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Rechazada por el Beta, Reclamada por su Tío Alfa - Capítulo 21

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  3. Capítulo 21 - 21 CAPÍTULO 21 A la cabecera de su enemigo jurado
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21: CAPÍTULO 21: A la cabecera de su enemigo jurado 21: CAPÍTULO 21: A la cabecera de su enemigo jurado El rostro de Jenna palideció mientras el estómago se le revolvía de ansiedad.

El colgante de su madre era antiguo, tallado con runas de un linaje más viejo que cualquier manada.

Sus cenizas…

eran todo lo que le quedaba.

—¿Y si no lo hago?

—Las lágrimas le escocían en los ojos, pero parpadeó para reprimirlas.

No le daría a Chloe esa satisfacción.

—Entonces las cenizas de tu madre desaparecerán.

¿Y el colgante?

Lo fundiré y lo usaré como pendientes.

—La sonrisa de Chloe era cruel y su voz estaba llena de veneno.

—Tic-tac, querida.

Jenna se quedó paralizada, con la mente a toda velocidad.

No podía darle los documentos a Chloe; eso lo desharía todo.

Pero ¿cómo podía arriesgarse a perder las últimas piezas sagradas de su madre?

Justo en ese momento, vio al Alfa Ryker acercándose por el pasillo.

Un destello de alivio le recorrió el pecho.

Pero duró poco.

—No te emociones demasiado —siseó Chloe, acercándose más, con su perfume sofocante—.

Él no puede saber nada de esto.

Como le susurres una sola palabra…

—Su sonrisa se desvaneció, reemplazada por una quietud letal—.

Prepárate para perderlo todo.

Incluida tu vida.

A Jenna se le cortó la respiración.

Chloe se inclinó hacia ella.

—Tienes hasta la cena de la empresa de mañana por la noche para decidir —dijo con una sonrisa burlona, pasando junto a Jenna como si fuera polvo—.

Dulces sueños, cariño.

Jenna se quedó allí, todavía temblando, incluso después de que los tacones de Chloe se perdieran de vista con su repiqueteo.

—¿Estás bien?

La profunda voz del Alfa Ryker la sobresaltó.

Se giró y asintió rápidamente, esperando que su rostro no delatara la tormenta que había en su interior.

—Sí —consiguió decir, forzando una leve sonrisa—.

Solo…

estoy cansada.

Él no la presionó, pero su mirada se detuvo en ella un instante de más: era aguda y perspicaz.

—Vámonos a casa —dijo él, y luego se giró para guiarla.

Subieron al coche.

Mientras se alejaba del edificio de la junta directiva, el silencio se instaló entre ellos.

Ryker no habló.

No era necesario; Jenna podía sentir su frustración, la tensión en sus hombros, la forma en que apretaba la mandíbula mientras las luces de la ciudad pasaban de largo.

Ella miraba por la ventanilla, evitando su mirada, temerosa de que un solo vistazo pudiera quebrarla.

Él sabía que algo iba mal.

Podía sentirlo.

Pero no se atrevía a decírselo; todavía no.

No mientras el recuerdo de su madre estuviera secuestrado.

Para cuando llegaron a la Villa Nocturna, el silencio era aún más denso.

Jenna bajó del coche rápidamente y fue directa a su habitación, sin esperar a ver si él la seguía.

Cerró la puerta tras de sí y se apoyó en ella, dejando escapar un suspiro tembloroso.

Su loba se agitó inquieta bajo su piel, caminando de un lado a otro.

«Deberíamos habérselo dicho».

«Lo haremos», respondió Jenna en silencio.

«Pero todavía no».

Jenna apenas durmió esa noche.

Incluso bajo las pesadas mantas de la fría pero lujosa villa del Alfa Ryker, su mente no dejaba de darle vueltas al ultimátum de Chloe.

Cada vez que cerraba los ojos, imaginaba las cenizas de su madre siendo arrojadas al mar y el colgante —el último legado de su madre— fundido y convertido en objeto de burla.

Por la mañana, tenía los ojos enrojecidos.

Había tomado una decisión.

No le daría los documentos a Chloe.

No cambiaría el recuerdo de su madre por la libertad; no así.

De alguna manera, encontraría la forma de recuperarlos.

Solo tenía que sobrevivir a la cena de esta noche.

La villa bullía con una actividad silenciosa mientras la Sra.

Anderson supervisaba al personal que se preparaba para el evento.

Jenna apenas pronunció palabra durante el desayuno, y Ryker no la presionó.

Sus ojos se detuvieron en ella más de lo habitual, escudriñando sus rasgos como si estuviera memorizando el dolor escrito en su piel.

No podía dejar de preguntarse cuándo se había vuelto tan atento con ella.

A última hora de la tarde, llegó su vestido: un elegante vestido de color azul medianoche con bordados plateados que se ceñía a su cintura y se abría en las caderas.

Llevaba el pelo recogido de forma holgada y su escote estaba adornado con lujosas piezas de joyería.

Ryker se acercó a ella mientras bajaba las escaleras, vestido con un traje negro a medida que no hacía nada por ocultar el poder letal que irradiaba su cuerpo.

Le echó un vistazo y le ofreció un gesto de aprobación, pero también algo más tierno.

Protector.

—Estás callada —murmuró él una vez que estuvieron solos en el coche.

—Solo quiero que esta noche termine —respondió ella con sinceridad, ignorando la frialdad de su voz.

Él no discutió.

La cena se celebró en un gran hotel con salón de baile propiedad del Alfa Ryker: opulento, resplandeciente con candelabros, pilares con adornos dorados y una alfombra roja extendida para los invitados más poderosos del reino.

Nobles, Alfas, magnates de los negocios y miembros de la alta sociedad llenaban el espacio con risas, tensión política y un hambre lupina.

Jenna caminaba junto a Ryker como una sombra, asintiendo educadamente y sonriendo con rigidez.

Apenas registraba los cumplidos, las miradas, los susurros.

Toda la atención se centró en ella y en el Alfa Ryker.

Era su primera aparición pública juntos.

Los paparazis intentaban constantemente conseguir primeros planos, pero los guardias del Alfa no se lo permitían.

Jenna no pudo evitar notar cuántas damas la miraban con envidia.

Su mirada se posó en Coty al otro lado de su mesa, enfundada en un vestido carmesí con la espalda descubierta y con los labios curvados en una sonrisa burlona.

Estaba sola, como de costumbre.

No se habían hablado desde la reunión, pero los ojos de Coty se encontraron con los de Jenna con un desprecio gélido antes de desviar la atención hacia otro lado.

La noche se hizo eterna.

La cena se sirvió después de que el padre de Jenna terminara su discurso.

El champán corría a raudales.

En algún momento durante el postre, un camarero se acercó a Jenna con una copa de champán rosado burbujeante.

—Cortesía de la dama de rojo —dijo con un educado gesto de cabeza hacia Coty.

Entrecerró los ojos para ver de quién se trataba, pero el asiento estaba vacío.

Ryker se dio cuenta.

—¿Qué ocurre?

Ella forzó una sonrisa.

—Nada.

Creo que voy a tomar un poco de aire.

Él frunció el ceño, pero no la detuvo.

Salió al pasillo, sorbiendo el champán.

En el momento en que le tocó la lengua, frunció el ceño: era excesivamente dulce, casi almibarado.

Pero el daño ya estaba hecho.

En cuestión de minutos, su cuerpo empezó a ralentizarse.

El pulso se le aceleró.

Sentía las piernas pesadas, las paredes demasiado brillantes y la vista se le nubló.

Empezó a entrar en pánico.

Se giró, con la intención de volver con Ryker, pero el pasillo se alargó aún más.

El suelo se inclinó.

Una mano le sujetó el brazo.

Firme.

Suave.

—Cuidado —dijo una voz profunda.

Parpadeó y se encontró con unos ojos grises desconocidos.

No eran los de Ryker.

No eran de nadie que conociera.

—¿Quién…?

—No te sientes bien —dijo el hombre, con voz baja y suave—.

Deja que te ayude a recostarte.

—Necesito…

a Ryker…

—murmuró ella, intentando zafarse.

Pero sus miembros se negaban a obedecer.

—Shhh —dijo él, guiándola por otro pasillo, lejos del ruido y de las luces—.

Él lo sabe.

Me pidió que cuidara de ti.

—El desconocido mintió.

Ella tropezó y él volvió a sujetarla.

Se abrieron unas puertas.

La condujeron a un lujoso dormitorio.

Luz tenue.

Sábanas oscuras.

¿La suite de un hotel?

Intentó resistirse —cada una de sus células gritaba que algo iba mal—, pero su cuerpo la traicionó.

El hombre la ayudó a tumbarse en la cama.

Sentía las manos entumecidas.

No podía apartarlo.

Y entonces él se inclinó, respirando contra su cuello, rozando sus labios justo por encima de su clavícula.

—He estado esperando esto, zorrita —susurró él con malicia.

Su corazón se encogió.

Su visión se aclaró por un instante, lo justo para registrar el olor y el rostro del desconocido.

No era el de Ryker.

Ni siquiera del linaje de los Spears.

Era el Alfa Neo.

El enemigo jurado del Alfa Ryker.

No solo la habían drogado.

Le habían tendido una trampa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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