Reborn: Evolucionando de la nada - Capítulo 61
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61: Capítulo 61: Identidad 61: Capítulo 61: Identidad Editor: Adrastea Works —¿Así que no sabes lo que eres?
Dorian aplastó a un lado algunas ramas grises mientras trotaba a través del denso bosque, con sus ojos fijos delante de él.
Había pasado una hora.
Habían entrenado combatiendo por varias rondas, con Helena dándole lecciones sólidas y consejos de cómo protegerse y mantenerse en combate.
Muchos de los conceptos que ella le había compartido se centraban en estar consciente de sus alrededores, en cómo responder o reaccionar apropiadamente ante un enemigo que ataca de cierta manera, u otros temas más detallados.
Aunque solo habían combatido por una hora, Dorian había absorbido todo el conocimiento que ella le compartió.
Algo de lo que ella le enseñó no siempre se aplicaría.
Por ejemplo, en su forma de dragón myyr gigante, sería mucho menos capaz de usar con agilidad el trabajo de piernas o esquivar un ataque.
No tenía dudas de que escogería algunas otras formas más grandes con el paso del tiempo.
Aún así, esta era la primera vez que había tenido una práctica real o enseñanza en relación con el combate.
Ya se sentía más fuerte.
También había experimentado más con el uso de su voluntad para torcer el destino.
Parecía que era una habilidad inherente que su alma única le dio.
Había ciertas desventajas: por ejemplo, era más fácil rastrearlo a través del destino.
Pero las ventajas parecían hacer que valiera la pena.
Sólo al usar su voluntad, la realidad se doblaría según sus deseos.
Durante el combate con Helena, en tres ocasiones había logrado apenas evadir un ataque que ella le envió.
La primera vez le había costado casi cien puntos de energía, mientras que la segunda vez le tomó cerca de 130 y la tercera unos 280.
Su primer ataque había sido casi el mismo que el segundo.
Solo que, cuando ella notó que estaba fallando, ajustó ligeramente la trayectoria de su ataque.
Ella aun fallaba, pero le costó más energía a Dorian para hacer que fallara.
Lo mismo sucedió con el tercer golpe, aunque esta vez ella se esforzó más.
De esto, Dorian aprendió que la energía que necesitaba para cambiar la realidad era directamente proporcional al impacto que tendría su cambio.
—No—respondió Dorian, encogiéndose de hombros—.
Fui traído a este mundo desde la nada.
No tengo padres reales aquí, ni una familia real, a excepción de los otros Se había abierto a ella, un poco, mientras viajaban más profundo en el bosque.
No se sentía amenazado en absoluto por ella, y compartir un poco acerca de él y los demás no le molestaba.
Decidió mantener en secreto el hecho de que provenía de la Tierra.
Cualquier cosa que no fuera de conocimiento común para las otras Anomalías era algo que debía mantener en silencio.
Existía demasiada magia extraña, quién sabía si alguien podía espiarlo desde lejos o mirar en su pasado.
—Oh—respondió Helena, tranquila.
Dorian se agachó debajo de una gran rama, sus ojos captaron a una pequeña ardilla gris moviéndose a lo largo de su longitud.
La ardilla tenía una piel dura y corácea de color gris y se veía bastante feroz para su tamaño pequeño.
Las criaturas que estaban aquí abajo en el fondo del océano de la nada eran más fuertes y más peligrosas que la mayoría de las criaturas de la superficie.
Simplemente el sobrevivir aquí necesitaba de eso.
—¿Qué hay de ti, pequeñaja?—preguntó de regreso, apartando la vista de la ardilla para mirar de nuevo a la vampira.
Ella estaba viajando a su lado mientras se adentraban en el bosque.
Dorian quería probar sus habilidades recién adquiridas en cualquier bestia que lo atacara.
O, como él esperaba en secreto, una banda de de ladrones o vándalos.
Podía impartir justicia, y adquirir algo de práctica contra oponentes reales.
—Mis padres fueron asesinados cuando yo era pequeña—dijo tranquilamente, como si no fuera gran cosa.
No obstante, una pequeña oleada de emoción inundó su voz mientras hablaba, desmintiendo su naturalidad.
Dorian se detuvo, con sus ojos ensanchándose.
Se dio la vuelta completamente.
Ella también se había detenido, con sus ojos llenos de confusión.
Dorian se acercó y le dio un abrazo.
En la fracción de segundo antes de que estuviera a punto de abrazarla, sin que Dorian lo supiera, sus brazos se desdibujaron como si estuviera punto de desgarrarle la garganta.
Sin embargo, se detuvo en el último instante, sin dejar de mirarlo fijamente, congelada.
—Lo siento.
Eso debe haber sido muy difícil.
La emoción en su voz le dejó claro que los pensamientos aun le dolían.
Dorian hizo la única cosa que se le ocurrió, y la abrazó.
Después de un momento, ella le devolvió el abrazo, muy ligeramente.
—La vida puede ser bastante injusta—la soltó, dándole un amplio asentimiento—.
Pero solo tienes que mantenerte firme a través de ella.
Estoy seguro de que te están sonriendo desde allá arriba.
El rostro de Helena era indescifrable mientras lo miraba fijamente.
Después de un momento, ella asintió ligeramente, apartando la mirada.
Pasaron unos segundos en silencio cuando reanudaron la marcha.
—Entonces ¿cómo es que eres tan buena luchadora?—preguntó Dorian, después de un momento, rompiendo el silencio.
Helena era increíblemente hábil, desde la perspectiva de un lego como Dorian.
Ella parecía tener una comprensión innata para todo lo relacionado con el combate.
Helena se encogió de hombros, —Es porque necesitaba serlo.
Tengo un solo objetivo en esta vida.
—Dijo, con su voz empezando a rebosar pasión.
—Y ese es derrotar a cierto hombre.
—¿Oh?—dijo Dorian con curiosidad—.
¿Quién?
—Al hombre más cercano a convertirse en un dios—comenzó Helena, apretando los puños mientras hablaba—.
El mago y guerrero más fuerte que existe.
El ser que hirió y sesgó el camino a Auctoritas para el Gran Señor Marcus—sus ojos brillaron con ira—.
El Rey loco Telmon.
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—¿Qué piensas Cassiera?
¿Debería poner el jarrón aquí, o por allá?
Arthur Telmon, conocido simplemente como el Rey mago Telmon, echaba un vistazo al gran jarrón blanco con una mirada preocupada.
El diseño adornado floral en este era simple, aunque hermoso, y emitía un aura sagrada.
Sus ojos color violeta estaban brillando con una luz extraña, mientras que su mandíbula fuerte y su nariz pequeña le daban una apariencia masculina y atractiva.
Una cicatriz larga y roja recorría la longitud de su mejilla derecha hasta su cuello, y tenía hombros musculosos.
Una pequeña corona dorada descansaba sobre su cabeza.
La túnica blanca que vestía, decorada con una insignia de color negro de un libro de hechizos de mago, estaba actualmente levantada con fuerza mientras él miraba alrededor del gran jardín en el que estaba, encogiéndose de hombros.
Era un jardín místico y extenso.
Cientos de árboles, arbustos, y plantas exóticas bordeaban un camino de piedra gris, llenando el área con una sensación de magia y salud.
Hierbas mágicas de todos los tipos y clases atestaban el lugar, una verdadera fortaleza de la riqueza y vida vegetal.
—Oh, su Majestad… La figura esbelta de Cassiera se estremeció al aparecer.
El vestido azul ajustado que llevaba acentuaba sus curvas mientras hablaba con adoración.
—¡Se ve perfecto ahí!—dijo con entusiasmo.
Telmon frunció el ceño.
—Cassiera todavía lo estoy sujetando.
—Sí—asintió con su cabeza—De hecho, lo es, su alteza.
Sus ojos observadores están tan intensos como siempre—dijo completamente en serio.
La miró con los ojos entrecerrados.
—¿Qué tal aquí?—lo puso en su otra mano.
—Perfección.
—¿Aquí?
—Lo colocó en su rodilla derecha, sosteniéndolo.
—Belleza incalculable.
—¿Aquí?
