Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Reborn: Evolucionando de la nada - Capítulo 64

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Reborn: Evolucionando de la nada
  4. Capítulo 64 - 64 Capítulo 64 Viaje
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

64: Capítulo 64: Viaje 64: Capítulo 64: Viaje Editor: Adrastea Works —¿Entonces lo vamos a dejar ir así como así?—farfulló uno de los magos de sangre que seguía a Helena, un vampiro de mediana edad con pelo castaño grisáceo y una apariencia severa.

Dolovin Peytrach, un poderoso vampiro de clase Magnus Magister, uno de los más fuertes que ella pudo traer consigo.

—Sí—la voz de Helena era fría cuando miró a la figura solitaria de Dorian, alejándose de los muros de la ciudad—.

No cuestiones mi voluntad.

Su voluntad estaba llena de dureza mientras se volteaba y miraba a su subordinado ,o mejor dicho, al subordinado que el general Carus le había prestado.

El vampiro de mediana edad retrocedió, agitando sus manos en el aire en señal de rendición.

Los pensamientos de Helena retrocedieron a la conversación que había tenido con Dorian, apenas hace solo una hora más o menos.

La luz temprana del alba acababa de deslizarse sobre el horizonte cuando apareció, una vez más en el techo.

Helena tenía la costumbre de retraerse, meditando o perdida en sus propios pensamientos.

Disfrutaba estar en lugares con poca gente, y en una ciudad concurrida como esta, un techo aislado era lo mejor que podía conseguir.

La escena se abrió en su mente, el cuerpo negro y flexible de Dorian aterrizó en el techo frente a ella.

—Estoy planeando irme.

La Anomal…, no, se corrigió a sí misma, Dorian, dijo, dándole una sonrisa amistosa.

Helena le devolvió la mirada, insegura de qué responder.

—¿A dónde?—finalmente le preguntó.

Dorian suspiró, sentándose en el borde del techo.

La ciudad normalmente bulliciosa estaba empezando a despertar, todavía silenciosa a la luz de la madrugada.

—Tengo un amigo que necesito salvar, y un viaje que necesito hacer de para conseguirlo—respondió.

No obstante, cuando habló, su espalda se había encorvado, como si estuviera llevando una pesada carga sobre sus hombros.

Respiró otra vez profundamente, encogiéndose de hombros y sacudiendo su cabeza.

Helena se estremeció al ver esto, su corazón latía rápido.

Levantó una mano, queriendo colocarla en su hombro para consolarlo.

Se congeló a medio camino, mirando hacia su brazo.

¿Qué estaba haciendo?

Solo lo había conocido hace unos días, cuando la rescató.

Se sonrojó furiosamente.

¿En qué estaba pensando?

Retiró su mano, lentamente.

Él ni siquiera era un vampiro.

Mientras ella estaba lidiando con sus pensamientos, Dorian continuó, —No será fácil, pero es un viaje que debo hacer—prosiguió—.

Aun así nada es fácil en la vida, ¿eh?

Si las cosas así fueran, todos serían exitosos, y todo sería perfecto.

Se volteó para mirarla.

La cara de Helena era una imagen de tranquilidad, sin un indicio de rubor en ella mientras respondía, —No.

Las cosas en la vida nunca son fáciles.

Su mente fue a sus propios objetivos y aspiraciones.

Hacia su entrenamiento constante, y a la soledad que se impuso a sí misma de manera de volverse más fuerte.

El silencio reinó por un momento, formándose entre ellos un acuerdo tácito.

—¿Te veré de nuevo?—preguntó Helena, susurrando.

Ella se maldijo mentalmente de nuevo.

Se sentía como una niña pequeña otra vez, no como una poderosa guerrera.

En los últimos días, había hablado con este hombre extraño por horas.

A veces hablaban del futuro, pero en otras ocasiones hablaban sobre el pasado.

Él era divertido e inteligente, tonto pero también feroz.

Lo que ella admiraba mayormente de él era su confianza inquebrantable y su rechazo a hacer algo mal, sin importar qué.

Nunca había conocido a alguien como él.

En su opinión, a veces parecía un poco demasiado.

Sus objetivos y aspiraciones parecían ser imposibles.

La vida era muy gris, ¿cómo alguien se podía apegar a un camino realmente limpio?

Era demasiado terco.

Aunque por alguna razón, sentía como si tuviera fe en él.

Si alguien podía hacerlo, era él.

—Sí—respondió, levantándose desde el lado de la posada.

Sonrió de nuevo cálidamente, y avanzó, llevando sus brazos alrededor de ella en un gran abrazo de oso.

—Somos amigos ahora, ¿no?

Los amigos siempre cruzan sus caminos de nuevo.

Sus palabras la habían impactado.

Helena no era una persona social, y casi durante toda su vida, se había dedicado a entrenar su cuerpo y su fuerza, para convertirse en el arma definitiva.

Amigos… no tenía verdaderamente amigos cercanos, no después de que sus padres murieron.

Se quedó de pie, allí, aturdida, mientras él la abrazaba y luego la soltaba, girándose con un gesto para dejar el techo.

