Rechazada por mi compañero, ahora compañera del Rey Licano - Capítulo 14
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14: CAPÍTULO 14 14: CAPÍTULO 14 ~NYSSA
No tenía ni idea de cómo responder a eso, así que no dije nada.
Terminamos de comer en completo silencio.
En cuanto terminé de comer, salí a toda prisa del comedor, tan rápido como me lo permitieron las piernas.
Tenía un nudo en el pecho y todo era por culpa de un solo hombre.
Sin embargo, no tenía ningún sentido.
Toda mi vida me habían dicho que los emparejamientos eran sencillos.
Una persona solo tenía un compañero en toda su vida.
Los segundos compañeros eran algo prácticamente inaudito y aquí estaba yo…
una anomalía.
Di vueltas en la cama toda la noche, incapaz de desconectar el cerebro.
No tenía ni idea de lo que este acuerdo significaba para mí, pero estaba tan emocionada como aterrorizada.
Sobre las cinco, alguien aporreó la puerta con fuerza.
Acababa de conseguir dormirme, así que el ruido me hizo dar un brinco en la cama.
—¡Despierta, nos vamos en veinte minutos!
—gritó Henry con voz fría y distante.
Reprimí el impulso de decir algo grosero y, en su lugar, me arrastré fuera de la cama.
Sabía que nos haría marcharnos pronto ahora que habíamos conseguido lo que habíamos venido a buscar.
Volví a hacer las maletas y estaba a punto de entrar en el baño cuando volvió a llamar.
—¡Saldré en un minuto, joder!
—grité de vuelta.
Masculló algo entre dientes antes de marcharse furioso.
Me di la ducha más corta de mi vida y me vestí en menos de cinco minutos.
Para cuando salí de la habitación, él golpeaba el suelo con el pie con impaciencia, con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Ya era hora.
¿Sabes cuánto has retrasado nuestro viaje?
Ya deberíamos estar en camino.
Me mordí la lengua con fuerza para contenerme.
—Si me hubieras dicho anoche que nos íbamos…
—¿Cuándo se suponía que te lo iba a decir?
¿Cuando estabas ocupada retozando con el rey?
—espetó él.
Me burlé.
Debería haber sabido que actuaba así porque estaba celoso.
Aunque, por más que lo intentaba, no podía entender por qué.
Él me rechazó.
—Supéralo —dije, apartándolo con un gesto displicente.
Pasé a su lado, pero de repente me agarró del brazo y me atrajo hacia él.
—No te engañes pensando que te quiere, Nyssa.
Lo hace para vengarse de mí.
Es un mujeriego.
—¿Qué va a hacer?
¿Rechazarme y prometerse con mi antigua mejor amiga?
—pregunté, manteniendo la voz fría y serena—.
¡Suéltame, ahora!
—No olvides que soy tu Alfa, Nyssa.
Me mostrarás el respeto que se me debe.
—Te respetaré cuando te lo hayas ganado —espeté, arrancando mi mano de su agarre.
Me marché furiosa antes de que tuviera la oportunidad de responder y me dirigí al coche.
Henry y los demás cargaron el coche.
Mientras lo hacían, no pude evitar mirar a mi alrededor, con una parte de mí esperando que Rowan apareciera.
A medida que pasaban los segundos y los coches estaban completamente cargados, me di cuenta de que había estado esperando en vano.
No apareció, no envió a ningún guardia ni a ninguna doncella.
Odié la decepción que se instaló en el fondo de mi estómago.
—Nos vamos, Nyssa.
Sube al puto coche.
La voz de Henry me sacó de mis pensamientos y suspiré, lanzando una última mirada al palacio antes de subir al coche.
Justo antes de entrar, habría jurado que sentía que alguien me observaba.
El vello de la nuca se me erizó y una sensación desconocida se instaló en mi estómago.
Me giré bruscamente, pero me encontré con una brisa fría y un pasillo vacío.
—¡Nyssa!
Ignoré la sensación de ser observada y subí al coche.
El viaje de vuelta a la manada fue tenso pero silencioso.
Una vez más, me vi obligada a sentarme con Henry en su coche, pero él parecía contento ignorándome y yo no tenía ningún problema con ello.
Cuando llegamos a la manada, estaba deseando irme a casa.
Quería encerrarme para poder pensar detenidamente en el lío en el que me había metido.
El coche apenas se había detenido frente a la casa de la manada cuando Alisa llegó corriendo, con el pelo ondeando tras ella por el viento.
Se arrojó a los brazos de Henry e hizo un espectáculo al besarlo en los labios.
—¡Te he echado tanto de menos!
—exclamó—.
Mi cama ha estado tan vacía sin ti, no puedo esperar a…
Para mi sorpresa, él le apartó los brazos.
—Ahora no puedo.
Necesito convocar al consejo.
Solté una risita burlona al ver la expresión de sorpresa y vergüenza en su cara.
Debió de oírme porque, si las miradas matasen, yo ya estaría tres metros bajo tierra.
—¿No puede esperar la reunión, Henry?
—preguntó, bajando la voz a un susurro sensual—.
De verdad que te he echado de menos.
Él pasó a su lado como si no existiera.
—Convoca al consejo.
Nos reunimos ahora.
Ni siquiera Alisa pudo discutir con él después de eso, así que se marchó para hacer lo que le pedía.
En la siguiente media hora, todo el consejo estaba reunido en la sala de juntas.
Una intensa sensación de déjà vu me invadió, porque la última vez que estuvimos aquí, él me estaba rechazando delante de todo el mundo.
Algunas personas debían de estar pensando lo mismo que yo, porque me lanzaron idénticas miradas de compasión.
Me obligué a ignorarlos y enderecé la espalda.
—¿Por qué nos ha convocado, Alfa?
—preguntó uno de los consejeros—.
Ha estado fuera mucho tiempo.
¿El rey accedió a ayudar?
Henry apretó los dientes.
—El rey enviará ayuda, no es por eso que os he convocado.
Sois las personas más sabias de la manada, conocéis las reglas de nuestra especie mejor que nadie.
Necesito saber si hay alguna forma de romper un acuerdo.
Gruñí en voz alta.
¿En serio?
—¿Qué clase de acuerdo, Alfa?
—El rey accedió a ayudarnos si puede tener a Nyssa cada dos semanas.
No permitiré que mi Beta esté lejos de la manada en un momento tan difícil.
Está intentando desestabilizarnos y yo…
—¡Joder, Henry!
¡No pidió tenerme, yo hice el trato porque es mi compañero!
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