—Lo colocó sobre su cabeza.
—Los dioses caídos han bendecido su sabiduría.
Él suspiró y dejó el jarrón, mirándola.
—¿Estás diciendo eso como excusa para alabarme?
—¡Q-Qué, su-su Majestad!
Cassiera se sonrojó mientras hablaba, con sus ojos moviéndose hacia los alrededores.
Ella era una mujer increíblemente inteligente, la líder del Departamento del destino.
Una maga devota y poderosa, había pocos tan tácticos y astutos como ella.
Eso era si se enfrentaba a alguien que no fuera Telmon.
—No importa, no importa—sacudió su cabeza, forzándose a no sonreír.
Dejaría de burlarse de ella por ahora.
No obstante, parpadeó, y se congeló cuando un mensaje mágicamente entró a sus oídos.
Una sonrisa lúgubre apareció en su rostro.
—Ven, Cassiera.
Parece que ha llegado el cadáver de esa Anomalía.
Hace un tiempo, uno de sus magos había perecido al matar a una de las Anomalías invasoras.
Desde entonces, las criaturas restantes habían causado que el caos y la destrucción se extendieran a través de los 30.000 mundos.
Todavía sabían muy poco sobre estas criaturas.
Tener el cadáver para examinarlo podría permitirles responder muchas de las preguntas que tenía Telmon.
Telmon agitó su mano de manera casual.
En un instante, la realidad se distorsionó y él y Cassiera se desvanecieron, reapareciendo a varias millas de distancia en una cámara grande y gris.
Esta cámara se extendía por al menos unos cien metros de largo y varios cientos de ancho, y tenía la forma de un gran rectángulo.
Estaba excavada en la tierra, colocada bajo tierra a varias millas por debajo de la superficie.
Varios orbes de luz, grandes y brillantes adornaban los lados de la cámara en mayor parte vacía, iluminándola.
Se podía ver un portal grande y brillante en un extremo de la cámara.
Desde este portal, se podía ver emerger una tropa pequeña de magos.
Vestían un extraño surtido de túnicas de colores, lo que indicaba que eran de varios departamentos.
El Departamento de ondas, el Departamento de luz, el Departamento de sonido, el Departamento de gravedad y algunos otros.
La mayoría de ellos parecían ser de mediana edad o mayores, todos poderosos magos de clase Dominus.
Varios de ellos estaban incluso en la clase pseudo-Rex.
Existían muy pocos magos de clase Rex, incluso para la descomunal Autarquía Borrel.
Los magos de clase Dominus formaban la mayor parte de las fuerzas que el león compartía.
—Su Alteza.
Un representante salió del grupo de magos.
Un mago de clase Pseudo-Rex que Telmon reconoció.
Un miembro anciano del Departamento de Gravedad, Gwentel Tolm.
Tenía cabello blanco y corto y una barba pequeña, su figura avanzaba con orgullo.
—Mis condolencias por Antdre—empezó Telmon.
Antdre era uno de los magos de clase Dominus que había muerto contra el auto-proclamado “Segundonacido”, un temible León dorado divino que desde entonces había desaparecido, una de las otras Anomalías de las que habían perdido el rastro.
Telmon tenía una memoria impecable, y recordó que Gwentel había sido amigo de él.
Ambos eran miembros del Departamento de gravedad.
—Tuvo la muerte que todo mago se merece—respondió el representante, con un semblante triste, al igual que el tono de su voz.
Continuó, sin hacer pausa, con un indicio de furia en su voz, —Hemos traído con éxito el cuerpo de la Anomalía caída—dijo Gwentel, mostrando respeto con un movimiento de su mano.
De inmediato, apareció en el aire un cadáver enorme.
Una criatura vagamente humanoide de treinta metros de altura.
Su cuerpo entero parecía estar hecho de madera ennegrecida, cubierta de cientos de marcas de quemaduras y cicatrices.
Sus largos brazos estaban ennegrecidos, pero cubiertos de lo que parecía ser grandes placas de madera.
El rostro de la criatura era casi inexistente.
En lugar de tener rasgos faciales, era solo una máscara vacía extrañamente inquietante.