—…— Helena regresó al presente, con sus ojos llorosos mientras miraba a Dorian.

Se mordió el labio, observando su silueta haciéndose más y más pequeña en la distancia.

Apretó sus puños, y su mente regresó a su meta una vez más.

El objetivo obsesivo que debía alcanzar, derrotar al Rey mago.

—Nos reuniremos de nuevo, Dorian—susurró—.

Amigo mío.

..

..

..

..

..

..

..

..

Dorian pisó sobre la alfombra gigante, instalándose cómodamente.

Echó un vistazo a su alrededor, a los otros pasajeros, maravillándose ante el artefacto mágico en el que estaba sentado.

Una enorme alfombra gigante que, por medio de la magia, era capaz de volar, desplazándose a velocidades extremadamente rápidas.

Había comprado un boleto para abordar una de las grandes alfombras que la compañía de viajes Alfombra dorada ofrecía.

Viajar, en Taprisha era un emprendimiento lucrativo.

A diferencia del planeta menor de Hasnorth, Taprisha era un conocido planeta exótico, con una variedad de poderosos personajes en ella.

El dinero llamaba al dinero, y aquí existían muchos negocios lucrativos.

La compañía de viajes Alfombra dorada era uno de esos negocios, que se extendían a lo largo de Taprisha, manejada por un mago de clase pseudo-Dominus que se especializaba en magia de viento y en la creación de artefactos.

Dorian miró por el borde de la alfombra, hacia varios metros a su derecha, observando cómo se desdibujaban varias nubes al pasar.

Se movían a una velocidad increíblemente rápida, lanzándose a través de la superficie en una ruta predeterminada.

El viento rozaba la alfombra y se cortaba en ella, sin poder atormentar a los pasajeros a bordo.

Disfrutó inmensamente de la vista, dejando que sus ojos recorrieran las nubes en constante cambio a su alrededor.

El enorme artefacto era costoso de mantener, y le había costado a Dorian cincuenta cecas de oro el sólo comprar un asiento, a pesar de que había más de otros cien pasajeros a bordo.

También era la manera más rápida en la que Dorian vio que podía desplazarse.

En la parte frontal de la alfombra dorada, se podían ver dos magos de viento, uno que operaba el artefacto gigante mientras que el otro esperaba, como respaldo y como guardia.

Hizo memoria mientras meditaba en la alfombra, pensando en Helena brevemente.

Sonrió.

Había hecho su segundo amigo en este mundo.

Ella era uno interesante, eso era seguro, pero Dorian podía sentir su buen espíritu y buenas intenciones.

Ella era bastante guapa, un pensamiento que Dorian sacudió inmediatamente de su cabeza.

Las personas que se acercaran a él estarían constantemente en peligro.

No podía permitirse el lujo de acercarse a alguien.

Ya había visto lo que había sucedido con Will.

Suspiró.

—¿Cómo te sientes Will?—murmuró, mirando hacia arriba.

Allí no estaba el orbe rojo brillante sobre su cabeza, pero sentía la presencia de Will en la parte de atrás de su alma, dormido e inmóvil —Mantente fuerte, Will.

Voy en camino—suspiró, sintiéndose malhumorado.

Por alguna razón, Dorian había encontrado difícil controlar sus emociones últimamente.

No sabía si era por causa de ese tiempo prolongado en esa prisión mental, pero estaba resultando bastante irritante.

Al menos todo parecía ir bien, por ahora.

Soportar tal viaje, y tantos riesgos, solo para salvar la vida de alguien que conoció tan brevemente… había muy pocas personas que estarían dispuestas a hacer eso que estaba haciendo, pensó Dorian.

Sin embargo, Will había salvado su vida, y él le había hecho una promesa.

Y cumpliría esa promesa.

Era, como siempre se recordaba, lo correcto.

Tenía fe de que mientras hiciera lo correcto, todo saldría bien.

—Bleh—Había dicho tantas veces esa expresión que parecía que estaba empezando a envejecer—.

La acción correcta a tomar.

La forma justa de hacer algo.

La manera perfecta de propiciar un movimiento—lanzó algunas formas alternativas de decirlo.

Algunos de los pasajeros sentados cerca de él, la mayoría humanos con algunos de esos humanoides de roca que había visto, lo miraban de reojo mientras hablaba a la nada.

Dorian los ignoró, completamente impasible.

El resto del vuelo pasó en lo que se sentía como nada, pero en realidad fueron un par de horas, atravesando miles de kilómetros.

No se habían encontrado con ninguna bestia peligrosa o con algo remotamente peligroso, la ruta planeada por los magos entendidos para evitar a propósito cualquier cosa perjudicial.

Fue un viaje bastante tranquilo.

Dorian pronto llegó al borde de la meseta que albergaba la Ciudad Estado de Hebbedon.

La ciudad en sí no se veía nada especial.

Dorian pudo distinguir grandes muros grises, que bloqueaban a los forasteros que lo rodeaban.

Se podían ver varias torres en el centro de la ciudad, construidas de alguna piedra blanca y brillante.

