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Rechazada por el Beta, Reclamada por su Tío Alfa - Capítulo 123

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  3. Capítulo 123 - 123 CAPÍTULO 123 Defenderla
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123: CAPÍTULO 123: Defenderla 123: CAPÍTULO 123: Defenderla Jenna no le respondió a Drake.

No podía.

Tenía el pecho demasiado oprimido, la garganta demasiado seca.

Lo único que consiguió fue un rígido asentimiento antes de darse la vuelta sobre sus talones.

—Jenna…

—No —siseó, agarrando la muñeca de Maren para que no pudiera decir más.

Sus tacones resonaron contra el suelo, alejándola antes de que los viejos recuerdos pudieran consumirla.

Maren se apresuró para seguirle el paso.

—¿En serio no vas a hablar con él?

—No puedo.

—¿No puedes…

o no quieres?

Jenna tragó saliva.

El aire se sentía denso.

—Ambas cosas.

Es el hermano de Kaelion.

Es lo único que importa ahora.

Maren abrió la boca, pero volvió a cerrarla.

No insistió más y Jenna se sintió agradecida.

Si se permitía pensar en Drake, en la calidez de su sonrisa, en el beso robado en la biblioteca, en la estúpida forma en que solía tomarle el pelo hasta que le dolía el estómago de tanto reír, se enamoraría de él.

Y no podía permitírselo.

Ni aquí ni ahora.

Para cuando llegaron a su apartamento, el pulso de Jenna apenas se había calmado.

La puerta de Drake estaba entreabierta.

Podía sentir su presencia incluso sin mirar.

No miró dentro.

No le dio las buenas noches.

Se fue directa a su habitación y cerró la puerta con llave.

Se convirtió en su ritual: evitar la cocina si lo oía allí, ducharse tarde, mucho después de que sus pasos se desvanecieran.

Fingir que estaba dormida si él se quedaba en el pasillo.

Cada segundo cerca de él era una tentación a la que no podía ceder, así que la cortó de raíz.

Y aun así…, cada vez que cerraba los ojos, seguía viendo su rostro.

******
El día siguiente en la academia fue peor.

Los susurros se deslizaron por los pasillos incluso antes de que llegara a su primera clase.

—¿Te has enterado?

Ryker ha vuelto a fulminarla con la mirada.

—No solo Ryker.

La vi hablando con Drake ayer.

—Oh, diosa…

¿el hermano de Kaelion?

Esa chica es…

—Una descarada.

—Está jugando con fuego.

—No los escuches —susurró Maren, tomando a Jenna del brazo—.

Son unas pequeñas hienas celosas.

—Si pudiera prenderles fuego a sus lenguas, lo haría —murmuró Jenna lo bastante bajo como para que solo Maren la oyera.

Los labios de Maren se crisparon, conteniendo una carcajada.

—Cuidado.

Les darás ideas equivocadas.

Jenna siguió caminando, con la barbilla en alto, aunque tenía el estómago revuelto.

Maren fulminó con la mirada a los estudiantes con los que se cruzaban.

—Si las miradas matasen, la mitad de este pasillo ya sería ceniza.

—No lo hagas —masculló Jenna—.

Solo hará que hablen más alto.

—Ya hablan alto.

Ignoró el escozor de los susurros.

O lo intentó.

Pero cada palabra arañaba su piel como si fueran garras.

Cuando la clase terminó, Jenna estaba agotada, aferrando su cuaderno como si pudiera protegerla.

Se deslizó hacia la salida, desesperada por escapar.

—Jenna.

El sonido de su voz la paralizó a medio paso.

Ryker.

Estaba de pie al fondo del aula, imponente y sereno, pero sus ojos ardían con una sensación que ella conocía demasiado bien.

Forzó la voz para que sonara firme.

—¿Qué quieres?

No perdió el tiempo.

—No puedes seguir viviendo aquí.

Vas a volver a la Villa Nocturna.

Su pulso se aceleró.

—¿Perdona?

Su mandíbula se tensó.

—Me has oído.

Esto…

—hizo un gesto vago hacia los estudiantes que pasaban, algunos de los cuales ya se detenían a cotillear—, esto está por debajo de ti.

