Rechazada por el Beta, Reclamada por su Tío Alfa - Capítulo 100
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- Capítulo 100 - 100 CAPÍTULO 100 Regalos para ella
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100: CAPÍTULO 100: Regalos para ella 100: CAPÍTULO 100: Regalos para ella —Jenna…—
La presión de Ryker en su brazo se intensificó cuando el brillo se extendió por su piel; su nombre todavía se veía débilmente.
Ella se quedó helada, con el pulso martilleándole en los oídos.
Sus ojos eran agudos, tormentosos, desesperados, y se abrieron como si el mundo entero acabara de inclinarse bajo sus pies.
Antes de que él pudiera pronunciar otra palabra, una voz interrumpió.
—¿Jenna?
Su corazón se detuvo.
Drake.
Se giró, con la respiración contenida en la garganta.
Habían pasado semanas desde la última vez que habló con él, desde que le suplicó que no dijera una palabra sobre…
sobre aquella noche.
Sobre lo que había pasado entre ellos.
Sobre el secreto que juró que debía permanecer enterrado, especialmente para el Rey Alfa.
Ryker se giró lentamente, su presencia irradiaba peligro.
—¿Quién demonios eres?
El pecho de Jenna se oprimió.
—Drake…, no…
—empezó a decir, pero Drake se adelantó de todos modos, con una sonrisa tensa y burlona.
—Solo un compañero de clase.
Me sorprende verte aquí, Alfa.
La forma en que dijo «Alfa» tenía un peso, un matiz que Jenna no pasó por alto.
Ryker entrecerró los ojos, percibiendo claramente algo más profundo, pero antes de que pudiera presionar, Jenna siseó.
Estaba harta de todo, harta de estar en medio de todos esos hombres.
Los ojos de Drake se movieron de ella a Ryker, y la sospecha prendió como una cerilla.
—¿Estoy…
interrumpiendo algo?
Ryker se tensó, su mano aún aferrada a la muñeca de ella, sin querer soltarla.
Su mirada se clavó en Drake, salvaje y amenazante, como si estuviera a punto de destrozarlo.
Jenna se zafó del agarre, con el pánico arañándole la garganta.
—No…, no lo haces.
Ya me iba.
Sus palabras salieron atropelladas, demasiado rápidas y temblorosas.
—Jenna.
La voz de Ryker se quebró, cruda y llena de necesidad.
No podía mirarlo.
No cuando el brillo todavía resplandecía débilmente, condenándola con la prueba de lo que intentaba negar.
—He dicho que me voy.
Empujó a Drake para pasar, con el corazón desbocado y las piernas temblorosas mientras se apresuraba por el pasillo antes de que ninguno de los dos pudiera detenerla.
—No tengo tiempo para esto.
Su voz se quebró ligeramente, delatándola, pero siguió caminando rápido, desesperada por escapar.
—¡Jenna!
El rugido de Ryker resonó detrás de ella, furioso y roto.
No se detuvo.
No podía.
Solo se permitió volver a respirar cuando estuvo fuera del recinto de la academia.
Sus rodillas casi cedieron y se apoyó contra el muro de piedra, con los ojos ardiendo.
¿Por qué ahora?
¿Por qué él?
¿Por qué no podía simplemente dejarme en paz?
**********
Cuando entró tropezando en el apartamento, le dolía el pecho como si hubiera corrido por un campo de batalla.
Cerró la puerta de un portazo, apoyando la espalda en ella, tratando de calmar su respiración.
—¿Jenna?
La cabeza de Maren se asomó desde la cocina, sus rizos rebotaban mientras su rostro se iluminaba.
—¡Por fin!
Creí que te ibas a quedar enterrada en esa academia para siempre.
Jenna intentó esbozar una sonrisa, pero sus labios se negaron a cooperar.
Maren frunció el ceño y se acercó.
—Oye…, ¿qué ha pasado?
—Nada —negó Jenna con la cabeza demasiado rápido—.
Es solo que…
no quiero hablar de ello.
—Mentirosa.
—Maren se cruzó de brazos, plantándose en el camino de Jenna como un muro—.
Tienes los ojos rojos, te tiemblan las manos y pareces como si acabaras de escapar de una manada de lobos.
Así que habla, o te lo sacaré a cosquillas.
Una risa débil se escapó de la garganta de Jenna a pesar del caos en su pecho.
—Eres imposible.
—Y me quieres.
—El tono de Maren se suavizó, y alargó la mano para llevar a Jenna al sofá—.
Ahora siéntate.
Desembucha.
O seguiré molestándote hasta que me eches.
Jenna se dejó caer, pasándose los dedos por el pelo.
Las palabras le pesaban, la ahogaban.
¿Cómo podía explicar el desastre que sentía en su corazón?
¿Cómo podía decirle a Maren que el nombre de Ryker acababa de brillar en su piel, que el vínculo que creía muerto seguía vivo, seguía ardiendo?