Según la información que había obtenido, era una ciudad administrada por humanos, una de las pocas que no eran controladas por vampiros poderosos en Taprisha.

Habían varios grupos de comerciantes que se asentaron aquí que regularmente enviaban excursiones a lo largo del puente de mundo hacia Blizzaria, para buscar tesoros raros, recursos y hierbas mágicas que se podrían encontrar en Blizzaria y en el puente hacia ella.

Cuando Dorian desembarcó de la alfombra voladora gigante, bajando de un solo salto, miró brevemente la ciudad.

Luego se giró hacia el enorme puente de mundo que se elevaba ante sus ojos.

El puente de mundo a Blizzaria se erigía hacia arriba, una columna enorme de tierra, cubierta de bosques y árboles.

La totalidad de este puente de mundo estaba lleno de un solo bosque enorme, con docenas de ríos que se extendían a través de él.

Echó un último vistazo a la Ciudad Estado antes de decidir ignorarla.

Ya había perdido demasiado tiempo, y necesitaba seguir avanzando.

Si la ciudad fuera una dirigida por vampiros, llena de tiendas de Magia de sangre, podría haberlo reconsiderado, solo para ver si podría conseguir algún linaje útil.

A falta de eso… ya era hora de que se moviera.

Unirse a una caravana de comerciantes simplemente lo retrasaría.

Necesitaba llegar a Blizzaria, y viajar a través del sistema de cuevas occidental hasta el puente de mundo a Paxital.

– Dorian – Estado del alma Etapa del alma: clase Dominus (inicial).

Salud: buena (sufriendo reparación genética) Energía: 9.223/10.565 – Sonrió.

Ya casi había recuperado la totalidad de su fuerza, más rápido de lo que Ausra había estimado que le demoraría.

Pronto sería capaz de transformarse de nuevo, y usar sus otras formas, así como trabajar en absorber y desarrollar una nueva forma.

También tenía curiosidad de ver si podía combinar su linaje ifrit con alguna de sus otras formas.

Mientras estos pensamientos cruzaban su mente, Dorian comenzó a dar grandes saltos, impulsándose hacia el puente de mundo.

Comenzó a practicar su hechizo de manos cálidas mientras corría, determinado a consolidar su entrenamiento mágico y avanzar al siguiente hechizo.

..

..

..

..

..

..

..

..

..

..

—Uff, uff.

Una pequeña y delicada humanoide resollaba profundamente, con su cuerpo temblando mientras se revisaba en busca de lesiones.

Su cabello largo, lustroso y plateado brillaba en la cámara subterránea bien iluminada, con cúmulos de cristales brillantes iluminando las paredes que la rodeaban.

Era una habitación de tamaño decente, de al menos veinte metros de ancho y treinta metros de largo.

El suelo y los lados de la habitación estaban cubiertos con parches de frío hielo azul.

—No estoy más herida—dijo la chica, con su voz llena de alivio.

Su aliento se convertía en niebla, una pequeña nube que se disipaba en el aire en frente de ella.

Chirrido Se dio la vuelta, levantando sus brazos como si estuviera lista mientras un ruido hacía eco a través de la pequeña caverna en la que estaba.

Pequeños dientes afilados se revelaron cuando ella abrió su boca en un gruñido, poniendo una expresión feroz.

Lentamente, una pequeña roca rodó hacia el suelo, impulsada por el desplazamiento del hielo.

Suspiró aliviada, sacudiendo la cabeza.

Volvió a echar un vistazo a su cuerpo, comprobando si había nuevas heridas.

Tenía una figura pequeña, solo un par de pulgadas por encima de los cinco pies de altura (1,57 metros).

Estaba envuelta en una capa blanca ajustada, que mostraba su pequeña figura.

Esta capa tenía varias roturas en ella, exponiendo una piel blanca lechosa.

A pesar de eso, no parecía afectada por el penetrante frío que la rodeaba.

Su rostro era pequeño, casi idéntico al de un humano, salvo por las hermosas pupilas plateadas brillantes que poseía y las dos pequeñas orejas de zorro empenachadas que emergían de su largo cabello plateado.

La forma humanoide, una habilidad que poseían varias bestias extremadamente raras y poderosas para transformarse en una forma bípeda, de un zorro lightsworn.

—Todavía están siguiéndome—murmuró, sujetándose un costado para revisar una herida, varios huesos rotos que aún estaban sanándose—.

No pueden rastrearme a través del destino si me quedo así—dijo, echando un vistazo a sus brazos y su cuerpo, sacudiendo su cabeza en desaprobación y enfurruñándose.

—Muy feo.

GRRRRRRRRRRRRRRRRRR Un rugido bajo y retumbante hizo eco, sacudiendo a través de la caverna en la que estaba la chica.

Se encogió de hombros al escucharlo, saltando y ocultándose en un pequeño rincón cerca del techo de la cueva.

—Llegué al sistema del oeste… todo lo que necesito hacer es llegar al conservador de hielo, y todo estará bien.

Aunque un pequeño descanso primero no hace mal a nadie.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo