Reborn: Evolucionando de la nada - Capítulo 78
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- Capítulo 78 - 78 Capítulo 78 Sun Wukong vs Zero
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78: Capítulo 78: Sun Wukong vs Zero 78: Capítulo 78: Sun Wukong vs Zero Editor: Adrastea Works En otro mundo, muy lejano.
Sun Wukong suspiró.
El halo azul sobre su cabeza brillaba suavemente.
El aire a su alrededor crepitaba con poder mientras se enfrentaba al enorme león dorado divino.
Detrás de él, descansaba el cuerpo inconsciente de un quetzalcoatl celestial gigante, mientras emanaban de su cuerpo partículas de luz que formaban su sangre.
—No hagas esto, amigo.
—dijo Sun Wukong, con sus ojos brillando.
—No quieres recorrer este camino.
— El enorme león simplemente miró fijamente al mono, su cuerpo entero estaba tenso.
—Soy Zero.
—Resonó su voz, llena de grandeza y poder—.
Yo… —Sí, sé quién eres.
—Sun Wukong lo interrumpió, agitando su mano de manera casual.
A pesar del tono tranquilo de su voz, sus palabras tronaron en el aire, una orquesta magnífica de brillantez—.
Más importante aún… Sé lo que eres.
Sun Wukong, dio un paso adelante, —Puedo ver a través de ti, mi viejo amigo.
Los ojos de Zero adquirieron un tono rojo cuando respondió, —Yo… Antes de que Zero pudiera terminar su declaración, el cuerpo del Rey mono se volvió borroso, juntó sus manos cuando se lanzó hacia adelante, al león dorado divino.
El báculo que sostenía se enganchó en su espalda, manteniéndose seguro.
Cuando saltó hacia adelante, sus manos juntas se retorcían.
—Magia de maldición.
Liberación del séptimo sello: fuerza hercúlea.
Tan pronto como terminó de hablar, su mano derecha se posicionó encima del lado izquierdo de su pecho, justo en su corazón.
Luego apuñaló con sus dedos, una luz azul se deslizaba de ellos en la forma de un sello fascinante.
Este sello se hundió en la carne de su pecho, y parecía reaccionar, adquiriendo un brillo oscuro.
El cuerpo de Sun Wukong comenzó a brillar mientras sus músculos sobresalían, su forma física se transformó de un mono pequeño de tamaño promedio a un simio corpulento y musculoso de tres metros de altura.
Su propia piel se extendió, las venas sobresalían mientras cada fibra de su ser parecía volverse energizada y poderosa.
—Liberación del sexto sello: cuerpo dorado.
Otra acumulación de energía brotó de sus manos hacia su corazón, la imagen de un sello se formaba y hundía en su pecho.
El cuerpo de Sun Wukong que se había hinchado con los músculos comenzó a condensarse, encogiéndose a unos dos metros de altura.
El aire a su alrededor parecía solidificarse, como si su cuerpo se hubiera vuelto increíblemente denso y estaba comenzando a afectar el mundo que lo rodeaba.
Cada uno de sus movimientos estaba imbuido con energía vital, derivada de la ley del poder, una de las leyes más fuertes que se enfocaba en el poder físico, y la ley que el Rey mono había dominado por completo.
Todo esto ocurrió en menos de una fracción de segundo.
El ataque de Sun Wukong en la mitad de la respuesta del león tomó a Zero por completa sorpresa.
BUUUUUUM Con un impacto resonante, Sun Wukong golpeó a Zero en el pecho.
El mundo parecía explotar alrededor de ellos.
Un cráter colosal de aproximadamente un kilómetro de diámetro se formó en el suelo.
La metralla de piedra y roca salió disparada al aire, mientras que la tierra debajo de ellos fue destruida, reducida a polvo.
Montañas enormes y pesadas fueron arrojadas al cielo, agrietándose y rompiéndose en pequeños fragmentos ante la fuerza del golpe.
La forma de león de Zero, de sesenta metros de altura, fue enviada a volar, derribada a casi dos kilómetros de distancia.
La sangre brotaba de la boca de la inmensa criatura, varias de sus costillas estaban agrietadas.
Su pecho estaba ligeramente hundido por el impacto, que traspasó sus poderosas defensas.
Antes de que pudiera seguir volando, el león gigante golpeó sus piernas contra el suelo, un gruñido feroz brotó de sus labios.
Una corriente sin fin de luz dorada y blanca lo envolvió como si a la fuerza se hubiese quitado el impacto del Rey mono.
Los ojos de Zero brillaban con un destello rojo mientras miraba la forma diminuta del Rey mono.
Incluso desde la distancia, podía ver que el aire alrededor de la poderosa criatura permanecía quieto, a pesar de la tormenta explosiva levantada por el ataque.
Las miradas de Zero y el todopoderoso gobernante de la Alianza Graal se encontraron, sus ojos brillaban.
Una pequeña línea de sangre goteaba de su boca.
—No puedes detener el destino, mono.
—susurró Zero.
Sun Wukong levantó su mano derecha en frente de él, moviendo su cuerpo ligeramente al costado.
—Liberación del quinto sello: aceleración del alma.
—Liberación del cuarto sello: quemadura latente.
El cuerpo de Sun Wukong se sacudió, sin cambiar mucho en el exterior.
Sin embargo, sus ojos, parecían volverse interminables, adquiriendo una profundidad que no podía igualarse.
Su forma física parecía volverse incluso más fuerte y poderosa, mientras todo en el ambiente permanecía inmóvil.
Cuando esto sucedió, hizo un gesto de dolor, sus ojos se crisparon como si una vieja lesión le doliera.
La forma física completa de Zero se desdibujó mientras levantaba sus atas.
Una bola de energía masiva se formó en el aire en frente de él, hecha de puro poder dorado y blanco.
Esta energía fue condensada desde el mismo aire que rodeaba a Zero, y al interminable suministro de energía de su interior, todo en una fracción de segundo.
ZUMBIIIIIIIIDO Este ataque tardó solo una fracción de segundo en conjurarse, no obstante, parecía agotar en gran medida al león gigante, causando que su cuerpo temblara por el esfuerzo.
La luz dorada que lo rodeaba temblaba de furia, las partículas se estremecían y temblaban.
Un rayo de poder bruto condensado se disparó hacia adelante, moviéndose una velocidad extremadamente rápida.
Derritió a través del aire, destruyendo el espacio a medida que avanzaba.
Una habilidad que solo poseía un león dorado divino, el rayo de aniquilación.
Este rayo mortal de destrucción golpeó en la mano que Sun Wukong tenía a la espera.
—Olas cambiantes: desvio de la marea.
La mano de Sun Wukong se torció ligeramente.
El todopoderoso rayo de destrucción golpeó esa mano que se mantenía en espera, y giró físicamente, golpeando justo a la derecha del Rey mono cuando fue redirigido, volando hacia el cielo.
El pecho de Zero se agitó mientras miraba fijamente al Rey mono, con sus ojos abiertos ampliamente.
—No puedes derrotarme, mi amigo león.
—La voz de Sun Wukong resonaba cuando comenzó a avanzar.
Cada paso que daba formaba un cráter de cien metros de ancho, lanzando aún más piedras y rocas al aire ya caótico—.
Nunca podrás derrotarme.
—Los ojos del poderoso mono brillaron, desprendiéndose de ellos una confianza absoluta.
Un torrente de emociones pasó por los ojos de Zero mientras simplemente miraba al mono.
Y luego se dio la vuelta, su cuepro se volvía borroso mientras escapaba.
Una luz dorada se sacudió alrededor del cuerpo del león, ayudándolo a atraer cada pizca de poder restante para moverse más rápido, para escapar del mono monstruosamente poderoso.
Sun Wukong lo observó marcharse, su cuerpo graduablemente regresó a su estado normal.
El halo azul y suntuoso alrededor de su cabeza desapareció.
El cuerpo del quetzalcoatl celestial yacía en el suelo a pocos miles de metros detrás de él, después de haber sido lanzado a los alrededores debido a la fuerza de la batalla.
Pasaron varios instantes.
Para entonces, el león dorado divino se había retirado a más de mil millas, y había llegado a un puente de mundo que conectaba con el planeta.
El león ya había huido hacia él, su cuerpo derramaba sangre que se evaporó inmediatamente.
Tan pronto como Sun Wukong se aseguró de que el león se había ido, cayó sobre una de sus rodillas.
La sangre brotaba de sus labios mientras su cuerpo temblaba.
Sus manos temblaban, todo su cuerpo se estremecía por un momento.
La poderosa e imponente aura del todopoderoso gobernante de la Alianza Graal pareció desvanecerse por un momento breve.
Convirtiéndose en un simple mono de pie solo, cargando el peso del mundo sobre sus hombros.
—Esta responsabilidad… Estas manos mías, tiemblan, Maestra.
—murmuró, mirando sus palmas temblorosas—.
No soy más que un simple mono.
No soy un león divino, ni un fénix celestial.
No soy un dragón feroz ni una serpiente celestial.
—suspiró.
—Sólo un mono con un par de ojos especiales.
No soy digno.
Se quedó en silencio por un momento.
—Pero trataré de detenerlo, mi hermosa Maestra.
—Inclinó su cabeza mientras miraba brevemente hacia el cielo, sus ojos brillaban—.
Estabas en lo correcto, al final.
Ha regresado.
La locura se apoderó de él.
Solo temo que yo no sea suficiente.
Sacudió su cabeza.
—Escogiste a un discípulo indigno, señorita Ausra.
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—Ausra, ¿Tiene alguna debilidad el hielo gworen?
—preguntó Dorian mientras corrían por el pasillo.
El aire se estaba volviendo cada vez más y más frío, lo suficientemente frío como para causar que su energía se drenara de manera de mantenerse caliente.
La voz suave y femenina de Ausra respondió, —El calor extremo hace que se evapore instantáneamente.
Las propiedades mágicas del hielo lo hacen extremadamente difícil de derretir.
—¿Pueden derretirlo mis llamas esmeralda?
—preguntó.
Ausra se quedó en silencio por un momento antes de responderle, —Hasta cierto punto, sí, pero muy lentamente.
«Hmm».
Pensó Dorian, considerándolo.
Según Arial, el Portal Rojo estaba ubicado más allá de un puente sobre un abismo de miles de metros de profundidad.
La cascada del hielo viajero recorría este abismo, chocando con el puente y debajo de este.
Tenían que derretir un camino a través de esta cascada y atravesar el puente delante de ellos.
El hielo derretido se evaporaría, mientras que el hielo que lo rodeara inmediatamente se solidificaría, interrumpiendo los extraños fenómenos espaciales que le permitían moverse como un líquido, formando una ruta a través de la que podrían pasar.
Pasaron varios minutos más mientras Dorian y Arial descendían frenéticamente.
Pronto se vieron forzados a derretir a través de varios muros de hielo, trozos enormes que bloqueaban el camino por completo en lugar de solo ser molestos.
Finalmente, después de quince minutos más de correr a través de pasajes retorcidos y derretir a través de cualquier hielo que obstruyera, se encontraron de pie en un enorme salón subterráneo.
Era la habitación más grande en la gigantesca fortaleza subterránea que había visto Dorian.
Debía extenderse por unos mil metros de ancho, y cientos de metros de largo.
El hielo lo cubría todo, como era de esperar, pero debajo de ese hielo, Dorian pudo distinguir decenas de lo que parecían ser forjas, donde un herrero trabajaría y trabajaría, forjando armas, herramientas y armaduras.
—¡Estamos aquí!
¡La refinería antigua!
—gritó Arial.
Corrió hacia adelante, pasando todas las forjas y hacia la salida al otro lado de la habitación, a una puerta abierta y grande que se extendía hasta el techo a casi cien metros arriba de ellos.
Más allá de esa puerta, Dorian pudo distinguir una pared de color azul cristalino.
Hacía frío.
Un frío terrible.
El aliento de Dorian se congelaba delante de él cuando exhalaba, tintineando en el suelo como diminutos y pequeños trozos de hielo.
Se estremeció de manera incontrolable, incapaz de contenerse.
Respiró profundamente, obligando a su cuerpo a calentarse.
Echó un vistazo a su estatus cuando volvió a la normalidad.
Estaba consumiendo aproximadamente diez puntos de energía por minuto.
Igual a la peor parte de estar expuesto al brutal clima de la superficie que Dorian había sentido al viajar del puente de mundo.
Dorian corrió tras ella.
Finalmente, el dúo se detuvo justo afuera del amplio muro cristalino.
Arial levantó una mano, su forma humanoide temblaba también.
Gradualmente, una hermosa espada de luz se formó en la palma de su mano, la que sostuvo en frente de ella.
Saltó hacia adelante, apuñalando el muro de hielo.
Crujiiiiido El muro entero estalló en fragmentos de hielo, salpicando a Dorian y a Arial con frío y congelados trozos de agua.
Sostuvo sus manos arriba de su cabeza, resguardándose mientras miraba más allá del muro ahora derrumbado.