No permitiré que vivas en estas diminutas habitaciones, ahogándote en cotilleos.

Perteneces a la Villa.

Jenna soltó una risa amarga.

—¿Contigo, supongo?

¿Para que puedas mirarme fijamente a cada segundo como hiciste en clase?

¿Para que puedas recordarme todo lo que he intentado olvidar?

Sus ojos se entrecerraron.

—¿Crees que puedes huir de esto, de mí?

No puedes.

Sintió una opresión en el pecho.

Odiaba que sus palabras todavía tocaran algo profundo en su interior.

—Ya verás.

Ryker se acercó más, su presencia era asfixiante.

—Eres mía, Jenna.

No importa qué efectos tenga Kaelion sobre ti, no importa cuánto intente poseerte…

Fuiste mía primero.

Ese vínculo no desaparece solo porque tú lo desees.

Su mano tembló sobre el cuaderno, pero forzó su mirada para encontrarse con la de él.

—Perdiste ese derecho cuando me hiciste daño y provocaste que perdiera a mis hijos.

Sus ojos brillaron con ira.

Por un instante, un tenso silencio se extendió entre ellos, lleno de recuerdos no expresados y heridas sin sanar.

Entonces, otra voz interrumpió.

—Vaya, ¿no es encantador?

Drake estaba apoyado despreocupadamente contra la pared cerca de la puerta, con los brazos cruzados y una sonrisa perezosa jugando en sus labios.

Pero sus ojos…

sus ojos eran afilados.

—Drake —susurró Jenna, con el corazón dándole un vuelco.

—¡Eres estúpido!

—gruñó Ryker, con un tono cargado de veneno.

La sonrisa socarrona de Drake se ensanchó.

—No sabía que ahora te dedicabas a acosar a las estudiantes.

Has caído muy bajo, incluso para ti.

Ryker se puso rígido.

—No te metas en esto.

—No puedo —dijo Drake con naturalidad—.

No cuando la estás acorralando como un lobo desesperado.

Ha dicho que no.

Tú lo has oído, yo lo he oído.

¿O es que además de obsesivo eres sordo?

Una oleada de murmullos recorrió a los estudiantes que aún merodeaban por allí, ávidos de escándalo.

A Jenna se le oprimió el pecho dolorosamente.

—Parad ya.

Los dos.

Pero ninguno de los dos escuchó.

La mirada furiosa de Ryker se volvió hacia ella.

—¿Crees que esconderte detrás de él te salvará?

No le importas, Jenna.

No como me importas a mí.

Drake se apartó de la pared, su sonrisa había desaparecido.

—¿Importarle?

¿A eso lo llamas importarle?

La destrozaste, Ryker.

No finjas lo contrario.

Los labios de Ryker se curvaron, con amargura y frialdad.

—¿Y tú qué eres, Drake?

¿Una distracción?

¿Un cuerpo caliente que usaría para olvidarme?

¿Es eso todo lo que quieres ser?

Las palabras atravesaron a Jenna como un cuchillo.

Se le cerró la garganta.

Quería gritarle, negarlo, pero su silencio la delató.

La mandíbula de Drake se tensó.

—Cuidado.

Por un momento, el ambiente entre los dos hombres cambió.

Sus miradas se cruzaron como espadas.

Jenna se interpuso entre ellos, con las palmas de las manos levantadas.

—¡Basta!

¿Es que no os oís?

Os estáis comportando como niños.

Ninguno se movió.

Ninguno parpadeó.

Y entonces…

—Vaya espectáculo.

La voz era grave, autoritaria, y cortó la tensión como un trueno.

Jenna se quedó helada.

Se giró lentamente hacia la entrada.

Kaelion.

Estaba de pie justo en la entrada del aula, alto y aterrador, su presencia devoraba la sala.

Su mirada recorrió a los estudiantes, silenciando cada susurro al instante.

Y entonces sus ojos se clavaron en ella…, en Jenna…, con algo indescifrable, algo que hizo que le flaquearan las rodillas.

Pero cuando su mirada se deslizó de ella a Ryker y Drake, la tormenta en su interior fue inconfundible.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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