Sin ojos, sin boca, solo una pizarra en blanco.
Una pequeña corona de madera descansaba arriba de su cabeza, también quemada parcialmente.
La descripción exacta de un gigante de madera boorakian antiguo, una poderosa bestia de clase Dominus que se pensaba extinta.
—Ya veo.
Telmon lo miró fijamente, con sus ojos fríos.
El mago volcánico Petryon de clase Dominus, un hombre con un futuro prometedor, había fallecido para matar a esta bestia.
Parpadeó mientras lo miraba.
—Fue un viaje dificultoso, pero logramos…—comenzó Gwentel, pero fue interrumpido.
—No está muerto.
Telmon agitó su mano.
El cadáver de madera fue lanzado por el aire, aterrizando a unos cientos de metros de ellos.
El cuerpo de Cassiera desapareció mientras se escondía, obedeciendo una orden mental que Telmon le envió.
—¿Perdón?—dijo Gwentel, que miró a Telmon confundido.
—Dije: No está muerto—afirmó Telmon tranquilamente, mientras saltaba.
Apareció un halo blanco y resplandeciente, daba vueltas alrededor de la frente del Rey mago.
El aire a su alrededor permanecía perfectamente quieto y estable, sin un indicio de que algo estuviera presente.
—Que estúpido de tu parte, Anomalía, entregarte de manera voluntaria—dijo mientras una sonrisa aparecía en su rostro.
Comenzó a agitar su mano de nuevo.
—¿Vas a esperar aquí sin hacer nada?
¿O…?
Mientras hablaba, un rayo de energía blanca se disparó hacia adelante, tratando de derribar el cadáver del gigante de madera.
Gwentel y el resto de los magos de clase Dominus, todos observaron confundidos.
Al mismo tiempo, comenzaron a lanzar varios hechizos defensivos, protegiéndose a sí mismos solo por si acaso.
En el último segundo, el enorme cadáver de madera se estremeció.
De manera abrupta, su cuerpo se sacudió hacia atrás, dándose la vuelta mientras se reía a carcajadas, —¡Ohhhh, jajajaja!
¡Viste a través de mí!
¡Jajaja!
¡Qué encantador!—su voz era penetrante y aguda, un chillido irritante.
Mientras hablaba, su cuerpo comenzó a transformarse, la piel quemada se desprendió, revelando un exterior de madera lisa y marrón.
—No eres un gigante de madera boorkian antiguo, ¿cierto?
—respondió Telmon, juntando sus manos en silencio.
—Jajaja, ¿quizás, quizás no?
¿Por qué importa?
¿Qué es la perfección sin un poco de diversión?—se rió mientras hablaba.
Después de terminar de hablar, golpeó con sus pies, con un aura increíblemente densa brotando de él.
Una luz marrón se apagó, coloreando el aire que lo rodeaba.
—¡Yo, el Séptimonacido, te demostraré que la diversión es inherente a la perfección!
¡Jajajaja!—dijo con una voz que desprendía demencia.
Decenas de miles de raíces de madera comenzaron a explotar de su cuerpo, temblando adelante con un aire de poder increíblemente denso.
Un reflejo débil y marrón de un halo se formó alrededor de la cabeza de la enorme y corpulenta criatura de madera.
—¡De clase pseu-pseudo Angelus!
El rostro de Gwentel palideció cuando miró en shock, con su cuerpo desdibujándose mientras retrocedía hacia el portal.
Era un hecho bien conocido que si un humano enfrentaba una bestia de un linaje poderoso de la misma clase, sería fácilmente derrotado.
Los cuerpos de la mayoría de las bestias eran simplemente mucho, mucho más fuertes comparados con los humanos.
Incluso con la magia para compensar, las habilidades poderosas de la mayoría de las criaturas habían hecho que cada batalla fuera difícil.
Una bestia de clase pseudo-Angelus se consideraba un rival para un mago humano de clase Angelus.
—¡Eres poderoso Rey mago, según he podido escuchar!
¡Tengamos una batalla poderosa y divertida!
¡Jajajaja!
Los tentáculos de madera comenzaron a arremeter en el espacio mismo mientras disparaban hacia Telmon.
