Rechazada por mi compañero, ahora compañera del Rey Licano - Capítulo 139
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Capítulo 139: CAPÍTULO 139
~ NYSSA
Estaba sentada en el despacho, con la cabeza inclinada sobre unos documentos, cuando alguien llamó a la puerta.
Di un respingo, sorprendida, con el corazón latiéndome con fuerza en el pecho hasta que me recordé que estaba en un despacho y que las probabilidades de que alguien se colara para hacerme daño eran bajas.
—Pasa —mascullé, frunciendo el ceño cuando Aria entró—. ¿Está todo bien?
No me había molestado desde que habíamos entrado en el despacho. Había mucho que hacer y se lo agradecía, porque me daba la oportunidad de centrarme en el trabajo y en nada más.
Aria asintió. —Te ha llegado algo.
—¿Algo? —repetí como una tonta, y ella asintió mientras entraba con una gran bolsa de papel—. No he pedido nada. Deben de haberse equivocado de persona. Deberías devolverlo.
Aria me ignoró y la dejó sobre la mesa. —El almuerzo.
La abrió de un tirón y el olor a pan recién hecho y especias se coló por mi nariz. El estómago me rugió con fuerza, pero aun así no lo cogí.
—Es lo que te estoy diciendo, Aria, yo no he pedido…
—Lo pidió Rowan. Guardé silencio ante sus palabras y ella continuó: —Al menos, eso creo. Hay una nota, pero no la he mirado. Lo último que quiero es ver a mi hermano diciendo algo sexual.
Se estremeció al pensarlo y fingió una arcada.
—Ábrela —me apremió.
Me levanté despacio, asomándome a la bolsa y, efectivamente, había una pequeña nota encima de los muchos cuencos de comida que había dentro. La cogí, desdoblándola con cuidado mientras leía las palabras —bueno, la palabra— escritas en ella.
Come.
Una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios contra mi voluntad.
—Por esa reacción, supongo que es él —dijo Aria con voz arrastrada, dejándose caer en el asiento de enfrente—. ¿Sabes que nunca me ha mandado el almuerzo?
Me volví hacia ella, arqueando las cejas con sorpresa. —¿En serio?
Ella asintió. —Lo mejor que consigo es un mensaje furioso diciéndome que levante el culo y coma de una puta vez antes de que me desmaye. Pero bueno, solo soy su hermana, no tiene por qué ser amable conmigo todo el tiempo.
Añadió la última parte con un guiño pícaro y mis mejillas se sonrojaron con un intenso tono rosado. Cogí la comida, con el estómago rugiendo mientras observaba la cremosa pasta del interior. Había estado tan concentrada en intentar olvidarlo todo que me había olvidado de cuidarme.
—Puedes comer conmigo si quieres —le dije a Aria—. Hay demasiada comida para mí sola.
Mientras me metía un tenedorazo en la boca, un pequeño gemido se escapó de mis labios. Cogí el móvil y le envié un rápido mensaje de agradecimiento a Rowan.
Fue como si lo estuviera esperando, porque su respuesta llegó casi de inmediato.
Rowan: No tienes que darme las gracias por el almuerzo, Nyssa.
Yo: Tampoco tenías por qué mandarlo, pero lo hiciste.
Rowan: Te recogeré después del trabajo.
Yo: ¿Qué? ¿Por qué?
Leyó los mensajes, pero no respondió.
La inquietud y la preocupación se arremolinaron en mi estómago y no pude evitar pensar en los peores escenarios posibles. ¿Había hecho algo mal? ¿Era el almuerzo su forma de dorarme la píldora antes de darme una noticia devastadora que acabaría por arruinarme?
—¿Estás bien? —preguntó Aria, sacándome de mis pensamientos. Sus labios formaban una línea recta mientras me miraba—. No tienes muy buena cara y estás jugando con la comida.
Forcé una sonrisa tensa mientras negaba con la cabeza. —Nada, estoy bien.
Era evidente que no me creía, pero no estaba de humor para hablar de mis miedos y preocupaciones con ella. Si supiera de qué quería hablar él, lo más probable es que ya me lo hubiera dicho.
Me obligué a terminar la comida que tenía en las manos, pero cada bocado se sentía como plomo asentándose en mi estómago.
Aria me dejó sola después del almuerzo e intenté volver a sumergirme en el trabajo, pero no podía dejar de pensar en el mensaje de Rowan. Con cada minuto que pasaba, mi preocupación parecía crecer aún más, hasta que empecé a sudar en mi despacho con aire acondicionado y no pude soportar seguir sentada ni un segundo más.
Maldije, poniéndome en pie mientras salía a rastras del despacho.
Apenas había llegado a la puerta cuando Eric se acercó corriendo a mi lado, con el ceño fruncido por la confusión mientras igualaba mi paso.
—No tienes que venir conmigo —mascullé en voz baja—. Solo necesito aire.
—Claro, porque el aire del despacho con aire acondicionado no es suficiente para ti —dijo con sarcasmo, cruzándose de brazos—. ¿Vas a decirme qué pasa o vas a seguir andando? Porque te garantizo que fuera hace un calor de mierda.
Me detuve frente a la puerta principal, con los labios torcidos en un profundo mohín. —Eres un pesado.
Él sonrió. —¿Vas a hablar o…?
Gruñí en voz alta. —¿Podemos sentarnos en el coche y ya… por favor?
—Eso sí que puedo hacerlo.
Caminamos en silencio hacia el coche y, una vez que estuve sentada, cerró la puerta con seguro, centrando toda su atención en mí.
—¿Vas a hablar de ello ahora o quieres que siga preguntando?
Me mordí el interior de la mejilla, debatiendo si de verdad quería decirlo en voz alta.
—Vamos, Nyssa, me has sacado de una partida cojonuda. Lo menos que puedes hacer es decirme por qué.
Exhalé profundamente. —Creo que Rowan va a romper lo nuestro.
Se quedó quieto, con el ceño fruncido por la confusión. —¿Qué? ¿Por qué?
Le enseñé el críptico mensaje. —No ha dicho ni una mierda desde entonces. Aunque no lo culparía, quiero decir, mira todo lo que ha pasado desde que llegué.
Eric se me quedó mirando durante un largo minuto y luego se rio; el sonido resonó en el pequeño espacio. Golpeó el volante con la mano mientras los resuellos se le escapaban de la boca.
—¿Te diste un golpe en la cabeza cuando te secuestraron? —preguntó, ladeando la cabeza—. Ese hombre está jodidamente obsesionado contigo.
—Pero el mensaje…
—El mensaje no significa una mierda, pero no pasa nada si no me crees, puedes preguntárselo tú misma. Acaba de llegar.
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