba una habilidad, Dorian solo necesitaba enfocarse en la habilidad y desear activarla.

El resto del proceso era automático.

El lanzar un hechizo requería mucha más concentración y un esfuerzo activo.

No obstante, Dorian había descubierto que parecía ser natural en eso.

Sólo había estudiado magia por un único día, pero en ese tiempo, había logrado lanzar un solo hechizo de nivel bajo de clase Mortal, el hechizo “manos cálidas”.

Un hechizo mágico que permitía a un mago calentar sus manos en un grado inusualmente alto.

No era exactamente el hechizo más poderoso, y difícilmente podía usarse para atacar.

Pero aun así era un progreso.

La mayoría de los magos tardaban al menos un mes o dos de estudio antes de que pudieran realizar su primer hechizo.

Muchos practicaron usando la energía en sus matrices de hechizos del alma, visualizando los complejos símbolos mágicos y moviéndolos a su voluntad.

Dorian descubrió que, la única parte difícil para él, cuando se trataba de magia, eran los complejos patrones y símbolos que necesitaba visualizar.

El mover energía de su matriz de hechizos del alma era algo a lo que ya estaba acostumbrado, y en términos de práctica con su voluntad, Dorian se podía considerar al menos un experto.

Había pasado ocho años solo practicando nada más que el uso de su voluntad.

Estaba en ese momento en su tercer día, y actualmente estaba en un combate de entrenamiento contra Helena.

Había decidido en la mañana que iba a ir a una excursión desde la ciudad, hasta el fondo de los océanos de la nada abajo.

Quería probar de manera activa el lanzar hechizos en la naturaleza y probar su forma de ifrit.

– Dorian – Estado del alma Etapa del alma: clase Dominus (inicial).

Salud: buena (experimentando reparación genética) Energía: 2.482/10.565 – Su energía se había recuperado a un estado lo suficientemente fuerte como para que no tuviera que preocuparse por nadie que estuviera por debajo de la clase Dominus.

Cuando había empezado a salir de la ciudad, la cola que lo seguía se había desvanecido.

Solo unos pocos minutos después, Helena había aparecido junto a él, declarando que lo acompañaría.

Dorian no tuvo elección, así que había aceptado que era lo que había, dándole una sonrisa vencedora.

Una cosa llevó a la otra, y se encontraban a nivel del suelo, muy por debajo de la ciudad de Potor.

Dorian había iniciado una exploración en uno de los bosques cercanos, y casi inmediatamente había sido emboscado por una bestia al azar.

Una pantera de roca de clase Terra.

La había despachado con facilidad, Pero Helena, después de observarlo luchar, había negado con su cabeza y se lo había llevado a un lado.

Según ella, su estilo de combate era como “observar a un alce ebrio tratando de construir una casa”.

Una metáfora bastante singular.

Ahora llevaban unos veinte minutos en los que ella estaba enseñándole cómo pelear.

Ella había insistido en ello, al declarar que si no podía luchar apropiadamente, tendría una muerte prematura.

Sonaba bastante dura cuando hablaba, pero Dorian sentía una gran preocupación de fondo en ella.

La encontró bastante dulce.

Dicho esto, ella no estaba guardándose nada.

—¿Así?

Dorian levantó sus negros brazos de Ifrit, inclinándose ligeramente hacia adelante.

Miró a la esbelta noble, con sus ojos brillando.

—Sí—dijo Helena mientras daba un paso adelante poco a poco.

Cada movimiento que ella hacía estaba perfectamente controlado.

No se desperdiciaba ni un solo punto.

La precisión exacta en la que movía su cuerpo estaba en un nivel que Dorian era incapaz de igualar.

Sus brazos se desdibujaban cuando entró en el rango de Dorian, repartiendo golpes a diestro y siniestro.

Sabía que ella estaba ralentizando sus ataques a propósito para hacerle más fácil su respuesta.

A pesar de eso, su precisión infalible hacía que sus movimientos fueran casi imposibles de esquivar, aun cuando disminuía la velocidad.

—Umm—observó, girando su cuerpo hacia al lado.

Mientras lo hacía lanzó un puñetazo con el brazo derecho, en un movimiento directo que ella le enseñó.

Según ella, el mejor uso de su físico sería para ataques simples y explosivos.

Pequeños puñetazos o ataques ligeros igualarían a casi nada a los seres fuertes de los 30.000 mundos.

Como un río fluyendo alrededor de una roca, Helena evadió el ataque de Dorian simplemente al mover la cabeza hacia un lado, pese a moverse a un ritmo visiblemente lento.

Dorian podía ver dónde estaba yendo pero cada vez que trataba de golpearla, fallaba por poco.