Casi de inmediato, Dorian tuvo que asegurarse para evitar ser empujado hacia atrás.
Más allá del muro de hielo caído, se quedó mirando un largo puente cuyo final o podía ver.
El puente parecía estar hecho de oro puro y desprendía una luz dorada muy tenue.
Estaba cubierto de esculturas lisas de grakons usando sus enromes cuchillas y otros grakons forjando esas mismas espadas, mostrando un ciclo constante entre ambos.
Desde el nacimiento de la creación a hasta la ciénaga de la destrucción.
No había escarcha ni hielo cubriendo la superficie de este puente.
El hielo que cayó desde el muro que habían destrozado parecía derretirse en el puente tan pronto lo tocaba.
Dorian solo pudo ver una docena de metros sobre el puente, donde los muros de piedra del lado todavía lo cubrían.
Más allá de esa abertura, todo se transformaba en una corriente caótica de blanco y azul.
Corriendo bajo el puente y deslizándose suavemente, había una interminable corriente de hielo puro, azul y blanco.
Este hielo tenía una fuerza aparentemente increíble, la cual golpeó en los oídos de Dorian ahora que el muro de hielo limitante había sido destruido.
La pura furia del hielo cuando colisionaba con el puente mágico y rebotaba era increíble.
El poder bruto de una fuerza de la naturaleza anormal.
La cascada del hielo viajero.
Para llegar al Portal Rojo, tendrían que atravesar más allá de esto.
«Veinte puntos por minuto».
Murmuró, sacudiendo su cabeza ante el consumo.
Era ridículamente frío aquí abajo.
Un humano normal se congelaría hasta morir en simplemente unos segundos.
—¿Listo?
—Arial se giró para enfrentar a Dorian, Su espada solar emitía un brillo amarillo y cálido mientras la sostenía en su mano.
—Listo.
—Dorian inhaló hondo, el calor empezaba a reunirse en su pecho mientras preparaba sus llamas esmeralda.
El dúo dio un paso adelante y comenzó a atravesar el puente.
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—¡Estamos dentro!
¡Todos muévanse!
Tillow, lleva a Jasper.
¡Lo llevaremos con nosotros!
—gritó Siegfried mientras daba sus instrucciones.
No había un lugar seguro para dejar a uno de sus compañeros, no aquí en esta ciudad de la muerte.
—Mika, usa tu magia de luz para seguir el rastro que dejaron.
No importa cuán rápidos sean, las firmas de calor remanentes deberían seguir presentes por al menos unas pocas horas más a los ojos de las leyes del universo.
—Gerulf sacudió su cabeza mientras escuchaba las órdenes del líder del equipo Axios.
Reducir el seguimiento a través de firmas de calor.
Realmente habían caído bajo.
Si solo sus compañeros de equipo magos del destino hubieran sobrevivido.
Aun así, en un entorno congelado como este, especialmente en la fortaleza subterránea donde había muy poco movimiento físico, debería demostrar ser un método de rastreo efectivo por al menos unas pocas horas.
Sin embargo, después de eso, el rastro se desvanecería por completo.
—¡Movámonos!
—Las sombras se precipitaron hacia la fortaleza, en búsqueda de la zorra lightsworn.
La puerta que habían dañado y forzado a abrir lentamente comenzaba a regenerarse, esta vez mucho más lento que antes.
El daño que había sufrido de forma consecutiva había empezado a hacer mella.
Sus siluetas se desvanecieron a medida que desaparecían, dejando la meseta de hielo abandonada y vacía.
Por lo tanto, nadie estuvo presente para notar que la batalla resonante y los embates del gigante de hierro y el Rey grakon caído comenzaban a desvanecerse, la batalla despiadada estaba llegando a su fin.
Un final antes de lo esperado para ambas partes.
Pasaron varios minutos largos.
RUIDO SORDO La figura derrotada y golpeada de un minotauro escamoso aterrizó en la meseta vacía, mirando hacia la cascada del hielo viajero que perforaba el suelo desde arriba por un breve momento, la tela blanca que envolvía sus ojos ciegos se retorcía.
Progresivamente, la cabeza del grakon muerto viviente comenzó a girarse, atraída por la puerta que lentamente se regeneraba.
Ladeó su cabeza a un costado, una expresión indescifrable cruzaba su cara.
Poco a poco, comenzó a caminar hacia adelante.
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