—Es Ryker —susurró Jenna.
La cabeza de Maren se giró bruscamente hacia ella.
—¿Otra vez?
Jenna rio con amargura.
—No se detiene.
A dondequiera que voy, ahí está.
Hoy en la academia…
—Se le cerró la garganta—.
Casi ha visto algo que no puedo permitir que vea.
Los ojos de Maren se suavizaron.
No la presionó.
En lugar de eso, tomó las manos de Jenna y las apretó con fuerza.
—No tienes que decirme qué era.
Pero escúchame, no estás sola en esto.
¿Me oyes?
Ni ahora, ni nunca.
A Jenna le dolió el pecho.
—¿Por qué siempre sabes exactamente qué decir?
—Porque soy un genio y estás atrapada conmigo —bromeó Maren, dándole un empujoncito en el hombro—.
Ahora, basta de Ryker.
Esta noche haremos algo divertido.
Pizza, películas malas y burlarnos de las actuaciones terribles.
Órdenes del Doctor.
Jenna rio a su pesar, y el nudo en su estómago se aflojó un poco.
Maren siempre sabía cómo sacarla de la oscuridad.
Un silencio pesado y crudo se instaló entre ellas.
Entonces Maren forzó una sonrisa y le dio un codazo a Jenna en el hombro.
—Vale, se acabaron las lágrimas.
No vamos a ponernos en plan deprimente esta noche.
Te haré reír aunque tenga que hacer malabares con cuchillos de cocina.
Jenna parpadeó, sorprendida.
—Por favor, no lo hagas.
Maren sonrió con aire de suficiencia.
—Bien.
Entonces, ¿qué tal esto?
¿Recuerdas aquella vez que te tropezaste delante de toda la manada y le echaste la culpa a un guijarro?
Jenna gimió, cubriéndose la cara.
—No me lo recuerdes.
—Te lo recordaré para siempre.
Eres la luna del poderoso Rey Alfa y un guijarro te venció.
Legendario.
Una sonrisa reacia se dibujó en los labios de Jenna.
—Eres ridícula.
—Y estás sonriendo —Maren se reclinó, triunfante—.
Misión cumplida.
Por un momento, la pesadez se desvaneció.
El dolor en su pecho se alivió, reemplazado por calidez.
Entonces sonó el timbre.
Ambas chicas se quedaron heladas.
Maren le lanzó a Jenna una mirada inquisitiva antes de levantarse de un salto.
—Yo abro.
Abrió la puerta de golpe y ahogó un grito.
—¿Qué demonios…?
Jenna se giró.
—¿Qué es?
Maren se volvió, con los ojos como platos.
—Será mejor que vengas a ver esto.
Jenna se levantó lentamente, con el estómago encogido mientras se acercaba.
Todo el pasillo estaba lleno de cajas.
Docenas de ellas, apiladas, relucientes con cintas y sellos dorados de las marcas de diseñador más exclusivas del mundo.
—Maren —susurró Jenna, con el pulso acelerado.
—No hay nadie —dijo Maren, girándose con los ojos abiertos de par en par—.
Solo…
solo regalos.
Una cantidad ridícula de regalos.
Jenna miraba confundida.
Maren parpadeó rápidamente.
—¿Me estás tomando el pelo?
Quién…
qué…
Jenna, ¿ganaste la lotería y te olvidaste de decírmelo?
Una por una, metieron las cajas, cubriendo el suelo del salón.
Zapatos.
Vestidos.
Joyas.
Pañuelos.
Cada pieza gritaba lujo, riqueza y obsesión.
Encima de todo, había un único sobre.
Las manos de Jenna temblaron al cogerlo.
Su nombre estaba escrito en él con una caligrafía marcada y audaz que reconoció al instante.
Se le oprimió el pecho.
Maren se inclinó sobre su hombro, jadeando.
—¡Parece caro incluso antes de abrirlo!
¡Date prisa, me muero por saberlo!
«¿Por qué tantos regalos?», pensó Jenna para sus adentros.
—Diosa Luna, por favor, que no sea él.
Jenna lo abrió de un tirón, sus ojos se clavaron en la primera línea.
La sangre se le heló y su cuerpo tembló de rabia.
—Por supuesto que era él.
Para la mujer que solo me pertenece a mí —Ryker.
Sus dedos se cerraron sobre la tarjeta, arrugándola ligeramente.
Su ceño era duro, su pecho pesado por el pavor y la ira.
Maren se quedó helada.
—¿Ryker?
Las manos de Jenna temblaban, su voz plana por la furia.
—Es que no para.
La risa de antes se desvaneció como el humo.
La habitación se sentía ahora más fría, más pesada, mientras Jenna miraba la tarjeta como si fuera veneno.
Apretó la tarjeta en su puño, sus labios se curvaron en un gesto de disgusto.
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