—¡Ngh!

Dorian sintió un golpe dar contra el costado de su pecho, lanzándolo hacia atrás.

Torció su cuerpo en el aire una vez más, dando la vuelta al enfrentarla.

—¡Mantén tu concentración!

¡Bloquea o esquiva mis ataques, y espera una oportunidad para contraatacar!

Helena era implacable en su embestida, corriendo nueva y rápidamente hacia él de nuevo.

Esta sesión de práctica era algo que se estaba tomando completamente en serio, al igual que Dorian.

La oportunidad de entrenar y aprender de una guerrera como ella era algo extraño.

Mientras su brazo derecho se desdibujaba hacia él una vez más, Dorian la miró con irritación.

Sabía qué necesitaba hacer para detener el ataque.

Simplemente no podía responder lo suficientemente rápido.

Y, cuando respondía a tiempo, sus puños parecían apenas perderla cuando ella esquivaba, dejando solo un milímetro de espacio.

Ya solo por esto, Dorian podía decir que ella era un genio en términos de combate físico.

No había forma de que pudiera vencerla en este momento, o incluso empatar o defenderse de ella, no cuando de técnica se trataba.

«Fallé, maldición».

Levantó la mano derecha, pero siguió mirando fijamente el brazo de ella que estaba golpeando hacia adelante, su agudeza visual mejorada en esta forma apenas le permitía distinguirla.

Mientras miraba su brazo ofensivo, Dorian sintió una extraña agitación en su alma.

Una sensación retorcida, una que ya había sentido un par de veces antes.

Una vez cuando estaba luchando contra ese titán de regreso en el puente de mundo desde Hasnorth, y otra vez cuando estaba convenciendo al Undécimo nacido de marcharse.

Ambas veces la sensación había avanzado sin el control directo o dirección de Dorian.

No obstante, ahora, conscientemente sentía la sensación, la sensación extraña y distorsionada en lo profundo de él.

Su poderoso control de su voluntad corría en su interior mientras miraba fijamente el ataque de Helena, y deseaba esquivarlo.

ZUMBIDO Dorian sintió la energía dejar su cuerpo.

Al mismo tiempo, el puño de Helena estaba a punto de golpear en su costado una vez más, mandándolo a volar.

Dorian estaba torciendo su cuerpo tanto como podía, tratando de alejarse del ataque.

El aire parecía temblar solo ligeramente.

El puño de Helena se alejó un milímetro del lado de Dorian, perdiéndolo por un pelo.

—¡Já!—gritó Dorian en señal de victoria, mostrando sus dientes en una sonrisa.

BOFETADA Sin embargo, un segundo después, Dorian fue lanzado por el aire mientras Helena giraba, levantando su pierna izquierda en un golpe rápido que lo derribó lejos.

Mentalmente maldijo mientras aterrizaba fuertemente, saltando hacia arriba casi de inmediato.

Helena había hecho una pausa, mirándose las manos, asombrada.

Dorian sonrió, disfrutando su sorpresa.

—Esquivé tu ataque, ¿eh?

Sorprendente, ¿eh?

Mi habilidad incluso a mí me sorprende—continuó sonriendo descaradamente.

Al hacerlo, mentalmente revisó su estatus de nuevo.

– Dorian – Estado del alma Etapa del alma: clase Dominus (inicial).

Salud: buena (experimentando reparación genética) Energía: 2.394/10.565 – Su mente corrió delante de él al darse cuenta de lo que había hecho.

Dorian sabía que su alma era una única que tenía la habilidad de “torcer el destino”.

Eso significaba que las personas y las cosas serían atraídas hacia él, la suerte o la desgracia le ocurrirían en cantidades excesivas.

Todas las Anomalías tenían almas únicas que podían “torcer el destino” en varios grados.

Dorian no estaba seguro de la fuerza de cada uno, pero Ausra afirmaba que no todos eran iguales.

Algunas almas serían mejores en “torcer el destino” que otras.

Cuando Dorian puso toda la fuerza de su voluntad en desear que algo cambiara, había sentido que su alma parecía vibrar, y luego usó algo de la energía que tenía en su interior.

Su larga práctica y experiencia en usar su voluntad apenas le habían permitido sentir y controlar la sensación.

Tan pronto como había sucedido, la realidad en sí había cambiado.

El ataque de Helena, el cual tenía un 100% de probabilidad de golpearlo, había fallado.

No fue su golpe de plena potencia, ni siquiera una décima parte de su poder y velocidad máximos ya que no usó magia, y hacerla fallar le costaría a él casi cien puntos de energía, una cantidad notable.

Aún así, la mente de Dorian estaba asombrada al darse cuenta de lo que había hecho.

