Rechazada por el Beta, Reclamada por su Tío Alfa - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 CAPÍTULO 13 Un nuevo tipo de infierno
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13: CAPÍTULO 13 Un nuevo tipo de infierno 13: CAPÍTULO 13 Un nuevo tipo de infierno Estaba sentada en la cama con los ojos llenos de lágrimas, sin poder creer que fuera el mismo hombre que la había tratado con amabilidad hacía solo unos minutos.
El corazón de Jenna dio un vuelco cuando vio al Alfa Ryker caminar hacia ella sobre la cama.
—Quítate la ropa —ordenó de nuevo el Alfa Ryker con una mirada severa.
Parpadeó, con la esperanza de que no lo dijera en serio y quizá hubiera oído mal.
Pero no era así.
Le miró a los ojos, que se estaban volviendo aún más oscuros mientras le taladraban el rostro.
—No te hagas la tonta conmigo.
—¡He dicho que te desnudes!
—ordenó con ferocidad—.
No me obligues a hacerlo por ti, Pequeña.
¡Desnúdate!
—gruñó, haciendo que ella se tensara.
«Me equivoqué, no le importo, solo son los bebés y el contrato.
Solo soy su juguete», pensó Jenna para sí mientras las lágrimas corrían por su rostro.
Con manos temblorosas, no tuvo más remedio que quitarse la bata de hospital que llevaba puesta.
Él se quitó la camisa, dejando al descubierto su cuerpo perfectamente tonificado, una visión que la dejó embelesada, y su loba, Lexa, meneó la cola.
Era la primera vez que veía su cuerpo con tanta claridad.
Negó con la cabeza ante la idea de que su loba deseara con tantas ganas el calor de él.
Sus ojos se posaron en su tatuaje de trazos perfectos.
A continuación, se aflojó el cinturón y se bajó los pantalones.
Ella siguió el movimiento con la mirada, pero en lugar de ver cómo se desabrochaba el cinturón, sus ojos se quedaron fijos en lo que había entre sus piernas.
Su loba se había apoderado de su mente y su cuerpo.
Ya no tenía el control de sí misma.
Sintió que un fuego se encendía en su interior y, por mucho que quisiera negarlo, se descubrió deseando lo que estaba a punto de suceder.
El ambiente entre ellos se volvió tenso cuando sus miradas se encontraron y ella sintió la chispa de la conexión.
Él levantó la mano y la posó en su cuello desnudo, deslizándola hacia abajo por su cuerpo.
Notó que los ojos de él se volvieron de un negro absoluto y supo que su lobo se había apoderado de él.
Sintió que estaba a punto de explotar mientras el Alfa Ryker continuaba recorriendo su centro con los dedos.
Su tacto no era delicado.
Se suponía que debía odiar aquello, pero, por alguna razón, quería más de él.
Él deslizó un dedo en su interior, haciendo que ella gritara de dolor y placer a la vez.
Sus manos se aferraron a la parte superior de los brazos de él para mantener el equilibrio mientras él continuaba abriéndola con los dedos.
—Por favor…
pa…
—gimió ella.
—¿Decías?
—le espetó él con voz ronca.
Sus dedos ascendieron hasta sus pezones, haciendo que ella deseara más.
—¡A la mierda!
—gruñó, y antes de que ella pudiera darse cuenta de lo que pasaba, le dio la vuelta a su pequeño cuerpo bruscamente, dejando su trasero expuesto a su mirada lasciva.
—¡Ponte a cuatro patas!
—ordenó.
Ella actuó como si no tuviera idea de lo que quería decir y simplemente se quedó en esa posición.
De repente, tiró de su trasero hacia él y le empujó la espalda contra el cabecero, metiendo su polla justo entre sus muslos.
Todo el calor que su loba y su cuerpo habían estado sintiendo fue reemplazado de repente por el miedo al darse cuenta de que había llegado el momento.
—Por favor…, tienes que parar.
No tuve nada que ver con él —susurró con la respiración agitada antes de que él la penetrara, esperando que se detuviera o que al menos fuera delicado.
—¿Qué te dije sobre evitarlo?
—espetó él.
—Por favor…
—.
Quería estar enfadada y asustada por lo que estaba a punto de suceder, pero su loba lo deseaba, lo que la confundía aún más.
—Me perteneces, pequeña, ¡y odio su olor en ti!
¡Así es como lo borro!
Sintió un hormigueo por todo el cuerpo cuando él empezó a embestirla lentamente.
—Ah…
—gimió mientras el dolor era reemplazado por el placer, haciendo que disfrutara del momento.
El olor del Alfa Ryker se volvió más intenso para ella y, aunque quería odiar el momento y gritarle, acabó suplicando por más.
Sus embestidas se hicieron más rápidas mientras le apretaba la cintura, atrayéndola hacia él hasta que se anudó en su interior, vaciándose por completo.
Su débil cuerpo se desplomó en la cama, agotado.
—Permanecerás dentro de la Villa Nocturna hasta nuevo aviso —gruñó, sin prestar atención al dolor que ella sentía por la fuerza que él había empleado.
—¿Qué?
—susurró ella en estado de shock, mientras su corazón se rompía de nuevo—.
¿De verdad no significo nada para ti?
El Alfa Ryker se acercó a ella y la miró con tanto desdén que su loba chilló de dolor.
—No quiero verte la cara, no por ahora…
—escupió con los ojos llenos de un odio tal que dejó a su loba destrozada.
—La Sra.
Anderson y el Chófer te llevarán a casa.
Ella seguía aturdida, sin saber qué había hecho para ofenderlo tanto, cuando él se dirigió a la puerta y agarró el pomo.
—Ir en contra de mis órdenes equivale a la muerte.
Estás a punto de conocer un nuevo tipo de infierno —espetó, y salió por la puerta, dejándola maltratada en el suelo.
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