Aparecieron fracturas espaciales, distorsionando la visión de todos los presentes.
El aura que envolvía la madera era corrosivo, doloroso incluso de mirar.
Telmon sacudió su cabeza.
—Arrogancia.
Chasqueó los dedos.
De inmediato, una barrera invisible apreció alrededor de él.
Mientras los miles de tentáculos golpeaban contra esta barrera, rebotando contra esta, las fracturas espaciales se retorcían y desaparecían.
—Compartiré algo de diversión contigo, mi estúpido amigo—sonrió Telmon—.
A lo largo de mi investigación, he hecho varios descubrimientos y establecido cientos de teorías.
Una de estas teorías es acerca de la existencia misma.
Es mi firme creencia de que todo lo que existe está hecho de diminutas y minúsculas partículas.
Cada cosa, desde tú y tu forma, hasta mí y la mía.
Cada cosa en la realidad puede ser individualizada y reducida a un conjunto de números e información, que representan el total.
Diminutas partículas, moviéndose con propósito y energía.
Por el momento, los miles de tentáculos de madera habían rebotado en la barrera invisible que protegía a Telmon.
En lugar de comenzar a rodearlo, cientos de rupturas espaciales destrozaron la realidad misma mientras intentaban de precipitarse sobre él.
Los otros magos se habían retirado hace bastante rato a través del portal aún abierto, escapando seguros durante la batalla.
Demostrarían ser inútiles en un encuentro de tal poder y escala, y tomaron la sabia decisión de apartarse del camino.
—¡Jajajajaja!
¡Muere!
¡Cae!
¡Desgárrate!
¡Qué divertido!
¡Esperé tanto por esto!
La voz demente del Séptimonacido resonó por encima de los caóticos chillidos del espacio mientras aparecían cada vez más rupturas.
—¿Sabes lo que implica este conocimiento, mi estúpido amigo?—prosiguió Telmon, impasible—.
Significa que no existe nada que pueda frenarme—dijo, juntando sus manos—.
Magia de creación:—comenzó, lanzando un hechizo.
Sus ojos brillaron con una luz blanca.
—Deconstrucción atómica.
ZUMBIDO Todo alrededor de Telmon se transformó en cenizas.
Los miles de tentáculos, el suelo de piedra, todo dentro de cien metros a su alrededor se transformó en pequeñas partículas grises de cenizas.
El enorme cuerpo de madera del Séptimonacido era la única cosa que quedaba dentro de un espacio de cien metros, con todos sus tentáculos de madera aniquilados.
—Magia de creación: prisión espacial universal—.
Telmon agitó sus manos de manera casual, lanzando otro hechizo.
Inmediatamente, el espacio donde la Anomalía estaba impactada fue sellado, desapareciendo de la realidad al encarcelar a la criatura.
Telmon suspiró con decepción mientras miraba alrededor de la habitación gravemente estropeada.
Se podían ver miles de aberturas, las ondas espaciales dañinas destrozaban la cámara subterránea de transporte.
El portal que los magos habían usado para llegar hasta allí ya hacía tiempo que se había destruido.
—Que aburrido—sacudió su cabeza—.
Cassiera, haz que el Departamento de tierra arregle este lugar.
Además, haz que el Departamento espacial trabaje en establecer un nuevo portal de red.
La mayoría de los Departamentos tenían representantes allí, en el planeta natal de la Autarquía Borrel.
—¡Sí, su Alteza!
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Dorian se acomodó en la cama, estirando sus músculos cansados.
Se había visto envuelto en varios combates mientras viajaba a través del bosque, varias bestias salvajes trataron de matarlo.
Había logrado poner en práctica, varios de los consejos que Helena le había dado, poco a poco asentando una base para su propia habilidad marcial.
No había adquirido ningún linaje único o poderoso, pero la experiencia y conocimientos que consiguió hicieron que fuera una aventura valiosa.
Había decidido que mañana comenzaría sus preparativos finales.
Era hora de que viajara hacia el próximo mundo en su lista, para viajar hacia la Quebrada Ember, y crear un cuerpo nuevo para William.
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