Había cambiado la realidad al simplemente desear que cambiara.

«Increíble».

Ese era el único pensamiento que dominaba su mente en ese momento.

—No…—continuó Helena mirando sus manos.

La confusión teñía su voz.

—No esquivaste mi ataque.

¿Yo… fallé?

—Apretó el puño y luego lo miró como si la hubiera traicionado.

Luego miró a Dorian con recelo, con la cara fruncida mientras le lanzaba dagas con la mirada.

—¿Tú…?

—¿Qué hice, Pequeñaja?

— dijo manteniendo su sonrisa mientas la llamaba por un apodo—.

Quizás fallaste debido a mi experiencia esquivando, ¿no?

En mi tierra natal, después de todo, me apodaron el rey de la finta—se jactó, dándose palmadas en el pecho—.

Asignaciones de tareas, asistencia a clases, cuentas, el éxito en la vida, lo que fuera, lo esquivé.

El rostro de Helena se veía aun más confundido cuando volvió a mirarlo y luego abajo hacia sus manos Luego puso los ojos en blanco y saltó hacia adelante.

—¡De vuelta a la práctica!

..

..

..

..

..

..

..

..

..

Gerulf Aldric frotó sus manos juntas, observando cómo la esencia oscura se elevaba de sus Puntos oscuros.

Suspiró profundamente, sintiendo que el cansancio calaba en lo profundo de sus huesos.

Era un miembro de uno de los cuatro equipos Axios bajo el mando directo del Sumo Sacerdote de la Iglesia de la luz.

Un mago en el máximo de la clase Dominus, especializado en magia de perforación, era el sublíder del equipo de nueve hombres.

Su cuerpo musculoso de dos metros de altura tembló con el aire frío, su cabello castaño y corto ondeaba con la brisa.

Su cara era dura y curtida, arrugado tanto por la edad como por la experiencia.

Vestía un conjunto de cueros blancos de aspecto cálido, que actuaban como armadura.

Miró a través del paisaje nevado de Blizzaria.

El mundo exótico de la nieve.

Un mundo que tenía otro apodo, uno que era mucho más siniestro.

El mundo donde los muertos caminan.

—Cuidado, caballero—resonó, captando su atención, la voz calmada de Siegfried.

El mago, y el líder de su equipo de axios, estaban parados a un lado, con su pequeña forma envuelta y cubierta por un par de túnicas blancas y mantas.

—¡Listo!— gritó también Gerulf en voz alta, maldiciendo su misión actual.

Eran los sicarios de la iglesia, así como también los defensores.

Su misión era proteger la raza sombra y la comunidad de la sombra.

Él era un soldado defendiendo la libertad y la supervivencia de su raza, la causa más noble que podría haber, no un condenado cazador.

Sin embargo, aquí estaba en este mundo congelado olvidado por dios, tratando de cazar y capturar, de entre todas las cosas, a un maldito zorro.

Habían estado en el planeta durante varios días, buscando y cazando.

Tenían dos sombras que podían predecir el destino en el equipo, pero incluso entonces, habían hecho poco progreso.

En parte debido a la forma discreta en la que estaban actuando.

Bizzaria era un mundo donde incluso los magos de clase pseudo-Rex como Siegfried quisieran llamar la atención.

—¡Algo se está acercando!

El mundo que rodeaba a Gerulf estaba cubierto de una prístina nieve blanca.

En ese momento estaban en la superficie del mundo, en mitad de una larga cadena montañosa en uno de los muchos continentes cambiantes que cubrían el planeta.

Arriba de ellos, el cielo estaba cubierto con distorsiones visibles, fracturas espaciales que se desataban y ocasionalmente se desgarraban en el suelo cercano.

Viajar en la superficie de este planeta era extremadamente peligroso.

Sólo habían cruzado de un túnel a otro, según el mapa que el Sumo Sacerdote le había entregado a su equipo.

Si querían hacer algún progreso, tendrían que volver a internarse bajo tierra de nuevo, en la red de túneles cambiantes.

En los confines donde la muerte se movía.

Los ojos de Gerulf estaban tensos mientras miraba hacia la distancia.

Tormentas de nieve constantes cubrían la superficie de Blizzaria, lo que reducía la visibilidad a solo una milla o dos, incluso para un poderoso mago y luchador de clase Dominus como él.

Lo había escuchado antes de verlo.

Una voz fuerte y que hacía eco estaba resonando, en idioma común.

—¡Oh nieve veo, y nieve encontré!

¡La belleza del hielo y del fuego mana!

¿Qué es esto, pues?

¿Criaturas nuevas en el frío descuidadas?

¡Celebren, mis nuevos amigos!

¡Por la perfección que compartiré!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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